Outsider. Freud: Re-animando lo marginal
Outsider. Freud
(2025)
Sinopsis: A través de la animación y el comentario de expertos, sigue el camino de Freud como intelectual judío en la Viena de la era Nazi, presenciando cómo la persecución y el exilio influyeron en sus teorías innovadoras sobre la mente humana. Dirección: Yair Qedar
Desde el prólogo
de Outsider Freud, con la carta de Freud a su entonces novia Martha reconociendo
sentirse siempre “extraño” y posteriormente las declaraciones de Adam Phillips mencionando
el recuerdo de la historia de discriminación racista en la vida de Freud, se
presenta la propuesta del tema que seguirá la película y desde el cual se
revisita la figura de Sigmund Freud. El enfoque se plantea desde su título: “Outsider.
Freud”. ¿Cómo traducirlo? ¿Freud Forastero, Marginal, Minoría? o ¿Creativo,
Rebelde, Innovador?, Necesariamente cuando se habla de Outsiders se hace
referencia al Establishment, algo que muchos relacionan más con la figura
de Freud como el representante de la ortodoxia institucional en la salud
mental, el padre del psicoanálisis. Ciertamente hay esa tensión en la figura de
Freud, una tensión que existe en el mismo Freud e incluso entre los
entrevistados del filme donde unos claramente reconocen y leen lo outsider
de Freud desde la marginalidad y la disidencia y otros desde la mirada del Establishment,
su condición de outsider como “la clave de su éxito”.
Nuestros comentarios
sobre el filme serán a partir de nuestra propuesta de un psicoanálisis a la
luz del cine. Propuesta que sigue el estudio del psicoanálisis de las obras
cinematográficas inaugurado por Otto Rank cuando reconoció su valor ya que el
cine -similar a los sueños- “puede también expresar algunos hechos y
relaciones psicológicos con imágenes tan claras y patentes, que faciliten
nuestra comprensión de ellos…(ya) que muchas veces un tratamiento
moderno consigue reaproximarse, de manera intuitiva, al significado real de un
antiguo tema que se ha vuelto ininteligible, o que se ha entendido mal en su
paso por la tradición”[1].
En este
caso queremos detenernos en las bellas secuencias de animación, cortesía de Tal
Kantor, y estudiarlas, como con el relato del sueño, deteniéndonos en las representaciones
que utiliza, tomadas de diversos sueños de Freud en Interpretación de los Sueños
y asociarlas con los comentarios de los expertos entrevistados, respetando que
aparecen para condensar artísticamente los subtemas de cada capitulo como está
organizado el filme a partir del tema central: Lo Outsider de Freud. Que, en
palabras de su director, se refiere a lo que tuvo que enfrentar, superar o
elaborar Freud en su vida: “El primer capítulo: su identidad judía, El
segundo capítulo: la muerte de su padre inventando el psicoanálisis, El tercer
capítulo: superar múltiples muertes y El cuarto capítulo: superar la vida con
la eutanasia”.[2]
Sobre la alfombra del
consultorio de Freud, vemos desplazarse un tren. De fondo unas montañas en
color rojo que combina con el suelo que es la alfombra. En el interior del
vagón, vemos como único pasajero a Freud que ve por la ventana irse alejando
del campo. Freud trae un saco café con un chaleco violeta radiante y unas
flores del mismo color en la solapa. Ahora se transformado en alguien de traje
completamente violeta y el rostro cubierto con flores del mismo color.[3]
El
viaje en tren será el símbolo central de este Outsider Freud Outsider, ese
Freud que emprende la aventura del viaje, pero el del desplazamiento y la
soledad, la discriminación como minoría. Lo llamativo de que sea un tren justamente
el símbolo de Outsider Freud es cuando recordamos su síntoma histérico de
angustia por el viajar en tren. Outsider Freud es Freud Migrante. Freud ve por
la ventana del tren alejarse del campo mostrando que el “cambio doloroso en la
vida del pequeño Sigismund, que no dejó de lamentar el cambio de la alegría de
la vida en el campo por la aspereza de la capital… todo esto determinó una
grave fobia a los viajes en tren, que sólo logró suprimir a través del análisis”.[4]
Ese
Freud Migrante, es una Minoría Desplazada por el racismo, por lo que inaugura
el capítulo 1: El Judío; enmarcada en la fecha 1878, la fecha en
que Freud de 22 años cambia su nombre de Sigismund Schlomo a Sigmund, como estrategia de asimilación. Hablará alemán, no celebrará rituales, tuvo una
niñera católica que le habló del buen Dios, no tendrá un Bar Mitzvah. Su adhesión
al judaísmo será solo en el orgullo de pertenecer una minoría.
