Outsider. Freud Re-animando lo excluído de Freud
Outsider. FreudRe-animando lo excluído de
Freud
Sinopsis: A través de la
animación y el comentario de expertos, sigue el camino de Freud como
intelectual judío en la Viena de la era Nazi, presenciando cómo la persecución
y el exilio influyeron en sus teorías innovadoras sobre la mente humana. Dirección: Yair Qedar
Desde su prólogo, Outsider Freud —el
documental del cineasta Yair Qedar estrenado en 2025— presenta ya la
perspectiva desde la que abordará la vida de Sigmund Freud. La voz en off lee
una carta del joven Freud a su entonces novia, Martha Bernays, en la que
reconoce sentirse siempre “extraño”; acto seguido, el psicoanalista Adam
Phillips evoca el recuerdo de la discriminación racista que marcó la biografía
de Freud. Estas primeras pinceladas sitúan el enfoque que da título a la
obra: “Outsider. Freud”. ¿Qué implica esa etiqueta? ¿Cómo debería
traducirse? ¿Freud forastero, marginal, minoría? ¿O más bien Freud creativo,
rebelde, innovador?
El outsider es un excluido. No es
simplemente un "creativo que piesa fuera de la caja" o un
"disruptivo cool", como suele idealizarse en la cultura pop, sino una
categoría estructural que designa a aquel individuo o grupo que ha sido excluido activamente
de los centros de poder, decisión y reconocimiento simbólico de una sociedad
por lo que es minoría aunque se un grupo con mayor miembros. Lejos de ser una
elección voluntaria, la condición de outsider es el producto
de dinámicas de normalización y control social que etiquetan como
"desviadas" o "inferiores" a ciertas identidades (ya sea
por clase, raza, género, capacidad o procedencia), negándoles el acceso a los
derechos y privilegios del insider. Un malentendido común es
confundir esta exclusión con marginación por "falta de mérito" o
"capacidad", cuando en realidad responde a un orden jerárquico que
fabrica activamente la alteridad para sostenerse a sí mismo. Por ello, ser outsider no
es una esencia, sino una posición relacional impuesta por un
sistema que excluye para incluir de manera desigual. Por lo anterior, se puede
pasar de outsider a insider como le sucedió a muchos judíos que al migrar por
la persecusión nazi lugares como México, aqui se encontraron con su
estatus racial había cambiado, en Alemania eran outsiders no europeos y aqui,
se convirtieron en insiders, europeos blancos.
Hablar de outsider remite
necesariamente a una relación con el establishment, y esa
referencia resulta paradójica cuando se piensa en Freud como el padre del
psicoanálisis y el representante por excelencia de la ortodoxia institucional
en la salud mental. Sin embargo, ahí radica precisamente la tensión que
atraviesa su figura: una tensión que habita en el propio Freud, en el director
del documental —quien, durante el proceso de realización, tuvo que desprenderse
del Freud familiar y consagrado por la ortodoxia—, e incluso entre los propios
entrevistados del filme. Mientras unos leen lo outsider de
Freud desde la marginalidad y la disidencia, otros lo interpretan desde la
mirada del establishment, concibiendo su condición de
"underdog" como “la clave de su éxito” -olvidando que en la
experiencia contemporanea donde ganan elecciones "ousiders" de la
"vieja casta política tradicional", por lo general no son outsiders del
establishment de poderes fácticos o élite social.
Nuestros comentarios sobre el filme seguirán la
propuesta de un psicoanálisis a la luz del cine, la cual sigue el
estudio del psicoanálisis de las obras cinematográficas inaugurado por Otto
Rank cuando reconoció su valor ya que el cine -similar a los sueños- “puede
también expresar algunos hechos y relaciones psicológicos con imágenes tan
claras y patentes, que faciliten nuestra comprensión de ellos…(ya) que
muchas veces un tratamiento moderno consigue reaproximarse, de manera
intuitiva, al significado real de un antiguo tema que se ha vuelto
ininteligible, o que se ha entendido mal en su paso por la tradición”.[1]
En este análisis, nos detendremos en las bellas
secuencias de animación de estilo onírico, cortesía de la premiada Tal Kantor,
para estudiarlas como si se tratara del relato de un sueño. Para ello,
examinaremos las representaciones visuales que utiliza, las cuales dialogan
directamente con diversos sueños documentados en La interpretación de
los sueños. Estas representaciones serán asociadas con los comentarios de
los expertos entrevistados en el filme, respetando su función narrativa:
aparecen para condensar artísticamente los subtemas de cada capítulo, tal como
está organizada la obra a partir de su eje central: lo outsider de
Freud.
Esta condición de marginado, en palabras del director,
alude a aquello que Freud tuvo que enfrentar, superar o elaborar a lo largo de
su vida, enfoque que, al localizarlo en su propio análisis, permitió a Qedar
salir de la inhibición que la abundancia de materia sobre Freud le generaba
-además de la posible resistencia a que se convirtiera en propaganda política,
por mencionar el elefante sionista en la sala. La estructura del filme refleja
este recorrido existencial en cuatro capítulos: “El primer capítulo:
su identidad judía, El segundo capítulo: la muerte de su padre y la invención
del psicoanálisis, El tercer capítulo: las muertes de familiares y El cuarto
capítulo: superar la vida con la eutanasia”.[2]
Capítulo 1. El Judío.
