Adiue Lacan: Introducing y Adiós al Gran Hombre

 

  

ADIEU LACAN

Introducción a Lacan y Adiós al Gran Hombre

 

Seriema (voz en off): El Doctor me habría dicho: “Habla, querida”

 

“Introducing Lacan”

Introducción y Presentación

 

Jacques Lacan (1901-1981), un psiquiatra y psicoanalista francés, se convirtió en una de las figuras intelectuales más importantes del siglo XX. La siguiente película de ficción está inspirada en un análisis que condujo en París en los años 70´s.

Así comienza "Adieu Lacan"[1] película escrita y dirigida por Richard Ledes, que adapta la obra teatral Goodbye, Doctor y la novela El loro de Lacan, ambas de la psicoanalista Betty Milan. Estos textos se inspiran en su propio proceso analítico con Jacques Lacan. La cinta retrata el análisis de Seriema (Ismenia Mendes), una joven brasileña que viaja a París para ser atendida por el célebre psicoanalista francés (David Patrick Kelly). Más allá de ser la primera vez que Lacan aparece como personaje de ficción en el cine, la película ofrece una mirada a un aspecto poco explorado públicamente: el de su práctica clínica. Lo anterior adquiere especial relevancia tanto desde la perspectiva de la relación entre cine y psicoanálisis -lo que el cine puede iluminar sobre la clínica- como desde la divulgación del psicoanálisis lacaniano. Al respecto, Bruce Fink —psicoanalista y traductor de los seminarios y escritos de Lacan al inglés en USA— señala:

Pese a la gran complejidad de los escritos de Lacan, muchas de sus nociones e innovaciones clínicas pueden formularse de modo claro y simple. No obstante, hay pocos libros sobre Lacan —si es que puede decirse que hay alguno— que hablen acerca de cómo se procede en el psicoanálisis lacaniano, de lo que este implica realmente, y de lo que lo distingue de otras formas de terapia, sean estas de orientación psicoanalítica o no.[2]


La película, además, tiene una peculiaridad en su ficción, juega con los idiomas. Se trata de una película hablada en inglés (la “lengua del Imperio” contemporáneo) pero en el entendido, por la convención de la ficción, de que los eventos se realizan en francés mientras la protagonista ve limitado su análisis al no llevarlo en su lengua materna, el portugués de Brasil; aspecto que será central en su análisis. Esta artística “confusión de lenguas” en la clínica nos recuerda a “la madre del Psicoanálisis”: Bertha Pappenheim, mejor conocida como “Anna O”. En su tratamiento con Breuer, encuentran la importancia del habla, tanto en la formación y manifestación de síntomas -en su malestar había disociaciones donde hablaba en diferentes idiomas sin darse cuenta[3]- como en el nuevo tratamiento que ayudó a “nacer”, la “talking cure”[4], la cura por el habla, fundamento del psicoanálisis.

Nos permitimos hacer lo propio en el presente escrito para hablar sobre lo que esta película puede iluminar de vuelta al psicoanálisis y su clínica, jugando primero con la frase en inglés: “Introducing Lacan”.

“Introducing Lacan” subraya el mérito pedagógico de la película, que opera como una suerte de introducción clínica al psicoanálisis lacaniano —como el título del libro de Bruce Fink—. En el mencionado texto también advierte:

… el enfoque por el que opto aquí puede considerarse, por lo menos, desde dos ángulos diferentes: 1) O bien constituye una popularización injustificadamente «pasteurizada» de la obra de Lacan, lo que implica una generalización y un reduccionismo groseros —es muy probable que algunos me acusen de hacer tal cosa—. 2) O bien intenta proporcionar un punto de encuentro entre la teoría y la práctica —sin duda incompleto— del tipo de los que existen en muchos hospitales y clínicas ambulatorias de París conducidos por lacanianos.[5]

Dichos ángulos con el que se puede ver el libro introductorio de Fink, es la advertencia a todos lo libros introductorios o para principiantes y, por extensión, a una película como Adieu Lacan, a la que se puede acusar de ser una versión Disney/Hollywood -aunque se trate de una película independiente- sobre la clínica de Lacan. Pero también ese punto de encuentro entre teoría, practica, historia y arte, como los ejemplos que siempre surgen en los espacios de enseñanza y trasmisión del psicoanálisis.

De esta forma, a través de la ficción del análisis de Seriema con Lacan, la cinta expone pilares de su teoría y técnica: la centralidad del lenguaje en la constitución del deseo y el sujeto, la distinción entre palabra vacía y palabra plena, así como intervenciones clave como la puntuación, la escansión de la sesión y la interpretación oracular. Para ilustrar esto, basta remitirse al final de la primera sesión que presenciamos en pantalla:

Tras señalar que Seriema, a sabiendas de un problema médico, no siguió el tratamiento que le habían sugerido, Lacan interviene:

Lacan: Usted sabía y no aceptó el tratamiento. Continúe, la escucho.

Seriema: Sé que es mi culpa.

Lacan: Es responsable, no culpable. No fue un acto deliberado.

Seriema: ¿De qué sirve hablar? ¿Sirve de algo cerrar la casa después de que ha sido robada?

Lacan: No hay razón para desesperarse. Está en análisis... Puede emprender un nuevo camino, reinventar su propia historia. - Se levanta y dirige a la puerta, dando finalizada la sesión.

En esta secuencia, el espectador puede seguir a Seriema en su sorpresa ante la finalización de la sesión. Sin embargo, también advertir el lugar donde se dio la intervención de Lacan. Resaltar sobre lo que sabía y no hizo, que funciona como puntuación, señala al enigma de la decisión de Seriema sobre su búsqueda de la maternidad seguida de la invitación a explorarlo (“Continúe, la escucho”). Los problemas relacionados con el útero estaban en su familia y aun sabiéndolo no llevó un tratamiento ¿Por qué? Más allá de juzgar la decisión, se trata de localizar a lo que esto puede apuntar sobre el deseo en conflicto de Seriema. Un deseo inconsciente del que no es culpable, sino responsable -con que tiene que ver cómo responder ante él- lo que nos remite a la ética del psicoanálisis.

