sábado, enero 31, 2026

  


SUPERMAN

EL HUMANISMO PUNK DEL SUPERHEROE POP

 

 

¡SUPERMAN! ¡Campeón de los oprimidos, Maravilla física que ha jurado dedicar su existencia en ayudar a los necesitados!

Action Comics No. 1. Junio de 1938

Un superhéroe, reconcilia su legado de Kriptón y su crianza humana. Es la encarnación de la verdad, la justicia y un mejor mañana en un mundo que ve la bondad como algo anticuado.

Superman (2025) Escrita y dirigida por James Gunn

 

La última escena de Superman (2025) delinean con precisión el tono de la propuesta del director y escritor James Gunn para el Hombre de Acero. Donde uno esperaría el himno o marcha épica del héroe – el tema triunfal y luminoso de Williams o el épico religioso y poderoso de Zimmer - Gunn elige la canción “Punkrocker” (2000, Teddybears) con su estribillo pegajoso “I´m a punkrocker, yes I am” por encima de su versión pop rock del motif de Williams que usa en varias partes de la película. La aparente paradoja es que es una canción no es Punk Rock sino por demás Pop o, como algunos la clasifican, Bubblegum pop, un recurso que uno asociaría más con un héroe juvenil como Spider-Man. Esta elección audaz es fundamental: revela lo "punk" —en el sentido de irreverente y desmitificador— de esta encarnación de Superman, quien renuncia conscientemente a su halo épico y noble en favor de una cualidad más amable, vulnerable y humana. Lo contestatario que propone Gunn es un humanismo pop, pero para llegar a ello, Superman tendrán que sufrir un poco y descolonizarse de Kriptón.

Este momento es el punto de culminación de una travesía narrativa que se establece desde la primera escena. Al igual que en The Batman (2022) de Matt Reeves, Gunn evita la tradicional "historia de origen" que recorre linealmente la destrucción de Kriptón, la infancia idílica con los Kents y la revelación final de sus poderes al mundo (o, en el caso de Batman, el asesinato de sus padres, el entrenamiento y el debut como vigilante). El verdadero origen que exploran tanto Reeves como Gunn no es el de los gadgets, entrenamiento, traje o poderes, sino el de los fundamentos éticos del héroe. La narrativa va más allá de la glorificación de un pasado mítico y un destino heráldico ("soy un héroe porque mi padre de Kriptón a eso me envió" o "debo vengar la injusta muerte de mi padre") para transitar hacia una motivación que implica un cambio de posición subjetiva: la elección de hacer el bien por la crianza recibida de unos padres humanos que lo amaron y le enseñaron a amar desde la imperfección y la vulnerabilidad.

El prólogo de la película es revelador en este sentido: Superman no se presenta como el primer metahumano -despojándolo del privilegio de ser el primer superhéroe-, sino que opera en un mundo donde ya existen otros, y lo hace desde una posición de vulnerabilidad, habiendo experimentado ya su primera derrota. Es desde este lugar de humanidad fracturada, y no desde la invencibilidad y derecho kryptoniano, que se constituye finalmente esta versión del superhéroe.

La crítica del portal de Roger Ebert menciona con respecto a Superman (2025) lo siguiente: “Ésta primera entrada en el nuevo Universo DC – la energética pero dispersa Superman - me dejó con una vibra cinematográfica de comida rápida. Disfrutas bastante de los sabores, pero te quedas con la sensación de haber consumido una Cajita Feliz familiar y de calorías vacías (relativamente)” Si bien coincidimos parcialmente con esta interpretación, consideramos necesario dejar de lado la crítica cinematográfica convencional y concentrarnos en esas “calorías relativamente vacías”. En particular, nos interesa explorar cómo la película refleja —o incluso desafía— los valores del mundo contemporáneo a través de su reinterpretación del superhéroe pop por excelencia. Ahí encontramos la proteína fílmica —nutriente conceptual— que se manifiesta, sobre todo, en la evolución mitológica del Hombre de Acero. Es en ese aspecto, el mitológico, donde centraremos nuestro análisis.

Esa supuesta “dispersión” del filme no es un defecto casual, sino un guiño deliberado al lenguaje de los cómics clásicos de Superman, donde conviven múltiples tonos: acción desbordada, humor infantil, drama grandilocuente e incluso rasgos caricaturescos, como herencia de las diversas edades comic (Un Superman luchador social que no es todo poderoso de la edad de oro, un Kripto y personajes cósmicos y coloridos de la edad de plata y un fondo geopolítico y social de la edad de bronce donde Superman renuncia a su ciudadanía de USA[1]). Ahí radica la paradoja: incluir a Krypto, el Superperro, es un movimiento arriesgado en una era donde ciertos sectores del fandom —especialmente esos señores fanáticos que claman por un realismo a ultranza— ven lo pop como un pecado capital.

Sí, los críticos más cínicos (perdón, serios) podrían tacharlo de concesión comercial, al estilo del Baby Groot o Baby Yoda de turno (¡quiero mi superlomito! ¡lleve su Funko de Baby Kripto!). Pero Krypto no es un añadido vacío: está integrado al tono y al tema de la película, desafiando esa obsesión contemporánea por la sofisticación —esa que insiste en llamar "novelas gráficas" a los cómics, como si el término les diera legitimidad—. En un panorama donde hasta los superhéroes deben ser oscuros y complejos para ser tomados en serio, reivindicar lo infantil de lo caricaturesco es, irónicamente, un acto de rebeldía.

Hace tiempo escuché en un podcast de crítica cinematográfica a alguien que decía no entender el encanto de este Superman en las audiencias, y que había tenido una reacción similar con Barbie (2023, Dir. Greta Gerwig), una película elogiada por muchos pero que a esta persona le resultó decepcionante. Ese comentario resonó en mí, pues tuve sensaciones parecidas con esta nueva versión de Superman y, en efecto, con Barbie.

No consideramos que sean películas perfectas; incluso su tono excesivamente pop resulta por momentos abrumador, como historia contada en videos de Tik Tok. Sin embargo, desde nuestro interés por la subjetividad y los mitos como objetos de estudio psicoanalítico (más que evaluador de la calidad cinematográfica), encontramos importante cómo estas historias interpelan a nuestro momento cultural actual.

El viaje de Barbie -de Barbieland al mundo real y de regreso- como heroína feminista pop, en el que confronta su propia ingenuidad (y por extensión, la de su audiencia) sobre la posibilidad de habitar un mundo postfeminista, se revela como una narrativa necesaria. Su estética rosa y su naturaleza comercial no diluyen su mensaje; por el contrario, lo hacen accesible a un público masivo. Esta aproximación apela al deseo de jugar, permitiendo que las jóvenes conecten con la dimensión idealista de sus madres a través de los vestidos y el universo simbólico de Barbie, sin olvidar que al final ese mundo sigue haciendo sentir fea a la muñeca “perfecta”.

Consideramos que esta propuesta es significativa no solo a nivel de construcción cinematográfica, sino también en su dimensión de activismo político cultural. Esta estrategia encuentra un paralelo histórico en la película NO (2012) de Pablo Larraín, donde la campaña para derrotar a Pinochet se construye sobre una estética de comerciales alegres y música pegajosa, creando un imaginario de futuro esperanzador que, aunque aparentemente superficial, empodera una profunda denuncia social de modo efectivo.

De forma más reciente, esta lógica es articulada por actores políticos directos. Como señala Lula da Silva en el documental Apocalipse nos trópicos (2024) de Petra Costa, refiriéndose a su estrategia para vencer a líderes religiosos adeptos a la Teología de la Prosperidad, que son abiertos actores políticos de oposición: “Mi teoría es que el socialismo falló porque negó a la religión. ¿Sabes? Esa es mi teoría. Puede ser que algún comunista ortodoxo no acepte mi teoría. Pero uno no puede negar los valores en los que la gente cree”.

El comentario de Lula ayuda a comprender el núcleo de verdad en la denominada “guerra cultural”, que los grupos conservadores denuncian y explotan. Sin embargo, más que atribuir este conflicto a un supuesto "virus woke", es crucial reconocer que la política —que, recordando a Lacan, “es el inconsciente”— se estructura a través de narrativas en torno a antagonismos. Por lo tanto, la clave no reside en descartar o negar el sustrato mitológico de las creencias populares, sino en abordarlas y elaborarlas.

Por ejemplo, en lugar de desechar el imaginario de la Teología de la Prosperidad, una estrategia más efectiva podría ser recuperar y actualizar la propuesta de la Teología de la Liberación. Esta actualización cuestionaría la visión "luthoriana" y nos acercaría al nuevo humanismo que representa la reinvención contemporánea de Superman. Aunque divisiva, esta reinvención del superhéroe es fundamental para actualizar el mito y hacerlo relevante para las tensiones sociales actuales.

Es cierto que la estructura de Gunn sigue fórmulas pop digna de los “superamigos”, pero a diferencia del juego a lo seguro de otras franquicias (como el homogenizado estilo Marvel), aquí se percibe la mano de un director con perspectiva propia. Un director más habituado a trabajos con superhéroes renuentes, antihéroes, cínicos y edgy. Sin embargo, el desafío era aplicar esa mirada a un personaje icónicamente optimista como Superman, el boy scout de los cómics. El resultado es una paradoja: una película que sabe que es y quiere ser pop (complaciente), pero sabe que eso ahora es punk (trasgresor).

Por lo anterior nos concentraremos en el aspecto mitológico de la nueva película de Gunn, en lo que aporta al mito de Superman y qué nos puede enseñar estos cambios y semejanzas con otras interpretaciones frente a los antagonismos y contradicciones que este mito encarna desde cuatro elementos que resultan clásicos en el Hombre de acero: 1. El encuentro con el amor en Lois Lane, 2. El antagonista como espejo ominoso del héroe en Lex Luthor, 3. La relación con la verdad, la justicia y the american way of life y 4. El Legado del padre y la herencia como fundamento del héroe. En cada elemento, encontraremos en la versión de Gunn una reconfiguración mito del superhéroe pop como una lectura de nuestro mundo contemporáneo.

 

La entrevista con la señorita Lane

La versión de James Gunn introduce una variación significativa en un momento recurrente del imaginario superheróico: "la entrevista con Lois Lane", ese rito de paso donde Superman conoce a su interés romántico y donde se revela la concepción misma del amor en su universo.

El contraste con el tratamiento clásico de Richard Donner en Superman (1978) no podría ser más revelador. En el filme de Donner, Lois Lane —interpretada por Margot Kidder— se muestra embelesada con Superman: además de preguntarle por su origen y poderes, coquetea, inquiriendo si tiene novia, "¿qué tan grande es?", el color de su ropa interior (bajo la cómica revelación de su visión de rayos X), e incluso si le gusta eso que ve. La secuencia culmina con el icónico vuelo romántico, acompañado por la melodía de John Williams y el monólogo interno de Lois —¿Puedes leer mi mente? —, donde exclama: "Soy como una niña tomada de la mano de un dios".


        Este momento, idealizado y sostenido por el asombro, refleja la esencia de las películas de origen superhéroes: el espectador revive, a través de la Dama, esa sensación de fascinación infantil, comparable a la magia de la Navidad. Sin embargo, también reproduce una fantasía machista problemática del mundo nerd, encapsuladas en narrativas como La venganza de los Nerds (1984): la mujer deseable (de belleza hegemónica o “buenos genes” como juega con las palabras una polémica publicidad de Jeans) inicialmente desprecia al héroe "no convencional" —no es el popular, el rico o el atleta—, pero cae rendida ante su alter ego no visto antes – que de forma secreta es sobresaliente en algo que termina conquistando a la chica, ya sea por su proeza (física, intelectual o sexual) o por salvarla de un peligro, similar a la clásica fantasía de venganza del neurótico obsesivo.[2] La constante necesidad de salvar a la amada reproduce el problema neurótico de acceso al amor donde esperar que ella se rinda a sus pies por haberla salvado puede representar un deseo inconsciente de venganza ante el supuesto desprecio de La Mujer -que parece más bien un autodesprecio proyectado al enaltecer los ideales machistas-, lo que hace que esas historias clásicas del encuentro con la pareja siempre mantengan a la distancia a dicha pareja, protegiéndose de ellas como eternas enamoradas ignorantes.

