Adiue Lacan: Introducing y Adiós al Gran Hombre
ADIEU LACAN
Introducción
a Lacan y Adiós al Gran Hombre
Seriema (voz en off):
El Doctor me
habría dicho: “Habla, querida”
“Introducing Lacan”
Introducción
y Presentación
Jacques
Lacan (1901-1981), un psiquiatra y psicoanalista francés, se convirtió en una
de las figuras intelectuales más importantes del siglo XX. La siguiente
película de ficción está inspirada en un análisis que condujo en París en los
años 70´s.
Así
comienza "Adieu Lacan"[1]
película escrita y dirigida por Richard Ledes, que adapta la obra teatral Goodbye,
Doctor y la novela El loro de Lacan, ambas de la
psicoanalista Betty Milan. Estos textos se inspiran en su propio proceso
analítico con Jacques Lacan. La cinta retrata el análisis de Seriema (Ismenia
Mendes), una joven brasileña que viaja a París para ser atendida por el célebre
psicoanalista francés (David Patrick Kelly). Más allá de ser la primera vez que
Lacan aparece como personaje de ficción en el cine, la película ofrece una
mirada a un aspecto poco explorado públicamente: el de su práctica clínica. Lo
anterior adquiere especial relevancia tanto desde la perspectiva de la relación
entre cine y psicoanálisis -lo que el cine puede iluminar sobre la clínica-
como desde la divulgación del psicoanálisis lacaniano. Al respecto, Bruce Fink
—psicoanalista y traductor de los seminarios y escritos de Lacan al inglés en
USA— señala:
Pese a la
gran complejidad de los escritos de Lacan, muchas de sus nociones e
innovaciones clínicas pueden formularse de modo claro y simple. No obstante,
hay pocos libros sobre Lacan —si es que puede decirse que hay alguno— que
hablen acerca de cómo se procede en el psicoanálisis lacaniano, de lo que este
implica realmente, y de lo que lo distingue de otras formas de terapia, sean
estas de orientación psicoanalítica o no.[2]
La película,
además, tiene una peculiaridad en su ficción, juega con los idiomas. Se trata
de una película hablada en inglés (la “lengua del Imperio” contemporáneo) pero
en el entendido, por la convención de la ficción, de que los eventos se
realizan en francés mientras la protagonista ve limitado su análisis al no
llevarlo en su lengua materna, el portugués de Brasil; aspecto que será central
en su análisis. Esta artística “confusión de lenguas” en la clínica nos
recuerda a “la madre del Psicoanálisis”: Bertha Pappenheim, mejor conocida como
“Anna O”. En su tratamiento con Breuer, encuentran la importancia del habla, tanto
en la formación y manifestación de síntomas -en su malestar había disociaciones
donde hablaba en diferentes idiomas sin darse cuenta[3]- como
en el nuevo tratamiento que ayudó a “nacer”, la “talking cure”[4],
la cura por el habla, fundamento del psicoanálisis.
Nos
permitimos hacer lo propio en el presente escrito para hablar sobre lo que esta
película puede iluminar de vuelta al psicoanálisis y su clínica, jugando
primero con la frase en inglés: “Introducing Lacan”.
“Introducing
Lacan” subraya el mérito pedagógico de
la película, que opera como una suerte de introducción
clínica al psicoanálisis lacaniano —como el
título del libro de Bruce Fink—. En el mencionado texto también advierte:
… el enfoque por el que opto aquí puede considerarse, por lo menos,
desde dos ángulos diferentes: 1) O bien constituye una popularización
injustificadamente «pasteurizada» de la obra de Lacan, lo que implica una
generalización y un reduccionismo groseros —es muy probable que algunos me
acusen de hacer tal cosa—. 2) O bien intenta proporcionar un punto de
encuentro entre la teoría y la práctica —sin duda incompleto— del tipo de los
que existen en muchos hospitales y clínicas ambulatorias de París conducidos por
lacanianos.[5]
Dichos ángulos con el que se puede ver el libro introductorio de Fink,
es la advertencia a todos lo libros introductorios o para principiantes y, por
extensión, a una película como Adieu Lacan, a la que se puede acusar de ser una
versión Disney/Hollywood -aunque se trate de una película independiente- sobre
la clínica de Lacan. Pero también ese punto de encuentro entre teoría,
practica, historia y arte, como los ejemplos que siempre surgen en los espacios
de enseñanza y trasmisión del psicoanálisis.
De esta forma, a través de la ficción del análisis de Seriema con Lacan,
la cinta expone pilares de su teoría y técnica: la centralidad del
lenguaje en la constitución del deseo y el sujeto, la distinción entre palabra
vacía y palabra plena, así como intervenciones clave como la puntuación, la escansión de la
sesión y la interpretación
oracular. Para ilustrar esto, basta remitirse
al final de la primera sesión que presenciamos en pantalla:
Tras
señalar que Seriema, a sabiendas de un problema médico, no siguió el
tratamiento que le habían sugerido, Lacan interviene:
Lacan: Usted
sabía y no aceptó el tratamiento. Continúe, la escucho.
Seriema: Sé que
es mi culpa.
Lacan: Es
responsable, no culpable. No fue un acto deliberado.
Seriema: ¿De qué
sirve hablar? ¿Sirve de algo cerrar la casa después de que ha sido robada?
Lacan: No hay
razón para desesperarse. Está en análisis... Puede emprender un nuevo camino,
reinventar su propia historia. - Se levanta y dirige a la puerta, dando finalizada
la sesión.
En esta
secuencia, el espectador puede seguir a Seriema en su sorpresa ante la
finalización de la sesión. Sin embargo, también advertir el lugar donde se dio
la intervención de Lacan. Resaltar sobre lo que sabía y no hizo, que funciona
como puntuación, señala al enigma de la decisión de Seriema sobre su búsqueda
de la maternidad seguida de la invitación a explorarlo (“Continúe, la
escucho”). Los problemas relacionados con el útero estaban en su familia y
aun sabiéndolo no llevó un tratamiento ¿Por qué? Más allá de juzgar la
decisión, se trata de localizar a lo que esto puede apuntar sobre el deseo en
conflicto de Seriema. Un deseo inconsciente del que no es culpable, sino
responsable -con que tiene que ver cómo responder ante él- lo que nos remite a
la ética del psicoanálisis.