Seriema pretende abortar el tener que hablar: “¿De qué sirve hablar?” A lo que Lacan lanza una invitación épica a la aventura del psicoanálisis, no para cambiar el pasado sino para hacer un nuevo futuro. Sin embargo, ahí hay una invitación, no un debate, por lo que termina la sesión, en un tiempo que permite sostener el enigma “¿por qué aun sabiéndolo no se atendió?”. Además, se mantiene un deseo de análisis inicial, por más que ella rechace la esperanza de trasformación por el hablar, Lacan le recuerda el deseo inicial del análisis. El solo hecho de estar ahí dibuja un deseo de cambio, una aventura de tintes épicos.

“Introducing Lacan”, desde los referentes del cine, también puede ser un Presentando a Lacan, una persona en la ficción que humaniza al personaje a partir de ficcionalizarlo de forma mítica. Lo humaniza al verlo en la chamba, en el oficio como analista, con todos sus fallos, dudas personales y esos extraños momentos “tras bambalinas” cuando se encuentra solo en el consultorio. Aprovechemos la referencia teatral para la siguiente cita de Milan de las memorias sobre su análisis con Lacan:

“Lacan, que sabía mucho sobre teatro, me dijo en ese momento que “había dejado Brasil para descubrir América”. En cierto sentido, esto es lo que ocurrió, gracias a un análisis donde el viaje del analizante fue una travesía[6] de su "epopeya[7] subjetiva"… Siguiendo a Freud, Lacan dio al tratamiento psicoanalítico la magnitud de una epopeya. Se apoyó en los recursos del teatro tanto en sus seminarios como en su práctica como clínico…”  (Milan, 2024)[8]

Así, en la intervención clínica “está empezando un análisis” - “iniciando un nuevo camino”-, comenzando una aventura, es donde vemos ese “apoyo en los recursos del teatro… en su práctica clínica” que refiere Milan. Ante la desesperanza hay una invitación a la aventura y un viaje, poniendo en juego el deseo del analista y mostrando su particular propuesta sobre la resistencia.

No es por casualidad que insistiera tanto en la importancia del deseo del analista en la eficacia de la cura. También llamó la atención sobre la idea opuesta: la resistencia del analista, cuando en aquel entonces solo se hablaba de la resistencia del paciente —a quien se atribuían todas y cada una de las dificultades del proceso.[9]

A este respecto Fink dice:

Únicamente el deseo del analista le permite al analizante superar ese «no querer saber nada», al sostener al analizante a través del doloroso proceso de formular algún tipo de nuevo saber. Si el analizante se resiste a saber, y el analista no logra poner a operar su deseo, no surgirá un nuevo saber. Lacan llega a decir que la única resistencia en el análisis es la resistencia del analista,[Seminario 3] dado que la resistencia del paciente a saber puede ser superada si el analista está dispuesto a intervenir. Si el analista flaquea y pierde la ocasión de poner en juego su deseo, la resistencia central en la terapia será la suya, no la del paciente.[10]

En este caso, Lacan le da un tono épico, teatral, a la aventura de la reinvención del relato, poniendo en juego el deseo de análisis.

Sin embargo, aunque se basa en una novela y una obra de teatro, nos encontramos ahora ante un formato distinto: el artefacto cinematográfico. En este sentido, cabe destacar la dualidad de la película - su aparente sencillez y su profunda complejidad, particularmente en lo que respecta a su cinematografía. Esta no solo está al servicio de la narrativa, sino que captura la singularidad del encuentro analítico, configurando un discurso que establece una relación social particular: la realización de un psicoanálisis. Como señala el director Richard Ledes en la página oficial de la película:

La directora de fotografía Valentina Caniglia y yo nos inspiramos especialmente en la película "La pasión de Juana de Arco" (1928) de Carl Theodor Dreyer. Este clásico del cine mudo de Dreyer utiliza ángulos extremos para retratar la radical asimetría entre la posición de Juana de Arco y la de sus acusadores. Utilizamos esta misma dinámica para representar el papel de la transferencia subjetiva que impulsa el análisis. Me sentí atraído por la película de Dreyer de 1928 tras ver la serie dramática “En Terapia” (In Treatment, HBO), protagonizada por Gabriel Byrne, que me sirvió de ejemplo de lo que quería evitar. Esto no es una crítica a la serie, pero enseguida me di cuenta de que su uso de la cámara, que funcionó tan bien para contar su historia de psicoterapia, era completamente erróneo para contar la historia del psicoanálisis.

La serie “En Terapia” se filma constantemente con una cámara paralela al suelo, a la altura de los ojos; el intrincado movimiento de la cámara —que se desarrolla principalmente en una sola habitación— es uno de los principales logros del programa. Sin embargo, la cámara horizontal refleja un precepto teórico: observamos a un terapeuta empeñado en mantener una relación equilibrada con su paciente, en un intercambio donde ambas partes permanecen en igualdad de condiciones.

En el psicoanálisis —al menos en la obra de Freud y Lacan— el analista se encuentra en la posición de causa del deseo para la persona que realiza el análisis; una relación completamente asimétrica, como puede atestiguar cualquiera que haya tenido padres o un cuidador o haya estado enamorado. Este enfoque en el psicoanálisis se debe a la teoría de la transferencia, y sentí que era crucial hacerlo bien: los ángulos altos, bajos y a menudo holandeses de la película de Dreyer fueron la inspiración para la solución que el director de fotografía Caniglia y yo ideamos. Richard C. Ledes [11]

 

 Ledes enfatiza no relación simétrica del psicoanálisis[12] tanto a través de sus encuadres como del uso del blanco y negro, cuyo efecto es más allá de lo nostálgico o “de época” para subrayar el dramatismo y la intensidad propia de la relación analítica, transformando la figura del analista en algo diferente a simplemente otra persona.

Esta no simetría, además, es constantemente reforzada por la voz en off de Seriema mientras aguarda, antes de cada sesión, la llegada del “Gran Hombre” del otro lado del mundo. El lugar que ocupa Lacan no es el silencio de un sepulcro —frío y ausente—, pero tampoco el de una empatía cálida que busca “comprender”. Es más bien el del testigo: una presencia que escucha, que sostiene y, desde su posición de objeto vacío causa de deseo, interroga.