En los cómics, este tropo se perpetuó durante décadas desde el inicio: Lois desprecia a Clark por cobarde y únicamente lo ama/admira como Superman, nunca en su escisión subjetiva ni Clark tan cobarde, ni Superman tan super. La cinta de Donner, al abordar el mito épico triunfal desde un tono shakespeariano (el Kryptón trágico) y un idealismo rural (el Smallville de valores fordianos), sabotea activamente la relación entre Lois y Clark. La primera entrega deja claro que Superman trasgrede la "Autoridad Paterna". La decisión climática implica salvar a Lois, retrocediendo el tiempo en un arrebato de furia por el dolor de perderla. Sin embargo, esto implica violar la regla que su padre kriptoniano le dio: Te está prohibido interferir en la historia humana. La secuela repite el esquema y lo deja más claro: Interferir implica acceder completamente a la Mujer ya que, al consumar el romance (en una especie de pecado original, es decir, se viola de nuevo la Ley del Padre), Superman pierde sus poderes y, al recuperarlos, sacrifica tanto la memoria de Jor-El así cómo el recuerdo de Lois sobre su identidad secreta.

Esto será parte del mito de Superman por mucho tiempo, el amor por Lois está siempre en la “zona fantasma” —Lois como eterna "migajera", en términos contemporáneos o como la oferta de Ken a Barbie “novia informal a distancia y largo plazo, con poco compromiso” en la película del 2023por lo que un cambio en esta relación es clave para entender la evolución del personaje en adaptaciones posteriores. Más adelante, retomaremos el tema de la figura paterna y sus prohibiciones al preguntarnos: ¿Qué significa la "S" de Superman?

Resulta significativo para nuestro análisis el hecho de que, en la película de Donner (Superman, 1978), tras rescatar a Lois Lane en la icónica escena del helicóptero y revelar parcialmente su identidad ante la sociedad, Superman sea disuadido por su padre Jor-El (interpretado por Marlon Brando) de abandonar por completo su alter ego Clark Kent. La advertencia de Jor-El —"No podrás atender las necesidades del mundo las 28 horas del día (¿Querrás decir 24?) tus enemigos usarán a tus seres queridos para herirte" (Donner, 1978)— encierra una fantasía implícita: la demanda insaciable de ayuda -que de igual forma se da- y el sacrificio recurrente por la Dama en peligro -que de igual forma siempre está en peligro. Más allá de ser una convención del género, ¿no subyace aquí una especie de angustia ante la vulnerabilidad de ser percibido menos hombre? ¿una angustia vinculada a la consigna machista de no mostrarse del todo? ¿Una angustia generada por el Superyo Patriarcal?


Incluso en versiones posteriores, la dinámica entre Lois y Superman sigue orbitando entre el asombro y la tragedia. En El hombre de acero (2013, dir. Zack Snyder), fiel a su propuesta épica solemne sacra (tan seria y espartana que no trae los infantiles calzoncillos rojos y no se atreve a nombrarse como Super…) en su primer encuentro reproduce el esquema clásico: Lois (Amy Adams) queda fascinada por lo extraordinario del héroe, pero también por el dolor que lo define —el sacrificio de Jonathan Kent (Kevin Costner), quien prefirió morir antes que permitir que Clark (Henry Cavill) revelara sus poderes.


        La serie Superman y Lois (2021-2024) opta por una aproximación distinta: humaniza la relación al invertir el tropo. Aquí, Lois (Elizabeth Tulloch) no se enamora del superhéroe, sino del hombre —Clark Kent (Tyler Hoechlin)—, aunque la narrativa elude el proceso de cortejo al presentarlos como una pareja consolidada, con hijos adolescentes y crisis maritales cotidianas. Al saltarse esa fase fundacional, la serie pierde la oportunidad de explorar cómo se construye su vínculo, relegando su romance a un dato de lore.

Gunn traslada al Hombre de Acero la fragilidad de lo humano, pero no a través del arco tradicional (la destrucción de Kriptón, el rescate de la nave por los Kents, la revelación al mundo), sino mediante una pregunta radical: ¿cómo se elige permanecer enamorados? Este enfoque se refleja incluso en la elección del incipit: Gunn nos ubica en un universo donde Superman ya es un icono reconocido, coexiste con otros metahumanos y estamos ante la primera vez que el más poderoso pierde una batalla. 



De ahí que el final de la entrevista que da a la señorita Lane no termina con sonrisas o volando sino con una pregunta ¿qué quiso decir con “sabía que esto no iba a funcionar”? La verdadera humanización punk del mito del superhéroe pop radica en su crítica al arquetipo romántico clásico (de ideología de género patriarcal): aquí Superman no solo no controla a Krypto (gritando "¡Sit! ¡Sit!" mientras el superperro le destroza las superbotas), sino que su novia lo mira sin asombro, incluso con escepticismo.

Este enfoque recuerda a aquella escena clave de la serie de David Fincher Mindhunter (2017), donde Holden Ford —el agente del FBI que desarrolla el perfilamiento de asesinos en serie— enfrenta una crisis similar en su relación con Debbie, una socióloga doctorante. Cuando ella cuestiona la ética de sus métodos interrogatorios, Holden estalla: "¿Por qué no puedes ser solo mi novia por una vez?", a lo que Debbie replica: "¿Quieres decir que me calle y te adore?". Su respuesta es un revelador "Sí".

Al igual que Holden, el Superman de Gunn choca contra un dilema moderno: la fantasía del héroe que espera admiración incondicional se estrella contra el amor real, donde el otro tiene voz propia. Lois no es un espejo que refleje su grandiosidad, sino una interlocutora que amorosamente lo interpela. 

Resulta interesante que la propuesta de Gunn para Superman coincida con el enfoque de adaptaciones previas del personaje, en particular con la visión de Richard Donner en Superman (1978). Como es bien conocido, Donner colocó en su oficina y en el set un letrero con la palabra "verosimilitud", el cual servía como guía conceptual para la película. Esto se reflejó incluso en su eslogan principal: "Creerás que un hombre puede volar".  Cuatro décadas después, James Gunn retoma ese espíritu, pero con un giro conceptual: su eslogan "Look up" ("Mira hacia arriba" o "Levanta la mirada") evoca directamente el famoso intro de la serie de televisión de George Reeves (Adventures of Superman, 1952): "¡Look up in the sky! It’s a bird, it’s a plane, it’s Superman!". Sin embargo, Gunn la reinterpreta. Mientras Donner enfatizaba el asombro visual (el vuelo como espectáculo), Gunn parece apelar a un optimismo activo: "mirar hacia arriba" como metáfora de esperanza, un llamado a elevar la perspectiva en tiempos de cinismo. Este enfoque no persigue un realismo en términos literales —como suele malinterpretarse en las películas de superhéroes—, sino una coherencia interna que permita al espectador aceptar lo extraordinario. Y, en los mejores casos —cuando surge de la visión de un cineasta y no de un comité de estudio—, se articula a través de un género cinematográfico que facilita la exploración de temas y motifs específicos.

Uno de los ejemplos más recientes lo encontramos en The Batman (2022) de Matt Reeves (a la que dedicaremos el siguiente post), frecuentemente etiquetada por creadores de contenido como "realista", cuando en realidad su propuesta es claramente un film noir contemporáneo (con influencias evidentes de Se7en de David Fincher y Manhunter de Michael Mann). Batman, como personaje oscuro y con tintes de drama psicológico, no se presta tanto al realismo documental como al noir o al gótico. Tim Burton ya lo demostró en Batman (1989), enmarcándolo en un expresionismo gótico cercano al noir, con referencias visuales a Fritz Lang. Su interpretación de Bruce Wayne se acerca más al arquetipo del "emo-freak" transgresor - una figura al estilo de Edward Scissorhands (1990) que encapsulaba el aislamiento del outsider. Esta caracterización no era casual: reflejaba una crítica mordaz al clima cultural de los Estados Unidos de finales de los 80, donde la figura del "yuppie" (el joven profesional urbano) coexistía con crecientes tensiones sociales y también  creciente brecha de desigualdad; por lo que héroe de Burton es una especie de superhéroe freak de los marginados.

Quizá el caso más celebrado —y erróneamente catalogado como "realista"— sea la trilogía de Christopher Nolan. Sin embargo, en nuestra perspectiva, estas películas no abandonan la búsqueda de verosimilitud, sino que la adaptan a un thriller psicológico con elementos del drama policial. Nolan explora temas recurrentes en su filmografía: la culpa obsesiva y el crimen, visibles desde su ópera prima Following (1998) hasta Inception (2010) o The Prestige (2006). Incluso en su trilogía de Batman (Batman Begins, 2005; The Dark Knight, 2008; The Dark Knight Rises, 2012), repite el tropo de la mujer fallecida como catalizador de la culpa masculina —encarnado en Rachel Dawes, un personaje creado ex profeso para la saga, sin referentes en los comics—, un patrón presente también en Memento (2000) y Tenet (2020).

De esta forma, Gunn busca un realismo, pero desde otra perspectiva como lo menciona en una entrevista hablando sobre una escena donde Clark/Superman le concede una entrevista a Lois.

En esta escena tenemos a Clark/Superman y Lois Lane, tienen tiempo saliendo. Lois critica a Clark por escribir entrevistas con él mismo para publicarlas en el periódico… Comencé a hacer esta película preguntándome: ¿Qué pasaría si Superman fuera real? ¿Qué pasaría si fuera un ser humano real, con defectos, creencias y una relación real con esta mujer Lois Lane? ¿Y cuáles serían sus discusiones? Y aquí es donde entra esta escena. Y aunque trata sobre sus creencias morales y políticas también trata sobre su relación en un punto en que han estado saliendo durante aproximadamente tres meses, como les pasa a muchas relaciones, y empezamos a ver que hay diferencias en la forma en que nuestra pareja ve el mundo. Y muchas veces, esas son las cosas que pueden romper una relación o hacerla más fuerte. Solo quería mantener la situación realista y ágil… Superman queda desconcertado por lo imparable que es Lois y por cómo ella no le da un respiro. [3]

James Gunn, como cineasta con una trayectoria consolidada en el género de superhéroes, opta por un enfoque de aventura juvenil que evoca conscientemente la llamada "Edad de Plata" de los cómics. Lo "realista" en la aproximación de Gunn no radica en el género o la estética, sino en la dinámica humana de sus personajes. Un ejemplo clave es la interacción con Lois Lane: lejos de ser la "damisela en peligro" clásica, esta versión interroga y cuestiona a Superman. Aunque el filme de Donner (1978) introdujo una Lois irónica ("¿entonces meterá a la cárcel a todo servidor electo?", en referencia a defender "truth, justice and the American way"), su personaje seguía sucumbiendo al arquetipo de "mujer fascinada" ante la SuperMasculinidad.

