Pecadores: El don de la musica frente al vampiro de la asimilación
Pecadores
El don de la musica frente al vampiro de la asimilación
“Es un día magnífico para ser libres”
En la película Pecadores (Sinners, 2025) escrita y dirigida
por Ryan Coogler, seguimos la historia de Sammie, el joven hijo de un predicador
de Clarksdale, un pueblo del Delta del Misisipi de 1932 y el reencuentro con
sus primos, los gemelos Smoke y Stack, que regresan de Chicago para abrir un
club nocturno clandestino (juke joint) exclusivo para la comunidad
afroamericana en tiempos de las leyes de segregación de Jim Crow. El giro
fantástico de la historia se da cuando en la inauguración del juke joint
unos vampiros buscan entrar para convertirlos a todos a su clan y apropiarse de
la esencia de la música especial que Sammie genera al tocar el blues.
Estamos ante una película original, no solo por su historia en una
época dominada por la reinterpretación de propiedades intelectuales reconocidas,
sino también por la forma en que fusiona géneros. Se trata de un drama de época
con crítica social que se entrelaza hábilmente con la acción, la comedia, el
musical y las convenciones clásicas del cine de vampiros. Estos vínculos son
consistentes con su tema central que resultan de interés clínico especialmente debido
a los diversos efectos corporales y emocionales que genera. Logra ser, a la
vez, una obra de género profundamente comercial y de entretenimiento, siendo un
fenómeno que nos recuerda lo sucedido con la presentación del reguetonero
Benito Antonio Martínez Ocasio, 'Bad Bunny', en el Super Tazón LV.
Para entrar en materia sobre Pecadores y el tema que
aborda, comencemos con la pregunta más obvia: ¿quiénes son los pecadores
del título y cuál es su pecado? Al igual que el título de la ganadora del
Oscar Parásitos (기생충, 2019, Bong
Joon-ho), que también combina géneros cinematográficos con crítica social, el
título de esta película nos permite anticipar tanto su temática como los
diversos enfoques que explorará.
Tras un prólogo en el que la narradora habla de leyendas sobre
personas con el "don de hacer música tan auténtica que puede traspasar
el velo entre la vida y la muerte… Este don puede traer sanación a sus comunidades… pero
también atrae el mal", asistimos a
la primera secuencia. Sammie, en una escena que funciona como introducción a un
largo flashback, llega a la iglesia de su padre con el rostro
herido y la guitarra rota, secuelas de la pesadilla que vivió la noche
anterior. Su padre lo recibe y le dice:
Mi hijo ha sentido la llamada del pecado. Pero el buen Señor nos llama a ser pescadores de hombres que pecan… y a mostrarles el camino. Quiero que me jures, y delante de esta congregación… que dejes atrás esos pecados. ¡Quiero que me lo prometas ahora mismo! Suelta la guitarra, Samuel. En el nombre de Dios. Suéltala, Samuel. Suéltala.[1]
Así, la película se desarrolla como un flashback de
los eventos del día anterior que llevaron a Sammie a presentarse ante su padre
de esta manera. Aquí encontramos la primera referencia al pecado y a la
disyuntiva que enfrenta nuestro protagonista. El padre predicador le exige que
renuncie a la música blues y suelte la guitarra como quien abjura del pecado.
Renunciar al blues es también un juramento para aceptar la vida en la iglesia,
una disyuntiva que, como veremos más adelante, otros personajes también plantearán
a Sammie.
Mucho se ha comentado, desde una perspectiva social, que Pecadores trata
sobre "la apropiación cultural", siendo la figura del Amo Vampiro
Blanco una clásica representación del colonialismo y una crítica al capitalismo
que consume y se apropia de los recursos materiales, culturales y psicológicos de
los dominados: la mirada colonizadora, de algún modo, envidia la producción
artística y cultural del pueblo colonizado y la incorpora a su propia cultura
—una cultura dura, de dominación— transformándola en objeto de consumo y goce.
Si bien coincidimos en que la apropiación cultural es una de las
variantes del tema central de este cuento de terror y aventura, y valoramos ese
simbolismo, consideramos —desde una perspectiva clínica y resaltando que los
protagonistas son personajes racizados[2]—
que el tema principal es la disyuntiva subjetiva de estos ante la colonización.
Más allá de la apropiación cultural, lo clínicamente más importante es la asimilación
colonial o la alienación psicológica tal como la
aborda Frantz Fanon en su obra Piel negra, máscaras blancas (1952),
que nos sirve de guía para analizar la propuesta de Pecadores.