Quizás no sea casual que la primera secuencia del análisis comience con un close-up del diván, del cual nos alejamos gradualmente hasta revelar lo que hemos estado escuchando desde el principio: la explicación de Seriema a Lacan sobre sus abortos espontáneos. El diván persiste como testigo silencioso de la sesión, anticipando además la futura importancia del cuerpo para resaltar la no simetría en la relación analítica. Esta dinámica es enfatizada en múltiples momentos - particularmente al inicio de cada nueva sesión - donde el director combina esta no simetría con una cálida teatralidad del encuentro.

El punto culminante llegará cuando vemos a Lacan ejecutar movimientos de capoeira, demostrando su capacidad para adoptar el semblante de brujo cuando el análisis lo requiere, especialmente tras la pérdida del talismán de Seriema, localizando la importancia de dar cuerpo al tema de los orígenes.              


Quiero hacer un análisis

Quiero ser brasileña hija de inmigrantes

Seriema (voz en off): ¿Por qué no querría ocultar un pasado así? Para evitar la denominación que me imponía la nacionalidad de mis antepasados. ¿Iba a presentarme revelando mis orígenes? ¿Cómo podría divulgar de inmediato lo que siempre me había esforzado tanto para ocultar? Dejemos que el doctor se imagine las playas primitivas, las palmas imponentes, y a mí como la hija nativa, nacida de nativos. ¿No me concedería su fantasía el linaje que quería? ¿No me daría eso la ilusión deseo una mujer de Brasil sin lazos con la inmigración? Sueñe, doctor sueñe y convierta a esta nieta de inmigrantes en la hija de los fundadores de Brasil. Libéreme de mi desafortunada identidad.

La parte del análisis que vemos en la película comienza con una pregunta: "Pero ¿por qué se separaron?". Desde este momento, la problemática se enfoca en el conflicto amoroso y la separación, pero siempre en torno al núcleo que dibuja el síntoma: la imposibilidad de ser madre. Cuando Seriema fracasa en conectar su historia personal con la de su madre y tías, Lacan identifica el primer postulado contraintuitivo del psicoanálisis: la ambivalencia fundamental del sujeto ante su propio análisis. Esta paradoja se manifiesta en su síntoma: "quiere y no quiere tener un hijo" -así como “quiere y no quiere realizar un análisis”, expresión de la división subjetiva que caracteriza la posición del analizante. El propio Lacan reflexiona sobre el hecho de “ignorar el problema que sabía”, corroborando que “la pasión por la ignorancia es la peor pasión de todas”. [13]

Ahora bien, ¿qué es eso que quiere y no quiere hablar? Desde la voz en off de Seriema, antes de entrar al consultorio, se pregunta: ¿Iba a presentarme revelando mis orígenes? ¿Cómo podría divulgar de inmediato lo que siempre me había esforzado tanto para ocultar? El tema de sus orígenes será el punto de partida: 

Así habla Betty Milan sobre los temas que trató en su análisis del que se basa la película:

Soy Betty Milan y estoy aquí para hablarles de mi último libro publicado por las ediciones RS: Adieu Lacan. Reúne una novela, El Perico de Lacan, y una obra de teatro, Adiós doctor, ambos inspirados en mi análisis en la calle de la Île en los años setenta. La novela aborda sobre todo el drama de la inmigración, la xenofobia y la pérdida de identidad. Muestra la importancia que tiene para el sujeto su lengua materna. La obra, en cambio, evoca la cuestión de la maternidad y del género (demostrando que dichos problemas pueden tener razones inconscientes). Adieu Lacan se enfrenta a algunos de los problemas más agudos de nuestro tiempo: es un libro de ardiente actualidad. Muestra cuánto la inmigración puede ser, durante mucho tiempo, fuente de un profundo sufrimiento interior, y pone en evidencia ciertos aspectos de la cura analítica, subrayando la manera particular que tenía Lacan de tratar a sus pacientes.

Este libro está destinado tanto a quienes la inmigración interpela —pertenezcan o no a una diáspora— como a los lectores interesados en la práctica psicoanalítica. La novela y la obra de teatro dieron origen a la película Adieu Lacan, del director estadounidense Richard Ledes, actualmente disponible.[14]

 

Los temas de la identidad, el racismo internalizado y la maternidad emergen desde la primera sesión, particularmente a través de un síntoma que se construye in situ en el encuentro analítico mismo: ¿Por qué emprender un análisis en una lengua que no es la materna? Daniel Gaztambide, en su libro Técnica psicoanalítica descolonizadora: Freud en el diván de Fanon (2024), analiza el caso de Seriema como un ejemplo paradigmático de cómo el psicoanálisis puede funcionar como artefacto descolonizador. La película explora esta dimensión a través de elementos como la música afrolatina y la figura de María, la nana bahiana de Seriema. Sin embargo, mientras el filme enfatiza principalmente el aspecto de cuidado y protección en esta relación con la nana, omite - a diferencia de las memorias de Milan y la novela que analiza Gaztambide- la inherente dinámica de poder[15] entre ellas. ("mi familia solo me había enseñado el arte de mandar", como señala la autora).

En el presente escrito, nos detendremos en lo que película incluye y resalta, por ejemplo, la relación entre este espacio íntimo del consultorio donde todo se puede decir sin censura y los temas sociales, los discursos de dominación - el colonialismo, el patriarcado y el racismo- que atraviesan a ambos; analista y analizante. Por lo anterior, resaltamos el hecho de reconocer cómo el colonialismo y racismo también atraviesan al propio Lacan lo que vemos en su forma de referirse a Seriema como “pequeña brasileña” con su secretaria Gloria González. Seriema se percata y reclama a su analista.


Seriema: Escuché decirle a su secretaria, la “pequeña brasileña” puede entrar.

Lacan. Siéntese… Si. Dije “pequeña brasileña”. En francés, el diminutivo es afectuoso.

Seriema: Me recordó a esa “pequeña turca” de mi infancia. No puedo soportar ser etiquetada, doctor.

Lacan voz en off: ¡Mierda! ¿Por qué dije pequeña brasileña?

Seriema: … a mi abuelo lo han llamado cristiano, turco y “come-niños”. Y yo soy una pequeña brasileña. Prefiero ser llamada por mi nombre Seriema.

Lacan: Y por buena razón. ¿Qué más?