El primer signo de humanismo punk del superhéroe pop está en su vulnerabilidad frente a su interés amoroso. Esto contrasta con la pseudo-vulnerabilidad machista de frases como “Mujeres, lo que nos pidan podemos”, “Por ustedes nacemos y por ustedes morimos”, “No conocemos el cielo sin ustedes” y un largo etc.; que más bien alaban la potencia masculina como respuesta estoica a demandas femeninas y generan la bipartición que el hombre neurótico, como Freud clínicamente localizó[4], que escinde a la mujer como Madre Virgen o Prostituta, como víctima que pide ser salvada/mantenida o domadora bruja de insaciables demandas, entre objeto pasivo y amenaza de castración.

No debe perderse de vista el cambio significativo que representa que Superman mantenga una relación con Lois Lane, puesto que esto estaba prohibido en la versión de los años 70. Este giro narrativo refleja una transformación en los mandatos de masculinidad, ya que la pareja aparece menos escindida en comparación con las figuras femeninas tradicionales del género. Pero, más aún, sugiere una mayor integración de la escisión narcisista entre el "Super-Man" y su alter ego de Smallville, Clark Kent.

Esto plantea una pregunta crucial: ¿Por qué Superman debe volverse un mortal para acceder al amor romántico? [5] La respuesta podría estar en la protección de la figura todopoderosa de la masculinidad tradicional, que —bajo una mirada patriarcal— se vería "feminizada" al "caer" (to fall in love) enamorado. La escisión de lo femenino en el héroe sería, así, un efecto de la sobreprotección de la imagen masculina hegemónica. Retomaremos esta idea más adelante.

Lois Lane en la nueva versión de Superman encarna el cinismo generacional del que el propio Gunn forma parte, una mirada desencantada pero no exenta de esperanza. Quienes critican que la película carece de la consistencia tonal de obras previas del director —como Guardianes de la GalaxiaEl Escuadrón Suicida o Pacíficador— tienen razón en un aspecto: Gunn parece estar cuestionando deliberadamente el enfoque edgy e irreverente de sus producciones previas.

En una reveladora distinción, el actor David Corenswet (intérprete del nuevo Superman) corrigió en una entrevista la idea de que el personaje tiene ideales "childish" (infantiles/inmaduros), precisando que más bien son "child-like" (como los de un niño). Esta sutil pero crucial diferencia sintetiza el núcleo del personaje. Mientras lo Child-like (como un niño) remite a ser curioso, abierto al mundo y se relaciona con el otro con amor (ej: su compasión por los animales e incluso el monstruo que ataca la ciudad); lo Childish (infantilizado/inmaduro) habla de rigidez emocional e ideológica (rabietas, berrinches adultos), que se vincula buscando el dominio (controlar, imponer, como reflejan muchos archienemigos —y algunos "héroes" modernos—), lo cual no encontramos en Superman.

Paradójicamente lo "childish" no es patrimonio de los niños, sino de adultos traumatizados o violentados que repiten patrones de frustración; por ejemplo: Patriota (Homelander) en The Boys, cuya violencia es pura rabia inmadura o Pacificador (Pacemaker) donde Gunn realiza una serie de transformación y redención del antihéroe justamente al reconocer que el origen de su identidad racista y machista proviene de una infancia violenta. En cambio, lo "child-like" es una elección ética: mantener la capacidad de asombro y conexión, pese a conocer el dolor del mundo. Como observó Joseph Campbell (El poder del mito, 1988): "El héroe no es el que mata dragones, sino el que reconcilia su sombra con su luz". Superman, en su versión "child-like", encarna esa reconciliación, en especial en el sutil arco narrativo que tiene Superman, si comparamos como se encuentra en esta entrevista con la escena previa a entregarse en el final de segundo acto de la película.  

Sin embargo, este intento por evadir el tono idealista infantil de los cómics clásicos conlleva un riesgo: al forzar un tratamiento "más adulto", lo reprimido (lo lúdico, lo ingenuo) retorna de manera distorsionada, ya sea en bromas escatológicas o en un humor que, pese a su aparente irreverencia, termina siendo regresivo y childish. Este fenómeno no es exclusivo del cine de superhéroes: ocurre también en la industria del porno, donde el "cine para adultos" suele tener las tramas más inmaduras y caricaturescas, reduciendo la complejidad del deseo y el erotismo a fantasías de contención de la angustia machista.

La serie The Boys ejemplifica esta paradoja. Aunque se presenta como una crítica al poder corporativo y la fascistización de los superhéroes, su dependencia de la violencia gráfica, los insultos y lo grotesco (muchas veces vinculados a una fantasía de hipermasculinidad de “muchachos”, “Boys will be boys ¿right?”) puede terminar reforzando lo que pretende denunciar. No es casual que figuras de la ultraderecha (como sectores del movimiento MAGA) hayan adoptado a Patriota —un personaje claramente diseñado como denuncia y parodia del fascismo— como un "héroe", incluso superponiendo el rostro de Donald Trump en imágenes del personaje (The Guardian, 2022). El creador de la serie, Eric Kripke, reaccionó con indignación ante esta apropiación, pero sería más productivo preguntarse por qué ocurrió esa confusión. ¿Acaso la estética hiperviolenta y la sátira sin critica al machismo o utilizando los mismos criterios imaginarios del fascista (estilo “¡Donald Trump tiene un pene chico! Jaja”) terminan glorificando lo que intentan satirizar?

En este contexto, resulta revelador —y hasta esperanzador— que esos mismos grupos reaccionarios odian con furia luthoriana al Superman de Gunn. Esto sugiere que, pese a los riesgos del cinismo contemporáneo, la apuesta por un idealismo infantil —no ingenuo, pero sí firme en sus valores— sigue siendo un acto transgresor. Gunn, al rechazar la autorreferencialidad cansada de la deconstrucción violenta, podría estar recordándonos que lo verdaderamente radical, hoy, es creer en un hombre es super si es bueno, donde el héroe ya no seduce desde el poder, sino desde la autenticidad y la vulnerabilidad, aunque llegue a extremos idealista y simplistas como el propio Rick Flag Senior reconoce ante la intervención de Superman al detener al ejército de Boravia “bienintencionado pero ingenuo”.

Lo más interesante de esta escena entre Clark/Superman y Lois es que el superhéroe no es un símbolo de pureza absoluta, sino que arrastra inseguridades que deberá confrontar. Sin embargo, esto no siempre se subraya lo suficiente: la narrativa suele presentarlo como infalible en sus actos, casi como si siempre hubiera tenido la razón.

El conflicto comienza con un reclamo legítimo de Lois hacia una práctica cuestionable de Clark: su autorreferencia en tercera persona (“Superman no tiene tiempo para selfies”) y la fabricación de notas (donde él mismo, como Clark Kent, "entrevista" a Superman). En su ingenuidad y exceso de confianza, Clark asume que no hay problema en narrar sus propias hazañas mediante este artificio periodístico. Pero lo que podrían parecer mentiras blancas terminan corroyendo su imagen, pues evitan el cuestionamiento legítimo de sus actos y revelan una faceta casi narcisista: Superman se cree más "super" de lo que realmente es y Lois, amorosamente, se lo hace ver (“Bien. No escribiré que pasas tu tiempo libre inventando frases para la prensa... que, por cierto, son horribles”)[6]

Si bien podría interpretarse como una crítica a la ética periodística o a la política exterior, James Gunn parece enfocarse en algo más íntimo: la dinámica de pareja. La escena retrata ese punto de inflexión en muchas relaciones, donde, pasado el enamoramiento inicial, se desmontan las imágenes idealizadas y surge la posibilidad de confrontar dichas imágenes que se tienen de sí mismos al permitir que el otro lo haga.

Como mencionamos más arriba, ¿qué cambio se da en Superman? ¿llega a cuestionar esas frases grandilocuentes sobre las selfies o su desesperación frente al “#supermierda”? Consideramos que el cambio si existe, pero es tan sutil o no ejecutado de la mejor manera por Gunn que puede pasar desapercibido. Ese cambio se da en otro aspecto fundamental del mito del superhéroe y es que la imagen idealizada que superhéroe tiene de sí mismo proviene y se sostiene por una imagen idealizada de su herencia paterna más que de su crianza comunitaria que constituye el clímax y el final de la historia. Pero antes eso, contrastemos la entrevista inicial con Lois con otro momento íntimo entre la pareja en la que Superman comienza pidiendo disculpas, para posteriormente decirle a Lois que se tendrá que entregar a las autoridades.

 

Superman: Voy a entregarme. Tal vez me lleven adonde sea que se llevaron al perro.

Lois: Es solo un perro.

Superman: Lo sé, y ni siquiera es uno muy bueno. Pero está solo... y probablemente asustado.

Lois: Somos muy diferentes. Yo solo era una chica punk de Bakerline y tú eres... Superman.

Superman: Yo soy punk rock.

Lois: [riendo] No lo eres.

Superman: Me gustan los Strangle Fellows, los P.O.D.s y los Mighty Crabjoys.

Lois: Esas son bandas de pop radio, no son punk rock. Los Mighty Crabjoys son horribles.

Superman: Bueno, mucha gente los ama.

Lois: A lo que voy es que yo cuestiono todo y a todos. Tú confías en todos y crees que cada persona que conoces es... especial (hermosa).

Superman: Quizás eso sea el verdadero punk rock.

 

James Gunn propone en su película una idea central: Superman, como superhéroe pop, encarna una subversión de carácter punk al ser profundamente humanista en tiempos actuales de políticas irreverentes o cínicas. Su humanismo no es abstracto; se manifiesta prioritariamente hacia los más vulnerables (¿por el bien de todos, primero los desprotegidos?). Esto se percibe con fuerza en diversas escenas, ya sea buscando salvar a su perro que “esta solo y asustado”, salva a una ardilla, busca detener sin destruir a un monstruo, o detiene la invasión a un país en desventaja y justificándolo con un simple “¡la gente estaba muriendo!” Estas acciones simbolizan la empatía radical del personaje hacia los olvidados, oprimidos y perseguidos — un grupo al que el propio Superman será posteriormente confinado. 

 Este enfoque revela el núcleo político y cultural de la película. Gunn no recurre a un discurso abiertamente contestatario. Su audacia reside en utilizar imágenes icónicas y universales del mito de Superman, resignificándolas para evocar, de manera poderosa y tristemente reconocible, situaciones inherentes al clima político actual, tanto a nivel global como, de forma particularmente aguda, en el contexto estadounidense. De esta forma, aunque en la relación con Lois el enfoque es de la pareja y de la relación sentimental, con respecto al tema central, revela lo ya sabido por las feministas, que lo profundamente personal (y, como agrega Thamy Ayouch[7] desde el psicoanálisis, lo psíquico) es político.

 

 


Superman contra los envidiosos Tech bros

 

Otro eje de transformación en el mito de Superman se observa en la evolución de su archienemigo, Lex Luthor. Lejos del arquetipo de “la mente criminal más grande del siglo XX” de Gene Hackman—un villano oculto en el subterráneo, rodeado de secuaces adorables e incompetentes y retratado con un carisma juguetón en Superman (1978, Donner)—, la encarnación de Nicholas Hoult en el universo cinematográfico de James Gunn parece el siguiente paso de la interpretación de Jesse Eisenberg en Batman v Superman: Dawn of Justice (2016, Snyder). Eisenberg construyó un Luthor frenético: un megalómano billonario (casi un gemelo aún más malvado que su versión de Mark Zuckerberg en The Social Network [2010, Fincher]) que manipula medios, soborna senadores y moviliza el odio público contra Superman; aunque aislado y excéntrico. Su aversión no era solo estratégica, sino antirreligiosa, casi herética —una deidad a desenmascarar ("Si Dios es todopoderoso, no puede ser todo bondad" "If God is all-powerful, He cannot be all-good")—, arraigada en un trauma por maltrato infantil que Snyder trató con un tono ceremonial, cercano al mito bíblico. Esta carga simbólica llevó a que Superman muriera en su segunda película, sacrificándose como figura cristológica para redimir incluso a un Batman pecador, quien, tras la muerte del Kryptoniano, renueva su fe en la justicia.