De alguna forma, resulta sintomático que, en muchas reseñas y
análisis de la película Pecadores, el tema se identifique como el
de la apropiación cultural y no tanto el de la asimilación cultural, colonial o
incluso la alienación colonial. La diferencia entre identificarlo como
apropiación cultural o como alienación colonial radica en desde dónde se está
percibiendo la película, es decir, desde cuál es la posición subjetiva del
espectador con respecto al colonialismo. Si uno se encuentra en la posición del
colonizador o ya está "blanqueado" de alguna manera, entonces lo verá
como apropiación cultural, ya que se identifica con ese grupo dominante que
toma algo de una minoría. Sin embargo, si uno es una persona racializada o
pertenece a una población oprimida —como es el caso de los protagonistas
de Pecadores—, entonces el temor es con respecto a la asimilación:
es decir, dejar entrar en un campo, en mi cuerpo, en mi comunidad, en mi
psiquismo, a una cultura dominante para sobrevivir o encajar, llegando incluso
hasta la alienación colonial, que implicaría perder toda identidad, hasta
rechazar mi propia historia, cultura y hasta mi cuerpo. La defensa del blues no
es solamente la defensa de un género musical y una historia; también es la
defensa de un cuerpo con todos sus placeres y sus modos de goce, de la belleza
negra o indígena.
Un ejemplo de ello lo encontramos en la película Los
asesinos de la luna de Martin Scorsese[3].
Al inicio de esta película, basada en hechos reales, vemos cómo una comunidad
de una nación originaria norteamericana, los Osage, es arrasada por
colonizadores blancos que se casan con múltiples mujeres Osage solo para
apropiarse de sus tierras -ricas en petróleo- y posteriormente asesinarlas. En la
escena inicial, hay un ritual en la comunidad Osage donde están llorando y en
duelo por la cultura que están perdiendo. Al aceptar que sus hijas sean criadas
en escuelas blancas y cristianas (“Esos niños… aprenderán otro idioma. Serán
enseñados por los blancos. Aprenderán nuevas formas y no conocerán las
nuestras”), saben que algo de su cuerpo ha muerto[4]:
de tal manera que aquello a lo que eróticamente serán atraídas será a un cuerpo
blanco.
En cuanto a la figura del Amo Vampiro, observamos que de la
mitología -o lore- de los vampiros se destacan elementos como la muerte por una
estaca en el corazón, la repulsión al ajo y, sobre todo, la imposibilidad de
entrar a una casa a menos que sea invitado; siendo ésta última la que es el
centro de la historia y el tema subjetivo. Así, para nuestros protagonistas lo
principal se revela como la disyuntiva ante la trampa de la asimilación,
fundamental para comprender los efectos psíquicos, políticos y económicos de
los discursos de dominación y la colonización. Como postula Ayouch:
“El sujeto racizado se encuentra así atrapado en una alternativa de la que siempre sale perdedor. Si opta por llevar a cabo la asimilación, está negando la historia de la diferencia que le ha tocado encarnar: un legado que, incluso en ausencia de racismo directamente psicológico o ideológico, sigue arrastrando. Si pretende revelar los efectos siempre actuales de esta diferencia, las desigualdades y discriminaciones a las que se le expone, se le acusa de ser “identitarista” o “comunitarista”.”[5](Resaltado nuestro)
Proponemos en este escrito abordar cómo la película de aventura y
terror Pecadores, utilizando los recursos que brinda el cine fantástico,
escenifica la disyuntiva de la asimilación colonial que enfrentan sus
protagonistas racizados y sus ecos para el mundo contemporáneo. Se trata de un
tema de interés no solo cultural y social, sino también psíquico, que reafirma,
como reza el texto de Ayouch citado anteriormente cuando “pone la raza en el
diván”, que “lo psíquico es político”. Para ello, seguiremos tres
aspectos de Pecadores: a) El pecado negro y la dualidad de la
asimilación; b) La figura del vampiro como encarnación de la fantasía racista;
y c) La magia de la música como instrumento amoroso revolucionario.
Detengámonos, a continuación, en la música sanadora de Pecadores.
El pecado negro y la dualidad de la asimilación
Luego de la secuencia inicial, donde vemos a Sammie herido
mientras su padre le pide que abandone el pecado de la música blues —pecado que
para los clérigos afroamericanos de la época no radicaba tanto en la moralina
blanca que asociaba lo sensual con la maldad del cuerpo, sino en el despilfarro
que significaba ir a un juke joint y gastarse todo lo ganado en la
pizca, descuidando las obligaciones familiares y, sobre todo, el aporte a la
iglesia[6]—,
comienza un extenso flashback que constituye el grueso de la película, para
finalmente retornar a la decisión de Sammie.
Ese día anterior inicia con la llegada de los otros protagonistas
de la historia: los gemelos Smoke (Elijah Moore) y Stack (Elías Moore), recién
llegados de Chicago, donde trabajaban para Al Capone. Ahora los vemos comprando
una propiedad a un hombre blanco para instalar su juke joint, y
advirtiendo al vendedor que, si el KKK los atacaba, ellos sabrían defenderse.