“Lo
que me ataba al judaísmo no era ni la fe ni el orgullo nacional… Pero restaban
sobradas cosas que volvían irresistible la atracción del judaismo y de los
judíos … Porque era judío me hallaba libre de muchos prejuicios que limitaban a
los otros en el uso de su intelecto, y como judío estaba preparado para pasar a
la oposición y renunciar a la aquiescencia de la «compacta mayoría»”.[5]
“… quizá su
propia personalidad (la de Freud mismo), como judío que no quiso ocultar su
judaísmo, tuvo algo que ver en la antipatía de los contemporáneos hacia el
psicoanálisis. Rara vez se expresó en alta voz un argumento de este tipo, pero
por desdicha nos hemos vuelto tan recelosos que no podemos dejar de conjeturar
que esa circunstancia no ha sido del todo ajena. Y, por otro lado, acaso no fue
mera casualidad que el primer sostenedor del psicoanálisis fuera un judío. Para
abrazarlo hacía falta cierta aquiescencia frente al destino de encontrarse aislado
en la oposición, un destino más familiar al judío que a los demás.”[6]
Como Makari
y Mahael mencionan: “Desde su
nacimiento pertenecía a una minoría, y tuvo que luchar arduamente por su
formación y su carrera” y “Viena hizo de los judíos su chivo expiatorio."
Phillips
por su parte menciona: “Él vive en una cultura hostil, pues es evidente que los
judíos aquí no son bienvenidos… Freud busca asimilarse, pero sin hacer
concesiones ni traicionarse a sí mismo.”
Sin embargo,
la animación resalta la trampa de la asimilación. Por más que busque
asimilarse, siempre será visto extraño, otro -tal vez, incluso, entre más lo intente,
como es la trampa de todo racizado que intenta asimilarse.
El
color violeta pasa de la flor en la solapa al traje entero y su rostro. Esa
otredad Outsider, también la comparte con las otras minorías rechazadas del
imperio. Como todo discurso de dominación, la otredad crea síntomas. La
dominación colonial crea al otro racizado que lo amenaza, la patriarcal a su
vez teme y odia a la mujer, y la heteronorma se angustia ante lo queer de la
sexualidad.
Esther
Hutfless identifica este lugar Outsider de la exclusión y la minoría con el “mundo
gay, lésbico, queer y trans.” Compartiendo “ese sentimiento de
exclusión, de pertenecer a una minoría”. Por su parte, Fabrice Bourlez
reconoce que “pertenecer a una minoría significa muy a menudo sufrir
estigmatizaciones” lo que lleva a Freud a “esta atención a las
diferencias, a las minorías, a quienes no encajan en el molde”, de quienes
son Outsider, que están Afuera, donde escucharlos constituye una clínica menor[7], como elabora en su libro
“Queer psicoanálisis / Queoír psicoanálisis: Clínica menor y deconstrucción
de género”[8]
En este primer capítulo nos
recuerda el aspecto Outsider de la vida de Freud como parte de una minoría y la
sintonía con otras minorías sexuales, raciales o de clase. Una otredad que habla
si nos permitimos escuchar, como el queoír de Bourlez. Un Outsider Freud
es un Freud Queer, es un Freud Chiriwuillo, un Freud Feminizado -como aquello
que constituían los “chivos expiatorios” del racismo en Viena. Un Freud que inventará
una clínica que escucha lo de Afuera-adentro, como lo mostrará el siguiente
capítulo.
El tren sigue viajando sobre
la alfombra. Freud está dentro de un vagón y observa una serie de urinarios. En
una parte vemos un puro del cual sale agua y comienza a inundar todo el vagón.
Desde afuera, vemos como el tren va a entrar en una especie de túnel pero que es
un orinal gigante de porcelana. [9]
El
Capítulo 2, cuando Freud se convierte en el Freud que conocemos, es como Freud
se convierte en analista. Será a través de su autoanálisis que lo llevará la
Interpretación de los sueños.