Seriema
pretende abortar el tener que hablar: “¿De qué sirve hablar?” A lo que
Lacan lanza una invitación épica a la aventura del psicoanálisis, no para
cambiar el pasado sino para hacer un nuevo futuro. Sin embargo, ahí hay una
invitación, no un debate, por lo que termina la sesión, en un tiempo que
permite sostener el enigma “¿por qué aun sabiéndolo no se atendió?”. Además,
se mantiene un deseo de análisis inicial, por más que ella rechace la esperanza
de trasformación por el hablar, Lacan le recuerda el deseo inicial del
análisis. El solo hecho de estar ahí dibuja un deseo de cambio, una aventura de
tintes épicos.
“Introducing
Lacan”, desde los referentes del cine, también puede ser un Presentando
a Lacan, una persona
en la ficción que humaniza al personaje a partir de ficcionalizarlo de
forma mítica. Lo humaniza al verlo en la chamba, en el oficio como analista,
con todos sus fallos, dudas personales y esos extraños momentos “tras
bambalinas” cuando se encuentra solo en el consultorio. Aprovechemos la
referencia teatral para la siguiente cita de Milan de las memorias sobre su
análisis con Lacan:
“Lacan, que sabía mucho sobre teatro, me dijo en ese momento que “había
dejado Brasil para descubrir América”. En cierto sentido, esto es lo que
ocurrió, gracias a un análisis donde el viaje del analizante fue una travesía[6]
de su "epopeya[7]
subjetiva"… Siguiendo a Freud, Lacan dio al tratamiento psicoanalítico la
magnitud de una epopeya. Se apoyó en los recursos del teatro tanto en sus
seminarios como en su práctica como clínico…” (Milan, 2024)[8]
Así, en la
intervención clínica “está empezando un análisis” - “iniciando un
nuevo camino”-, comenzando una aventura, es donde vemos ese “apoyo en
los recursos del teatro… en su práctica clínica” que refiere Milan. Ante la
desesperanza hay una invitación a la aventura y un viaje, poniendo en juego el
deseo del analista y mostrando su particular propuesta sobre la resistencia.
No es por
casualidad que insistiera tanto en la importancia del deseo del analista
en la eficacia de la cura. También llamó la atención sobre la idea opuesta: la
resistencia del analista, cuando en aquel entonces solo se hablaba de la
resistencia del paciente —a quien se atribuían todas y cada una de las
dificultades del proceso.[9]
A este
respecto Fink dice:
Únicamente
el deseo del analista le permite al analizante superar ese «no querer
saber nada», al sostener al analizante a través del doloroso proceso de
formular algún tipo de nuevo saber. Si el analizante se resiste a saber, y el
analista no logra poner a operar su deseo, no surgirá un nuevo saber. Lacan
llega a decir que la única resistencia en el análisis es la resistencia del
analista,[Seminario 3] dado que la resistencia del paciente a saber puede
ser superada si el analista está dispuesto a intervenir. Si el analista flaquea
y pierde la ocasión de poner en juego su deseo, la resistencia central en la
terapia será la suya, no la del paciente.[10]
En este
caso, Lacan le da un tono épico, teatral, a la aventura de la reinvención del
relato, poniendo en juego el deseo de análisis.
Sin
embargo, aunque se basa en una novela y una obra de teatro, nos encontramos
ahora ante un formato distinto: el artefacto cinematográfico. En este sentido,
cabe destacar la dualidad de la película - su aparente sencillez y su profunda
complejidad, particularmente en lo que respecta a su cinematografía. Esta no
solo está al servicio de la narrativa, sino que captura la singularidad del
encuentro analítico, configurando un discurso que establece una relación social
particular: la realización de un psicoanálisis. Como señala el director Richard
Ledes en la página oficial de la película:
La
directora de fotografía Valentina Caniglia y yo nos inspiramos especialmente en
la película "La pasión de Juana de
Arco" (1928) de Carl Theodor Dreyer. Este clásico del cine mudo de
Dreyer utiliza ángulos extremos para retratar la radical asimetría entre la
posición de Juana de Arco y la de sus acusadores. Utilizamos esta misma
dinámica para representar el papel de la transferencia subjetiva que impulsa el
análisis. Me sentí atraído por la película de Dreyer de 1928 tras ver la serie
dramática “En Terapia” (In Treatment, HBO), protagonizada
por Gabriel Byrne, que me sirvió de ejemplo de lo que quería evitar. Esto no es
una crítica a la serie, pero enseguida me di cuenta de que su uso de la cámara,
que funcionó tan bien para contar su historia de psicoterapia, era completamente
erróneo para contar la historia del psicoanálisis.
La serie “En Terapia” se filma constantemente con una cámara paralela al suelo, a la
altura de los ojos; el intrincado movimiento de la cámara —que se desarrolla
principalmente en una sola habitación— es uno de los principales logros del
programa. Sin embargo, la cámara horizontal refleja un precepto teórico:
observamos a un terapeuta empeñado en mantener una relación equilibrada con su
paciente, en un intercambio donde ambas partes permanecen en igualdad de
condiciones.
En el
psicoanálisis —al menos en la obra de Freud y Lacan— el analista se encuentra
en la posición de causa del deseo para la persona que realiza el análisis; una
relación completamente asimétrica, como puede atestiguar cualquiera que haya
tenido padres o un cuidador o haya estado enamorado. Este enfoque en el
psicoanálisis se debe a la teoría de la transferencia, y sentí que era crucial
hacerlo bien: los ángulos altos, bajos y a menudo holandeses de la película de
Dreyer fueron la inspiración para la solución que el director de fotografía Caniglia
y yo ideamos. Richard C. Ledes [11]
Esta no simetría,
además, es constantemente reforzada por la voz en off de Seriema
mientras aguarda, antes de cada sesión, la llegada del “Gran Hombre” del otro
lado del mundo. El lugar que ocupa Lacan no es el silencio de un sepulcro —frío
y ausente—, pero tampoco el de una empatía cálida que busca “comprender”. Es
más bien el del testigo: una presencia que escucha, que sostiene y, desde su
posición de objeto vacío causa de deseo, interroga.
Quizás no
sea casual que la primera secuencia del análisis comience con un close-up del
diván, del cual nos alejamos gradualmente hasta revelar lo que hemos estado
escuchando desde el principio: la explicación de Seriema a Lacan sobre sus
abortos espontáneos. El diván persiste como testigo silencioso de la sesión,
anticipando además la futura importancia del cuerpo para resaltar la no simetría
en la relación analítica. Esta dinámica es enfatizada en múltiples momentos -
particularmente al inicio de cada nueva sesión - donde el director combina esta
no simetría con una cálida teatralidad del encuentro.