1878Freud como outsider racial
Un tren de 1900 va
desplazándose sobre vías encima de un suelo que es la alfombra del
consultorio de Freud. De fondo, unas montañas en un color rojo que combina con
el suelo que es la alfombra y el tren. En el interior del vagón, como único
pasajero, Freud ve por la ventana alejarse del campo. Trae un saco café con un
chaleco violeta radiante y unas flores del mismo color en la solapa. Ahora se
transformado en alguien de traje completamente violeta y, en lugar de su
rostro, un ramillete de flores del mismo color.[3]
El viaje en tren será el símbolo
central de Outsider Freud, ese Freud que emprende la aventura del
viaje, pero desde el desplazamiento y la soledad, la discriminación como
minoría. Lo llamativo de que sea un tren justamente el símbolo de Outsider
Freud es la relación con el síntoma fóbico por el viajar en tren en la
juventud de Freud. Outsider Freud es Freud Migrante, Minoría y
Desplazado. Freud ve por la ventana del tren alejarse del campo como mostrando
lo dicho por Marthe Robert (1992), que el “cambio doloroso en
la vida del pequeño Sigismund, que no dejó de lamentar el cambio de la alegría
de la vida en el campo por la aspereza de la capital… todo esto determinó una
grave fobia a los viajes en tren, que sólo logró suprimir a través del
análisis”.[4]
Outsider Freud viajando en tren, es un migrante perseguido por el racismo más allá de su
condición judía y más con lo que comparte con ser minoría ante la disyuntiva de
la asimilación. El capítulo 1: El Judío; está enmarcadao en la fecha 1878,
fecha en que Freud, de 22 años, cambia su nombre de Sigismund Schlomo a
Sigmund, como estrategia de asimilación. Hablará alemán, no celebrará rituales,
tuvo una niñera católica que le habló del buen Dios y el infierno, no tendrá un
Bar Mitzvah. Su adhesión al judaísmo será solo en el orgullo de pertenecer una
minoría.
“…
quizá su propia personalidad (la de Freud mismo), como judío que no quiso
ocultar su judaísmo, tuvo algo que ver en la antipatía de los contemporáneos
hacia el psicoanálisis. Rara vez se expresó en alta voz un argumento de este
tipo, pero por desdicha nos hemos vuelto tan recelosos que no podemos dejar de
conjeturar que esa circunstancia no ha sido del todo ajena. Y, por otro lado,
acaso no fue mera casualidad que el primer sostenedor del psicoanálisis fuera
un judío. Para abrazarlo hacía falta cierta aquiescencia frente al destino de
encontrarse aislado en la oposición, un destino más familiar al judío que a los
demás.”[5]
“Lo
que me ataba al judaísmo no era ni la fe ni el orgullo nacional… Pero restaban
sobradas cosas que volvían irresistible la atracción del judaismo y de los
judíos … Porque era judío me hallaba libre de muchos prejuicios que limitaban a
los otros en el uso de su intelecto, y como judío estaba preparado para pasar a
la oposición y renunciar a la aquiescencia de la «compacta mayoría»”.[6]
Como Makari y Mahael mencionan en el
documental: “Desde su nacimiento pertenecía a una minoría, y tuvo que
luchar arduamente por su formación y su carrera” y “Viena (en un imperio en
crisis financiera y social) hizo de los judíos su chivo expiatorio." Phillips
por su parte menciona: “Él vive en una cultura hostil, pues es evidente que los
judíos aquí no son bienvenidos… Freud busca asimilarse, pero sin hacer
concesiones ni traicionarse a sí mismo.”
Sin embargo, la animación revela la trampa de la
asimilación. Por más que Freud intente integrarse, siempre será percibido como
un extraño, como un otro. Y quizá, precisamente, cuanto más se esfuerza por
asimilarse, más evidente se vuelve su diferencia. Es la paradoja que enfrenta
todo sujeto racizado que aspira a la pertenencia: el intento
de borrar la propia identidad sólo confirma la mirada que lo excluye. La
animación no muestra un viaje de integración, sino la persistencia de una
alteridad irreductible, como el color violeta que pasa de la flor en la solapa
al traje entero y su rostro.
Esa otredad Outsider, también la comparte con las
otras minorías rechazadas del imperio. Como todo discurso de dominación, la
otredad es su síntoma, lo que se mantiene Outsider de la pureza de la
identidad dominante. La dominación colonial crea al otro racizado que lo
amenaza, la patriarcal crea a La Mujer madre-puta y la heteronorma requiere
odiar lo queer de la sexualidad en su diversidad.
En el documental, Esther Hutfless identifica este
lugar outsider de la exclusión y la minoría con el “mundo gay, lésbico,
queer y trans.” Compartiendo “ese sentimiento de exclusión, de
pertenecer a una minoría”. Por su parte, Fabrice Bourlez apunta que “pertenecer
a una minoría significa sufrir estigmatizaciones” lo que lleva a Freud
a “esta atención a las diferencias, a las minorías, a quienes no
encajan en el molde”, de quienes son outsider, que están Afuera, donde
escucharlos constituye una clínica menor[7], como elabora
en su libro “Queer psicoanálisis / Queoír psicoanálisis: Clínica menor y
deconstrucción de género”.[8]
Este primer capítulo, y senda animación, nos recuerda
el aspecto outsider de la vida de Freud como parte de una minoría y la sintonía
con otras minorías sexuales, raciales o de clase. Una marginación que habla, si
nos permitimos escucharla, como el queoír de Bourlez. Un Outsider
Freud es un Freud Queer, es un Freud Chiriwuillo,
un Freud Femenino -como aquello que constituían los “chivos
expiatorios” del racismo en Viena de tiempos de Freud. Un Freud que
inventará una clínica que escucha lo de Afuera-adentro, como lo mostrará el
siguiente capítulo.
Capítulo 2. Freud se convierte en Freud. 1900Freud y su clínica outsider
El tren sigue viajando
sobre la alfombra. Freud, dentro de un vagón, observa una serie de urinarios.