De la mano
de la animación, Freud se ve llevado hasta los urinarios, y observa cómo el
agua que brota del puro los inunda sin cesar. Estamos, sin duda, en el terreno
del inconsciente. Phillips señala el "descubrimiento freudiano del
inconsciente" como "el momento central de su vida": en primer
lugar, porque el inconsciente representaba una forma de pensar radicalmente
alternativa; y en segundo, porque en él se ocultan todos nuestros deseos
prohibidos.
Esa imagen
de los urinarios remite directamente al sueño que Freud comenta en La
interpretación de los sueños, aquel en el que ayuda a un hombre tuerto a
orinar y, al despertar, siente la necesidad de hacerlo. Sin embargo, el deseo
prohibido –inconsciente– no reside en las ganas de orinar; para Freud, la
cuestión está en por qué el sueño adopta precisamente esa forma. De ahí que el
inconsciente no sea el subconsciente ni lo no consciente, sino, como dice
Phillips, una forma outsider de pensar. Resaltamos el hecho de
enmarcar este capítulo 2: Convirtiéndose en Freud, con el año 1900,
la publicación de Interpretación de los Sueños donde la a puesta clínica
es sobre un objeto de estudio Outsider, los sueños.
Cabe
preguntarse si ese viejo tuerto al que hay que auxiliar para orinar no forma
parte del duelo de Freud por su padre y de los sentimientos hostiles que le
generan autorreproches y culpa. La ambivalencia ante la muerte de Jacob será el
detonante de la crisis que llevará a Freud a su autoanálisis y, a la postre, al
impulso creador del psicoanálisis.
Mucho se ha
destacado la ambivalencia en clave edípica; sin embargo, desde la mirada de un
Freud outsider, conviene resaltar el otro aspecto que
desencadenaron los autorreproches por aquellos sentimientos hostiles hacia su
padre: el que remite al racismo y a la asimilación racial. Baste señalar que
los diversos sueños posteriores a la muerte del padre no solo ponen de
manifiesto esa ambivalencia, sino que también aparecen sueños de viajar en tren
sin llegar a Roma. Freud los interpreta como el anhelo de conquistar, como
Aníbal, la ciudad eterna, donde "Aníbal y Roma simbolizaban… la oposición
entre la tenacidad del judaísmo y la organización de la Iglesia Católica”[10]; hasta
desembocar finalmente en el recuerdo del padre que le relata el racismo vivido
en su juventud.
La
animación nos remite al cuerpo y lo sexual en el Inconsciente, como aquello que
se constituye desde lo Outsider. Pura pulsión encontramos en ese puro que se le
hace agua a Freud. Lo oral, anal y fálico muestran ese descubrimiento de loa
outsider del inconsciente. La pulsión como lugar Outsider de lo somático con
sus necesidades fisiológicas y Outsider de lo meramente intelectual y social.
La necesidad erotizada que es la pulsión da cuenta de un campo Outsider.
Como
precisa Bourlez “Todos somos perversos polimorfos. Significa que no hay
normalidad en lo que respecta a la sexualidad. Ningún ser humano es normal. Así
que, a los ojos de Freud, todos somos un poco queer. Polimorfo significa que
puede haber todo tipo rostros, todos los aspectos, todas las variedades. Hay
variaciones del campo de la sexualidad para Freud”.
El inconsciente
será lo Outsider dentro, y sus objetos de estudio más importantes son fenómenos
outsiders, marginales, no serios: sueños, chistes, lapsus. Así como la clínica estará
siempre localizada en lo marginal, lo no científico, la no evidencia, por más
que allá efectos de curación.
Cuando se
aplica la regla fundamental, de nuevo con la metáfora del viaje en tren, es
invitar a los pensamientos comúnmente outsiders a ser tomados en cuenta. Cuéntelo
todo, en especial lo que siempre prefiere dejar afuera.
De nuevo el
tren recorre la alfombra del consultorio, pero ahora la escena es otra: estamos
en el espacio de Freud, con su diván, los adornos y las fotografías de
familiares, y en el centro, las pirámides de Egipto. Al fondo, el puro del que
brota agua hacia el urinal de cristal.
En la
actualidad, la apuesta por una clínica de la escucha se presenta como una
verdadera outsider frente a las psicoterapias de la medición y los consejos de
los ChatGPTerapeutas. Estos últimos se dirigen al consultante como si fueran un
gran Oráculo que lo sabe todo, pero con la forma de un amigo robot que nos
conoce al detalle; o bien, para no sentirnos tan dueños consentidos, podemos
configurarlo para que nos rete y nos hable con más brusquedad: al cliente, lo
que pida.