El punto
culminante llegará cuando vemos a Lacan ejecutar movimientos de capoeira,
demostrando su capacidad para adoptar el semblante de brujo
cuando el análisis lo requiere, especialmente tras la pérdida del talismán de
Seriema, localizando la importancia de dar cuerpo al tema de los orígenes.
“Quiero
hacer un análisis”
Quiero ser
brasileña hija de inmigrantes
Seriema (voz en off):
¿Por qué no querría ocultar un pasado así? Para evitar la denominación que me imponía
la nacionalidad de mis antepasados. ¿Iba a presentarme revelando mis orígenes? ¿Cómo
podría divulgar de inmediato lo que siempre me había esforzado tanto para
ocultar? Dejemos que el doctor se imagine las playas primitivas, las palmas
imponentes, y a mí como la hija nativa, nacida de nativos. ¿No me concedería su
fantasía el linaje que quería? ¿No me daría eso la ilusión deseo una mujer de
Brasil sin lazos con la inmigración? Sueñe, doctor sueñe y convierta a esta
nieta de inmigrantes en la hija de los fundadores de Brasil. Libéreme de mi desafortunada identidad.
La parte
del análisis que vemos en la película comienza con una pregunta: "Pero
¿por qué se separaron?". Desde este momento, la problemática se enfoca
en el conflicto amoroso y la separación, pero siempre en torno al núcleo que dibuja
el síntoma: la imposibilidad de ser madre. Cuando Seriema fracasa en conectar
su historia personal con la de su madre y tías, Lacan identifica el primer
postulado contraintuitivo del psicoanálisis: la ambivalencia fundamental del
sujeto ante su propio análisis. Esta paradoja se manifiesta en su síntoma: "quiere
y no quiere tener un hijo" -así como “quiere y no quiere realizar
un análisis”, expresión de la división subjetiva que caracteriza la
posición del analizante. El propio Lacan reflexiona sobre el hecho de “ignorar
el problema que sabía”, corroborando que “la pasión por la ignorancia es
la peor pasión de todas”. [13]
Ahora
bien, ¿qué es eso que quiere y no quiere hablar? Desde la voz en off de
Seriema, antes de entrar al consultorio, se pregunta: ¿Iba a presentarme
revelando mis orígenes? ¿Cómo podría divulgar de inmediato lo que siempre me
había esforzado tanto para ocultar? El tema de sus orígenes será el punto
de partida:
Así habla Betty
Milan sobre los temas que trató en su análisis del que se basa la película:
Soy Betty
Milan y estoy aquí para hablarles de mi último libro publicado por las
ediciones RS: Adieu Lacan. Reúne una novela, El Perico de Lacan,
y una obra de teatro, Adiós doctor, ambos inspirados en mi análisis en
la calle de la Île en los años setenta. La novela aborda sobre todo el drama de
la inmigración, la xenofobia y la pérdida de identidad. Muestra la importancia
que tiene para el sujeto su lengua materna. La obra, en cambio, evoca la
cuestión de la maternidad y del género (demostrando que dichos problemas pueden
tener razones inconscientes). Adieu Lacan se enfrenta a algunos de los
problemas más agudos de nuestro tiempo: es un libro de ardiente actualidad.
Muestra cuánto la inmigración puede ser, durante mucho tiempo, fuente de un
profundo sufrimiento interior, y pone en evidencia ciertos aspectos de la cura
analítica, subrayando la manera particular que tenía Lacan de tratar a sus
pacientes.
Este libro
está destinado tanto a quienes la inmigración interpela —pertenezcan o no a una
diáspora— como a los lectores interesados en la práctica psicoanalítica. La
novela y la obra de teatro dieron origen a la película Adieu Lacan, del
director estadounidense Richard Ledes, actualmente disponible.[14]
Los temas
de la identidad, el racismo internalizado y la maternidad emergen desde la
primera sesión, particularmente a través de un síntoma que se construye in
situ en el encuentro analítico mismo: ¿Por qué emprender un análisis
en una lengua que no es la materna? Daniel Gaztambide, en su libro Técnica
psicoanalítica descolonizadora: Freud en el diván de Fanon (2024),
analiza el caso de Seriema como un ejemplo paradigmático de cómo el
psicoanálisis puede funcionar como artefacto descolonizador. La película
explora esta dimensión a través de elementos como la música afrolatina y la
figura de María, la nana bahiana de Seriema. Sin embargo, mientras el filme
enfatiza principalmente el aspecto de cuidado y protección en esta relación con
la nana, omite - a diferencia de las memorias de Milan y la novela que analiza
Gaztambide- la inherente dinámica de poder[15] entre
ellas. ("mi familia solo me había enseñado el arte de mandar",
como señala la autora).
En el
presente escrito, nos detendremos en lo que película incluye y resalta, por ejemplo,
la relación entre este espacio íntimo del consultorio donde todo se puede decir
sin censura y los temas sociales, los discursos de dominación - el
colonialismo, el patriarcado y el racismo- que atraviesan a ambos; analista y
analizante. Por lo anterior, resaltamos el hecho de reconocer cómo el
colonialismo y racismo también atraviesan al propio Lacan lo que vemos en su
forma de referirse a Seriema como “pequeña brasileña” con su secretaria Gloria
González. Seriema se percata y reclama a su analista.
Seriema: Escuché
decirle a su secretaria, la “pequeña brasileña” puede entrar.
Lacan.
Siéntese… Si. Dije “pequeña brasileña”. En francés, el diminutivo es afectuoso.
Seriema: Me
recordó a esa “pequeña turca” de mi infancia. No puedo soportar ser etiquetada,
doctor.
Lacan voz en
off: ¡Mierda! ¿Por qué dije pequeña
brasileña?
Seriema: … a mi
abuelo lo han llamado cristiano, turco y “come-niños”. Y yo soy una pequeña
brasileña. Prefiero ser llamada por mi nombre Seriema.
Lacan: Y por
buena razón. ¿Qué más?
¿Qué
implica ese “¡Mierda! ¿Por qué dije pequeña brasileña?” que piensa Lacan
en la película? De alguna forma nos habla de que si se emprende un proceso de
descolonización en una experiencia psicoanalítica el analista debe estar
advertido hasta qué punto está atravesado también por el discurso colonial. Ese
¿por qué dije? Tiene que asumirse como una reacción contratransferencia -como
reconoce Lacan “los prejuicios del analista, es decir, su contratransferencia”[16]- de
los lugares jerárquicos y privilegios que brinda el discurso colonial.