En la reinterpretación de James Gunn, Lex Luthor opera como una amenaza dentro del sistema: ya no es un criminal perseguido por la policía, escondido en una bodega subterránea, tampoco solo el CEO de una compañía tecnológica que busca sobornar valientes senadoras, sino el líder carismático de una compañía armamentista rodeado de un equipo de jóvenes científicos devotos de LuthorCorp -tanto así que la Ingeniero creyendo en Lex renunció a su humanidad para combatir el peligro de los metahumanos-, que atacan a Superman con tecnología de vanguardia, analizando en tiempo real sus patrones de combate como si fueran datos de un algoritmo.

Más allá de la confrontación física, su verdadero poder se encuentra en la manipulación geopolítica y mediática. Manipula al gobierno estadounidense al presentar a Superman como una amenaza incontrolable, culpándolo de crisis en países aliados tomados de los comics como Boravia y ofreciéndose a capturarlo con su fuerza paramilitar (un guiño a los ejércitos privatizados del siglo XXI como el Grupo Wagner). Crea una guerra de narrativas (¿guerra cultural?) en la que emplea un ejército de "simios-trolls" (bots y operadores de redes) para saturar las plataformas con desinformación, convirtiendo al héroe en “un peligro para la Tierra”, un Super-Bad-Hombre.

Gunn respeta el arquetipo básico de Luthor —empresario y científico criminal-, y solo lo actualiza bajo la estética del "tecnofaraón" contemporáneo: Musk, Zuckerberg, Sacks, Thiel o Bezos con sueños de deidad, cuya influencia se extiende desde laboratorios hasta legislaciones y su influencia desde las comodities hasta los votos. Es significativo que, a diferencia del Luthor de Eisenberg (cuya fijación era casi personal), aquí la amenaza sea estructural: el capitalismo de vigilancia, el complejo militar-industrial y la posverdad fusionados en una sola figura.[8]

Reducir estas películas a una simple lucha entre el bien y el mal obliga a cuestionar cómo se representa el mal. Luthor es el antagonista, pero su carácter define qué tipo de maldad se critica. Podría ser, como la versión de 1978, la personificación de un capitalismo sin escrúpulos: el especulador que provoca el caos para comprar bienes raíces a precios irrisorios, una estrategia que recuerda a la que se atribuye a algunas mineras extranjeras en México, las cuales —según se dice— contratan a carteles para aterrorizar y desplazar comunidades, para luego "ayudarlas" comprando sus tierras. Alternativamente, como en la visión de Gunn, podría representar al empresario omnipotente que manipula la política estadounidense para sus propios fines, una figura que Newsweek ya analizó al retratar a los "tech-bros" de la era de Trump.

Los estrechos vínculos de Trump con magnates tecnológicos, en particular aquellos centrados en tecnologías de defensa como drones y sistemas de vigilancia, sugieren la posibilidad de una rápida expansión de la tecnología militarizada bajo su administración. Según The Intercept, empresas como Anduril y Palantir, ambas vinculadas a aliados de Trump, están preparadas para beneficiarse de las políticas destinadas a impulsar las capacidades militares de IA.[9]

 En la película de Gunn, la representación del mal contemporáneo no requiere de una explicación exhaustiva; se manifiesta con crudeza a través de una serie de imágenes que funcionan como potentes alegorías de nuestro tiempo, con Lex Luthor como su paradigma. El relato se construye sobre varios ejes:

  1. La agresión imperialista: Se presenta la invasión —o, como prefieren matizarlo los medios dentro de la ficción, "el conflicto"— de una nación próspera y aliada de Estados Unidos, cuyo poderoso ejército, equipado por LexCorp, busca dominar y aniquilar a los ciudadanos de un país vecino, empobrecido y sin capacidad de defensa. Esta acción se justifica con una retórica de "liberación" del yugo de un gobierno corrupto, un eufemismo que enmascara una conquista violenta.
  2. La guerra de desinformación: La manipulación de la opinión pública se lleva a cabo mediante “changobots”— que alteran la narrativa digital para legitimar tanto la invasión como la eliminación de Superman, presentándolo como una amenaza alienígena.
  3. La suspensión del Estado de derecho: La escena más escalofriante muestra a Superman entregándose a las autoridades, solo para ser sometido con un lujo de violencia, arrestado sin mediar juicio o debido proceso, y recluido en una prisión clandestina de la que es prácticamente imposible salir.

Los ecos con el mundo contemporáneo son ineludibles y poderosos: desde la retórica de la era Trump y las políticas de ICE que llevaron a redadas y detenciones arbitrarias de migrantes, hasta la megacárcel de El Salvador para presuntos pandilleros bajo un régimen de excepción, y la devastadora campaña militar en Gaza, ampliamente denunciada por organismos internacionales como una crisis humanitaria y genocidio.

En este clima violencia y discursos de persecución a lo más desprotegidos, es que la figura de Superman con humanismo resulta más punk que lo aparentemente trasgresor y disruptivo de las justificaciones ideológicas de los Tech-bros. Lo más inquietante es que este Luthor tiene seguidores, jóvenes que lo adoran y que están convencidos de dar la batalla con los otros para salvar a la Humanidad, a diferencia de otras encarnaciones donde los secuaces solo eran mercenarios llevados por la ambición.

Otro meme favorito actual los ubica dentro de las etapas del imperio romano, (“Los tiempos difíciles crean hombres fuertes, los hombres fuertes crean buenos tiempos, los buenos tiempos crean hombres débiles, los hombres débiles crean tiempos difíciles”), posicionándose como los pocos hombres fuertes que resurgirán de las cenizas para salvar a la humanidad, lo cual es irónico, considerando que Musk se encuentra entre la clase de multimillonarios tecnológicos que forjaron el mundo digital tal como lo conocemos. Sin embargo, para los fans que adoptan esta visión del mundo, todo suena cierto y, crucialmente, genial: los librepensadores no solo rescatarán a la humanidad, sino que lo hacen porque es punk. "El estilo tan machista les resulta contracultural. Creo que se siente punk… En realidad, los tecnolibertarios, la heterodoxia… parecen estar impulsados ​​por los miedos más profundos de estos hombres en particular. Después de todo, ¿qué otra cosa es una Cybertruck sino admitir el miedo?

Siguiendo lo anterior, ¿qué miedo es que motiva estas posiciones reaccionarias? ¿Cómo aborda Gunn el motivo detrás del odio de Luthor hacia Superman más allá de “interferir con sus planes”?

 

Lex Luthor: No soporto a los Metahumanos, pero él es mucho peor. El "Superhombre". No es un hombre. Es un eso. Una cosa con una sonrisa arrogante y un traje estúpido, que de algún modo se ha convertido en el centro de atención del mundo entero. Nada ha vuelto a estar bien desde que apareció.

 

Podría argumentarse que el núcleo del odio de Lex Luthor hacia Superman radica en el robo de su posición como centro de atención —un motivo que, de manera reveladora, atraviesa sus otras encarnaciones cinematográficas principales. Este patrón confirma el componente imaginario que hay en la rivalidad de los héroes y su némesis. Luthor opera como el "espejo ominoso" del héroe, castiga al héroe por el exceso que encarna (su poder, su moral y ser “de luz”), obligándolo a cuestionar su propia naturaleza. La rivalidad entre héroe y archienemigo constituye, en esencia, un drama narcisista. Este mecanismo queda elaborado en The Batman (2022, de Matt Reeves), donde el Acertijo no solo desafía al héroe, sino que se sobreidentifica con él.

Tanto The Batman de Reeves como Superman de Gunn presentan similitudes fundamentales en los movimientos subjetivos de sus superhéroes. Ambas son historias de origen del héroe singulares: no se limitan a recontar el “mito de su nacimiento” (el accidente de Krypton o el asesinato en el callejón) sino el nacimiento del sustento ético que los hace héroes. Dicho movimiento implica en ambos casos la redefinición de la herencia paterna y el enfrentamiento contra el archienemigo como espejo de la envidia.

 

Superman: Eres esclavo de la envidia, Luthor.

Lex Luthor: ¡No me digas! Soy consciente de que la envidia devora cada segundo de mi vida. ¡Sé que cuando mencionan a Galileo, a Einstein o a cualquiera de esos imbéciles en la misma frase que a mí, siento un mareo de vómito quemándome la garganta! ¡Pero al menos Galileo hizo algo! ¡No fue un estúpido venusiano catapultado a este planeta solo para que el mundo lo adore! ¡Porque su fuerza solo demuestra lo DÉBILES que somos todos! ¡Así que mi envidia es un llamado! ¡Es la única esperanza de la humanidad, porque es lo que me ha impulsado a aniquilarte! ¡1A! ¡1A! ¡1A! ¡1A! ¡1A! ¡1A! ¡1! ¡A!

 

La envida -efecto del narcisismo- de Lex Luthor en la versión de Gunn no es solo un rasgo de carácter, sino un espejo grotesco de la cultura actual de las redes sociales, donde los tecnofaraones, y demás hombres “poderosos” convierten su inseguridad en espectáculo público. Zuckerberg pasa de  geek tímido a un "artemarcialista" que reta a otros CEOs en peleas de MMA, Trump hace memes de él mismo con cuerpo musculoso, dueños de emporios televisivos insultan a “gobiernicolas” y mujeres que retan su autoridad, tecno-bros que compiten por ver quien tiene el cohete a la luna más fálico, etc. La envidia se vuelve contenido, engagement, capital simbólico en tiempos de Insta y Tik Tok.

Sin embargo, el archienemigo le devuelve una mirada crítica al héroe. El héroe, para derrotar al enemigo, no tiene que ganarle sino destituir el ideal narcisista. A partir de Luthor podemos imaginar que sí le importa mucho que lo adoren (“Superman no tiene tiempo para selfies”). De ahí el movimiento importante está desde de la fallida entrevista con Lois que rompe el narcisismo originario de la autocomplacencia en las autoentrevistas. Esa entrevista fue realmente su primera derrota. Además, el arco de Superman incluye otra confrontación con la imperfección, su linaje kriptoniano. Este lo colocaba en una peligrosa moralidad del entitlement, del derecho divino. Resulta particularmente interesante que la verdad incómoda que descubre Luthor y utiliza para golpear la confianza pública hacia Superman es la fantasía del tecno bro: por su condición excepcional de éxito económico tendrían el derecho y casi obligación moral de dominar -perdón- liderar el mundo y poblarlo con sus genes (altos en midiclorianos). Para derrotar a Luthor, Superman tendrá primero que cuestionar su imagen perfecta, kriptoniana narcisista, y poner en duda su linaje y su legado.


 

¿Qué es la S? Masculinidad, Paternidad y Herencia

 

Con S de Super Hombre

La "S" sobre el escudo de Superman no es más que una alusión a lo "super" dentro del diseño infantil del personaje. Al igual que en otros superhéroes, el elemento visual o el nombre ingenioso precede a la historia de origen: primero está la idea del superpoder (como trepar paredes, que deriva en Spider-Man), o la imagen del traje (las alas de murciélago que definen a Batman), y luego se construye la justificación narrativa. Como señala el documental The Amazing Story of Superman (2013), los creadores Jerry Siegel y Joe Shuster concibieron a Superman como "un refugiado de un planeta distante, vestido con un atuendo ajustado que resalta la musculatura de un acróbata de circo". Tenemos entonces primero el nombre Superman y el concepto un hombre fuerte que es un luchador social que protege a los oprimidos. La imagen es similar a los hombres fuertes del circo o los luchadores con mallas ajustadas, colores vistosos, calzoncillos por fuera y una capa que combina culminando con una placa policiaca en el pecho con la S dibujada. Así, la "S" simboliza no solo lo "super" —la fuerza y el poder— sino también el arquetipo del justiciero social de los años 30, encarnando fantasías juveniles de proezas físicas y justicia.