Un puro comienza a vertir agua sobre un urinal de cristal. El vagón comienza a
inundarse. En el exterior, el tren va a entrar en una especie de túnel pero que
es un orinal gigante de porcelana.[9]
De la mano de la animación, Freud se ve llevado hasta
los urinarios, y observa cómo el agua que brota del puro los inunda sin cesar.
Estamos, sin duda, en el terreno del inconsciente. Phillips señala el
"descubrimiento freudiano del inconsciente" como "el momento
central de su vida": en primer lugar, porque "el inconsciente
representaba una forma de pensar radicalmente alternativa; y en segundo, porque
en él se ocultan todos nuestros deseos prohibidos".
Estamos ante la conversión de Freud en analista que
nos recuerda a la forma como reelabora el concepto de Trastorno de
Conversión Jamieson Webster:
“…
conversión, que se refiere no solo al punto de inflexión casi religioso en la
extraña vida de un psicoanalista -el paso de analizante a analista- sino
también a aquello en lo que se basa el psicoanálisis. Freud se encontró con la
conversión al escuchar a mujeres supuestamente enfermas en la Viena de
principios del siglo XX, demostrando que era posible -solo con la palabra-
alterar el cuerpo y la psique… Uno se convierte en psicoanalista porque cree en
el poder de las aperturas, los reveses y las revelaciones, así como en las
rupturas de un sistema que puede crear nuevas sensualidades y configuraciones
sintomáticas”. [10]
La imagen de los urinarios remite directamente al
sueño de Freud en el que ayuda a un hombre tuerto a orinar y, al
despertar, siente la necesidad de ir al baño. Sin embargo, el deseo prohibido
–inconsciente– no reside en las ganas de orinar. Para Freud, la cuestión está
en por qué el sueño adopta precisamente esa forma. De ahí que el inconsciente
no sea el subconsciente ni lo no consciente, sino, como dice Phillips, una
forma outsider de pensar. Resaltamos el hecho de enmarcar este
capítulo 2: Freud convirtiéndose en Freud, con el año 1900, la
publicación de Interpretación de los Sueños donde la apuesta
clínica es sobre un objeto de estudio outsider, marginal, los sueños.
Cabe preguntarse si ese viejo tuerto al que hay que
auxiliar para orinar no forma parte del duelo de Freud por su padre y de los
sentimientos hostiles que le generan autorreproches y culpa. La ambivalencia
ante la muerte de Jacob Freud será el detonante de la crisis que llevará a
Freud a su autoanálisis que será el impulso creador del psicoanálisis.
Mucho se ha destacado la ambivalencia en clave
edípica; sin embargo, desde la mirada de un Freud outsider,
conviene resaltar el otro aspecto que desencadenaron los autorreproches por
aquellos sentimientos hostiles hacia su padre: el que remite al racismo y a la
asimilación racial. Baste señalar que los diversos sueños posteriores a la
muerte del padre no solo ponen de manifiesto esa ambivalencia, sino que
aparecen los sueños de viajar en tren hacia Roma sin poder llegar a ella. Freud
los interpreta como el anhelo de conquistar, como Aníbal, la ciudad
eterna, donde "Aníbal y Roma simbolizaban… la oposición entre la
tenacidad del judaísmo y la organización de la Iglesia Católica”[11]; hasta
desembocar finalmente en el recuerdo del padre que le relata el racismo vivido
en su juventud.
La animación nos remite al cuerpo y lo sexual en el
Inconsciente, como aquello que se constituye desde lo outsider. Pura pulsión
encontramos en ese puro que se le hace agua a Freud. Lo oral,
anal y fálico muestran ese descubrimiento de lo outsider del inconsciente. La
pulsión como lugar outsider de lo somático con sus necesidades fisiológicas y
outsider de lo meramente intelectual y social. La necesidad erotizada, que es
la pulsión, da cuenta de un campo outsider.
Como precisa Bourlez, con respecto a la propuesta
freudiana sobre la sexualidad, “Todos somos perversos polimorfos. Significa que
no hay normalidad en lo que respecta a la sexualidad. Ningún ser humano es
normal. Así que, a los ojos de Freud, todos somos un tanto queer.
Polimorfo significa que puede haber todo tipo rostros, todos los aspectos,
todas las variedades. Hay variaciones del campo de la sexualidad para Freud”.
El inconsciente será lo outsider dentro, y sus objetos
de estudio más importantes son fenómenos outsiders, marginales, no serios:
sueños, chistes, lapsus. Así como la clínica estará siempre localizada en lo
marginal, lo no científico, la no evidencia, por más que allá efectos de
curación.
De nuevo el tren recorre la alfombra del consultorio, pero ahora la escena
es otra: estamos en el espacio de Freud, con su diván, los adornos y las
fotografías de familiares, y en el centro, las pirámides de Egipto. Al fondo,
el puro del que brota agua hacia el urinal de cristal.
Cuando se aplica la regla fundamental, de nuevo con la
metáfora del viaje en tren, es invitar a los pensamientos comúnmente outsiders
a ser tomados en cuenta. Cuéntelo todo, en especial lo que siempre prefiere
dejar afuera. En la actualidad, la apuesta por una clínica de la escucha se
presenta como una verdadera outsider frente a las psicoterapias de la medición
y los consejos de los ChatGPTerapeutas. Estos últimos, se dirigen
al consultante como si fueran un gran Oráculo que lo sabe todo, pero con la
forma de un amigo robot que nos conoce al detalle; o bien, para no sentirnos
tan dueños consentidos, podemos configurarlo para que nos rete y nos hable con
más brusquedad: ¡Al usuario, lo que pida!