Nos
recuerda a lo abordado por Daniel Gaztambide en su práctica clínica con
pacientes de color en USA con quienes introduce el tema racial al preguntar
sobre qué pensaba de la diferencia racial, aunque ambos sean latinos en USA,
Gaztambide hace explícito el tema del privilegio que tiene “un puertorriqueño
blanco”. El mero reconocimiento permite que el tema, aunque negado de inicio,
permita que sea nombrado posteriormente por los analizantes.
La primera
fase del análisis, aunque inicia con la pregunta sobre los abortos espontáneos
y la pérdida de Antonio, pronto deriva hacia cuestiones de identidad: su
condición de brasileña nieta de exiliados libaneses. Este recorrido abarca
desde interrogantes sobre posible sangre indígena familiar, el Maktub (está
escrito) que da forma al estilo árabe de crianza, las agresiones racistas
de ser discriminados como "Turcos-come-niños", hasta la aceptación
del fetiche que María le entregó. Todo culmina en una sesión crucial cuando
Seriema reporta una alucinación: haber visto dos ratas negras. La puntuación
lacaniana - "Dos Ratas" - opera como un significante clave que le
permite escuchar un nombre forcluído: Raji, el nombre que comparten su
bisabuelo, abuelo y padre.
Mi familia quería olvidar el pasado: olvidar era para ellos la condición para la integración de sus descendientes. Para entender mejor las circunstancias de su viaje, entrevisté a miembros de mi familia que aceptaron hablar. Negaron haber experimentado la tragedia de la inmigración —su herida narcisista— y yo me negué a ser quien era: la hija de inmigrantes.
El nombre
había sido omitido de la historia como protección, así como en muchas ocasiones
el idioma mismo queda excluido. Lo forcluído de lo Simbólico irrumpe en lo
Real. Pero más allá del fenómeno alucinatorio, ¿qué nos revela esto sobre otros
efectos del racismo, particularmente sobre el racismo internalizado? Lacan
reflexiona al concluir la sesión sobre Raji: "Es horrible no poder ser
árabe, negro, judío". A esta lista podríamos añadir: moreno, indígena,
palestino, migrante, trans, o mujer que cuestiona al patriarcado.
Lacan culmina con una afirmación contundente: "No poder ser quién eres.
Nada hay peor que el racismo dirigido hacia uno mismo".
Con
respecto al racismo recordamos lo dicho por Lacan en Televisión en 1974, justo
por la época por la está ubicada la película. A la pregunta de Jacques Alain
Miller “¿De dónde le viene además la seguridad para profetizar el ascenso del fascismo
(racismo)? ¿Y por qué diablos decirlo?”,
Lacan responde:
Porque no
me parece divertido, y que sin embargo es cierto[17].
(Es en
que esto me parece, no solo previsible, porque hay todo tipo de síntomas, sino
necesario. Es necesario a causa de lo
que llamo, o de lo que trato de hacer sentir[18])
el desvarío de nuestro goce, (solo en el Otro, el Otro absoluto, el Otro
radical) sólo existe el Otro para situarlo, pero sólo en tanto que estamos
separados. De ahí las fantasías, inéditas cuando no nos mezclamos.
(Si la
relación sexual no existe, es porque este Otro es de Otro tipo) Lo que no
se podría es abandonar a ese Otro a su modo de goce, sino a condición de no
imponerle el nuestro, de no tenerlo por un subdesarrollado.
Agregándose
a eso la precariedad de nuestro modo, que desde ahora no se ubica más que del
plus–de–gozar, el que no se enuncia de otra manera, ¿cómo esperar que se
prolongue la humaniterería obligada de que se visten nuestras exacciones?
Si Dios
recobrara la fuerza, terminaría por ex–sistir, lo que no presagia nada mejor
que un retorno de su pasado funesto.[19]
Lo
planteado por Lacan en su intervención en Televisión durante
la década de 1970 resuena con inquietante vigencia en nuestro presente. Tal
como la propia Milan señala en la comentada presentación de sus memorias, se
trata de una historia de "ardiente actualidad", especialmente si
consideramos que los discursos racistas y fascistas emergen con creciente
naturalización en las redes sociodigitales y en las campañas políticas tanto de
Europa como de América. En ese contexto, Lacan alude al desvarío de nuestro
goce, el cual solo puede situarse en el Otro. Sin embargo, cabe preguntarse: ¿a
qué Otro se refiere? ¿Acaso se trata del Gran Otro, entendido como el tesoro de
los significantes, o del otro semejante, ese rival imaginario? La respuesta
parece orientarse hacia un Otro radical, absoluto, que en el marco de esta
problemática se encarna en el cuerpo del racializado, convertido en objeto de
esas "fantasías" que Todd McGowan denomina la "Fantasía
racista":
La
fantasía racista atribuye un goce ilimitado a quienes no pertenecen —a la
figura del otro racizado. Este goce existe solo en la fantasía. Es la “alegría
satánica” que Hitler imagina ver en los jóvenes judíos que buscan seducir a las
jóvenes alemanas. Nadie logra gozar plenamente sin ninguna falta. Nadie
experimenta realmente una alegría satánica. Pero la fantasía distorsiona la no
pertenencia real de las personas y la transforma en la completa suspensión de
la falta. Esta distorsión de la no pertenencia social en un sitio de privilegio
de goce prepara el camino para la violencia racista. En lugar de ver la
violencia ejercida contra el otro racizado y sentir compasión por las personas
en esa posición, alguien atrapado en la fantasía racista mira a estas figuras
con envidia. Esta es la envidia que consume al habitante blanco de los
suburbios que escucha canciones de hip hop sobre la emocionante vida negra en
la ciudad, o la del aficionado al deporte que grita insultos racistas al
jugador del equipo contrario. Solo al tomar en cuenta la fantasía racista es
posible dar sentido a este fenómeno extraño: personas de un grupo socialmente
privilegiado consumidas por la envidia hacia quienes no pertenecen.[20]
Lacan
subraya, además, el problema de "imponerle nuestro" goce a aquel otro
al que se le atribuye un estatuto de subdesarrollo o, en términos de Todd
McGowan, a esos outsiders que "no pertenecen". Esta
lógica de exclusión no es nueva; ya en el documental Outsider Freud se
rastrean sus huellas en el propio psicoanálisis freudiano, donde el extraño, el
que no encaja en el orden simbólico establecido, se convierte en depositario de
las proyecciones y temores del grupo. Sin embargo, Lacan va más lejos al
advertir lo peor, lo mortífero que podría sobrevenir si "Dios recobrara la
fuerza y terminara por existir". ¿Qué lugar ocupa entonces Dios en el
discurso racista? La respuesta se vislumbra en la actualidad a través de
manifestaciones políticas y religiosas que fusionan lo sagrado con lo
identitario. Un ejemplo extremo, aunque grotesco y criticado incluso dentro de
sus propias filas, es la iconografía que presenta a figuras como el Doctor
Trump investido de atributos cristológicos. Esta imagen no es un mero exceso
retórico, sino el síntoma de un movimiento más amplio: el Nacionalismo
Cristiano Blanco (White Christian Nationalism). Dentro de este marco, no
hay teoría que mejor ejemplifique la "fantasía racista" de McGowan
que la del Gran Reemplazo. Según datos recientes, cerca del 81% de los
adherentes a este movimiento suscriben dicha teoría conspirativa, asumiendo que
los inmigrantes y las minorías étnicas son instrumentos de un plan deliberado
para "borrar" la identidad blanca y cristiana de la nación. Así, la
invocación de Dios —o su retorno como garante de una comunidad imaginaria— se
revela como el correlato teológico de una fantasía que, en su afán de pureza,
no hace sino anunciar su propio potencial destructivo.[21]
Lo funesto, es que “Dios conmigo, quién contra mí” puede justificar la peor de
las masacres cuando se piensa como una acción de legítima defensa al reemplazo.