Esta representación nos lleva a cuestionar los ideales de masculinidad que Superman proyecta. Si entendemos su historia como un rito de pasaje —similar al viaje del héroe de Joseph Campbell (1949)—, el personaje funciona como un modelo de crecimiento masculino. Pero ¿qué significa realmente lo "super" en Superman? El sociólogo Michael Kimmel (2013), en su análisis sobre masculinidades, habla de una dicotomía inherente entre ser un buen hombre ("a good man") y ser un hombre de verdad ("a real man").

“Los hombres a menudo se enfrentan a una dicotomía entre lo que significa ser un "hombre bueno" y un "hombre de verdad". El concepto de "hombre bueno" se asocia con valores universales como el honor, la integridad, la responsabilidad, la protección, defender al indefenso y el sacrificio, aprendidos de tradiciones como la homérica, shakesperiana y judeocristiana. El concepto de "hombre de verdad" implica ser fuerte, duro, nunca mostrar sentimientos, soportar el dolor, no llorar, ser hipercompetitivo, ganar a toda costa, hacerse rico y tener éxito sexual. Los niños aprenden lo que significa ser un "hombre de verdad" principalmente de otros hombres (padres, entrenadores, amigos, hermanos mayores). Los hombres a menudo se ven obligados a traicionar sus propios valores de lo que significa ser un "hombre bueno" para demostrar que son un "hombre de verdad" a otros hombres.” [10]

Superman, como mito fundacional del superhéroe, encarna una tensión constante en torno a la masculinidad. Como en la reflexión de Michael Kimmel, el superhéroe -figura de la masculinidad- oscila entre dos polos: la fuerza superior (lo super como poder físico y dominio del hombre de verdad) y la protección compasiva (lo super como ética y vulnerabilidad del buen hombre). Cada reinterpretación del personaje negocia esta dicotomía, y la versión de James Gunn opta por subvertir los códigos tradicionales: aunque técnicamente conserva sus poderes clásicos, el héroe expresa dolor, duda y fragilidad, rompiendo con el estoicismo característico de encarnaciones anteriores (Donner y Snyder).

Esta representación ha generado rechazo en sectores de ultraderecha, precisamente porque desafía los pilares de la masculinidad hegemónica. Según la lógica de la dominación masculina[11], lo viril se asocia con el vir de la virtud asociada a la nobleza y la conquista; así que, un Superman que discute con su novia, no le hace caso su perro o grita al recargar energía tras una derrota, resulta inaceptable para tal lógica. Sin embargo, es aquí donde la película se vuelve verdaderamente punk: al mostrar un héroe que llora desconsolado ante el asesinato de un migrante a manos de Lex Luthor ("No le digas nada, Superman... creo en ti"), Gunn rechaza la clásica transformación del dolor en ira (como ocurría en Superman [1978], donde la muerte de Lois transforma el llanto en un vuelo lleno de ira). Este gesto es trasgresor por dos razones. Primero, porque rompe el mandato de que "los hombres no lloran… excepto cuando si lo hacen"[12], pero evita caer en el cliché de que la vulnerabilidad masculina solo es válida si culmina en violencia vengativa. Segundo, humaniza al héroe sin debilitarlo: Su llanto no lo lleva al odio, sino que conmueve a Metamorpho, quien decide ayudarlo no por su poder, sino por su compasión. Así, Gunn propone una masculinidad alternativa: el verdadero "super" no está en la invulnerabilidad y el autocontrol emocional, sino en la capacidad de sentir sin jerarquizar el dolor.

 


La S de Esperanza y el estilo de vida norteamericano

"¿Qué le pasó al país que amaba a los desvalidos y defendía al más débil? ¿Qué fue de la voz del hombre olvidado? El hombre olvidado eres tú."
Glenn Beck citado en Kimmel, M. Angry White Men: American Masculinity at the End of an Era.
PublicAffairs.

 

En la versión de Zack Snyder (Man of Steel, 2013), durante la entrevista entre Lois Lane y Superman, ella pregunta sobre la S de su pecho —"No es una S. Es un símbolo de Krypton que significa 'esperanza'". La respuesta de Superman es una aportación al mito de Superman desde un tratamiento mitológico religioso, al ser la encarnación de la Esperanza. ¿Qué implica que lleve en el pecho el símbolo de la Esperanza? Más allá que Kal-El pudiera traducirse como Carlos Esperanza, entendemos que la idea es que el héroe sostiene su llamado como portador de esperanza al mundo. Como el mandato de su padre Kriptoniano le revela:

Jor-El: "Los habitantes de la Tierra son diferentes a nosotros, es cierto, pero en el fondo creo que eso es algo bueno. No necesariamente cometerán los mismos errores que nosotros. Pero si los guías, Kal, si les das esperanza... eso es lo que representa este símbolo. El símbolo de la Casa de El significa esperanza. Y dentro de esa esperanza vive la creencia fundamental en el potencial de cada persona para ser una fuerza del bien. Eso es lo que puedes ofrecerles... Les darás a los terrícolas un ideal por el que luchar. Correrán tras de ti, tropezarán, caerán. Pero con el tiempo, se unirán a ti bajo el sol, Kal. Con el tiempo, los ayudarás a lograr maravillas." (Man of Steel, 2013)

El valor de la Esperanza podemos sumarlo los otros pilares éticos de Superman. En el Hombre de acero, así como no se atreve a decir su nombre Superman o excluyen los tradicionales calzones rojos por considerarlos infantiles, también omiten un polémico valor, el estilo de vida norteamericano. Bien podríamos pensar que el mito de Superman se sostiene en defender la verdad, la justicia y lo que la S simboliza, la esperanza; y que de esta forma es consistente con “La historia del lema de Superman”, título de un artículo imprescindible en esta discusión.

El artículo inicia relatando el efecto de lo acontecido el 16 de octubre de 2021 cuando Jim Lee anunció “que el lema de Superman “evolucionaría” del conocido “Verdad, justicia y el estilo de vida americano” a “Verdad, justicia y un mejor mañana”.[13] No es de extrañar el enojo de muchos nacionalistas de derecha, conservadores y puristas ante esta decisión. Sin embargo, las reacciones hablan más del clima político actual que de un cambio radical al lema ya que, es bien sabido que, en los más de 85 años de historia de Superman, ha habido múltiples cambios en su lema ético. Como se relata en el artículo “La historia del lema es interesante, ya que su uso ha sido muy inconsistente a lo largo de los años. Si bien "Verdad" y "Justicia" siempre han formado parte del mantra de Superman, "El Estilo Americano" se introdujo en la serie de radio de Superman de la década de 1940 durante la Segunda Guerra Mundial, pero se eliminó al finalizar la guerra”. Las variaciones en comics, radio, películas y caricaturas incluyen lemas como “Verdad, Tolerancia y Justicia”, “Verdad, justicia y libertad”, “Verdad, Justicia y Paz para toda la Humanidad”, "Verdad, Justicia Y un Mundo Mejor". Sin embargo, coincidimos plenamente en la reflexión final que hace el artículo:

Se esté de acuerdo o no, el cambio a "Verdad, Justicia y un Mejor Mañana" no es tan radical como algunos podrían hacer creer… En una era donde el mundo está conectado como nunca gracias a la tecnología, es evidente que DC está marcando la diferencia gracias al atractivo universal de Superman. No se trata de un intento de ser "antiamericano", como muchos detractores parecen pensar. Al fin y al cabo, el ideal del "estilo americano" siempre ha sido la esperanza de un "futuro mejor".

La polémica en torno al lema tradicional de Superman —"verdad, justicia y el estilo de vida norteamericano"— plantea una pregunta incómoda: ¿a qué forma o estilo de vida de Estados Unidos se refiere exactamente esta frase? La ambigüedad recuerda al eslogan trumpista "Make America Great Again", que evoca una era idealizada pero nunca definida, tradicional de regímenes fascistas. Además, nos recuerda a los ataques a minorías sexuales o raciales defendiendo los valores cristianos o europeos olvidando que esos valores originalmente son como los de Superman, en defensa de los oprimidos. Los mismos grupos que los creadores de Superman, Jerry Siegel y Joe Shuster (hijos de inmigrantes judíos) seguramente consideraban como valor de su campeón de cabello azabache el "estilo de vida norteamericano" originalmente aludía al sueño de libertad plasmado en El nuevo coloso de Emma Lazarus (1883), poema inscrito en la Estatua de la Libertad: "¡Dadme a vuestros cansados, vuestros pobres...!". En cierto sentido no hay nada más norteamericano que Ma y Pa Kent, una pareja humilde de campesinos que reciben y educan a un niño desamparado.

Así, la reinvención del personaje bajo consignas como "un mejor mañana” recupera su esencia de humanismo punk: un protector que defiende a los oprimidos, no a un sistema de poder. Cuando Martin Luther King pronunció "I have a dream" (1963) o Gramsci defendió "el pesimismo de la inteligencia y el optimismo de la voluntad", articularon la misma ética que Superman: la esperanza como acto de resistencia; mientras que el deseo imperialista, expansionista y colonial, es más bien luthoriano. 

Si la S es la Esperanza, también es el Estilo de vida norteamericano y el Sueño americano como manifestaciones de la Verdad, la justicia, el Mejor mañana, la defensa de los oprimidos, un Mundo mejor; lo que constituye el tema de esta nueva versión como humanismo punk del superhéroe pop.

 

 


La S del Padre, entre legado y herencia

 

Ha llegado la hora de que te reintegres a tu nuevo mundo y sirvas a la humanidad que lo habita. Vive como uno de ellos, Kal-El, para descubrir dónde se necesitan tu fuerza y tu poder. Conserva siempre en tu corazón el orgullo de tu legado especial. Pueden ser un gran pueblo, Kal-El. Lo desean. Solo les falta la luz que les muestre el camino. Por esta razón sobre todas, por su capacidad para el bien te he enviado a ellos... a mi único hijo. (Superman: the movie. 1978)

Tanto en Superman (1978) como en El Hombre de Acero (2013), la "S" funciona principalmente como un símbolo heráldico de Jor-El, representando la Casa de El y el linaje kryptoniano del superhéroe. Otro aspecto donde reside el humanismo punk en la versión de Gunn lo encontramos en su reflexión sobre el legado y la herencia. No es casual que el título provisional de la película fuera Superman: Legacy, ya que el concepto de "legado" remite directamente al orden simbólico de la Ley, específicamente a la Ley del Padre y el conflicto principal de la película implica un cuestionamiento de un mandato paterno fundamental para la misión del superhéroe.

La contribución más significativa — polémica y divisiva— de la propuesta de Gunn radica en colocar en el centro de la trama, y en el conflicto interno del protagonista, una tensión fundamental nunca explorada con tanta profundidad: el antagonismo entre sus dos filiaciones paternas. Como se señala en la sinopsis oficial: "Un superhéroe se reconcilia con su herencia kryptoniana y su educación humana. Es la encarnación de la verdad, la justicia y un mañana mejor en un mundo que ve la bondad como algo anticuado" (Warner Bros., 2024). Esta premisa pone en relación que la condición de humanismo punk del superhéroe pop implica que debe realizar un movimiento subjetivo para resolver el antagonismo entre sus dos padres, propios de la figura del héroe clásico.