Hogwood: Pensé que ustedes estaban decididos a comprar el lugar. Mientras más tiempo paso con ustedes “muchachos”, menos seguro estoy de que hablen en serio.
Smoke: Aquí no hay "muchachos".
Stack: Solo hombres adultos. Con dinero de hombres adultos.
Smoke: Y balas de hombres adultos.
Hogwood: No quise ofender. Es solo la forma en que hablamos por aquí.
Smoke: Nos lo quedamos. El aserradero, el equipo y el terreno donde está… Ahora, entiéndalo bien, es el último centavo que verá de nosotros. Y si lo vemos a usted, o a cualquiera de sus amigos del Klan, cruzar nuestra propiedad, los mataremos donde estén parados.
Hogwood: El Klan ya no existe.
Esta secuencia es el incidente desencadenante, no solo porque lo
que emprende la aventura de un juke joint, algo para la comunidad
oprimida y segregada, sino porque, después de la pesadilla de los vampiros, esta
acción de haber comprado el aserradero para ser dueños de un juke joint
en el pueblo, tendrá terribles consecuencias, de alguna forma anticipadas por
todos.
Si aplicamos la fórmula de Slavoj Žižek para entender el tema en
el cine de terror o el fantástico —imaginar la película sin el elemento sobrenatural,
en este caso, los vampiros—, ¿qué nos queda? Dos hermanos que abren un bar
clandestino en celebración de su comunidad, sabiendo que al día siguiente el Ku
Klux Klán podría destruirlo todo. Este acto desafiante de los hermanos Smoke y
Stack ya los hace pecadores a la mirada capitalista colonial. La referencia a
la forma “tradicional de hablar” con condescendencia racista cuando los llama
“muchachos” (boys) nos remite a lo que justifica la retórica del KKK desde su
identificación como organización religiosa que defiende la Identidad Cristiana,
donde el racismo también se combina con el moralismo y puritanismo de derecha.
Tener fobia al negro es tener miedo de lo biológico. Porque el negro no es sino biológico. Son bestias. Viven desnudos. Y sólo Dios sabe… Octave Mannoni escribe también: «Esa necesidad de encontrar en los monos antropoides, en Calibán o en los negros, incluso en los judíos, la figura mitológica del sátiro afecta, en el alma humana, a una profundidad en la que el pensamiento es confuso y donde la excitación sexual está extrañamente ligada a la agresividad y a la violencia, recursos de una gran potencia» … En Europa, el Mal está representado por el negro. Hay que ir despacio, lo sabemos, pero es difícil. El verdugo es el hombre negro, Satanás es negro, se habla de las tinieblas, cuando se está sucio se está negro, ya se aplique esto a la suciedad física o a la suciedad moral. Nos sorprendería, si nos tomáramos el trabajo de reunirlas, la enorme cantidad de expresiones que hacen del negro el pecado.[7] (Resaltado nuestro)
Así, por ser negros que se atreven a hacer negocios y ser dueños,
es un agravio que debe ser castigado al “salirles respondones los sirvientes”.
Por el hecho mismo de ser negros ya son pecadores y encarnan los pecados que el
hombre blanco debe castigar, similar al “mandato de violación” (lá injunção
de estupro) que analiza Rita Segato donde hombres del patriarcado actúan y
ejecutan como castigo a las mujeres que a sus ojos desafían su lugar como
subalternas[8].
Así, el Pecado de los gemelos es Doble: Ser negros que además quieren ser
empresarios. La figura del juke joint es la de la libertad (“Es un día magnífico para ser libres.
Nuestro propio juke joint. Para nosotros, y hecho por nosotros. Justo como
siempre lo quisimos.”),
como se logra esa libertad, lo veremos más adelante, sin embargo, el solo hecho
de buscarla ya es un pecado a los ojos de su mundo. Así, el blanco racista acepta el dinero de la compra, pero después
irá con su túnica cristiana de Gran Dragón Blanco a castigar la irreverencia.