Sin embargo, la clínica de Freud es una Outsider para
el cliente consumidor, ya que invita a alguien que no sabe qué se encontrará
cuando deje aparecer lo que, justamente, suele quedar fuera de su decir y su
imagen, su historia outsider.
Capítulo 3.
Amor/Muerte. 1923Freud y la guerra contra los outsiders
Freud, en el tren, pensativo, ve por la ventana y luego hacia el vaso con
agua en la mesa. El tren se detiene hay nubarrones que empiezan a oscurecer el
paisaje a la orilla del mar. Freud, en la oscuridad del vagón, mira
por la ventana y ve acercarse a seis buques de guerra. Parece que empezará la
tormenta y ahora ve en el mar, un huevo cosido, una tetera y una taza de té,
¿El navío del desayuno?[12]
El capítulo resalta el año 1923 y se
llama Amor/Muerte, abordando el momento en la vida de Freud marcado por la
muerte y la enfermedad. Como resume Anat Tzur Mahael “En 1923 le
diagnostican cáncer y muere su nieto, llamado Heinz -Heinele. Pierde sus ganas
de vivir.” Estas terribles pérdidas se unen al dolor por la muerte de
su querida hija Sophie tres años, por complicaciones por la gripe española. Así
lo expresa a Oskar Pfister, su amigo, el pastor suizo, en la parte final de la
carta, continuación del extracto que aparece en el documental:
“Sophie deja dos hijos, uno de seis años y otro de trece meses, y un
marido desconsolado que tendrá que pagar un alto precio por la felicidad de
estos siete años (de matrimonio). La felicidad residía exclusivamente en su
interior; exteriormente, la guerra, el reclutamiento, las heridas, el
agotamiento de sus recursos, pero ellos se mantuvieron valientes y alegres.
Trabajo todo lo que puedo y agradezco la distracción. La pérdida de un hijo
parece ser una herida narcisista grave; lo que se conoce como duelo probablemente
llegará más adelante.” (Ernst
Freud, 1960, págs. 327, 328)[13]
La animación resalta estos tiempos sombríos y nublados
para Freud y el mundo, los nubarrones solo oscurecen más al viajero en el tren
que baja la mirada hacia un solitario vaso de agua. La animación, aunque se
trata de imágenes de sueños de Freud antes de 1900, son colocados para enmarcar
estos momentos de su vida y su obra, sus “temas de actualidad” desde
1915: De guerra y muerte.
Los buques de guerra se aproximan
e incluso su transformación en “los navíos del desayuno” remite a la guerra y
la muerte en su sueño original“Es aquí donde tiene aplicación el elemento
«inglés» que nos sobraba de los navíos de guerra. Desayuno {en inglés) es
breakfast, lo que rompe el ayuno. El romper corresponde de nuevo al naufragio,
y el ayuno se relaciona con la toilette negra (El-objeto onírico significa,
pues, toilette negra, luto, y alude directamente a una muerte.)”[14] A la muerte de
Sophie había que sumarle el dolor y la preoupación por captura de su hijo
Martin en tiempos de la primera Guerra Mundial, liberado hasta 1919.
Sin embargo, como menciona Eran Rolnik: “Los
momentos difíciles para Freud como persona fueron a menudo momentos
especialmente productivos para la teoría psicoanalítica. Su capacidad para
trabajar y escribir, incluso cuando estaba deprimido y abatido, nos permite
seguir sus ideas”. Hasta el sueño de los “navíos del desayuno” tenía un
carácter jubiloso.[15] Henry Szor nos recuerda que en esa época melancólica
Freud “Escribe. Estaba constantemente deprimido y solo mediante escribir,
escribir, escribir podía conciliar el sueño. Ese es Freud”.
¿Qué ideas produce Freud en esa época? En los textos
que publica en los años inmediatamente posteriores a la Primera Guerra Mundial
se manifiesta con claridad su preocupación por los efectos de la violencia
sobre los outsiders. En Más allá del principio del placer (1920),
Freud introduce la noción de pulsión de muerte, un concepto que emerge
directamente de su observación de los soldados afectados por la guerra
(neurosis de guerra), cuyas pesadillas ("sueños de los neuróticos
traumáticos") repetían una y otra vez la experiencia del horror, como
si el psiquismo estuviera condenado a revivir aquello que no puede elaborar,
mostrando un más allá del principio del placer que hace del sueño -incluso el
de angustia y el punitorio- realización de deseo inconsciente.[16] Al año
siguiente, en Psicología de las masas y análisis del yo (1921),
Freud analiza los mecanismos de identificación y sugestión que operan en los
grupos, anticipando la lógica del fascismo que comenzaba a vivirse en Europa.
Pero retoma el ejemplo de los soldados con "las neurosis de guerra que
desgarraban al ejército alemán" y apunta "... es lícito afirmar
que el trato falto de amor que el hombre común recibía de sus superiores se
contó entre los principales motivos de contracción de neurosis."[17] Esa
"falta de amor" que menciona Freud ¿es similar a lo estudiado por
Patricia Gherovici con rspecto al "Síndrome Puertorriqueño” como respuesta
de aquellos outsiders latinos a la guerra enviados por los colonizadores
estadounidenses[18]?
es decir, ¿los soldados propensos a desarrollar "neurosis de guerra"
son aquellos que responden a una doble violencia, la de los horrores de la
guerra y la violencia en la propia compañía militar que los ve como outsiders?