Lo punk de este humanismo se manifiesta como un desafío a los ideales del linaje paterno. La propuesta de Gunn ofrece a la clínica psicoanalítica un modelo de cambio en la posición subjetiva: el tránsito de relacionarse con el padre como portador de un legado legítimo -valga la redundancia ya que la palabra legado remite a una ley, en este caso, del Padre- (Jor-El) a constituirse como heredero por adopción (Jonathan Kent). La aproximación de Gunn es humanista punk porque no solo cuestiona la Ley del Padre idealizado casi Monárquico —el legado kryptoniano—, sino que des-idealiza al héroe a través del vínculo con su padre humano: Superman inicia su viaje guiado por el mandato que Jor-El incita, pero termina reconociéndose como heredero de los valores y el amor de los Kent que confían en el efecto de la filiación por el afecto más que en el deber de una ley de la tradición.

Este tránsito —del legado noble de la Ley Patriarcal a la herencia humilde de la crianza familiar— implica, en términos psicoanalíticos, reimaginar y actualizar el proceso de filiación y rito de pasaje iniciático que freudianamente remiten a figuras como Edipo o Narciso, e incluso Telémaco en la revisión contemporánea de Recalcati.[14] No obstante, proponemos que el Superman de Gunn reformula el complejo de Edipo retomando su estructura mítica fundamental, descrita por Otto Rank su texto sobre el mito del nacimiento del héroe. donde la dualidad parental y el viaje entre dos linajes constituyen la esencia de la heroicidad.

La mencionada obra de Rank data de 1909 y constituye un estudio pionero que tendió un puente entre la mitología y el psicoanálisis, influenciando al propio Sigmund Freud—especialmente en la revisión final del complejo de Edipo en Moisés y la religión monoteísta (1939)—y sentando las bases para los trabajos de Carl G. Jung, Joseph Campbell y su concepto del "monomito" o "viaje del héroe", fundamental en la narrativa y creación de guiones cinematográficos en la actualidad.

Rank analiza los paralelismos en los mitos de nacimiento de figuras fundacionales de diversos pueblos como Sargón, Gilgamesh, Moisés, Jesús, Tristán o Kṛia, e identifica una estructura recurrente: a) El héroe nace de padres de alto linaje (dioses, reyes), b) Una profecía, un oráculo o una calamidad obliga a que sea colocado en un recipiente (cesta, arca, cajón) y enviado a la deriva (por un río, mar o desierto) para ser alejado de su destino, c) Es encontrado y criado por padres adoptivos de condición humilde (pastores, campesinos, animales) y d) descubre su verdadero origen, se reencuentra con su linaje y cumple un destino profético que implica confrontar al padre o liberar a su pueblo.

Como anécdota del mundo de los comics, sus películas y Superman, recordamos la narrada por el productor de filmes de superhéroes Michael Uslan. Uslan utiliza la semejanza en “mito de nacimiento” de Moises y Superman para convencer a un decano de la Universidad de Indiana en los 70 para que autorizara a creación de un curso universitario sobre cómics.[15] Este enfoque no solo es relevante por su análisis comparativo, sino también por su contexto histórico: Superman fue creado en la década de 1930 por Jerry Siegel y Joe Shuster, hijos de migrantes judíos, lo que sugiere una posible influencia de tradiciones culturales y religiosas en su narrativa.

Por su parte, Rank interpreta esta estructura mítica como elaboración del proceso infantil con respecto al desarrollo y el necesario tránsito de la dependencia al cuestionamiento de la autoridad paterna, donde el padre poderoso es una construcción frente al padre terrenal que el niño percibe[16]. Así, el mito del nacimiento del héroe postula que este padre noble debe ser simbólicamente eliminado —como ocurre con el asesinato de Layo en el mito de Edipo— para que el héroe realice su destino, crecer.

Sin embargo, el mito de Moisés introduce una singularidad en esta estructura, que podría resonar en nuestro héroe kryptoniano. Mientras en el patrón clásico descrito por Rank los padres de origen son nobles (reyes o dioses) y los adoptivos son humildes (campesinos o animales), en Moisés se invierte este esquema: sus padres biológicos son esclavos hebreos que, para salvarlo, lo envían por el Nilo, y sus padres adoptivos son miembros de la realeza (la hija del faraón). La singularidad se intensifica cuando la princesa busca, para amamantarlo, a una mujer hebrea que resulta ser la propia madre biológica del niño.

Para Otto Rank, esta anomalía solo confirma su tesis de que las dos parejas de padres —nobles y humildes— son escisiones de la figura de los mismos padres del sujeto en crecimiento. Para Freud, en cambio, esta peculiaridad fue la semilla de una sospecha más profunda: que los mitos fundacionales de las naciones podrían ser elaboraciones secundarias destinadas a encubrir un "crimen original". Freud desarrolla esta idea radical en Moisés y la religión monoteísta, sugiriendo que el propio Moisés es de origen egipcio y pudo haber sido asesinado por su pueblo liberado, un trauma reprimido y luego reelaborado en el relato mítico.

En este contexto, la propuesta de James Gunn adopta una postura decididamente más punk al contrastarla con las aproximaciones de Richard Donner y Zack Snyder. Mientras estas últimas versiones se concentran en la veneración casi sagrada hacia la figura paterna poderosa del colonialismo, Gunn da un paso más allá al cuestionar radicalmente los fundamentos mismos de esa ley paterna idealizada y su supuesta nobleza.

De este modo, llegamos al núcleo de la contribución esencial que la versión de Gunn hace al mito del nacimiento de Superman. La gran revelación y el conflicto central de su relato —aquello que impulsa su desarrollo dramático y constituye una innovación polémica dentro del canon establecido del Hombre de Acero— reside en su cuestionamiento radical del mensaje ético y el legado transmitido por sus padres kriptonianos (Jor-El y Lara Lor-Van), el cual, en un principio, considera su fundamento moral incuestionable.

Las versiones de Superman dirigidas por Richard Donner (1978) y Zack Snyder (2013) presentan a Jor-El como una figura paterna idealizada: un guía que, ya sea mediante un programa holográfico o una memoria genética, impulsa a Kal-El a abrazar su destino como superhéroe. Esta figura funciona como una versión moderna del fantasma del padre en Hamlet o de Mufasa desde las nubes en El Rey León, enfatizando un linaje noble y un derecho divino que lo capacita para guiar a la humanidad, retratada metafóricamente como un "pueblo primitivo", hacia un futuro glorioso.

Esta caracterización ha sido ampliamente leída en clave mesiánica y con fuertes connotaciones religiosas católicas. Frases como “por lo tanto les envío a mi único hijo” (Donner, 1978) o “que te sigan en el sol” (Snyder, 2013) son referencias explícitas al Dios cristiano que envía a su hijo al mundo, y a Jesucristo como deidad solar—asociada, no por casualidad, con el Natalis Solis Invicti y la fecha del 25 de diciembre. Sin embargo, esta lectura construye la figura de un héroe-mesías poderoso, análogo a un Cristo como el de Mel Gibson en La pasión de Cristo (2004): una figura que, tras sufrir una tortura extrema, renace con una fuerza casi indestructible, comparable a un "Wolverine Golem". En esencia, son versiones que enfatizan la posición subjetiva del Legado y el Linaje frente a la figura del Padre/Dios, propia de las narrativas de reyes y fundadores de sectas.

El Superman de Gunn aborda esta misma premisa, pero para subvertirla y recuperar la idea del héroe-mesías desde una posición radicalmente distinta, más cercana al Jesús subversivo que retrató Pier Paolo Pasolini en El evangelio según San Mateo (1964). En esta línea, se podría recuperar la escena pasoliniana en la que los líderes religiosos interrogan a Jesús sobre los cimientos de su autoridad: “¿Con qué autoridad haces estas cosas?” (Mateo 21:23). Jesús, en lugar de apelar a un linaje divino poderoso (por ejemplo: "Soy el Dios encarnado, hijo de Yahvé"), responde con una pregunta dialéctica: “El bautismo de Juan, ¿de dónde era? ¿Del cielo o de los hombres?”. Esta réplica no afirma una autoridad por descendencia, sino que cuestiona la naturaleza misma de la autoridad, el deseo que la impulsa y el poder que le confiere la comunidad. La pregunta central es: ¿la autoridad emana de un designio jerárquico o institucional, o es el efecto del vínculo en torno a un mensaje y un ejemplo ético sobre el deseo? Esta parece ser la clave del giro que Gunn podría proponer para Superman.

Mientras que en versiones previas las dos filiaciones son parte del origen e historia de Superman, en la versión de Gunn son el punto central de tal forma que será la gran revelación y que pondrá en conflicto al hombre de acero. Al inicio se nos muestra la historia de origen tradicional, mientras que Superman es auxiliado en su fortaleza de la soledad por los Robots de Superman conocemos el mensaje que Jor El y Lara le enviaron y que constituye la razón por la que el héroe busca ayudar a la humanidad.

Jor-El: Te amamos más que al cielo, hijo nuestro. Te amamos más que a la tierra. Nuestro amado hogar pronto desaparecerá para siempre, pero la esperanza vitaliza nuestros corazones. Y esa esperanza eres tú, Kal-El.

Lara: Hemos buscado en el universo un hogar donde puedas hacer el mayor bien y vivir la verdad de Krypton. Ese lugar es la Tierra.

Este legado noble y benevolente es lo que Superman busca honrar. Sin embargo, el ataque de Lex Luthor consiste en exhibir ante el mundo —y ante el propio héroe— una segunda parte del mensaje, hasta entonces oculta, que descubre una verdad ominosa:

Jor-El: La gente allí es simple y profundamente confundida. Débil de mente, espíritu y cuerpo. Reina sobre el planeta como el último hijo de Kriptón.

Lara: Deshazte de cualquiera que sea incapaz o no esté dispuesto a servirte, Kal-El. Toma todas las esposas que puedas, para que tus genes, y el poder y el legado de Kriptón, perduren en esta nueva frontera.

Jor-El: Haznos sentir orgullo, nuestro amado hijo. Gobierna sin piedad.

A partir de ahí, Luthor utiliza este mensaje para promover una narrativa de miedo ante el alienígena y le permite que el gobierno acceda a que detenga a Superman, ante las dudas y decepción que él mismo vive con la revelación del mensaje. Superman pierde la motivación de ser héroe que sigue el legado paterno como último hijo de Kriptón. Se ha especulado sobre la veracidad del mensaje de Jor-El, ya que su contenido alteraría drásticamente el canon establecido de Superman. Sin embargo, la verdad del mensaje resulta secundaria frente a su función dramática y su impacto subjetivo en el arco del personaje. Incluso si en secuelas de la franquicia demostraran que el mensaje fue falsificado —por ejemplo, descubriéramos que durante el hackero de la Ingeniero fue Brainiac quien alteró los videos para poder liberarse cual virus computacional—, el cambio subjetivo en Kal-El/Clark Kent ya se habría consumado. El héroe, operando bajo la premisa de que el mensaje es genuino, internaliza su significado y actúa en consecuencia. Así, según la teoría del guion, el personaje encuentra lo que necesitaba (need, su deseo inconsciente), un propósito basado en su herencia humana, aunque esto no fuera lo que quería (want, su demanda consciente)[17] originalmente -cumplir el legado de sus padres biológicos.