Como recuerda Anne Anlin Cheng:
… las instituciones racistas en realidad a menudo no desean expulsar por completo al otro racial; más bien, buscan mantenerlo dentro de las estructuras existentes. Con fenómenos como la segregación y el colonialismo, la cuestión racial es un problema de lugar (la literalización de la suspensión melancólica freudiana) más que de renuncia plena. La segregación y el colonialismo son instituciones internamente tensas no porque hayan eliminado al otro, sino porque necesitan precisamente aquello que odian o temen. (Por eso el trauma, tan frecuentemente asociado a las discusiones sobre la denigración racial, al enfocarse en la estructura de crisis de la víctima, pasa por alto el proceso dinámico propio de los violadores implicado en tal denigración. La melancolía capta con mayor potencia la noción de pérdida constitutiva que se expresa tanto en formas violentas como atenuadas, produciendo confirmación, así como crisis, conocimiento, así como aporía) [9]
Por la temática que aborda, consideramos que Pecadores completa
de alguna forma una inexistente trilogía de terror fantástico en tiempos de Black
Lives Matter y mandatos de Trump, cuya primera parte es ¡Huye! (Get
out!, 2017) y la segunda Nosotros (Us, 2019), ambas de Jordan
Peele. Mientras que en ¡Huye!, el título —que también podría
interpretarse como "¡Sal de ahí!"— alude a la experiencia de
asimilación en el presente, en un Estados Unidos liberal aparentemente
post-racista después de los mandatos de Barack Obama, donde muchos liberales
blancos, bajo una máscara progresista, continúan formando parte de un racismo
sistémico que sigue operando con violencia. Baste recordar la escena final,
cuando llega el auto con la torreta policial y vemos el rostro desencajado del
protagonista al sentir que no pudo escapar. En Nosotros, se emplea
el recurso de los dobles (doppelganger) con el juego de palabras entre
"US", "USA" y el "nosotros", lo que sugiere que
la asimilación de las personas racizadas—al sostener y, en cierto modo,
justificar el sistema racista (“No hay racismo en USA ya que hay tanto negros
ricos y triunfadores”)— genera que existan otros racizados que son segregados,
violentados, sin voz e invisibilizados o que al ser asimilados para sobrevivir
en ese USA han perdido algo de ellos mismos que permanece oculto en el
subsuelo.
Pecadores recupera esos temas; mientras Peele dice “¡Huye!” y recuerda lo que le pasa al Nosotros, Coogler advierte: “Pecadores, ¡no los dejen entrar en ustedes!”. La película explora, en diversos escenarios, lo que implica ese “dejarlos entrar” que, en el caso de los vampiros, se vuelve literal. Sin embargo, una y otra vez se reproducen las disyuntivas de los personajes entre el blues o el amor y la aceptación de las convenciones blancas. Está Sammie, a quien su padre y también su primo Smoke le piden que renuncie al blues por la iglesia: “Quieres hacer música, haz música de iglesia”. Está la historia de Delta Slim, donde él y su amigo Rice gastaron de forma distinta el dinero de una tocada para blancos adinerados: Delta se lo acabó en la bebida; Rice quiso abrir una iglesia, lo que llevó a que lo lincharan y emascularan. Y, en cierto grado, Mary: amando a Stack, él la convence de que se case con un blanco de dinero en lugar de arriesgarse a ser castigada al querer estar con él y descubrir que tiene ascendencia negra. Todas esas decisiones —y la resistencia de seguir buscando ese lugar de libertad en el juke joint— serán puestas a prueba con la llegada de Remick, el Amo Vampiro.
¿No podemos ser todos familia? Remick, el amo Vampiro
El antagonista de Pecadores es Remick, un Amo
vampiro blanco de origen irlandés. La película aporta un elemento novedoso a la
mitología vampírica: cuando el Amo muerde a alguien y lo convierte, esa persona
pasa a formar parte de un clan que comparte pensamientos, recuerdos e historia
con el Amo. Gracias a esta conexión, Remick puede conocer, por ejemplo, los
planes de los sobrinos del líder del Ku Klux Klan para destruir el juke
joint de los gemelos, así como los secretos de Smoke cuando este convierte
a Stack.
Aunque fácilmente podemos imaginar la figura del vampiro en este
contexto de racismo como una metáfora del capitalismo colonial —metáfora que el
propio Marx usó[10],
y que la figura clásica del vampiro de Bram Stoker remite a la aristocracia—,
Coogler elige un vampiro irlandés por tres razones, todas históricas y
relacionadas con el tema de la película. Por un lado, Coogler descubrió durante
su investigación sobre vampiros el concepto del Abhartach (o Arbach), una
figura de la mitología irlandesa que algunos consideran el "verdadero
Drácula". Descubrió también que Bram Stoker era un periodista irlandés y
que existe la teoría de que su Drácula está basado en este noble irlandés,
terrateniente explotador que no podía morir[11].
Otra razón es histórica y tiene que ver con la época y la música: el Delta
Blues estuvo influenciado tanto por los migrantes irlandeses como por los
afroamericanos. Y la tercera razón —que consideramos el tema central de la
película— es que el antagonista tuviera una "comprensión compleja" de
la opresión.