Sin embargo, la clínica de Freud es una Outsider para el cliente consumidor, ya que invita a alguien que no sabe qué se encontrará cuando deje aparecer lo que, justamente, suele quedar fuera de su habla y de su imagen: lo comúnmente Outsider.
Freud, en el tren, pensativo viendo por la ventana y luego hacia el vaso con agua en la mesa. El
tren se detiene y veos nubarrones empezar a oscurecer el paisaje a la orilla
del mar. Freud, en la oscuridad del
vagón, ahora mira por la ventana y ve acercarse a seis buques de guerra. Parece
que empezará la tormenta y ahora ve en el mar, un huevo cosido, una tetera y
una taza de té, ¿El navío del desayuno?[11]
El capítulo
resalta el año 1923 y se llama Amor/Muerte, abordando a Freud con respecto a la muerte y la
enfermedad. Como resume Anat Tzur Mahael “En 1923 le diagnostican cáncer y
muere su nieto, llamado Heinz -Heinele. Pierde sus ganas de vivir.” Estas
terribles perdidas resuenan con la muerte de su querida hija Sophie tres años
antes por complicaciones por la gripe española. Así lo expresa a Oskar Pfister,
su amigo, el pastor suizo, en la parte final de la carta, continuación del
extracto que aparece en el documental:
“Sophie
deja dos hijos, uno de seis años y otro de trece meses, y un marido
desconsolado que tendrá que pagar un alto precio por la felicidad de estos
siete años (de matrimonio). La felicidad residía exclusivamente en su interior;
exteriormente, la guerra, el reclutamiento, las heridas, el agotamiento de sus
recursos, pero ellos se mantuvieron valientes y alegres. Trabajo todo lo que
puedo y agradezco la distracción. La pérdida de un hijo parece ser una herida
narcisista grave; lo que se conoce como duelo probablemente llegará más
adelante.” (Ernst Freud, 1960, págs. 327, 328)[12]
La
animación resalta estos tiempos oscuros para Freud y el mundo, los nubarrones
solo oscurecen más al viajero en el tren que baja la mirada hacia un solitario
vaso de agua. La animación, aunque se trata de imágenes de sueños de Freud
antes de 1900, son colocados para enmarcar estos momentos de su vida y su obra,
sus “temas de actualidad” desde 1915: De guerra y muerte.
Los
buques de guerra se aproximan e incluso su transformación en “los navíos del desayuno”
remite a la guerra y la muerte en su sueño original[13]. A la muerte de Sophie
había que sumarle la captura de Martin en tiempos de la segunda Guerra Mundial,
liberado hasta 1919.
Sin
embargo, como menciona Eran Rolnik: “Los momentos difíciles para Freud como
persona fueron a menudo momentos especialmente productivos para la teoría
psicoanalítica. Su capacidad para trabajar y escribir, incluso cuando estaba
deprimido y abatido, nos permite seguir sus ideas”. Hasta el sueño de los “navíos
del desayuno” tenía un carácter jubiloso[14].
Henry Szor
nos recuerda que esa época melancólica Freud “Escribe. Estaba constantemente
deprimido y solo mediante escribir, escribir, escribir podía conciliar el
sueño. Ese es Freud”.
¿Qué ideas
produce Freud en esa época? Resaltemos por la fecha los efectos en los
outsiders por la guerra y el inminente fascismo en “Más allá del principio del
placer” (1920) y “Psicología de las masas y análisis del yo” (1921), Es
importante recordar que por esa época Freud participaría como perito en la
Comisión para la Investigación de Negligencias en el Deber Militar como ser
relata en el artículo “Sobre el Trauma y el Estado con Sigmund Freud como
testigo” de Elizabeth Ann Danto donde
Freud defendió a soldados traumatizados por la guerra que acusaban de tortura a
militares austriacos que los consideraban como simplemente simuladores que
fingían síntomas para evitar el combate, y justificaba el uso de descargas
eléctricas como "tratamiento motivacional." Freud, en cambio, planteó
que los psiquiatras militares, no los soldados, eran los verdaderos
responsables de las neurosis de guerra y que la misma era una respuesta
legítima e inconsciente al terror de la guerra, no una debilidad moral. Danto
argumentará que Freud reencuadró el trauma de guerra como un problema colectivo
y político, no como un fallo individual.