En este sentido, el arco narrativo de Superman con su humanismo punk se erige como un inverso del antihéroe trágico, ejemplificado por Michael Corleone en El Padrino (Coppola, 1972). Michael recorre el camino inverso con respecto al legado y la herencia: inicia alejándose de su herencia criminal para conservar los valores éticos y el afecto familiar (su relación con Kay Adams), pero termina abrazándola por completo. Al transformarse en el nuevo Capo y asumir el lugar del Padre (Vito Corleone), no solo perpetúa el legado del padre mafioso, sino que lo culmina en una tragedia personal: la soledad absoluta, su verdadera muerte con en la última revisión de la película. Este declive se sella con el asesinato de su propio hermano (Fredo), el distanciamiento irreversible de su esposa e hijos con la revelación del aborto de Kay repudio total a su paternidad, y culmina con el asesinato de su hija —el episodio final que certifica la destrucción de la familia que juró proteger. Así, la trayectoria de Michael Corleone opera como un manifiesto trágico del legado patriarcal, del God-Father: un sistema que, al imponerse a toda costa, devora a quien lo encarna y aniquila aquello que dice custodiar, en especial a sostener el ideal de padre como hombre y no como deseo de filiación y herencia. Superman demuestra que para ejercer la paternidad, se requiere destituir la idealización noble del legado.

Resulta sumamente interesante que la segunda parte del mensaje kriptoniano funcione como un encapsulamiento perfecto de la fantasía primordial del patriarcado. No se trata de un machismo vulgar y fácilmente criticable, como el que promueven figuras grotescas como Andrew Tate, El Temach o "El Chicharito", sino de un discurso revestido con el halo de la nobleza, el derecho inherente (entitlement) y el estoicismo; formas de masculinidad socialmente respetadas y aceptadas. Esta fantasía se nutre de la mística del estoicismo en figuras como Marco Aurelio, la lógica del "macho alfa", la competitividad meritocrática y la retórica del éxito empresarial evocada en títulos como The Art of the Deal o El Arte de la Guerra.

El mandato de Jor-El —“Ellos son débiles, entonces tienes que gobernarlos”—, que deriva en la justificación para "diseminar los genes" y gozar de todas las mujeres, deja claro que el poder reside en una esencia biológica superior, no en la herencia afectiva de la crianza. Es una lógica que comparten varios "tecnofaraones" modernos como Musk, y seguramente el Lex Luthor del universo cinematográfico. Esta no es sino la fantasía del Padre Primordial de Freud en Tótem y Tabú: una especie de Super-Padre que comienza como un Godfather (padre protector) y termina degenerando en un padrote (explotador).

Al presentar el legado de Jor-El impregnado de estas lógicas —la superioridad innata, el derecho a guiar y la responsabilidad de un padre único—, Gunn no solo humaniza a Superman al obligarlo a cuestionar ese mandato, sino que interroga los cimientos mismos sobre los que se construyen los ideales heroicos tradicionales.

Por ello, resulta profundamente humanista punk que, tras ser envenenado por Kriptonita, Superman regrese a curar sus heridas a casa, a Smallville, con su “apá” y “amá”. Es allí donde encontramos las amorosas palabras de Jonathan Kent, que sirven como antídoto directo a la ideología kriptoniana:

Pa Kent: Te siento triste.

Clark: Sí, el mensaje que enviaron mis padres no había escuchado la segunda parte.

Pa Kent: Creo que lo que tú querías que significara ese mensaje dice mucho más de ti que lo que los demás creen que significa.

Clark: Pa, no entiendes. No soy quien creía ser. Me enviaron para hacer daño.

Pa Kent: Los padres no estamos para decirles a nuestros hijos quiénes deben ser. Estamos aquí para darles las herramientas que necesitan para que tropiecen por su propia cuenta. No. Tus decisiones, Clark. Tus actos. Eso es lo que te define. Déjame decirte algo, hijo: no podría... estar más orgulloso de ti.



En esta escena reside el gesto más humanista punk de la película: un cuestionamiento radical a la autoridad de la figura paterna tradicional, sustentada en el legado jerárquico, la nobleza de sangre o un destino grandilocuente. Este Jonathan Kent no es un patriarca noble, sino una figura amable, compasiva y abiertamente sentimental. La propia Martha Kent lo llama "viejo sentimental, especialmente con Clark", validando así un modelo de masculinidad que no teme mostrar vulnerabilidad.

Algunas voces conservadoras, como la del comentarista de derecha Ben Shapiro, criticaron ferozmente esta representación por carecer del "aire noble" atribuido a versiones anteriores. Coincidimos en la observación, pero no en el juicio de valor. Efectivamente, las encarnaciones previas de los Kent, la de Donner y Snyder, aunque enfatizan su humildad campirana, los rodean de un halo de grandeza. Ambas versiones idealizan al padre a través de su muerte trágica, elevándolo a la condición de mártir perfecto —"como Pedro Infante o Carlos Gardel, cada año cantan mejor"—. Esta muerte fundacional genera la culpa que motiva al héroe: en el film de Donner, un joven Clark se reprocha no haber podido salvar a su padre pese a sus dones extraordinarios; en la de Snyder, su identidad pública como superhéroe se ve inhibida porque Jonathan murió para proteger su secreto.

La muerte del padre en la infancia constituye un tropo canónico en los orígenes de muchos superhéroes —desde el asesinato de los Wayne para Batman hasta la pérdida del Tío Ben en Spider-Man—. Este motivo es la heredera de las fantasías edípicas analizadas por Freud, Rank y Lacan, donde la culpa a la muerte paterna y su posterior veneración se interpreta como el efecto de un deseo original parricida. Este mecanismo psíquico suele derivar en un modelo de masculinidad neurótica, constituido a través de la competencia perpetua y la idealización del padre primordial como “garante supremo” de la ley.

James Gunn, en marcado contraste, presenta un Jonathan Kent que carece, desde el principio, de esa mística de veneración póstuma, empezando en el hecho de que está vivo. Su fuerza radica no en un sacrificio que lo santifica, sino en su presencia afectuosa e imperfecta, que permite a Clark forjar su identidad sin el peso angustiante de una deuda trágica. Tanto esta versión de Superman como la de The Batman (Matt Reeves, 2022) —y como seguramente concluirá la trilogía animada del Spider-Verse de Spiderman, que explora abiertamente alternativas al canon edípico de la muerte del padre representante de la ley como origen de la ética heroica— evidencian que vivimos un momento cultural en el que los modelos de masculinidad y los procesos de herencia filial patriarcales están siendo profundamente cuestionados, ya sea por una conciencia ética y artística o simplemente por considerarla anacrónica y conservadora.

Las narrativas del universo superheroico, por tanto, se han convertido en un terreno privilegiado para testificar y narrar esta transformación, alejándose de las formas clásicas y neuróticas de la masculinidad hegemónica.

Este modelo de Pa Kent encarna el humanismo punk de la película. Su figura no se edifica sobre la imposición o el dominio, sino sobre la justicia, la compasión y la misericordia. Así, encarna una suerte de ética cristiana propia de un héroe-mesías subversivo[18] que prioriza el servicio al prójimo por encima del mandato divino o, en este caso, genético. Pa Kent ejecuta un acto de herencia en lugar de legado. Un legado es algo que se impone y se debe cumplir; una herencia es la transmisión de un deseo por vivir.[19]

Al decirle a Clark con respecto a cómo había llenado el faltante del mensaje un llamado a ayudar al prójimo: "Creo que eso dice más de ti", Papá Kent le devuelve la agencia. Le revela que el "mandato" de Jor-El siempre fue, en realidad, la compasión que ya vivía en él mismo. Así, el llamado heroico no es un designio kryptoniano, sino la cristalización de su deseo de servir a la humanidad, un deseo cultivado en los campos de Smallville, como bien recordaba el holograma de Jor El a Clark en el final de la serie televisiva Smallville:

Jor-El: “Te pido que recuerdes una cosa. Tus habilidades pueden venir de mi sangre, pero fue tu tiempo en Smallville, con Jonathan y Martha Kent, y con toda su gente, lo que te convirtió en un héroe, Kal-El.”[20]

Finalmente, la escena replantea los fundamentos de la paternidad. Ya no se basa en el deber de transmitir un legado sino en la herencia del deseo por la vida misma: una vida autónoma, abierta al error y a la autodeterminación (“para que tropiecen por su propia cuenta”). Papá Kent es un padre que trasmite la ley del deseo y no tanto el deseo por la ley. 

 

 


Porque soy un punkrocker, sí, lo soy

Para concluir, vayamos al clímax de la historia en la última confrontación entre Superman y Lex. En la versión digital de la película se incluye un documental llamado Adventures in the Making of Superman (Warner Bros. Entertainment, 2025). Este material, que muestra el proceso creativo detrás de la película, resulta invaluable para nuestro análisis[21] en especial la discusión que se dio entre el director James Gunn y el actor David Corenswet para la mencionada escena climática.

Tras salvar Metrópolis y detener la invasión a Jarhanpur gracias a la ayuda de sus nuevos super-amigos (La Justice Gang), Superman intercepta a Luthor durante su huida. El archienemigo lo recibe con el insulto: “¡Alien pedazo de mierda!”. El guion indica que Superman replicara Ahí es donde siempre te equivocas conmigo, Lex. Soy tan humano como cualquiera”. Sin embargo, el detrás de cámaras revela una diferencia creativa entre actor y director ya que Corenswet no está seguro del tono emocional que demanda su director. Corenswet, formado en la tradición teatral de Juilliard y versado en el “viaje del héroe” (como evidencia su frecuente mención a Star Wars en entrevistas), asumía que un héroe que ha conquistado sus demonios y miedos internos (como la duda, la culpa y las emociones para dominar la “Fuerza”) no debería verse afectado por los ataques e insultos del archienemigo, y tendría que responder desde una posición de ecuanimidad, estoicismo y serenidad triunfal.

Gunn, por el contrario, buscaba una reacción emocional que mostrara vulnerabilidad. La discusión, crucial para el film según el propio director (“si esta escena funciona, funciona la película”), se centra en el tono emocional. Corenswet argumenta: "Me siento débil al gritarle a él". Gunn le explica su visión:

"Es el momento cuando admites tu propia debilidad, tus sentimientos heridos; de tal forma que, todos los que escuchen a Superman, sepan que está bien para todos nosotros sentirnos así. Y que NO está bien, que los Lex Luthor del mundo nos digan que no deberíamos sentirnos así. Esto ES lo que te hace diferente a otros héroes".

Gunn parece ser consciente de que lo que está presentando en una versión diferente del héroe clásico, lo que llamamos el humanismo punk del superhéroe pop. Estamos ante la culminación de un camino recorrido por Gunn en filmes como Guardianes de la Galaxia y la serie Peacemaker, donde desarma tropos de masculinidad violenta tradicional y explora la redención a través de la vulnerabilidad, llegando a algo más cercano a una masculinidad empática. Lo que Gunn propone es un desafío directo a la narrativa patriarcal del héroe inquebrantable y estoico que debe conquistar sus emociones. Como analiza el canal Pop Culture Detective (2018) en su video Cómo Los Últimos Jedi desafía las expectativas[22], existe una perspectiva cultural de que un héroe masculino, una vez que ha vencido sus demonios, debe permanecer en un estado de poder perpetuo e impasibilidad emocional. La propuesta de Gunn, al igual que la de Rian Johnson con su Luke Skywalker, subvierte esta idea: la lucha interna es continua y la vulnerabilidad no es un fracaso, sino un estado humano permanente y válido.