Baste recordar lo que sucede actualmente en Palestina y como la solución final
de los nazis, legalmente eran leyes antinmigrantes.
Por
último, conviene detenerse en algo que Lacan mismo señala: ese "no
imponerle el nuestro" goce, ese "no tenerlo por un
subdesarrollado". Es relevante notar que, al formularlo así, Lacan se
ubica desde el lugar del racista, no del racizado. Esta posición delata, quizás
sin pretenderlo, el lugar de privilegio desde el que habla: un hombre blanco,
cis, de clase alta y con un capital cultural inmenso, que “se le sale” decir
"pequeña brasileña". Antes no dijo "panchita" o
"sudaca", como “fraternalmente” suelen llamarnos los europeos a los
del Sur Global. Pero hay más: en la película, Lacan subraya que "nada hay
peor que el racismo dirigido hacia uno mismo". Con ello apunta a la
tragedia del racismo internalizado, que opera en el racizado cuando este se ha
identificado con la mirada de la fantasía racista del blanco, mirada que nos
hace suponer un Superyó Colonial en operación. Es lo que ocurre con Seriema,
quien sigue la fantasía de su madre para quien "el francés es música para
sus oídos" y Francia representa "el mundo de la civilización".
Esta identificación genera un doble movimiento: el rechazo del propio cuerpo y
los orígenes, y la mistificación de otros cuerpos —el de María, el de Gloria—,
al que se percibe como portador de un goce ilícito, casi mágico. Así, el
racismo internalizado no solo reproduce la opresión desde dentro, sino que
convierte al sujeto en agente de su propia alienación, perpetuando la lógica
que lo excluye.
Ese primer
movimiento descolonial en el análisis de Seriema consiste en dar lugar al
origen, en nombrar el nombre rechazado de su padre y en reconocerse,
paradójicamente, como alguien que viaja a Francia para descubrirse brasileña.
En ese gesto se cuestiona al mundo blanco como aspiración de completud, y se
abre la posibilidad de habitar la propia herencia sin la mediación de la mirada
colonial. Sin embargo, ese movimiento, por necesario que sea, resulta
insuficiente si no se acompaña de otro: la descolonización que busca su síntoma
y que concierne al otro cuerpo y a la otra fantasía, la patriarcal.
La
película muestra, como en la experiencia personal de Milan, que para que se
permita el efecto descolonizador del análisis, el analista actuar respetando el
lugar otro donde opera el deseo del analizante, más allá de una sola identidad
étnica. Esto se muestra en la reacción de Lacan ante la pérdida del talismán de
Sereima.
Lacan: ¿Y cómo
fue que perdió el fetiche, el protector?
Seriema: No lo sé.
Solo sé que nada más me importa.
Lacan:
(Imperativamente) Vuelva a la cabina, busque el ojo. Si no lo encuentra, llame
a Brasil, pida otro de inmediato. (SERIEMA se va) Sin el colgante, Seriema no
permanecerá, y yo estoy aquí para que permanezca. Busca, haz una llamada, envía
un telegrama… Cualquier cosa para que continúe el análisis hasta el final. Si
es necesario que actúe como un gurú, me convertiré en un gurú. El analista es
un actor que finge no estar actuando, puede asumir cualquier papel. El hecho de
que yo sea francés no significa que no sea brasileño. Incluso sin creer en la
magia.
La lección
clínica que se desprende de todo lo anterior no se limita al mantenimiento del
vínculo transferencial y del deseo de análisis, sino que concierne,
fundamentalmente, al respeto por aquellos elementos que dan sostén al cuerpo
del analizante. Como reconoce Juan Pablo Lucchelli en su libro Autismo (2024),
muchos jóvenes ubicados dentro del espectro autista prefieren el enfoque
psicoanalítico sobre el cognitivo-conductual. Mientras que este último se
concentra en erradicar las conductas estereotipadas —consideradas como síntomas
a suprimir—, el psicoanálisis permite, e incluso se interesa por, esas formas
singulares y personales de dar contorno al cuerpo y de relacionarse con los
otros. Claro, esto es posible siempre y cuando los analistas se abstengan de
buscar los orígenes y las explicaciones últimas del autismo, renunciando así a
la pretensión de un saber que normalice y categorice.
“Quiero
ser una madre”
Quiero ser
mujer y tener un hijo
La segunda
parte del análisis la podemos marcar desde “la conquista del diván”.
Seriema no puede decir más que “Saudade”[22] y se queja de lo diferente que es el
portugués de Brasil del Francés en especial con respecto a lo masculino y
femenino. El doctor dirá: “El sexo masculino de las palabras, el sexo
femenino de las palabras, sexo, sexo…”. Esto la lleva al diván y hablar
sobre Antonio, el amor y el recuerdo de la sentencia de su padre muerto hacía
tiempo: “Nunca olvides que te amo”. Esa promesa al padre la atora en las
relaciones como mujer hacia un hombre y a la maternidad.