Es imprescindible recordar que, por esa misma época,
Freud participó como perito en la Comisión para la Investigación de
Negligencias en el Deber Militar, como lo reporta Elizabeth Ann Danto en su
artículo "Sobre el Trauma y el Estado con Sigmund Freud como
testigo"[19]. Allí,
conocemos como Freud defendió a soldados afectados por la guerra que eran
acusados de simulación por los militares austriacos, quienes justificaban el
uso de descargas eléctricas como un "tratamiento motivacional" para
castigar la supuesta cobardía. Freud, en cambio, sostuvo que los psiquiatras
militares, no los soldados, eran los verdaderos responsables de las neurosis de
guerra, y que el trauma era una respuesta legítima e inconsciente al terror del
combate, no una falla moral ni una debilidad de carácter. Danto argumenta, así,
que Freud reencuadró el trauma de guerra como un problema colectivo y político,
y no como un fracaso individual. En este gesto, Freud se sitúa del lado del
outsider: el soldado traumatizado, como él mismo, es víctima de una violencia
que lo excede y que busca silenciarlo.
La violencia de la guerra, al igual que la de una
pandemia, se transmite a través de aquello que nos une a todos: el aire que
respiramos. Y es precisamente ese tipo de violencia el que mata de manera
desproporcionada a los outsiders. Como lo aborda Wolff
Bernstein en su artículo durante la pandemia de la Covid-19 donde encuentra paralelismos
entre la “gripe española” de tiempos de Freud y la pandemia contemporánea:
"Existen
innumerables paralelismos entre la gripe española y la pandemia actual
(Covid-19), empezando por los síntomas (tos seca, fiebre alta, escalofríos,
neumonía) y la evolución de la enfermedad (si la inflamación no mejoraba, la
muerte solía producirse a los nueve o diez días, y los supervivientes se
quejaban de fatiga severa y posterior depresión); pasando por los primeros
rumores sobre el origen del virus —"noticias falsas"—, sobre la
evolución y la propagación de la enfermedad (la gripe se importó de España a
través de alimentos enlatados, que a su vez fueron envenenados por los
alemanes); hasta llegar a la abrumadora cantidad de muertes".[20]
El covid-19 lo demostró con
crudeza: al principio, el establishment científico se
preguntaba por qué ciertos grupos raciales eran más proclives a la enfermedad y
a la muerte, hasta que otras voces advirtieron que no había en juego ningún
factor racial orgánico, sino un factor racizado: la condición
de outsider. Eran quienes tenían menos acceso a los servicios de
salud, quienes no podían permitirse el lujo del home office para
subsistir. De ahí que la responsabilidad social y clínica del psicoanálisis no
pueda desentenderse de esa realidad: su lugar está con los outsiders que
sufren la violencia de la desigualdad.
Capítulo 4.
Exilio. 1936Freud como otsider desplazado
El tren pequeño viajando por la alfombra pasa entre las tres mujeres que
-sobre el andén con su traje típico del siglo XIX. El interior del vagón está
repleto de maletas. En el campo por el que va pasando el tren, hay en la orilla
algunas maletas que rodeadas de fruta podrida. Continua el tren por los Alpes
austríacos entre montañas de fruta. Finalmente, la vía termina ante una cabaña
solitaria en las montañas. [21]
La animación está enmarcada por el título
“Exilio” y la fecha 1938, año del viaje en tren escapando de la persecución
nazi. Recuperan la imagen de las tres “mujeres que venden fruta que
venden fruta” de un sueño del autoanálisis. “Están acuclilladas
sobre el piso y ofrecen las cestas tan tentadoras de la estación de Estiria o
Tirol (lugar de la resistencia contra el señor feudal); figuras de la
resistencia del campo ante la violencia colonial.
Las maletas que quedan con la fruta podrida cual
“momento mori” remiten a la persecución y el exterminio por parte de los nazis.
Phillips recupera una anécdota relatada en su libro “Becoming Freud”:
Cuando el analista francés René Laforgue visitó a Freud en Viena en 1937 y
le sugirió que se marchara, Freud respondió: «¿Los nazis? No les tengo miedo.
Ayúdeme más bien a combatir a mi verdadero enemigo». Cuando Laforgue preguntó
quién era, Freud replicó —para asombro evidente de Laforgue—: «La religión, la
Iglesia católica romana». Era el viejo, el enemigo tradicional, el que Freud
temía, y el que le impedía ver al nuevo.[22]
Estamos parcialmente de acuerdo con la reflexión de
Phillips sobre esa anécdota donde ve una negación de “la realidad política en
la que vivía”. Es cierto que Freud se resistía a dimensionar el riesgo de
permanecer en Viena, pero no tanto por no advertir la violencia del racismo
sino, tal vez, por verla desde su juventud. Como recuerda el documental en la
carta del 19 de marco de 1923 -aunque el documental la fecha en 1936- a Romain
Rolland:
“Pertenezco a una raza que en la Edad Media era
tenida por responsable de todas las epidemias y a la que hoy se atribuye la
desintegración del Imperio austriaco y la derrota alemana. Tales experiencias
le quitan a uno la esperanza, y, desde luego, no dan base par concebir
ilusiones. Gran parte del trabajo de mi vida ha transcurrido intentando
destruir ilusiones. Mas si aquéllas no pueden ser hechas realidad, o lo
logran sólo en parte; si en el curso de nuestra evolución no aprendemos a
desviar a los propios pulsiones de la senda que conduce a la destrucción de
nuestros semejantes; si continuamos odiándonos por cosas insignificantes y
exterminándonos por un ruin ánimo de lucha; si seguimos explotando los grandes
progresos realizados en el control de los recursos naturales para nuestra
eliminación mutua, ¿qué clase de futuro se ofrece a nosotros?” [23]
La referencia a las ilusiones, obviamente nos remite a
lo analizado por Freud en 1927 en el clásico “El porvenir de una
ilusión” que comúnmente se asocia solamente al tema de la religión,
aunque nuestra lectura es similar a la de Gaztambide que reconoce que la
crítica a la religión, “contiene en su interior una crítica al capitalismo
racial” y la “certeza moral” de la religión blanca y cristiana[24], así como
otras ilusiones como el racismo de “ciertos nacionalistas, para quienes los
indogermanos serían la única raza apta para la cultura”, la ilusión “de que el
niño carecería de sexualidad.” Así como “patrimonios culturales que tenemos en
alta estima” y llega a preguntarse si ¿No deberán llamarse también
ilusiones… una serie de ilusiones eróticas no enturbiará en nuestra cultura las
relaciones entre los sexos?[25]
Sin embargo, la carta a Rolland se pregunta por el
futuro si no aprendemos a desviar nuestra agresión de nuestros semejantes, el
odio por la diferencia del otro y cambiar nuestro dominio de la naturaleza para
que no sea nuestra autodestrucción. Freud parece que escribe esa carta a
nosotros en pleno siglo XXI, a más de noventa años de escribirla, donde el
psicoanálisis ayude a construir un futuro que tienda los grandes problemas de
la guerra, la discriminación y la ecología, como temas que nos son comunes a todes.