Para mí este concepto de ser desplazado por la fuerza como tener tu cultura demonizada, trabajando en tierras que no posees, estos conceptos no son únicos de ninguna parte del mundo y había una razón por la cual los irlandeses y los negros estaban intercambiando ideas musicalmente. El personaje que sería el antagonista en la película debía tener una comprensión compleja de esta dinámica y saber que estaba sucediendo. Cualquier música que nutra a las personas a través de la opresión, sabes, creo que tiene como algunas similitudes que sientes, sabes, cuando la escuchas. Quería un vampiro que hubiera sido afectado por esta mierda (la opresión) … Nadie es más astuto que una persona que ha sido engañada. [12]
Como todo gran antagonista, Remick no es solo aquello que oprime y
persigue a los protagonistas, sino la encarnación de su propia disyuntiva de
asimilación. Es la pregunta y la tentación de la aparente salida a su opresión.
Es la máscara blanca sobre la piel negra, el parásito de la blanquitud. Remick,
siendo irlandés, comparte un pasado de opresión; también ha sido vampirizado
por el imperialismo, y también ha perdido su humanidad al punto de no poder
conectar con sus ancestros ni pensar en un porvenir. En la escena cumbre,
cuando está a punto de convertir a Sammie y este comienza a rezar el Padre
Nuestro, Remick dice:
Remick: (a Sammie): Quiero tus historias. Y quiero tus canciones. Y tú tendrás las mías.
Sammie: Padre nuestro que estás en los cielos. Santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad…
Remmick: En la tierra, como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día…
Vampiros: Nuestro pan de cada día y perdona nuestras ofensas, así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden. Y no nos dejes caer en la tentación, más líbranos del mal. Amén.
Remmick: Hace mucho tiempo… los hombres que robaron la tierra de mi padre nos impusieron estas palabras. Odiaba a esos hombres, pero las palabras aún me traen consuelo. Esos hombres se mintieron a sí mismos y nos mintieron a nosotros.
Remick es el oprimido convertido en opresor, como el proceso de
blanquitud que les sucedió a los irlandeses al asimilarse en Estados Unidos.
También como los judíos exiliados: mientras en Europa eran “los otros”, los
migrantes, los no europeos, al escapar de la persecución nazi hacia países como
México, Argentina o Estados Unidos, se convirtieron en sofisticados europeos
blancos. Todo esto revela que la raza es un concepto relacional y la blanquitud
un proceso de homogenización y borramiento histórico. Como menciona en su
análisis Ana Emilia Felker:
Los mismos vampiros blancos eran irlandeses que fueron conquistados, mordidos por colonizadores cristianos que impusieron su cultura hasta que ellos olvidaron la propia. Pecadores es una cinta con un humor inteligente, crítica social, referencias pictóricas y literarias y un comentario sobre la forma en que la blanquitud ha chupado la sangre de nuestras culturas, homogeneizado las ciudades con sus franquicias, homogeneizado la forma de vincularnos con sus redes antisociales corporativas que lucran con nuestra atención y nuestras emociones. Es una invitación a no soltar ese instrumento, sea una guitarra o lo que sea, que ayude a invocar a nuestros ancestros para entender de dónde venimos y quién nos está mordiendo el cuello.[13]
El vampiro es esa promesa de
salvación perdiendo nuestra alma. Los cuerpos ya no son eróticos a travesados
por la finitud sino de consumo por su exceso de uso, ya no hay historia y
narración que crea el pasado y el futuro sino la inmortalidad, la pulsión de
muerte del eterno presente, de lo repetitivo no-muerto. La trampa de la
blanquitud y la normalidad (imperial o subjetiva) termina por borrar nuestra
historia y capacidad de transformación. Es una promesa, como la que Remmick
hace a los sobrevivientes del juke joint, “Solo denme al pequeño
Sammie… y los dejaremos vivir.” La respuesta de Delta Slim es contundente
como buen movimiento de antiautoritario: “Te voy a decir algo, maldito
“blanquillo” (peckerwood). No puedes tenerlo. Él nos pertenece. Él pertenece…
con nosotros”.
Ahora bien, hablado de luchas antiautoritarias, ¿en qué cosiste
ese instrumento, esa magia, que Ana Emilia Felker nos invita a “no soltar” a
manera de resistencia a la asimilación colonial? Vayamos a la ritual sanador de
la música de los Pecadores.
Te mentí, amo el Blues. El don de la música
contra los colonizadores de almas
La música que crea impacta a todos
los presentes, quienes se contagian de su ritmo. De esta forma la describe Quinci
LeGardye en su artículo “In 'Sinners,' Music From the Past Liberates Us From
the Present” para Marie Clarie:
Mientras (Sammie) interpreta "I Lied to You", la película narra una crónica de la historia de la música negra, entrelazando a percusionistas tribales africanos, un guitarrista de rock al estilo de Jimi Hendrix y un DJ de hip-hop clásico en ese momento. La escena traza la conexión más innegable jamás plasmada en el cine entre la cultura africana que perduró a través del comercio transatlántico de esclavos y el blues, el rock, el soul, el hip-hop y más allá. Es una declaración audaz en una época en la que los poderes políticos están borrando literalmente la historia negra de los registros federales.[14]
De forma intercalada en esta
secuencia, vemos cómo, antes de abrir, Delta Slim le habla de lo sagrado de la
música, y volvemos a escuchar a Annie, tal como la escuchamos en el prólogo:
Delta Slim: El blues no nos fue impuesto como esa religión. No, hijo, esto lo trajimos con nosotros desde casa. Es magia, lo que hacemos. Es sagrado… y grande.