Aunque la
figura del padre de Seriema se presenta como una aparente oposición al machismo
latinoamericano tradicional, sus efectos inhibitorios en ella revelan más bien
la faceta colonizadora del patriarcado - aquella que va más allá del simple
desprecio por la supuesta inferioridad femenina.
Lo
anterior nos recuerda la respuesta de Massimo Recalcati a la pregunta de Giulia
Santerini en Republica Tv “Usted dice que la violencia contra las mujeres son
siempre un hecho de racismo. ¿Nos explica mejor?”:
Es un
racismo porque la violencia golpea a la mujer en cuanto lugar del otro, lugar
de la diferencia. El negro, el judío, el homosexual: todos han sido objeto de
un verdadero racismo. ¿Qué encarna cada uno, a su modo? Encarnan algo que la
razón patriarcal no es capaz de comprender. Encarnan el carácter irreductible,
ingobernable, típico de la diferencia. La Mujer es un nombre de la diferencia.
No por casualidad Adorno y Horkheimer, en la Dialéctica de la Ilustración,
asociaban precisamente el nombre de la mujer al del judío, en el sentido de que
ambos eran encarnaciones de la libertad, de la ingobernabilidad.[23]
O como
dice Sayak Valencia “un hombre oprimido está feminizado, por ejemplo, el hombre
migrante”[24].
Esta
relación entre el racizado y la mujer como aquello ingobernable, nos recuerda a
uno de esos momentos que escuchamos a Lacan tras bambalinas, después de una
sesión donde señaló el lugar que ocupaba como “objeto del deseo”: “Usted solo
quería lo que Antonio quería… justo como en su niñez”. Sin embargo, al irse
Seriema, Lacan reconoce el deseo por Antonio:
Lacan: No hay
nada asexuado en ella. Por eso ama a Antonio… “Con él, no sabía quién era
hombre y quién era mujer; cada uno de nosotros podía ser uno u otro.” Seriema
tiene una libertad que a mí me falta, como si la bisexualidad no existiera. Doctor,
has estudiado muchos, pero no has aprendido tanto como debieras haberlo hecho.
Milan
parece reconocer el
¡Ay, mi
Lacan! Amas tanto a tu mujer inexistente - “No hay La Mujer puesto que por
esencia ella no toda es”- que la pones en el rango de Dios. ¿No desdeñas así tu
previo gesto tan feminista de haberla desontologizado?... Freud reconoció en la
mujer su propio límite, Lacan tiene el ímpetu por saber más sobre su goce. Al
fin y al cabo, Freud y Lacan, otra vez hombres hablando sobre mujeres. Acaso el
primero atravesado por una sólida cultura patriarcal y el segundo por una
cultura dandy heterosexista. Aun con sus ambigüedades, puedo ver un feminismo
en ambos.[25]
Para
Seriema, ser mujer implica encarnar -literalmente- la diferencia frente a su
padre, lo cual resulta imposible; desear a un hombre se vuelve prohibido, pues
ese lugar está reservado exclusivamente para la figura paterna; y convertirse
en madre sólo sería viable si fuese para darle un hijo a su propio padre. Esta
triple imposibilidad configura una trampa psíquica donde la identidad femenina
queda radicalmente alienada al mandato paterno. En la película, el abordar el
tema de la relación con el padre en análisis, lleva a Seriema a un sueño que la
inquieta al presentarle la fantasía primordial.
Lacan: ¿Qué fue
lo que soñó?
Seriema: (Se
recuesta) Una burbuja. Yo estaba en una burbuja roja… dormida en el suelo. De
pronto, escuché un silbido y una voz que decía: “Hora de despertar.” Era lo que
mi padre decía cada mañana. (Pausa) Me despierto y veo el suelo de la burbuja
flotante. Me estiro y me levanto con cuidado para no caer. Camino como si
estuviera en la cuerda floja. A cada paso, la voz: “Mens sana in corpore
sano.” Otro de los dichos favoritos de mi padre. Me detengo y miro el rojo,
que se aclara y se transforma en un resplandor cegador… De pronto, él aparece.
Mi padre… (Guarda silencio y se cubre el rostro con las manos) … Mi
padre me entrega un recién nacido que sostiene en sus brazos. “Tómalo, toma a
nuestro hijo.” (Fuera de sí) “¡Nuestro hijo…!” Eso es incesto. (Seriema cruza
los brazos sobre el pecho y gira la cabeza para ocultar el rostro) El hijo de
la locura, de los celos mórbidos de mi padre y de mi propia sumisión. (Con
amargura) Mens sana in corpore sano. Desperté como si acabara de salir
del infierno. El incesto es un crimen… una abyección. Tengo miedo… ¡tengo miedo
de volverme loca!
Lacan:
Tranquila. La fantasía de incesto no es incesto, y nadie enloquece por desearlo…
Es cierto que una fantasía incestuosa no es inocua… Si no fuera por la fantasía
de incesto, hoy no estarías aquí, no habrías buscado tratamiento… Podrías haber
tenido el hijo de Antonio. Pero el padre de tu hijo, para ti, no era Antonio… El
padre de tu hijo, en tu fantasía, no era Antonio… sino tu padre. (Pausa) El
inconsciente existe, todos estamos sujetos a él. (El Doctor se levanta) Ven. Ya
no ignoras lo que necesitabas saber. (SERIEMA permanece sentada) Ven, Seriema.
(Ella se levanta mecánicamente, paga y se va)
-
“Mi deseo será tuyo.” Un padre que encadenó a
su hija… que le impidió incluso imaginar un padre para su propio hijo… y así
hizo imposible la maternidad. El inconsciente existe y no es el cordero de un
buen pastor. Pero Seriema ha dado un paso gigante y ha roto las cadenas. Ya no
es esclava de la repetición.
El caso de
Seriema recuerda al de otras conversadoras como recuerda Laurie Launer a las
pacientes de Estudios sobre la Histeria:
Las
conversadoras han hecho entender que el psicoanálisis puede ser una teoría
feminista si se libera de sus prejuicios naturalistas, si se interroga sobre
las condiciones de emergencia de su saber, si reflexiona sobre el aspecto
político de su práctica y sobre las fábricas de ficciones erótico-políticas que
son los cuerpos.[26]
Este
cuerpo de Seriema estaba atrapado como en la burbuja incestuosa del deseo del
padre que la “encadena”, incluso siendo algo más que una mujer, La Mujer. La
mirada patriarcal y su amor es de lo que Seriema busca aman-cipación.[27]
Después de
la sesión de la pesadilla que la enfrenta directamente al cumplimiento del
deseo de ser capturada por el deseo del padre, Seriema ahora está lista para
irse, pero antes debe aman-ciparse de su analista. Esto llega por medio de otro
sueño:
Seriema: Hoy, me
quedé dormida y soñé que usted estaba muerto y en un ataúd. De vez en cuando se
levantaba y consolaba a los presentes, se despedía. Como si fuera una fantasía.