Así llegamos a la animación de cierre.
Vigencia y herencia outsider de Freud
El tren, sobre la alfombra y las montañas rojas, va de regreso. Pasa por
los chow chows Yofi y Lun. Sale en el atardecer del túnel urinal de porcelana.
En el ocaso de un sol que es una naranja gigante el tren pasa por los lobos
blancos del Hombre de los lobos. El tren pasa por un lago que la orilla están
las flores violetas mientras que un Freud anciano ve por la ventana hacia el
cielo. Viaja solo en un cabús que se pierde de vista.
Ese viaje de regreso es un recorrido que abre una
pregunta ¿Cuál es la herencia freudiana? Como señala Anat Tzur Mahael: “No
podemos imaginar un mundo sin Freud. Desde su consultorio, Freud cambió el
mundo y nuestra forma de percibirlo de manera duradera”.
El tren pasa por la herencia clínica de Freud al
recordarnos al Hombre de los Lobos, la importancia de la infancia, la historia
social, así como los objetos marginales como los sueños y los cuentos
infantiles. Una clínica que habla del Outsider cuerpo erótico con
esa naranja gigante como el sol a la distancia. Al despedir a Freud dejando la
vía libre, el documental tiene la virtud de volver a preguntarnos por esa
herencia en especial desde el costado de lo Outsider.
Cerramos con la invitación de Carolyn Laubender en su
artículo que pregunta “Por qué
Sigmund Freud recupera su popularidad en épocas de crisis y autoritarismo (como
ahora”).
“A
medida que surgen nuevas formas de autocracia multinacional, inmigrantes son
demonizados y detenidos, y el genocidio es transmitido en vivo, el
psicoanálisis prospera de nuevo… el trabajo un grupo creciente de intelectuales
clínicos ha devuelto el aprecio cultural al psicoanálisis. Donde Solms gira
hacia la neurología, otros -incluyendo Jamieson Webster, Patricia Gherovici,
Avgi Saketopoulou y Lara Sheehi- nos devuelven a la urgencia política del
psicoanálisis.… La resurgencia colectiva de intereses en el psicoanálisis
también está actuando sobre la disciplina misma para que se transforme.
Antiguas suposiciones -como la idea que los terapeutas deben ser
neutrales (entendiéndose como despolitizados) o que la
heterosexualidad es la norma- están siendo desafiadas. Y la práctica
psicoanalítica está siendo reinventada a lado de muchos movimientos de justicia
social y solidaridad. Este es un momento en el que muchos se están uniendo para
reformular lo que el psicoanálisis puede ser. Queda por ver si este renacimiento
perdurará. Pero, por ahora, a medida que las crisis políticas se acumulan y los
métodos terapéuticos tradicionales parecen ser insuficientes, las reflexiones
de Freud sobre la psiquis humana están encontrando nuevas audiencias ansiosas
de entender la oscuridad de nuestros tiempos.”[26]
El
documental nos invita recordar la importancia del psicoanálisis y re-animarlo
desde la creatividad del Outsider, pero sin olvidar de escuchar lo que implica
ser marginado.
[1] Rank, O. (1918) El Doble. Un estudio
psicoanalítico (p. 18). Mandragorazur. Edición de Kindle.
[2] "Outsider.
Freud": Post-Screening Conversation with Director Yair Qedar
[3] Las representaciones parecen corresponder a diversos
sueños en la Interpretación de la Sueños: "Ahora estoy sentado en el
vagón… y llevo en el ojal una cosa larga, extrañamente
trenzada, en la que hay violetas de un color entre violáceo y
hechas de un material rígido, lo que llama mucho la atención de la
gente." Freud, S. (1976). La interpretación de los
sueños. (1900) Obras completas Amorrortu Editores. Vol. IV. pág. 224
[4] Robert, M. (1992). La revolución
psicoanalítica: La vida y la obra de Freud. Fondo de Cultura
Económica. Pág. 35-36.
[5] Freud, S. (1925). Las resistencias contra el
psicoanálisis. En Obras completas de Sigmund Freud (Vol. XIX, p. 235). Buenos Aires: Amorrortu Editores.