¿Qué implica ese “¡Mierda! ¿Por qué dije pequeña brasileña?” que piensa Lacan en la película? De alguna forma nos habla de que si se emprende un proceso de descolonización en una experiencia psicoanalítica el analista debe estar advertido hasta qué punto está atravesado también por el discurso colonial. Ese ¿por qué dije? Tiene que asumirse como una reacción contratransferencia -como reconoce Lacan “los prejuicios del analista, es decir, su contratransferencia”[16]- de los lugares jerárquicos y privilegios que brinda el discurso colonial.

Nos recuerda a lo abordado por Daniel Gaztambide en su práctica clínica con pacientes de color en USA con quienes introduce el tema racial al preguntar sobre qué pensaba de la diferencia racial, aunque ambos sean latinos en USA, Gaztambide hace explícito el tema del privilegio que tiene “un puertorriqueño blanco”. El mero reconocimiento permite que el tema, aunque negado de inicio, permita que sea nombrado posteriormente por los analizantes.

La primera fase del análisis, aunque inicia con la pregunta sobre los abortos espontáneos y la pérdida de Antonio, pronto deriva hacia cuestiones de identidad: su condición de brasileña nieta de exiliados libaneses. Este recorrido abarca desde interrogantes sobre posible sangre indígena familiar, el Maktub (está escrito) que da forma al estilo árabe de crianza, las agresiones racistas de ser discriminados como "Turcos-come-niños", hasta la aceptación del fetiche que María le entregó. Todo culmina en una sesión crucial cuando Seriema reporta una alucinación: haber visto dos ratas negras. La puntuación lacaniana - "Dos Ratas" - opera como un significante clave que le permite escuchar un nombre forcluído: Raji, el nombre que comparten su bisabuelo, abuelo y padre.


 Mi familia quería olvidar el pasado: olvidar era para ellos la condición para la integración de sus descendientes. Para entender mejor las circunstancias de su viaje, entrevisté a miembros de mi familia que aceptaron hablar. Negaron haber experimentado la tragedia de la inmigración —su herida narcisista— y yo me negué a ser quien era: la hija de inmigrantes.

El nombre había sido omitido de la historia como protección, así como en muchas ocasiones el idioma mismo queda excluido. Lo forcluído de lo Simbólico irrumpe en lo Real. Pero más allá del fenómeno alucinatorio, ¿qué nos revela esto sobre otros efectos del racismo, particularmente sobre el racismo internalizado? Lacan reflexiona al concluir la sesión sobre Raji: "Es horrible no poder ser árabe, negro, judío". A esta lista podríamos añadir: moreno, indígena, palestino, migrante, trans, o mujer que cuestiona al patriarcado. Lacan culmina con una afirmación contundente: "No poder ser quién eres. Nada hay peor que el racismo dirigido hacia uno mismo".

Con respecto al racismo recordamos lo dicho por Lacan en Televisión en 1974, justo por la época por la está ubicada la película. A la pregunta de Jacques Alain Miller “¿De dónde le viene además la seguridad para profetizar el ascenso del fascismo (racismo)?  ¿Y por qué diablos decirlo?”, Lacan responde:


Porque no me parece divertido, y que sin embargo es cierto[17].

(Es en que esto me parece, no solo previsible, porque hay todo tipo de síntomas, sino necesario.  Es necesario a causa de lo que llamo, o de lo que trato de hacer sentir[18]) el desvarío de nuestro goce, (solo en el Otro, el Otro absoluto, el Otro radical) sólo existe el Otro para situarlo, pero sólo en tanto que estamos separados. De ahí las fantasías, inéditas cuando no nos mezclamos.

(Si la relación sexual no existe, es porque este Otro es de Otro tipo) Lo que no se podría es abandonar a ese Otro a su modo de goce, sino a condición de no imponerle el nuestro, de no tenerlo por un subdesarrollado.

Agregándose a eso la precariedad de nuestro modo, que desde ahora no se ubica más que del plus–de–gozar, el que no se enuncia de otra manera, ¿cómo esperar que se prolongue la humaniterería obligada de que se visten nuestras exacciones?

Si Dios recobrara la fuerza, terminaría por ex–sistir, lo que no presagia nada mejor que un retorno de su pasado funesto.[19]

Lo planteado por Lacan en su intervención en Televisión durante la década de 1970 resuena con inquietante vigencia en nuestro presente. Tal como la propia Milan señala en la comentada presentación de sus memorias, se trata de una historia de "ardiente actualidad", especialmente si consideramos que los discursos racistas y fascistas emergen con creciente naturalización en las redes sociodigitales y en las campañas políticas tanto de Europa como de América. En ese contexto, Lacan alude al desvarío de nuestro goce, el cual solo puede situarse en el Otro. Sin embargo, cabe preguntarse: ¿a qué Otro se refiere? ¿Acaso se trata del Gran Otro, entendido como el tesoro de los significantes, o del otro semejante, ese rival imaginario? La respuesta parece orientarse hacia un Otro radical, absoluto, que en el marco de esta problemática se encarna en el cuerpo del racializado, convertido en objeto de esas "fantasías" que Todd McGowan denomina la "Fantasía racista":

La fantasía racista atribuye un goce ilimitado a quienes no pertenecen —a la figura del otro racizado. Este goce existe solo en la fantasía. Es la “alegría satánica” que Hitler imagina ver en los jóvenes judíos que buscan seducir a las jóvenes alemanas. Nadie logra gozar plenamente sin ninguna falta. Nadie experimenta realmente una alegría satánica. Pero la fantasía distorsiona la no pertenencia real de las personas y la transforma en la completa suspensión de la falta. Esta distorsión de la no pertenencia social en un sitio de privilegio de goce prepara el camino para la violencia racista. En lugar de ver la violencia ejercida contra el otro racizado y sentir compasión por las personas en esa posición, alguien atrapado en la fantasía racista mira a estas figuras con envidia. Esta es la envidia que consume al habitante blanco de los suburbios que escucha canciones de hip hop sobre la emocionante vida negra en la ciudad, o la del aficionado al deporte que grita insultos racistas al jugador del equipo contrario. Solo al tomar en cuenta la fantasía racista es posible dar sentido a este fenómeno extraño: personas de un grupo socialmente privilegiado consumidas por la envidia hacia quienes no pertenecen.[20]