La
violencia de la guerra, similar a la pandemia, en especial la que se transmite
por aquellos que nos une a todes, el aire que respiramos es un problema que
mata especialmente a los Outsiders, como lo demostró el covid 19 donde primero
el Establishment se preguntaba el porqué de cierta raza eran más proclives a la
muerte y la enfermedad, hasta que otros advirtieron que no había nada racial orgánico
en juego sino racizado Outsider ya que era los que menos acceso a los servicios
de salud o “home office” tenían para subsistir; de ahí que la responsabilidad
social y clínica del psicoanálisis es con los outsiders que sufren la violencia
de la desigualdad.
El tren pequeño viajando por
la alfombra pasa entre las tres mujeres que -sobre el andén con su traje típico
del siglo XIX. El interior del vagón está repleto de maletas. En el campo por
el que va pasando el tren, hay en la orilla algunas maletas que rodeadas de
fruta podrida. Continua el tren por los Alpes austríacos entre montañas de
fruta. Finalmente, la vía termina ante una cabaña solitaria en las montañas.[15]
La animación está enmarcada por el título “Exilio”
y la fecha 1938, año del viaje en tren escapando de la persecución nazi.
Recuperan la imagen de las tres “mujeres que venden fruta que venden
fruta” de un sueño del autoanálisis. “Están acuclilladas sobre el
piso y ofrecen las cestas tan tentadoras de la estación de Estiria o Tirol (lugar
de la resistencia contra el señor feudal); figuras de la resistencia del
campo ante la violencia colonial.
Las maletas
que quedan con la fruta podrida cual “momento mori” remiten a la persecución y
el exterminio por parte de los nazis. Phillips recupera una anécdota relatada
en su libro “Becoming Freud”:
Cuando el analista francés René Laforgue
visitó a Freud en Viena en 1937 y le sugirió que se marchara, Freud respondió:
«¿Los nazis? No les tengo miedo. Ayúdeme más bien a combatir a mi verdadero
enemigo». Cuando Laforgue preguntó quién era, Freud replicó —para asombro
evidente de Laforgue—: «La religión, la Iglesia católica romana». Era el viejo,
el enemigo tradicional, el que Freud temía, y el que le impedía ver al nuevo.[16]
Estamos parcialmente de acuerdo con la
reflexión de Phillips sobre esa anécdota donde ve una negación de “la realidad
política en la que vivía”. Es cierto que Freud se resistía a dimensionar el
riesgo de permanecer en Viena, pero no tanto por no advertir la violencia del
racismo sino, tal vez, por verla desde su juventud. Como recuerda el documental
en la carta de 1936 a Romain Rolland:
“Pertenezco a una raza a la que en la Edad
Media se consideraba responsable de todas las pestes populares. Tales
experiencias tienen un efecto aleccionador y hacen que uno sea poco inclinado a
creer en ilusiones. También he empleado realmente una gran parte de mi trabajo
vital en destruir ilusiones. Pero
si esta no puede realizarse de manera aproximada, si no aprendemos en el curso
del desarrollo a desviar nuestros impulsos destructivos de nuestros semejantes,
si continuamos odiándonos unos a otros por pequeñas diferencias y matándonos
por pequeñas ganancias, si seguimos utilizando los grandes progresos en el
dominio de las fuerzas de la naturaleza una y otra vez para nuestra destrucción
mutua... ¿qué futuro nos espera entonces?”
La referencia a las ilusiones, obviamente nos
remite a lo analizado por Freud en 1927 en el clásico “El porvenir de una
ilusión” que comúnmente se asocia solamente al tema de la religión, aunque
nuestra lectura es similar a la de Gaztambide que reconoce que la crítica a la
religión, “contiene en su interior una crítica al capitalismo racial” y la
“certeza moral” de la religión blanca y cristiana[17], así como otras ilusiones
como el racismo de “ciertos nacionalistas,
para quienes los indogermanos serían la única raza apta para la cultura”,
la ilusión “de que el niño carecería de sexualidad.” Así como “patrimonios
culturales que tenemos en alta estima” y llega a preguntarse si ¿No
deberán llamarse también ilusiones… una serie de ilusiones eróticas no
enturbiará en nuestra cultura las relaciones entre los sexos? [18]
Sin embargo, la carta a Rolland en 1936 se
pregunta por el futuro si no logramos desviar nuestra agresión de nuestros
semejantes, el odio por la diferencia del otro y cambiar nuestro dominio de la
naturaleza para que no sea nuestra autodestrucción. Freud parece que escribe
esa carta a nosotros en pleno siglo XXI, a noventa años de escribirla, donde el
psicoanálisis tiene que ocuparse de construir un futuro que tienda los grandes
problemas de la guerra, la discriminación y la ecología, como temas que nos son
comunes a todes. Así llegamos a la animación de cierre.