Corenswet pregunta a Gunn: “Me siento mal conmigo mismodesde que se conoció la grabación (mensaje Kiptón) Es como, "no pertenezco aquí. Soy lo peor. Todo es una mentira, estaba equivocado” ¿No es ESTE el momento cuando digo "Estaba mal sentirme así”? Gunn responde: Ese es precisamente el problema. Porque lo que NO te dijo tu padre fue que estuviera MAL sentirse así. Hay sentimientos y hay pensamientos. Tus sentimientos sobre sentirte mal están bien. No hay nada malo en que te sientas así. Todo trata sobre ser vulnerable y ser un ser humano. Y en este momento, para que hables sobre cómo está bien ser vulnerable, tienes que estar vulnerable. ¡Lo que significa mostrarle a Lex que tus p** sentimientos fueron heridos! – Corenswet lo interrumpe ya que ha entendido a qué se refiere, se van a sus lugares y hace la escena.

Esta instrucción es la clave del humanismo punk del superhéroe pop: la fuerza no reside en la falta de emociones o serenidad de pseudo superioridad, sino en la honestidad emocional. Como lo que ha dicho en diversas entrevistas Guillermo del Toro -cuando promocionaba la ganadora del oscar La Forma del Agua- y ha refrendado en su versión de Frankenstein y su mezcla de melodrama gótico, cuento de hadas y telenovela mexicana: “La emoción es el nuevo punk”.

La propuesta de James Gunn podría desorientar a muchos -como inicialmente a Corenswet-, dado que tradicionalmente la guía de crecimiento del héroe se ha basado en una conquista de tipo patriarcal: la dominación de los demás (llegar a ser El Elegido “The One”) y el control sobre los propios sentimientos y emociones.

Sin embargo, Gunn es consciente de que presenta deliberadamente algo diferente – le dice a su actor “eres diferente al resto de superhéroes”: un Superman "superwoke"[23]. Esta condición no se limita a las imágenes que aluden a nuestra geopolítica actual —como el genocidio en Gaza o las políticas autoritarias en Estados Unidos, visibles en el traslado de migrantes a megaprisiones estilo "Alcatraz" o a centros como los de El Salvador—, sino que lo más progresista reside en su enfoque de la masculinidad y lo mitológico. Gunn redefine la relación del héroe con sus orígenes, sus ideales, su vínculo con los demás y, significativamente, con su propio cuerpo.

Gunn lo tiene claro. Cuando le pidió al actor David Corenswet que, como preparación para el papel, "ejercitara sus hombros y su vulnerabilidad", no buscaba exhibirlo en escenas sin camisa ni diseñar un traje que resaltara una musculatura artificial. Por el contrario, optó por un traje funcional, similar al de un miembro de protección civil, un bombero o un boy scout —incluyendo, con un guiño nostálgico, los icónicos calzones rojos—. Esta elección es una declaración de intenciones: no hay que avergonzarse de los sentimientos ni de la propia identidad con su humanismo childlike punk.

Se trata, en esencia, de demostrar a los Luthors del mundo —que hoy parecen gobernar tantos espacios— que está bien sentirse afectado, que las masculinidades diversas son fortalezas, y que permitir que el cuerpo hable a través de las emociones no solo está bien, sino que es un acto de auténtico poder.

Este cambio de posición subjetiva de la filiación, y del camino del héroe tradicional, se materializa en el discurso final de Superman, que culmina con la línea: "Me equivoco una y otra vez, pero eso es ser humano, y es mi mayor fortaleza". Esta fortaleza es la de un heredero, no la de un portador de un legado. El legado kriptoniano (el mensaje de Jor-El) es un peso de expectativas celestiales y de destino genético que eventualmente remite a la figura fascista del entitlement colonial patriarcal. En contraste, la herencia de los Kent es amorosa y emocional, adquirida a través del vínculo y el cuidado. La escena final en la Fortaleza de la Soledad lo corrobora: Superman elige respetar como quisiera ser nombrado un Robot ayudante y ver los videos caseros de sus padres en Smallville -donde antes estaba el mensaje kritponiano- mientras se recupera. Su saber es un saber ético reapropiado, no un mandato de la tradición divina.

Gunn lo resume perfectamente: "¿Por qué amamos tanto a Superman? ¿Es porque puede golpear planetas o cargar rascacielos? No lo creo. Creo que es por bondad natural y su humanidad. Y que está bien ser optimista. Está bien ser vulnerable". Esta es la esencia del humanismo punk del superhéroe pop: la vulnerabilidad que permite heredar el deseo de vivir y proteger la vida, liberándose del miedo y la parálisis que impone el orgullo de sostener un legado intocable. Y así, parafraseando la letra de “Punkrocker” de Teddybears, es el poder escuchar la música sin miedo, sabiendo que podemos oírla si somos sinceros.



 


[1] A. La Edad de Oro (1938-1956): Superman como luchador social (que se transforma en símbolo antifascista durante la Segunda Guerra Mundial llegando a ser todo poderoso al convertirse en propaganda de USA al estilo Tío Sam, pasando de ser defensor del sueño americano como protección de los desposeídos a serlo del estilo de vida norteamericano ahora como propaganda del modelo triunfante). B. La Edad de Plata (1956-1970): El tono optimista y fantástico que prioriza la exploración científica (ej: las historias de Kandor o Bizarro). C. La Edad de Bronce (1970-1985): Donde se abordan temas adultos como la paternidad ("For the Man Who Has Everything", Moore, 1985) o las tensiones entre su identidad kriptoniana y humana ("Superman: Birthright". Waid, 2003).

[2]Como creía que ella atribuiría gran valor a la posición social de un cortejante, fantaseaba que ella se había casado {heiraten] con un alto funcionario. Entraba él entonces en la misma oficina y progresaba allí mucho más que aquel, que pasaba a ser subordinado suyo. Un día este hombre comete una acción prohibida. La dama cae a sus pies, lo conjura para que salve a su marido. Él se lo promete, le revela que sólo por amor a ella ha entrado en esa oficina, porque ha previsto un momento así. Le dice que ahora, con la salvación de su marido, ha cumplido su misión; que renuncia a su puesto. En otras fantasías, cuyo contenido era hacerle un gran servicio, etc., sin que ella supiese que era él quien se lo prestara, reconocía meramente la ternura, sin apreciar que el origen y tendencia de su magnanimidad era reprimir {suplantar} la manía de venganza, siguiendo el modelo del Conde de Montecristo, de Dumas”. (Freud. AE. Vol. X. pág. 153)

[3] James Gunn en The New York Times. (2025, 18 de julio). How Superman handles a Lois Lane interview | Anatomy of a scene [Video]  YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=uZLKemL_rmY

[4] Véase la trilogía de la Psicología del amor: “Sobre un tipo particular de elección de objeto en el hombre” de 1910, “Sobre la más generalizada degradación de la vida amorosa” 1912 y “El tabú de la virginidad” de 1917.

[5] En Superman II (1980) —oficialmente dirigida por Richard Lester, pero con una mitología establecida por Richard Donner, quien filmó la mayor parte antes de abandonar el proyecto— se mantiene la premisa de que Superman debe renunciar a sus poderes para estar con Lois. La única diferencia radica en que, en la versión de Lester, es su madre kriptoniana (no su padre, como en el montaje original de Donner) quien le impone esta condición.

[6] Lois: Has recibido muchas críticas en redes sociales últimamente.

Superman: No leo esas cosas. Superman no tiene tiempo para selfies.

Lois: ¿Tercera persona? ¿Ahora te refieres a ti mismo en tercera persona?

Superman: No, es solo algo que se me ocurrió. Pensé en probarlo para la próxima entrevista.

Lois: Esto es on the record, Superman.

Superman: Bueno, eso sí, pero no la parte donde dije lo de—

Lois: Sí, esa parte.

Superman: Oh, eso fue un comentario aparte, off the record.

Lois: Tienes que decir "off the record" antes, no después.

Superman: ¿Por qué actúas así?

Lois: Estoy bien. No escribiré que pasas tu tiempo libre inventando frases para la prensa... que, por cierto, son horribles.

 

[7] Ayouch, T. (2025). La raza en el diván: Lo psíquico es político. Editorial Topía.

[8] El científico loco se ha convertido ahora en el loco disruptivo, pero ¿por qué ocurre esto, y por qué ahora? Hasta cierto punto, los villanos de las películas siempre han reflejado las inquietudes de la sociedad. El tropo (lugar común del cine) del científico loco, surgió por primera vez por el miedo a la bomba atómica, según James Taylor, profesor de cine de la Universidad de Warwick, en el Reino Unido. Pero Taylor también señala que los villanos no solamente reflejan nuestros miedos, "también alimentan esas ansiedades, ayudando a darles forma y a propagarlas". Amelia Tait (2023) Los ‘tech bros’ son el nuevo estereotipo del supervillano. WIRED.

[10] TEDx Talks. (2016, junio 14). Tackling the boy crisis Michael Kimmel TEDxSydney [Video]. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=Z1X0F49i3zI

[11]  Bourdieu, P. (2000) La dominación masculina. Editorial Anagrama.

[12] Pop Culture Detective en Boys Don't Cry -Except When They Do https://www.youtube.com/watch?v=kGxW2toAvzc&t=256s

[14] Recalcati, M. (2014) El complejo de Telémaco. Editorial Anagrama.

[15] "Recuerdo al decano mirándome y diciendo: ‘¿Así que usted es el que quiere enseñar un curso sobre "monitos" en mi universidad? Sr. Uslan Aprecio su intención. Yo leía cómics de niño; Superman era mi favorito. Pero los cómics son entretenimiento barato, basura. No me convencerá de que son folklore moderno o mitología contemporánea’. Entonces le pregunté: ‘¿Conoce la historia de Moisés?’. Él respondió: ‘Sí’. Le pedí que la resumiera, y dijo: ‘Una pareja hebrea tuvo un hijo primogénito en un tiempo en que los primogénitos eran asesinados. Lo colocaron en una canasta y lo enviaron por el río Nilo, donde una familia egipcia lo encontró y lo crió. Al crecer, se convirtió en un héroe para su pueblo’. Le dije: ‘Excelente. Dijo que leía cómics de Superman, ¿recuerda su origen?’. Él continuó: ‘Claro: el planeta Krypton iba a explotar, un científico y su esposa pusieron a su bebé en una nave espacial y lo enviaron a la Tierra, donde los Kent lo criaron…’. Entonces se detuvo, me miró y dijo: ‘Su curso tiene créditos aprobados’. Mi vida cambió rápidamente. Poco después, recibí una llamada… era Stan Lee". Documental: Shadows of the Bat: The Cinematic Saga of the Dark Knight. (2005)

[16] “El desprendimiento del individuo en proceso de maduración, de la autoridad de los padres es uno de los más necesarios, y también, uno de los logros más dolorosos de la evolución.” Rank, O. (1909) El mito del nacimiento del héroe. Editorial J.O.P.

[17] McKee, R. (2002). El guion: Sustancia, estructura, estilo y principios de la escritura de guiones. Alba Editorial, Págs. 174-175.

[19] “La filiación, pues implica el movimiento del heredar, presupone que hay transmisión del deseo de una generación a otra”. Recalcati, (2014) El complejo de Telémaco. Editorial Anagrama Pág. 150

[20] Beeman, Greg, y Kevin Fair. "Finale." Smallville, Temporada 10, episodio 22, Warner Bros. Television, 13 de Mayo 2011.

[21] Razón por la cual expresamos nuestro anhelo por las versiones físicas (DVD/Blu-ray) de las películas, ya que en su mayoría incluían documentales, escenas eliminadas o audiocomentarios que ampliaban la experiencia cinematográfica

[22] How The Last Jedi defies expectations (2018) Canal: Pop Culture Detective. https://www.youtube.com/watch?v=mWqVJZMh6-w