Lacan subraya, además, el problema de "imponerle nuestro" goce a aquel otro al que se le atribuye un estatuto de subdesarrollo o, en términos de Todd McGowan, a esos outsiders que "no pertenecen". Esta lógica de exclusión no es nueva; ya en el documental Outsider Freud se rastrean sus huellas en el propio psicoanálisis freudiano, donde el extraño, el que no encaja en el orden simbólico establecido, se convierte en depositario de las proyecciones y temores del grupo. Sin embargo, Lacan va más lejos al advertir lo peor, lo mortífero que podría sobrevenir si "Dios recobrara la fuerza y terminara por existir". ¿Qué lugar ocupa entonces Dios en el discurso racista? La respuesta se vislumbra en la actualidad a través de manifestaciones políticas y religiosas que fusionan lo sagrado con lo identitario. Un ejemplo extremo, aunque grotesco y criticado incluso dentro de sus propias filas, es la iconografía que presenta a figuras como el Doctor Trump investido de atributos cristológicos. Esta imagen no es un mero exceso retórico, sino el síntoma de un movimiento más amplio: el Nacionalismo Cristiano Blanco (White Christian Nationalism). Dentro de este marco, no hay teoría que mejor ejemplifique la "fantasía racista" de McGowan que la del Gran Reemplazo. Según datos recientes, cerca del 81% de los adherentes a este movimiento suscriben dicha teoría conspirativa, asumiendo que los inmigrantes y las minorías étnicas son instrumentos de un plan deliberado para "borrar" la identidad blanca y cristiana de la nación. Así, la invocación de Dios —o su retorno como garante de una comunidad imaginaria— se revela como el correlato teológico de una fantasía que, en su afán de pureza, no hace sino anunciar su propio potencial destructivo.[21] Lo funesto, es que “Dios conmigo, quién contra mí” puede justificar la peor de las masacres cuando se piensa como una acción de legítima defensa al reemplazo. Baste recordar lo que sucede actualmente en Palestina y como la solución final de los nazis, legalmente eran leyes antinmigrantes.

Por último, conviene detenerse en algo que Lacan mismo señala: ese "no imponerle el nuestro" goce, ese "no tenerlo por un subdesarrollado". Es relevante notar que, al formularlo así, Lacan se ubica desde el lugar del racista, no del racizado. Esta posición delata, quizás sin pretenderlo, el lugar de privilegio desde el que habla: un hombre blanco, cis, de clase alta y con un capital cultural inmenso, que “se le sale” decir "pequeña brasileña". Antes no dijo "panchita" o "sudaca", como “fraternalmente” suelen llamarnos los europeos a los del Sur Global. Pero hay más: en la película, Lacan subraya que "nada hay peor que el racismo dirigido hacia uno mismo". Con ello apunta a la tragedia del racismo internalizado, que opera en el racizado cuando este se ha identificado con la mirada de la fantasía racista del blanco, mirada que nos hace suponer un Superyó Colonial en operación. Es lo que ocurre con Seriema, quien sigue la fantasía de su madre para quien "el francés es música para sus oídos" y Francia representa "el mundo de la civilización". Esta identificación genera un doble movimiento: el rechazo del propio cuerpo y los orígenes, y la mistificación de otros cuerpos —el de María, el de Gloria—, al que se percibe como portador de un goce ilícito, casi mágico. Así, el racismo internalizado no solo reproduce la opresión desde dentro, sino que convierte al sujeto en agente de su propia alienación, perpetuando la lógica que lo excluye.

Ese primer movimiento descolonial en el análisis de Seriema consiste en dar lugar al origen, en nombrar el nombre rechazado de su padre y en reconocerse, paradójicamente, como alguien que viaja a Francia para descubrirse brasileña. En ese gesto se cuestiona al mundo blanco como aspiración de completud, y se abre la posibilidad de habitar la propia herencia sin la mediación de la mirada colonial. Sin embargo, ese movimiento, por necesario que sea, resulta insuficiente si no se acompaña de otro: la descolonización que busca su síntoma y que concierne al otro cuerpo y a la otra fantasía, la patriarcal.

La película muestra, como en la experiencia personal de Milan, que para que se permita el efecto descolonizador del análisis, el analista actuar respetando el lugar otro donde opera el deseo del analizante, más allá de una sola identidad étnica. Esto se muestra en la reacción de Lacan ante la pérdida del talismán de Sereima.

Lacan: ¿Y cómo fue que perdió el fetiche, el protector?

Seriema: No lo sé. Solo sé que nada más me importa.

Lacan: (Imperativamente) Vuelva a la cabina, busque el ojo. Si no lo encuentra, llame a Brasil, pida otro de inmediato. (SERIEMA se va) Sin el colgante, Seriema no permanecerá, y yo estoy aquí para que permanezca. Busca, haz una llamada, envía un telegrama… Cualquier cosa para que continúe el análisis hasta el final. Si es necesario que actúe como un gurú, me convertiré en un gurú. El analista es un actor que finge no estar actuando, puede asumir cualquier papel. El hecho de que yo sea francés no significa que no sea brasileño. Incluso sin creer en la magia.


               La lección clínica que se desprende de todo lo anterior no se limita al mantenimiento del vínculo transferencial y del deseo de análisis, sino que concierne, fundamentalmente, al respeto por aquellos elementos que dan sostén al cuerpo del analizante. Como reconoce Juan Pablo Lucchelli en su libro Autismo (2024), muchos jóvenes ubicados dentro del espectro autista prefieren el enfoque psicoanalítico sobre el cognitivo-conductual. Mientras que este último se concentra en erradicar las conductas estereotipadas —consideradas como síntomas a suprimir—, el psicoanálisis permite, e incluso se interesa por, esas formas singulares y personales de dar contorno al cuerpo y de relacionarse con los otros. Claro, esto es posible siempre y cuando los analistas se abstengan de buscar los orígenes y las explicaciones últimas del autismo, renunciando así a la pretensión de un saber que normalice y categorice.

 

“Quiero ser una madre”

Quiero ser mujer y tener un hijo

La segunda parte del análisis la podemos marcar desde “la conquista del diván”. Seriema no puede decir más que “Saudade”[22]  y se queja de lo diferente que es el portugués de Brasil del Francés en especial con respecto a lo masculino y femenino. El doctor dirá: “El sexo masculino de las palabras, el sexo femenino de las palabras, sexo, sexo…”. Esto la lleva al diván y hablar sobre Antonio, el amor y el recuerdo de la sentencia de su padre muerto hacía tiempo: “Nunca olvides que te amo”. Esa promesa al padre la atora en las relaciones como mujer hacia un hombre y a la maternidad.