El tren, sobre la alfombra y las montañas
rojas, va de regreso. Pasa por los chow chows Yofi y Lun. Sale en el atardecer
del túnel urinal de porcelana. En el ocaso de un sol que es una naranja gigante
el tren pasa por los lobos blancos del Hombre de los lobos. El tren pasa por un
lago que la orilla están las flores violetas mientras que un Freud anciano ve
por la ventana hacia el cielo. Viaja solo en un cabús que se pierde de vista.
Ese viaje de regreso es un recorrido que abre
una pregunta ¿Cuál es la herencia freudiana? Como señala Anat Tzur Mahael: “No
podemos imaginar un mundo sin Freud. Desde su consultorio, Freud cambió el
mundo y nuestra forma de percibirlo de manera duradera”.
El tren pasa por la herencia clínica de Freud
al recordarnos al Hombre de los Lobos, la importancia de la infancia, la
historia social, así como los objetos marginales como los sueños y los cuentos
infantiles. Una clínica que habla del Outsider
cuerpo erótico con esa naranja gigante como el sol a la distancia.
Al despedir a Freud dejando la vía libre, el
documental tiene la virtud de volver a preguntarnos por esa herencia en
especial desde el costado de lo Outsider.
Cerramos con la invitación de Carolyn
Laubender en su artículo sobre Freud en la actualidad, “en épocas de crisis
y autoritarismo (como actualmente)”
“A medida que surgen nuevas formas de
autocracia multinacional, inmigrantes son demonizados y detenidos, y el
genocidio es transmitido en vivo, el psicoanálisis prospera de nuevo… el
trabajo un grupo creciente de intelectuales clínicos ha devuelto el aprecio
cultural al psicoanálisis. Donde Solms gira hacia la neurología, otros
-incluyendo Jamieson Webster, Patricia Gherovici, Avgi Saketopoulou y Lara
Sheehi- nos devuelven a la urgencia política del psicoanálisis.… La resurgencia
colectiva de intereses en el psicoanálisis también está actuando sobre la
disciplina misma para que se transforme. Antiguas suposiciones -como la idea
que los terapeutas deben ser neutrales (entendiéndose
como despolitizados) o que la heterosexualidad es la norma- están siendo
desafiadas. Y la práctica psicoanalítica está siendo reinventada a lado de
muchos movimientos de justicia social y solidaridad. Este es un momento en el
que muchos se están uniendo para reformular lo que el psicoanálisis puede ser.
Queda por ver si este renacimiento perdurará. Pero, por ahora, a medida que las
crisis políticas se acumulan y los métodos terapéuticos tradicionales parecen
ser insuficientes, las reflexiones de Freud sobre la psiquis humana están
encontrando nuevas audiencias ansiosas de entender la oscuridad de nuestros
tiempos.” (Laubender, 2026)[19]
El
documental nos invita recordar la importancia del psicoanálisis y re-animarlo
desde la creatividad del Outsider, pero sin olvidar de escuchar lo que implica
ser marginado.
[1] Rank,
O. (1918) El Doble. Un estudio psicoanalítico (p. 18). Mandragorazur.
Edición de Kindle.
[2] "Outsider. Freud": Post-Screening Conversation with
Director Yair Qedar https://www.youtube.com/watch?v=U7x95pK5mLk&t=399s
[3]
Ahora estoy sentado en el vagón… y llevo
en el ojal una cosa larga, extrañamente trenzada, en la que hay violetas
de un color entre violáceo y hechas de un material rígido, lo que llama
mucho la atención de la gente.
Freud, S. (1976). La interpretación de los sueños. (1900)
Obras completas Amorrortu Editores. Vol. IV. pág. 224
[4] Robert, Marthe. (1992). La revolución
psicoanalítica: La vida y la obra de Freud. Fondo de Cultura Económica.
Pág. 35-36.
[5] Freud,
S. (1976). Alocución ante los miembros de la Sociedad B'nai B'rith (1941
[1926]). En Obras completas de Sigmund Freud. Amorrortu editores. Vol. XX. pp.