[6] Freud, S. (1976). Alocución ante los miembros
de la Sociedad B'nai B'rith (1941 [1926]). En Obras completas de
Sigmund Freud. Amorrortu editores. Vol. XX. pp. 263-264
[7]
“… una clínica menor, designa un campo de trabajo psíquico inconsciente abierto
a las reivindicaciones minoritarias. No pretende llevar a la gente a la
normalidad, sin escucharlos en su diferencia y repensar el dispositivo mismo, a
partir de estas diferencias. Así, la clínica menor vinculará a las críticas
queer con su ejercicio, no para imaginar un psicoanálisis conforme a las
identidades minoritarias, al comunitarismo, sino para cuestionar los a priori
heteronormativos de una praxis centrada exclusivamente en la cuestión del falo
y el Edipo.”
Bourlez, F. (2021). Queer psicoanálisis / Queoír
psicoanálisis: Clínica menor y deconstrucción de género. Editorial
Artefactos. Pag. 34
[8]
“Los gays, las lesbianas, los trans, los bi, los queer, las feministas, - todos
los pueblos menores, es decir: todos los habitantes marginados, ellos y ellas
que, explícitamente, no habitan en el interior de la pareja blanca
heterosexual, ellos y ellas que, son minoría, no por el número sino por el
acceso al poder de decir y decirse públicamente- han lamentado y denunciado
constantemente las declaraciones, las convicciones teóricas, incluso, las
actitudes en la práctica de los profesionales de la escucha del inconsciente.
Ellos y ellas han sido heridos… Mi hipótesis es simple. Estas críticas
testimonian una resistencia a la causa analítica; pero ello no invalida su
posición. Les muestran a los psicoanalistas la vía hacia el Afuera. De tanto
quedarse en sus consultorios, de tanto concentrarse en “la no existencia de la
relación sexual” corremos el riesgo de negar la existencia de lo que es. Se
trata de pensar/sanar estas heridas… el Afuera entra en nuestros consultorios,
en nuestras instituciones y nos invita a plegarnos. Nos alienta a no repetir.
Nos pide no sistematizar. En resumen, nos propone inventar.” Bourlez, 2021.
Pág. 21.
[9]
"De nuevo estoy ante la estación
ferroviaria, pero en compañía de un señor mayor; invento un plan para pasar
inadvertido, y en el mismo momento veo cumplido ese plan. Pensar y vivenciar
son, por así decir, uno. Él se finge ciego, al menos de un ojo, y yo le
pongo por delante un orinal (de cristal) masculino (lo hemos comprado o tenemos
que comprarlo en la ciudad). Soy entonces un enfermero y debo
tenerle el orinal porque él está ciego. Si el inspector nos ve así, tiene
que dejarnos escapar sin fijarse en nosotros. En tanto, veo
plásticamente la posición del otro y su miembro que orina. (Después, me
despierto con ganas de orinar.)" Freud, S. (1976). La
interpretación de los sueños. (1900) Obras completas Amorrortu
Editores. Vol. IV. pág. 224
[10] Webster,
J. (2024). Trastorno de conversión: Escuchando al cuerpo en psicoanálisis.
Paradiso Editores. Pág. 31.
[11] Freud, S. (1991). La interpretación de los
sueños (I). (J. L. Etcheverry, Trad.). Amorrortu Editores. (Obra original
publicada en 1900). Pág. 211-212.
[12]
“… Un señor P. es el gobernador. Estoy de pie
junto a él en un gran salón de tres ventanas… Tememos que se presenten de
pronto buques de guerra enemigos, pues estamos en guerra… Su mujer enferma se
encuentra con sus hijos en el castillo amenazado. Cuando empiece el bombardeo,
la gran sala deberá evacuarse. El respira con dificultad y hace ademán de
alejarse…, pero al instante cae por tierra muerto. Es que yo debo de haberlo
fatigado inútilmente con las preguntas. Después de su muerte, que además no me
hizo ninguna impresión, me acuden pensamientos: si la viuda permanecerá en el
castillo, si yo debo comunicar la muerte al comando superior y si, como soy el
que le sigue en el mando, debo asumir la jefatura del castillo. Ahora estoy a
la ventana y observo los navíos que pasan; son buques mercantes que navegan a
escape por el agua oscura, algunos con varias chimeneas, otros con la cubierta
abombada… Después mi hermano está a mi lado, y los dos miramos por la ventana
hacia el canal. A la vista de un navío nos aterrorizamos y gritamos: «¡Ahí
viene el navío de guerra!». Pero, al parecer, sólo era que regresaban los
mismos barcos que ya conozco. Ahora viene un pequeño navío, cómicamente
seccionado, de manera que se termina a la altura de su manga; sobre cubierta se
ven cosas extrañas, como copas o cajas. Gritamos como por una misma voz: «¡Es
el navío del desayuno!».
Freud, S. (1976). La
interpretación de los sueños. (1900) Obras completas Amorrortu Editores.
Vol. V. pág. 461-462
[13] Jeanne Wolff Bernstein. “The
Spanish flu, Covid-19 and Sigmund Freud”
https://www.freud-museum.at/en/blog-posts-details/articles/freud-spanish-flu-and-covid-19
[14]
“Es aquí donde tiene aplicación el elemento «inglés» que nos sobraba de los
navíos de guerra. Desayuno {en inglés) es breakfast, lo que rompe el ayuno. El
romper corresponde de nuevo al naufragio, y el ayuno se relaciona con la
toilette negra (El-objeto onírico significa, pues, toilette negra, luto, y
alude directamente a una muerte.)” Freud, S. (1976). La interpretación de los sueños.
(1900) Obras completas Amorrortu Editores. Vol. V. pág. 463
[15] “Ese fue entonces el «navio del desayuno», y
precisamente tras esta reminiscencia del goce más jubiloso de la vida esconde
el sueño los pensamientos más conturbados sobre un futuro desconocido y
ominoso.” Freud, S. (1976). La
interpretación de los sueños. (1900) Obras completas Amorrortu Editores.