Aunque la figura del padre de Seriema se presenta como una aparente oposición al machismo latinoamericano tradicional, sus efectos inhibitorios en ella revelan más bien la faceta colonizadora del patriarcado - aquella que va más allá del simple desprecio por la supuesta inferioridad femenina.

Lo anterior nos recuerda la respuesta de Massimo Recalcati a la pregunta de Giulia Santerini en Republica Tv “Usted dice que la violencia contra las mujeres son siempre un hecho de racismo. ¿Nos explica mejor?”:

Es un racismo porque la violencia golpea a la mujer en cuanto lugar del otro, lugar de la diferencia. El negro, el judío, el homosexual: todos han sido objeto de un verdadero racismo. ¿Qué encarna cada uno, a su modo? Encarnan algo que la razón patriarcal no es capaz de comprender. Encarnan el carácter irreductible, ingobernable, típico de la diferencia. La Mujer es un nombre de la diferencia. No por casualidad Adorno y Horkheimer, en la Dialéctica de la Ilustración, asociaban precisamente el nombre de la mujer al del judío, en el sentido de que ambos eran encarnaciones de la libertad, de la ingobernabilidad.[23]

O como dice Sayak Valencia “un hombre oprimido está feminizado, por ejemplo, el hombre migrante”[24].

Esta relación entre el racizado y la mujer como aquello ingobernable, nos recuerda a uno de esos momentos que escuchamos a Lacan tras bambalinas, después de una sesión donde señaló el lugar que ocupaba como “objeto del deseo”: “Usted solo quería lo que Antonio quería… justo como en su niñez”. Sin embargo, al irse Seriema, Lacan reconoce el deseo por Antonio:

Lacan: No hay nada asexuado en ella. Por eso ama a Antonio… “Con él, no sabía quién era hombre y quién era mujer; cada uno de nosotros podía ser uno u otro.” Seriema tiene una libertad que a mí me falta, como si la bisexualidad no existiera. Doctor, has estudiado muchos, pero no has aprendido tanto como debieras haberlo hecho.  

Milan parece reconocer el

¡Ay, mi Lacan! Amas tanto a tu mujer inexistente - “No hay La Mujer puesto que por esencia ella no toda es”- que la pones en el rango de Dios. ¿No desdeñas así tu previo gesto tan feminista de haberla desontologizado?... Freud reconoció en la mujer su propio límite, Lacan tiene el ímpetu por saber más sobre su goce. Al fin y al cabo, Freud y Lacan, otra vez hombres hablando sobre mujeres. Acaso el primero atravesado por una sólida cultura patriarcal y el segundo por una cultura dandy heterosexista. Aun con sus ambigüedades, puedo ver un feminismo en ambos.[25]

Para Seriema, ser mujer implica encarnar -literalmente- la diferencia frente a su padre, lo cual resulta imposible; desear a un hombre se vuelve prohibido, pues ese lugar está reservado exclusivamente para la figura paterna; y convertirse en madre sólo sería viable si fuese para darle un hijo a su propio padre. Esta triple imposibilidad configura una trampa psíquica donde la identidad femenina queda radicalmente alienada al mandato paterno. En la película, el abordar el tema de la relación con el padre en análisis, lleva a Seriema a un sueño que la inquieta al presentarle la fantasía primordial.


Lacan: ¿Qué fue lo que soñó?

Seriema: (Se recuesta) Una burbuja. Yo estaba en una burbuja roja… dormida en el suelo. De pronto, escuché un silbido y una voz que decía: “Hora de despertar.” Era lo que mi padre decía cada mañana. (Pausa) Me despierto y veo el suelo de la burbuja flotante. Me estiro y me levanto con cuidado para no caer. Camino como si estuviera en la cuerda floja. A cada paso, la voz: “Mens sana in corpore sano.” Otro de los dichos favoritos de mi padre. Me detengo y miro el rojo, que se aclara y se transforma en un resplandor cegador… De pronto, él aparece. Mi padre… (Guarda silencio y se cubre el rostro con las manos) Mi padre me entrega un recién nacido que sostiene en sus brazos. “Tómalo, toma a nuestro hijo.” (Fuera de sí) “¡Nuestro hijo…!” Eso es incesto. (Seriema cruza los brazos sobre el pecho y gira la cabeza para ocultar el rostro) El hijo de la locura, de los celos mórbidos de mi padre y de mi propia sumisión. (Con amargura) Mens sana in corpore sano. Desperté como si acabara de salir del infierno. El incesto es un crimen… una abyección. Tengo miedo… ¡tengo miedo de volverme loca!

Lacan: Tranquila. La fantasía de incesto no es incesto, y nadie enloquece por desearlo… Es cierto que una fantasía incestuosa no es inocua… Si no fuera por la fantasía de incesto, hoy no estarías aquí, no habrías buscado tratamiento… Podrías haber tenido el hijo de Antonio. Pero el padre de tu hijo, para ti, no era Antonio… El padre de tu hijo, en tu fantasía, no era Antonio… sino tu padre. (Pausa) El inconsciente existe, todos estamos sujetos a él. (El Doctor se levanta) Ven. Ya no ignoras lo que necesitabas saber. (SERIEMA permanece sentada) Ven, Seriema. (Ella se levanta mecánicamente, paga y se va)

-            “Mi deseo será tuyo.” Un padre que encadenó a su hija… que le impidió incluso imaginar un padre para su propio hijo… y así hizo imposible la maternidad. El inconsciente existe y no es el cordero de un buen pastor. Pero Seriema ha dado un paso gigante y ha roto las cadenas. Ya no es esclava de la repetición.