Annie: Hay leyendas de personas… nacidas con el don de hacer música tan verdadera… que puede atravesar el velo entre la vida y la muerte. Invocando espíritus del pasado… y del futuro.
Delta Slim: Con este ritual, sanamos a nuestro pueblo y somos libres.
La escena,
después de romper ese velo entre el pasado y el futuro creando un espacio de
libertad para la comunidad, culmina con la llegada del Amo Vampiro Remmick y
sus nuevos conversos. La escena se concentra en la mirada de fascinación e
impacto de Remmick, algo ha visto que quiere poseer.
Aproximémonos a esta escena desde los
diferentes elementos que acabamos de nombrar. Empecemos con lo que Delta Slim
le comenta a Sammie. Slim señala que, a diferencia de la religión, el blues no
es algo impuesto. Menciona que "eso lo hemos traído desde casa", que
es magia, sagrado y grande.
¿A qué se refiere con ese deslinde de
que el blues "lo trajeron desde casa"? Podemos entender "lo
traído de casa" como esa forma de expresión corporal y musical, ese hacer
en comunidad, que ha sido un recurso utilizado a lo largo de diversos momentos
de la humanidad para expresar tanto momentos de dolor y angustia como de
placer, especialmente en medio de crisis o heridas comunitarias. Cuando Delta Slim
dice que es "sagrado", efectivamente le otorga el papel que suelen
tener las religiones, pero marca una diferencia clave: no es impuesto, a
diferencia de la religión que el padre de Sammie quiere que él siga.
De este modo, el ritual de Sammie con
el blues contiene una subversión frente a la asimilación, ya que, en lugar de
imitar lo que el blanco dominador impone, recupera e historiza aquello que la
comunidad mantiene y perdura. Por eso podemos conectar este ritual musical con
el "don" que Sammie está sosteniendo.
Nos referimos a lo que escuchamos en
el prólogo en voz de Annie, cuando menciona a esas leyendas con el don de hacer
música tan verdadera, tan real, que atraviesan el velo de la vida y la muerte,
invocando espíritus del pasado y del futuro. ¿Qué implica ese rompimiento
cuando aparecen el pasado y el futuro?
Podemos plantear que ese pasado es la
recuperación de las raíces históricas: vemos los diferentes movimientos
musicales, dancísticos, corporales, eróticos y rituales de comunidades
ancestrales africanas. Pero al ponerlo también en relación con el futuro,
observamos dos cosas.
Primero, la herencia que se va
desplegando: las raíces que van desde las danzas africanas hasta el hip hop
afroamericano, el break dance o el perreo contemporáneo. Vemos, así, un proceso
de herencia vivo en las comunidades.
Segundo, la diferencia entre el
pasado (las raíces, la historia) y el futuro es la apertura a la esperanza. No
se está planteando una cultura identitaria donde las viejas costumbres deban
mantenerse solidificadas (¿una suerte de "Make Africa Great Again"?),
sino que se abre un espacio para la esperanza, para lo nuevo, para las nuevas
formas del cuerpo.
A diferencia de la lógica blanca que
plantea la asimilación —donde la blanquitud es completamente conservadora,
neutral, seca, y por tanto siempre habla de "mantener" o "volver
al pasado", o en su versión liberal acepta políticas identitarias solo si
el indígena, por ejemplo, es celebrado mientras se mantenga estático en el
tiempo—, lo que genera Sammie al enlazar corporalmente el pasado con el futuro,
poniéndolos en relación, es justamente una recuperación histórica del pasado
para abrir un futuro, no una hegemonía del discurso ni del cuerpo.
Delta Slim remata este ritual dejando
claro que "este ritual sana nuestro pueblo, somos libres". Hagamos
una pregunta tonta: ¿cómo ese ritual los hace libres? ¿Qué tipo de libertad es
esa, si finalmente serán consumidos por los vampiros, o llegará el KKK, o al
otro día tendrán que ir a la plantación y someterse a las leyes racistas y de
explotación de Jim Crow? ¿Dónde está entonces la libertad?