263-264
[6] Freud,
S. (1925). Las resistencias contra el psicoanálisis. En Obras completas
de Sigmund Freud (Vol. XIX, p. 235).
Buenos Aires: Amorrortu Editores.
[7]
“… una clínica menor, designa un campo de trabajo psíquico inconsciente
abierto a las reivindicaciones minoritarias. No pretende llevar a la gente a la
normalidad, sin escucharlos en su diferencia y repensar el dispositivo mismo, a
partir de estas diferencias. Así, la clínica menor vinculará a las críticas queer
con su ejercicio, no para imaginar un psicoanálisis conforme a las identidades
minoritarias, al comunitarismo, sino para cuestionar los a priori
heteronormativos de una praxis centrada exclusivamente en la cuestión del falo
y el Edipo.”
Bourlez, F. (2021). Queer
psicoanálisis / Queoír psicoanálisis: Clínica menor y deconstrucción de género.
Editorial Artefactos. Pag. 34
[8]
“Los gays, las
lesbianas, los trans, los bi, los queer, las feministas, - todos los pueblos
menores, es decir: todos los habitantes marginados, ellos y ellas que,
explícitamente, no habitan en el interior de la pareja blanca heterosexual,
ellos y ellas que, son minoría, no por el número sino por el acceso al poder de
decir y decirse públicamente- han lamentado y denunciado constantemente las
declaraciones, las convicciones teóricas, incluso, las actitudes en la práctica
de los profesionales de la escucha del inconsciente. Ellos y ellas han sido
heridos… Mi hipótesis es simple. Estas críticas testimonian una resistencia a
la causa analítica; pero ello no invalida su posición. Les muestran a los
psicoanalistas la vía hacia el Afuera. De tanto quedarse en sus consultorios,
de tanto concentrarse en “la no existencia de la relación sexual” corremos el
riesgo de negar la existencia de lo que es. Se trata de pensar/sanar estas
heridas… el Afuera entra en nuestros consultorios, en nuestras instituciones y
nos invita a plegarnos. Nos alienta a no repetir. Nos pide no sistematizar. En
resumen, nos propone inventar.” Bourlez, 2021. Pág. 21.
[9]
De nuevo estoy ante la estación
ferroviaria, pero en compañía de un señor mayor; invento un plan para pasar
inadvertido, y en el mismo momento veo cumplido ese plan. Pensar y vivenciar
son, por así decir, uno. Él se finge ciego, al menos de un ojo, y yo le
pongo por delante un orinal (de cristal) masculino (lo hemos comprado o tenemos
que comprarlo en la ciudad). Soy entonces un enfermero y debo tenerle el
orinal porque él está ciego. Si el inspector nos ve así, tiene que dejarnos
escapar sin fijarse en nosotros. En tanto, veo plásticamente la posición del
otro y su miembro que orina. (Después, me despierto con ganas de orinar.)
Freud, S. (1976). La interpretación de los sueños. (1900)
Obras completas Amorrortu Editores. Vol. IV. pág. 224
[10] Freud,
S. (1991). La interpretación de los sueños (I). (J. L. Etcheverry,
Trad.). Amorrortu Editores. (Obra original publicada en 1900). Pág. 211-212.
[11] “… Un
señor P. es el gobernador. Estoy de pie junto a él en un gran salón de tres
ventanas… Tememos que se presenten de pronto buques de guerra enemigos, pues
estamos en guerra… Su mujer enferma se encuentra con sus hijos en el castillo
amenazado. Cuando empiece el bombardeo, la gran sala deberá evacuarse. El
respira con dificultad y hace ademán de alejarse…, pero al instante cae por
tierra muerto. Es que yo debo de haberlo fatigado inútilmente con las
preguntas. Después de su muerte, que además no me hizo ninguna impresión, me
acuden pensamientos: si la viuda permanecerá en el castillo, si yo debo comunicar
la muerte al comando superior y si, como soy el que le sigue en el mando, debo
asumir la jefatura del castillo. Ahora estoy a la ventana y observo los navíos
que pasan; son buques mercantes que navegan a escape por el agua oscura,
algunos con varias chimeneas, otros con la cubierta abombada… Después mi
hermano está a mi lado, y los dos miramos por la ventana hacia el canal. A
la vista de un navío nos aterrorizamos y gritamos: «¡Ahí viene el navío de
guerra!». Pero, al parecer, sólo era que regresaban los mismos barcos que
ya conozco. Ahora viene un pequeño navío, cómicamente seccionado, de manera que
se termina a la altura de su manga; sobre cubierta se ven cosas extrañas, como
copas o cajas. Gritamos como por una misma voz: «¡Es el navío del
desayuno!».