El caso de Seriema recuerda al de otras conversadoras como recuerda Laurie Launer a las pacientes de Estudios sobre la Histeria:

Las conversadoras han hecho entender que el psicoanálisis puede ser una teoría feminista si se libera de sus prejuicios naturalistas, si se interroga sobre las condiciones de emergencia de su saber, si reflexiona sobre el aspecto político de su práctica y sobre las fábricas de ficciones erótico-políticas que son los cuerpos.[26]

Este cuerpo de Seriema estaba atrapado como en la burbuja incestuosa del deseo del padre que la “encadena”, incluso siendo algo más que una mujer, La Mujer. La mirada patriarcal y su amor es de lo que Seriema busca aman-cipación.[27]

Después de la sesión de la pesadilla que la enfrenta directamente al cumplimiento del deseo de ser capturada por el deseo del padre, Seriema ahora está lista para irse, pero antes debe aman-ciparse de su analista. Esto llega por medio de otro sueño:

Seriema: Hoy, me quedé dormida y soñé que usted estaba muerto y en un ataúd. De vez en cuando se levantaba y consolaba a los presentes, se despedía. Como si fuera una fantasía.

Lacan: ¿Cómo así, una fantasía?

Seriema: No, me equivoqué. Quise decir fantasma—como si fuera un fantasma—pero me expresé mal. (Pausa) Incluso pienso que usted estaba muerto porque… Si usted muriera, yo volvería a Brasil… ¿Qué hice mal para estar tan lejos de casa? Antonio me llama todos los días, pidiéndome que regrese. Es el hombre que amo… y con quien quiero tener un hijo.

Lacan: (Enfáticamente) El hombre con quien quieres tener un hijo… Entonces ¡ya has elegido al padre! ¡Antonio!

Seriema: Quiero su hijo… un hijo nacido allá, que hable mi lengua.

Lacan: Hmm. ¿Y qué más?

Seriema: (Ríe) A usted no le interesa lo que digo, sino lo que queda sin decir.

Lacan: Es cierto. Hasta mañana. 

-                     ¿Qué le interesa a un analista sino la parte que queda sin decir? El hecho es que ahora un hijo está al alcance de Seriema… Ahora puede dar vida porque puede elegir al padre. Ha dejado de estar en contra de sí misma. El análisis ha terminado. (Pausa) No, el análisis solo terminará cuando Seriema comprenda por qué eligió a un analista cuya lengua no es la suya, siendo que para ella la lengua es fundamental.

Lacan, el analista, tiene que morir para que ella vuelva a su casa ya que ha elegido y no solo estar en la posición de ser elegida o validada por un gran hombre. Finalmente llega la última sesión.



Lacan: Tal vez ahora puedas decirme por qué hiciste un análisis en una lengua que no es la tuya.

SERIEMA No lo sé. (Pausa) Tal vez fue— (Dudando) Tal vez fue para no decirlo todo… Mi padre siempre decía que él era el único a quien podía contarlo todo. (Pausa) Fue para hacer lo que mi padre quería que te elegí… para no decirlo todo. Elegí a un analista que no conocía mi lengua. Para no revelarme… ¡Increíble! ¡Una aberración!... ¿Elegir a un analista para obedecer a mi padre?... ¡Qué locura!

Lacan: Una locura que fue la condición de tu análisis. Yo tuve que aceptar tu elección para que pudieras avanzar. (Pausa) Ahora eres libre… libre del deseo de tu padre.

Seriema: ¿Libre del deseo de mi padre?

Lacan: Sí. Ahora puedes seguir tu propio camino.

Seriema: (En voz baja) ¿Se terminó?... (Con confianza) El análisis ha terminado. Brasil… Antonio me espera.

Lacan: Adeus.

Seriema: Adieu.



Más allá de la fórmula edípica clásica - ese drama de sustituir a mamá por papá circunscrito a la familia nuclear tradicional -, la película nos ofrece primero un contexto social que revela cómo dicha constelación familiar reproduce nuestra lealtad hacia el amo de la dominación y sus valores. La descolonización del análisis, con su necesaria "denuncia de identificaciones", no se limita a emanciparse de las figuras parentales, sino que apunta al discurso de dominación que las instituyó, junto con sus aspiraciones coloniales. Un ejemplo paradigmático: la idealización de Europa y su supuesta misión civilizadora, encarnada en la Francia metropolitana.

Concluimos destacando el final del análisis, donde las últimas palabras de Seriema en pantalla - posteriores al significativo "Adieu" que da título - resuenan con particular fuerza:

Seriema: (Voz en off) Inconscientemente, había obedecido a mi padre, quien, si bien no me encerró en una torre, exigió que sólo tuviera ojos para él. Su pequeña niña, que nunca debía exhibirse ante otros, ni siquiera en un análisis, hablar de sexo u orgasmos. Hasta aquí tuve que llegar para dejar atrás a Raji y desprenderme del doctor. Para decirle adiós al gran hombre y a su ciudad.

El análisis le permite a Seriema una experiencia descolonizadora y des-patriarcal donde se implica una emancipación del Gran Hombre Colonial, siendo un testimonio del doloroso proceso que implica la descolonización psíquica de la “fantasía sexual masculina que todas y todos participamos”[28]. De alguna forma, todo análisis implica una emancipación de una mirada del Gran Hombre que se encuentra en el Superyó, recordando lo que Freud señala como “los empeños terapéuticos del psicoanálisis” siendo “fortalecer al yo”, “hacerlo más independiente del superyó” y así integrar lo rechazado de si mismo al “apropiarse de nuevo fragmentos del ello”.[29]

Seriema dice Adiós al Gran Hombre cuyo amor por el saber le permite en el análisis construir un nuevo saber y así a aman-ciparse del cuerpo racizado y de género. Sin embargo, para eso se requiere que el analista lo permita, lo impulse o al menos no estorbe con sus prejuicios o mistificaciones patriarcales y coloniales. 




 



[1] Sinopsis: Con una mirada realista y una experiencia artística, “Adieu Lacan” retrata la lucha de una joven, Seriema, que intenta entender por qué su camino hacia la maternidad ha llegado a un atasco insoportable. Tras dos abortos espontáneos y la posible pérdida de su matrimonio, Seriema viaja a París en 1972 para realizar un tratamiento psicoanalítico con el audaz analista francés, Jacques Lacan. Su análisis es un intento de ayudarla a desentrañar el enigma de su pregunta: ¿por qué la maternidad se ha convertido en una aparente imposibilidad? Inspirada en la historia de Betty Milan, una psicoanalista y escritora brasileña, seguimos de cerca su propio análisis con Lacan. Basada en su obra de teatro 'Adiós, Doctor' y su novela 'El loro de Lacan', en las que Milan narra su trabajo analítico, “Adieu Lacan” ofrece un relato perspicaz y preciso de una cura psicoanalítica real. https://www.richardledes.com/adieu-lacan-movie

[2] Fink, Bruce. (2026) Introducción clínica al psicoanálisis lacaniano: Teoría y técnica | Un valioso puente entre teoría y práctica, entre el discurso de Lacan y las urgencias ... consultorio. (p. 10). Herder Editorial.