Lacan: ¿Cómo
así, una fantasía?
Seriema: No, me
equivoqué. Quise decir fantasma—como si fuera un fantasma—pero me expresé mal.
(Pausa) Incluso pienso que usted estaba muerto porque… Si usted muriera, yo
volvería a Brasil… ¿Qué hice mal para estar tan lejos de casa? Antonio me llama
todos los días, pidiéndome que regrese. Es el hombre que amo… y con quien
quiero tener un hijo.
Lacan:
(Enfáticamente) El hombre con quien quieres tener un hijo… Entonces ¡ya has
elegido al padre! ¡Antonio!
Seriema: Quiero su
hijo… un hijo nacido allá, que hable mi lengua.
Lacan: Hmm. ¿Y
qué más?
Seriema: (Ríe) A
usted no le interesa lo que digo, sino lo que queda sin decir.
Lacan: Es
cierto. Hasta mañana.
-
¿Qué le interesa a un analista sino la parte
que queda sin decir? El hecho es que ahora un hijo está al alcance de Seriema…
Ahora puede dar vida porque puede elegir al padre. Ha dejado de estar en contra
de sí misma. El análisis ha terminado. (Pausa) No, el análisis solo terminará
cuando Seriema comprenda por qué eligió a un analista cuya lengua no es la
suya, siendo que para ella la lengua es fundamental.
Lacan, el
analista, tiene que morir para que ella vuelva a su casa ya que ha elegido y no
solo estar en la posición de ser elegida o validada por un gran hombre.
Finalmente llega la última sesión.
Lacan: Tal vez
ahora puedas decirme por qué hiciste un análisis en una lengua que no es la
tuya.
SERIEMA No lo sé.
(Pausa) Tal vez fue— (Dudando) Tal vez fue para no decirlo todo… Mi padre
siempre decía que él era el único a quien podía contarlo todo. (Pausa) Fue para
hacer lo que mi padre quería que te elegí… para no decirlo todo. Elegí a un
analista que no conocía mi lengua. Para no revelarme… ¡Increíble! ¡Una
aberración!... ¿Elegir a un analista para obedecer a mi padre?... ¡Qué
locura!
Lacan: Una
locura que fue la condición de tu análisis. Yo tuve que aceptar tu elección
para que pudieras avanzar. (Pausa) Ahora eres libre… libre del deseo de tu
padre.
Seriema: ¿Libre
del deseo de mi padre?
Lacan: Sí. Ahora
puedes seguir tu propio camino.
Seriema: (En voz
baja) ¿Se terminó?... (Con confianza) El análisis ha terminado. Brasil… Antonio
me espera.
Lacan: Adeus.
Seriema: Adieu.
Más allá
de la fórmula edípica clásica - ese drama de sustituir a mamá por papá
circunscrito a la familia nuclear tradicional -, la película nos ofrece primero
un contexto social que revela cómo dicha constelación familiar reproduce
nuestra lealtad hacia el amo de la dominación y sus valores. La descolonización
del análisis, con su necesaria "denuncia de identificaciones", no se
limita a emanciparse de las figuras parentales, sino que apunta al discurso de
dominación que las instituyó, junto con sus aspiraciones coloniales. Un ejemplo
paradigmático: la idealización de Europa y su supuesta misión civilizadora,
encarnada en la Francia metropolitana.
Concluimos
destacando el final del análisis, donde las últimas palabras de Seriema en
pantalla - posteriores al significativo "Adieu" que da título -
resuenan con particular fuerza:
Seriema: (Voz en
off) Inconscientemente, había obedecido a mi padre, quien, si bien no me
encerró en una torre, exigió que sólo tuviera ojos para él. Su pequeña niña,
que nunca debía exhibirse ante otros, ni siquiera en un análisis, hablar de
sexo u orgasmos. Hasta aquí tuve que llegar para dejar atrás a Raji y
desprenderme del doctor. Para decirle adiós al gran hombre y a su ciudad.
El
análisis le permite a Seriema una experiencia descolonizadora y des-patriarcal
donde se implica una emancipación del Gran Hombre Colonial, siendo un testimonio
del doloroso proceso que implica la descolonización psíquica de la “fantasía
sexual masculina que todas y todos participamos”[28]. De
alguna forma, todo análisis implica una emancipación de una mirada del Gran
Hombre que se encuentra en el Superyó, recordando lo que Freud señala como “los
empeños terapéuticos del psicoanálisis” siendo “fortalecer al yo”, “hacerlo más
independiente del superyó” y así integrar lo rechazado de si mismo al
“apropiarse de nuevo fragmentos del ello”.[29]
Seriema
dice Adiós al Gran Hombre cuyo amor por el saber le permite en el análisis
construir un nuevo saber y así a aman-ciparse del cuerpo racizado y de género.
Sin embargo, para eso se requiere que el analista lo permita, lo impulse o al
menos no estorbe con sus prejuicios o mistificaciones patriarcales y
coloniales.
[1]
Sinopsis: Con una mirada realista y una
experiencia artística, “Adieu Lacan” retrata la lucha de una joven, Seriema,
que intenta entender por qué su camino hacia la maternidad ha llegado a un
atasco insoportable. Tras dos abortos espontáneos y la posible pérdida de su
matrimonio, Seriema viaja a París en 1972 para realizar un tratamiento
psicoanalítico con el audaz analista francés, Jacques Lacan. Su análisis es un
intento de ayudarla a desentrañar el enigma de su pregunta: ¿por qué la
maternidad se ha convertido en una aparente imposibilidad? Inspirada en la
historia de Betty Milan, una psicoanalista y escritora brasileña, seguimos de
cerca su propio análisis con Lacan. Basada en su obra de teatro 'Adiós, Doctor'
y su novela 'El loro de Lacan', en las que Milan narra su trabajo analítico,
“Adieu Lacan” ofrece un relato perspicaz y preciso de una cura psicoanalítica
real. https://www.richardledes.com/adieu-lacan-movie
[2] Fink,
Bruce. (2026) Introducción clínica al psicoanálisis lacaniano: Teoría y
técnica | Un valioso puente entre teoría y práctica, entre el discurso de Lacan
y las urgencias ... consultorio. (p. 10). Herder Editorial.