Ahí esa escena nos da una enseñanza
para la clínica del psicoanálisis: la libertad a la que se refiere es la
posibilidad de conectar con nuestro cuerpo y asumir un deseo que lo habita. En
ese sentido, la canción de Sammie es míticamente significativa: "Te he
mentido, padre". Frente a esa idea de sostener un legado —muy propia de la
lógica colonial patriarcal: "tengo que sostener el legado del padre que me
brinda el privilegio por derecho"—, se transforma en "te he mentido
porque amo el blues y quiero que alguien me abrace esta noche". Reaparece
entonces el aspecto del deseo, de lo erótico, de la otredad radical del cuerpo,
aunque eso implique contradecir al padre.
Se trata de un pecado como el
original: al desobedecer al Padre, se permite el erotismo. Como en el capítulo
3 del Génesis, se desafía al padre, se accede al cuerpo erótico y mortal, así
como al otro cuerpo radical que engendra la vida. Al ser expulsados del Jardín
del Edén, abandonan el mundo de los No-muertos, de los seres asexuados.
Esa libertad del deseo es la que
apunta este ritual de Sammie, y es esa libertad, ese acceso al deseo, a un
cuerpo erótico y danzante, y la ética de ese deseo, a la que el vampiro quiere
acceder. Pero en su condición de no muerto, le es imposible acceder, ya que su
cuerpo no está en relación con un cuerpo del deseo, sino con un cuerpo del
consumo, un cuerpo de la pulsión de muerte. Volveremos a esto en la parte del
epílogo de la película.
"¿Cómo Bad Bunny va a ser Rey del Pop con
reguetón y dembow?"
Para dimensionar el impacto de esta
escena, la compararemos con otro ritual casi sagrado que apareció en nuestra
realidad hace algunos meses con motivo del Super Bowl LX. Obviamente nos
referimos al show realizado por la superestrella del reguetón Bad Bunny, o,
mejor dicho, "El espectáculo de medio tiempo del Super Tazón"
presentado por Benito Antonio Martínez Ocasio, tal y como apareció en
pantalla mostrando su primer pecado: un espectáculo en el Super Bowl… en el
idioma de la servidumbre, ¡español!
Mucho se ha comentado y escrito con
respecto a este show por lo que recuperamos aquellos comentarios que nos
auxilian a nuestro análisis de Pecadores y sus lecciones a la clínica
del psicoanálisis, sus efectos corporales, sean catárticos, sintomáticos o
trasformadores. Como en todo concierto, primero, para escucharlo mejor, vamos a
“bajarle tantito” como menciona Carla Escoffié:
El espectáculo de Bad Bunny no fue revolucionario (¿podía serlo? ¿debía serlo? ¿qué implica serlo?). Pero tampoco lo es andar sermoneando o juzgando a quienes conectaron emocionalmente con el show… Creo que lo políticamente relevante no es si alguien vio o no el Super Bowl ayer, o si se emocionó o no con el show, o si se identificó con el mensaje político. Lo importante es dónde estaba políticamente esa persona un día antes y dónde estará mañana… Y sinceramente, no creo que la mejor estrategia para hacer llegar un discurso político a más personas sea reprochándoles la música que disfrutan un domingo en casa, o haciéndoles sentir culpables por conmoverse al ver las banderas latinas desfilando. [15]
Resaltemos del comentario de Escoffié
estos dos aspectos. Por un lado, esa izquierda que sermonea a quienes
emocionalmente se conectaron con el show. Por otro lado, lo que posteriormente
argumenta como "lo político", donde considera que no es la mejor
manera de transmitir un mensaje político, reprochándole a otro el que se
conmueva al ver las banderas latinas o cualquier otra manifestación de lo
latino que mostró Benito Martínez.
En ese sentido, nos recuerda a lo que
aparece en Pecadores: la música de Sammie es sagrada, es mágica por
la forma en que toca los cuerpos de esa comunidad que sufre la presión todos
los días. En ese momento, su cuerpo cansado puede recuperarse, recargarse
libidinalmente, abriendo incluso un halo de esperanza. Pero no es en solitario,
sino en comunidad.