[3] “Sólo en momentos de gran angustia el lenguaje se le denegaba por completo o mezclaba entre sí los más diversos idiomas. En sus horas mejores, más libres, hablaba en francés o italiano. Entre esos períodos y aquellos en que hablaba en inglés existía una amnesia total.” Breuer, J. y Freud. S. (1895) Estudios sobre la histeria. Obras Completas. Amorrortu Editores. Vol. II. Pág. 51.

[4] “… ella había inventado el nombre serio y acertado de «talking cure» («cura de conversación») y el humorístico de "chimney sweeping"  («limpieza de chimenea»).” Breuer y Freud. Op. Cit. Pág. 55

 

[5] Fink. Op Cit. (pp. 11-12).

[6] “Al andar se hace camino / Y al volver la vista atrás / Se ve la senda que nunca / Se ha de volver a pisar / Caminante no hay camino sino estelas en la mar.” Antonio Machado

[7] Del griego antiguo ἐποποιΐα (epopoiía), de ἔπος (épos, "palabra, narración, poema") y ποιέω (poiéō, "hacer, fabricar")

[8] Milan, Betty. (2024) Analyzed by Lacan: A Personal Account. Bloomsbury Publishing.

[9] Milan, Op. Cit.

[10] Fink, Bruce. Op. Cit. (pp. 24-25)

[12] “En la transferencia, de hecho, el paciente y el terapeuta no están nunca en una relación simétrica, no son nunca pares. La relación terapéutica, en general y la analítica, en particular, no tienen nada de democrático —no son relaciones paritarias— porque uno de los dos sufre, mientras el Otro trata de ayudarlo. Uno de los dos es pobre, mientras el otro es rico. ¿Rico de qué? Rico, según Lacan, del saber que el paciente le atribuye.” Massimo Recalcati. La práctica de la entrevista clínica: Una perspectiva lacaniana (pp. 50-51). Pólvora Editorial.

[13] El analizante no quiere saber nada acerca de sus mecanismos neuróticos, nada acerca del porqué y las causas de sus síntomas. Lacan incluso llega a clasificar la ignorancia como una pasión mayor que el amor o el odio: una pasión por no saber. Fink, Bruce. Op. Cit. (p. 24).

[14] Editions Eres. (2023, enero 5). Betty MILAN - Adieu Lacan [Video]. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=XVkenYeW660

[15] “With excitement came anxiety, as she would have to leave Maria’s care. She became aware of the relationship between her dependence on Maria and her power over her, “Maria do this… Maria do that… forgetting to add please.” Her family had only taught her “the art of issuing orders””

Gaztambide, Daniel José. (2024) Decolonizing Psychoanalytic Technique: Putting Freud on Fanon's Couch. Springer International Publishing. (p. 231)

[16] “¿No puede aquí considerársela como una entidad totalmente relativa a la contratransferencia definida como la suma de los prejuicios, de las pasiones, de las dificultades, incluso de la insuficiente información del analista en determinado momento del proceso dialéctico?” Lacan. Escritos. Pág. 218-219

“La contra transferencia no es sino la función del ego del analista, lo que denominaba la suma de los prejuicios del analista”. Jacques Lacan, El seminario Libro 1 Los escritos técnicos de Freud. Paidós. 1981. P.43. Clase del 20 enero 1954

[17] “Como de todos modos no debo pintarles únicamente el porvenir color de rosa, sepan que lo que crece, que aún no hemos visto hasta sus últimas consecuencias, y que se enraiza en el cuerpo, en la fraternidad del cuerpo, es el racismo. No dejarán de escuchar hablar de él.” … O peor, 21 de junio de 1972.

[18] Los agregados entre paréntesis vienen del video original. Filosofikanalen. (2019, enero 3). Jacques Lacan: Télévision (La Psychanalyse 1 & 2) [Video]. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=EF-SElmdOY4&t=265sRacismo” minuto 39:48

[19] Lacan, J. (1993). Psicoanálisis: radiofonía y televisión (3ª ed.). Editorial Anagrama. (Trabajo original publicado en 1977). Págs. 119-120.

[20] McGowan, Todd. (2022) The Racist Fantasy: Unconscious Roots of Hatred (pp. 152-153). Bloomsbury Publishing.

[22] La palabra Saudade "nostalgia, morriña" viene de saudade en gallego-portugués y habría salido de un latín solĭtate(m) "soledad" de donde también vienen otras variantes portuguesas soledade y soidade.

[23] La Repubblica. (2021, febrero 20). Femminicidi, Massimo Recalcati: "Perché la violenza sulle donne è razzista" [Video]. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=Emt71zmoVhs

[24] Citado en Bercovich, Susana. (2023). Diván: paisaje adentro. Editorial Heder. p. 180.

[25] Bercovich, Susana. (2023). Diván: paisaje adentro. Editorial Heder. p. 185

[26] Laufer, Laurie. (2023) Por un psicoanálisis emancipado. Reanudar la subversión. Escolios. (p. 82)

[27] “Lo que Picasso pinta es efectivamente Velázquez en la historia, Velázquez atravesado por la historia de la pintura y la representación. Picasso no sólo se inspira en Velázquez, ama a Velázquez; amándolo, lo inventa, lo hace aparecer, lo trans-figura. “A este que le supongo el saber, lo amo”, propone Lacan. ¿Podríamos afirmar que se trata de una obra de emancipación respecto de un maestro amado? Entonces, es operación podría llamarse obra de aman-cipación. (aimancipation)”.

Laufer, Laurie. (2023) Por un psicoanálisis emancipado. Reanudar la subversión. Escolios. P. 16.

[28] Bercovich, S. Op cit. P. 187.

[29] Freud. S. (1933/1991). Las nuevas conferencias de introducción al psicoanálisis (Vol. XXII). Amorrortu Editores.P. 74

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