Freud, S. (1976). La interpretación de los sueños.
(1900) Obras completas Amorrortu Editores. Vol. V. pág. 461-462
[12] Jeanne Wolff Bernstein. “The
Spanish flu, Covid-19 and Sigmund Freud”
, https://www.freud-museum.at/en/blog-posts-details/articles/freud-spanish-flu-and-covid-19
[13]
“Es aquí donde tiene aplicación el elemento «inglés» que nos sobraba de los
navíos de guerra. Desayuno {en inglés) es breakfast, lo que rompe el ayuno. El
romper corresponde de nuevo al naufragio, y el ayuno se relaciona con la
toilette negra (El-objeto onírico significa, pues, toilette negra, luto, y
alude directamente a una muerte.)”
[14]
“Ese fue entonces el «navio del desayuno», y precisamente tras esta
reminiscencia del goce más jubiloso de la vida esconde el sueño los
pensamientos más conturbados sobre un futuro desconocido y ominoso.”
[15] La noche del 18 al 19 de julio
viajo por la línea ferroviaria del Sur, y oigo, dormido, que anuncian:
«Hollthurn, diez minutos». Enseguida pienso en las holoturias —un museo
de historia natural—, y que es este un lugar donde hombres valerosos han combatido
sin éxito contra las fuerzas superiores de su señor feudal. ¡Ah, la
Contrarreforma en Austria! Como si fuera un lugar de Estiria o del Tirol.
Ahora veo de manera desdibujada un pequeño museo donde se conservan los restos o
reliquias de esos hombres. Querría apearme, pero lo aplazo. Sobre el andén
hay mujeres que venden fruta, están acuclilladas sobre el piso y ofrecen las
cestas tan tentadoras. He vacilado, en la duda de que no tuviéramos ya
tiempo, y todavía ahora seguimos aquí. De pronto estoy en otro compartimiento
en que los cueros y los asientos son tan estrechos que se choca con la espalda
directamente en el respaldo. Eso me provoca asombro, PERO PUEDE SER QUE DORMIDO
YO HAYA TRASBORDADO. Hay mucha gente, y entre ella una pareja de hermanos; son
ingleses; veo con nitidez una serie de libros sobre un estante adosado a la
pared. Veo «Wealth of Nations», «Matter and Motion» (de
Maxwell), libro grueso y forrado en tela marrón. El hombre pregunta a su hermana por
un libro de Schiller, si ella lo ha olvidado. Los libros son por momentos como
míos, por momentos como de ellos dos. Quisiera mezclarme en la conversación para
corroborar ó para ir en respaldo de lo que dicen. . . Me despierto con todo el
cuerpo sudado; es que todas las ventanas están cerradas. El tren se detiene en
Maribor.
Freud, S. (1976). La interpretación de los sueños.
(1900) Obras completas Amorrortu Editores. Vol. V. pág. 453-454
[16] Phillips, A. (2014). Becoming
Freud: The Making of a Psychoanalyst. Yale University Press.
[17]
“Mucho después la piadosa Norteamérica demanda ser «God's own country» {«la
patria de Dios»}, y ello es en efecto así, respecto de una de las formas bajo
las cuales los hombres veneran a la divinidad. Las representaciones religiosas
resumidas en el párrafo anterior han recorrido, desde luego, un largo trayecto
de desarrollo; diversas culturas las sostuvieron en fases diferentes. He
seleccionado una sola de esas fases de desarrollo, que responde aproximadamente
a la configuración última de nuestra actual cultura cristiana y blanca.”
Freud, S. (1976). El
porvenir de una ilusión. En Obras completas (Vol. 21, pp. 1-55).
Amorrortu Editores. (Obra original publicada en 1927)
[18]
Freud (1927) Op. Cit. Pág. 34.
[19] Laubender,
C. (2026, 29 de marzo). Por qué Sigmund Freud recupera su popularidad en
épocas de crisis y autoritarismo (como ahora). BBC News Mundo. https://www.bbc.com/mundo/articles/cz0gd9lv9lyo
Comentarios