Vol. V. pág. 464
[16]
“Pero los mencionados sueños de los neuróticos traumáticos ya no pueden
verse como cumplimiento de deseo; tampoco los sueños que se presentan en los
psicoanálisis, y que nos devuelven el recuerdo de los traumas psíquicos de la
infancia. Más bien obedecen a la compulsión de repetición, que en el análisis se
apoya en el deseo (promovido ciertamente por la «sugestión») de convocar lo
olvidado y reprimido. Así, no sería la función originaria del sueño eliminar,
mediante el cumplimiento de deseo de las mociones perturbadoras, unos motivos
capaces de interrumpir el dormir; sólo podría apropiarse de esa función después
que el conjunto de la vida anímica aceptó el imperio del principio de placer.
Si existe un «más allá del principio de placer», por obligada consecuencia habrá
que admitir que hubo un tiempo anterior también a la tendencia del sueño al
cumplimiento de deseo. Esto no contradice la función que adoptará más tarde.
Pero, una vez admitida la excepción a esta tendencia, se plantea otra pregunta:
¿No son posibles aun fuera del análisis sueños de esta índole, que en interés
de la ligazón psíquica de impresiones traumáticas obedecen a la compulsión de
repetición?” Freud, S. (1976). Más allá
del principio del placer (1920) Obras completas Amorrortu Editores.
Vol. XVIII. pág. 32.
[17] Freud, S. (1976). Psicología de las masas y
análisis del yo (1921) Obras completas Amorrortu Editores. Vol. XVIII.
Pág. 90-91.
[18] Gherovici,
P. (2011). El síndrome puertorriqueño. Siglo XXI editores.
[19] Danto, E. A. (2016). Trauma
and the state with Sigmund Freud as witness. International Journal of Law
and Psychiatry, *48*, 50-56. https://doi.org/10.1016/J.IJLP.2016.06.004
[20] Wolff Bernstein, J. (2020,
junio 25). The Spanish flu, Covid-19 and Sigmund Freud. Sigmund Freud
Museum. https://www.freud-museum.at/en/blog-posts-details/articles/freud-spanish-flu-and-covid-19
[21]
“La noche del 18 al 19 de julio viajo por la línea ferroviaria del Sur, y
oigo, dormido, que anuncian: «Hollthurn, diez minutos». Enseguida pienso en las
holoturias —un museo de historia natural—, y que es este un lugar donde hombres
valerosos han combatido sin éxito contra las fuerzas superiores de su señor
feudal. ¡Ah, la Contrarreforma en Austria! Como si fuera un lugar de Estiria o
del Tirol. Ahora veo de manera desdibujada un pequeño museo donde se conservan
los restos o reliquias de esos hombres. Querría apearme, pero lo aplazo. Sobre
el andén hay mujeres que venden fruta, están acuclilladas sobre el piso y
ofrecen las cestas tan tentadoras. He vacilado, en la duda de que no tuviéramos
ya tiempo, y todavía ahora seguimos aquí. De pronto estoy en otro compartimiento
en que los cueros y los asientos son tan estrechos que se choca con la espalda
directamente en el respaldo. Eso me provoca asombro, PERO PUEDE SER QUE DORMIDO
YO HAYA TRASBORDADO. Hay mucha gente, y entre ella una pareja de hermanos; son
ingleses; veo con nitidez una serie de libros sobre un estante adosado a la
pared. Veo «Wealth of
Nations», «Matter and Motion» (de Maxwell), libro grueso y forrado en tela
marrón. El hombre pregunta a su hermana por un libro de Schiller, si
ella lo ha olvidado. Los libros son por momentos como míos, por momentos como
de ellos dos. Quisiera mezclarme en la conversación para corroborar ó para ir
en respaldo de lo que dicen. . . Me despierto con todo el cuerpo sudado; es que
todas las ventanas están cerradas. El tren se detiene en Maribor”.
Freud, S. (1976). La interpretación de los sueños.
(1900) Obras completas Amorrortu Editores. Vol. V. pág. 453-454
[22] Phillips, A. (2014). Becoming
Freud: The Making of a Psychoanalyst. Yale University Press.
[23] Goijman,
L. (2003, julio 22). Correspondencia Freud - Romain Rolland. Notas
sobre la angustia y la escritura. elSigma. https://www.elsigma.com/historia-viva/correspondencia-freud-romain-rolland-notas-sobre-la-angustia-y-la-escritura/3515
[24]
“Mucho después la piadosa Norteamérica demanda ser «God's own country» {«la
patria de Dios»}, y ello es en efecto así, respecto de una de las formas bajo
las cuales los hombres veneran a la divinidad. Las representaciones religiosas
resumidas en el párrafo anterior han recorrido, desde luego, un largo trayecto
de desarrollo; diversas culturas las sostuvieron en fases diferentes. He
seleccionado una sola de esas fases de desarrollo, que responde aproximadamente
a la configuración última de nuestra actual cultura cristiana y blanca.”
Freud, S. (1976). El porvenir de una ilusión.
En Obras completas (Vol. 21, pp. 1-55). Amorrortu Editores. (Obra original
publicada en 1927)
[25] Freud (1927) Op. Cit. Pág. 34.
[26] Laubender,
C. (2026, 29 de marzo). Por qué Sigmund Freud recupera su popularidad en
épocas de crisis y autoritarismo (como ahora). BBC News Mundo. https://www.bbc.com/mundo/articles/cz0gd9lv9lyo
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