[3]
“Sólo en momentos de gran angustia el lenguaje se le denegaba por completo o
mezclaba entre sí los más diversos idiomas. En sus horas mejores, más libres,
hablaba en francés o italiano. Entre esos períodos y aquellos en que hablaba en
inglés existía una amnesia total.” Breuer, J. y Freud. S. (1895) Estudios
sobre la histeria. Obras Completas. Amorrortu Editores. Vol. II. Pág. 51.
[4] “…
ella había inventado el nombre serio y acertado de «talking cure» («cura
de conversación») y el humorístico de "chimney sweeping" («limpieza de chimenea»).” Breuer y Freud.
Op. Cit. Pág. 55
[5]
Fink. Op Cit. (pp. 11-12).
[6] “Al andar se hace camino / Y al volver la
vista atrás / Se ve la senda que nunca / Se ha de volver a pisar / Caminante no
hay camino sino estelas en la mar.” Antonio Machado
[7]
Del griego antiguo ἐποποιΐα
(epopoiía), de ἔπος (épos,
"palabra, narración, poema") y ποιέω
(poiéō, "hacer, fabricar")
[8] Milan, Betty. (2024) Analyzed by Lacan: A Personal
Account. Bloomsbury
Publishing.
[9] Milan, Op. Cit.
[10] Fink, Bruce. Op. Cit. (pp. 24-25)
[11] Ledes, R. (2022). https://www.richardledes.com/film/adieu-lacan
[12]
“En la transferencia, de hecho,
el paciente y el terapeuta no están nunca en una relación simétrica, no son
nunca pares. La relación terapéutica, en general y la analítica, en particular,
no tienen nada de democrático —no son relaciones paritarias— porque uno de los
dos sufre, mientras el Otro trata de ayudarlo. Uno de los dos es pobre,
mientras el otro es rico. ¿Rico de qué? Rico, según Lacan, del saber que el
paciente le atribuye.” Massimo Recalcati. La práctica de la entrevista
clínica: Una perspectiva lacaniana (pp. 50-51). Pólvora Editorial.
[13] El
analizante no quiere saber nada acerca de sus mecanismos neuróticos, nada
acerca del porqué y las causas de sus síntomas. Lacan incluso llega a
clasificar la ignorancia como una pasión mayor que el amor o el odio: una
pasión por no saber. Fink,
Bruce. Op. Cit. (p. 24).
[14] Editions Eres. (2023, enero 5). Betty
MILAN - Adieu Lacan [Video]. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=XVkenYeW660
[15] “With excitement came
anxiety, as she would have to leave Maria’s care. She became aware of the
relationship between her dependence on Maria and her power over her, “Maria do
this… Maria do that… forgetting to add please.” Her family had only taught her
“the art of issuing orders””
Gaztambide,
Daniel José. (2024) Decolonizing Psychoanalytic Technique: Putting Freud on
Fanon's Couch. Springer International Publishing. (p. 231)
[16] “¿No
puede aquí considerársela como una entidad totalmente relativa a la contratransferencia
definida como la suma de los prejuicios, de las pasiones, de las dificultades,
incluso de la insuficiente información del analista en determinado momento del
proceso dialéctico?” Lacan. Escritos. Pág. 218-219
“La contra transferencia no es sino la función del
ego del analista, lo que denominaba la suma de los prejuicios del analista”.
Jacques Lacan, El seminario Libro 1 Los escritos técnicos de Freud.
Paidós. 1981. P.43. Clase del 20 enero 1954
[17] “Como
de todos modos no debo pintarles únicamente el porvenir color de rosa, sepan
que lo que crece, que aún no hemos visto hasta sus últimas consecuencias, y que
se enraiza en el cuerpo, en la fraternidad del cuerpo, es el racismo. No
dejarán de escuchar hablar de él.” … O peor, 21 de junio de 1972.
[18]
Los agregados entre paréntesis vienen del video original. Filosofikanalen.
(2019, enero 3). Jacques Lacan: Télévision (La Psychanalyse 1 & 2)
[Video]. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=EF-SElmdOY4&t=265s
“Racismo” minuto 39:48
[19] Lacan,
J. (1993). Psicoanálisis: radiofonía y televisión (3ª ed.). Editorial Anagrama. (Trabajo
original publicado en 1977). Págs. 119-120.
[20] McGowan, Todd. (2022) The Racist
Fantasy: Unconscious Roots of Hatred (pp. 152-153). Bloomsbury Publishing.
[21] https://www.brookings.edu/articles/white-nationalism-remains-major-concern-for-voters-of-color-and-appears-to-be-connected-ideologically-to-the-growing-christian-nationalism-movement/
[22]
La palabra Saudade "nostalgia, morriña" viene de saudade en
gallego-portugués y habría salido de un latín solĭtate(m) "soledad"
de donde también vienen otras variantes portuguesas soledade y soidade.
[23] La
Repubblica. (2021, febrero 20). Femminicidi, Massimo Recalcati: "Perché
la violenza sulle donne è razzista" [Video]. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=Emt71zmoVhs
[24]
Citado en Bercovich, Susana. (2023). Diván: paisaje adentro. Editorial
Heder. p. 180.
[25] Bercovich,
Susana. (2023). Diván: paisaje adentro. Editorial Heder. p. 185
[26] Laufer,
Laurie. (2023) Por un psicoanálisis emancipado. Reanudar la subversión.
Escolios. (p. 82)
[27]
“Lo que Picasso pinta es efectivamente Velázquez en la historia, Velázquez
atravesado por la historia de la pintura y la representación. Picasso no sólo
se inspira en Velázquez, ama a Velázquez; amándolo, lo inventa, lo hace
aparecer, lo trans-figura. “A este que le supongo el saber, lo amo”, propone
Lacan. ¿Podríamos afirmar que se trata de una obra de emancipación respecto de
un maestro amado? Entonces, es operación podría llamarse obra de aman-cipación.
(aimancipation)”.
Laufer, Laurie. (2023) Por
un psicoanálisis emancipado. Reanudar la subversión. Escolios. P. 16.
[28] Bercovich, S. Op cit. P. 187.
[29]
Freud. S. (1933/1991). Las nuevas conferencias de introducción al
psicoanálisis (Vol. XXII). Amorrortu Editores.P. 74
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