Como menciona Vivian Abenshushan:
Más allá de la maquinaria del entretenimiento cuya ideología no es de izquierda ni comunitaria, obviamente, hay algo que se movilizó la noche del Super Bowl y que forma parte de un torrente de indignación que excede por mucho a Bad Bunny. Es un clima, un territorio, una resistencia, un hartazgo que reúne muchos cuerpos y vidas anónimos. Tal vez Bad Bunny le está poniendo música y canto, relato y baile y algo de drama íntimo colectivo… Opera a nivel simbólico y sobre todo anímico y lo hace desde la agitación corporal, disputando de ese modo material y sudoroso el discurso público y conjurando los efectos que el miedo produce en el cuerpo colectivo… Sabemos que no se desmonta la casa del amo con las herramientas del amo, pero ese día una mujer exhausta, una mujer que todos los días está luchando en la calle contra las redadas fascistas de ICE, haciendo guardias, preparando comida para los inmigrantes, decía desde Minneappolis que era la primera noche en un mes que se sentía contenta y que por fin podía dormir un poco para regresar al frente con más energía al día siguiente. Bad Bunny no es la revolución, pero acompañó un poquito a quienes sí están organizándose y poniendo el cuerpo, reivindicando por un momento el derecho agitar las tetas y perrearle en la carita al Trump moviendo el culito. A veces me extraña que se pierda por completo de vista la dimensión erótica de las movilizaciones y que la rigidez ideológica o teórica no se deje en lugar nos deje en lugares secos.[16]
Ese es el don mágico que pueden tener algunos
artistas o personajes de una comunidad: ejecutar un acto relacionado con su
deseo que crea una "música" o un "ritual" capaz de sanar,
al conectar con la historia y las esperanzas, revitalizando y cargando
libidinalmente los cuerpos de aquellos que sufren persecución, marginación
racial, patriarcal, colonial, etc.
Tanto el texto de Escoffié como el de Abenshushan
resaltan "la dimensión erótica", esa dimensión emocional que mueve el
cuerpo y que debe acompañar al activismo político —o al menos la descarga que
permita salir de la inhibición persecutoria. Ese erotismo es precisamente lo
que se considera un pecado en las posturas fascistas, que siempre quieren
conservar un cuerpo rígido y seco. Así lo localiza Klaus Theweleit en su
obra Male Fantasies (Fantasías masculinas): para los hombres
de los Freikorps (precursores del nazismo), el cuerpo ideal es duro, rígido y
seco, mientras que lo amenazante es lo líquido, fluido o húmedo, asociado a lo
femenino, a los comunistas y a la sexualidad.
En esto consiste la subversión del sujeto del
deseo presente en las movilizaciones emancipatorias o antiatoritarias, no
pueden ser solo serias o solemnes, lo que es propio de la asimilación al
generar un cuerpo atrapado en un momento y no en generador de movimiento. Esto
nos lleva a lo propuesto por la iniciadora del movimiento #MeToo Tarana Burke
en su conferencia TED “Me Too is a movement, not a momento”, con respecto a la lucha para erradicar la violencia
sexual:
Recuerden, el trauma detiene la posibilidad. Sirve para impedir, estancar, confundir y matar. Por eso nuestro trabajo replantea cómo abordamos el trauma. Por ejemplo, no creemos que las sobrevivientes deban contar los detalles de sus historias todo el tiempo. No deberíamos tener que mostrar nuestro dolor una y otra vez por el bien de sus conciencias. También intentamos enseñar a las sobrevivientes a no aferrarse a su trauma, sino a inclinarse hacia la alegría que ellas mismas cultivan en sus vidas. Y si no la encuentras, créala e inclínate hacia ella. Pero cuando tu vida ha sido tocada por el trauma, a veces intentar encontrar alegría se siente como una tarea insuperable. Ahora imagina intentar completar esa tarea mientras líderes mundiales desacreditan tus recuerdos, o los medios de comunicación siguen borrando tu experiencia, o la gente te reduce continuamente a tu dolor. El movimiento activa la posibilidad.[17]
En el caso
del show de Benito Martínez, vemos la fiesta, el placer, el erotismo y el
orgullo por los orígenes. Y, de cierta forma, aunque esté en el escaparate del
deporte más imperial —el football, el fútbol americano—, resiste la asimilación
al cantar en español con letras como las de "Nuevayol", donde se
pregunta irónicamente: "¿Cómo Bad Bunny va a ser Rey del Pop con
reguetón y dembow?", en alusión a cuando la revista Forbes lo nombró
el nuevo "Rey del Pop" a finales de 2023.
Otro efecto corporal es la risa, y un
especial de comedia también puede ser un ritual potente. Pensamos en el
especial American Boy del comediante de Miami con ascendencia
latina Marcello Hernández —quien bromea: "Mi padre es de República
Dominicana y mi madre de Cuba, lo cual, por obvias razones, hace que ellos
sean... divorciados"—. Gran parte de su especial habla de su experiencia
como un American boy viviendo en la comunidad latina de Miami
con su madre, su hermana, una amiga de su madre y la hija de esta última, lo
que le dio una perspectiva sobre lo que significa ser mujer. Además, compara la
vida latina de Miami con la vida blanca de Ohio.
Un aspecto que distingue es cómo se
viven las fiestas:
La forma en que se divierten los blancos me sorprendió, porque en Miami lo que importan son las chicas. Puede no haber chicos, pero debe haber chicas. En Ohio no es sobre las chicas, es sobre la cerveza: '¿Cuánta cerveza habrá?' En Miami, la música te hace bailar. No tienes opción, no importa tu estatus social. No es porque quieras, es la música la que te hace bailar. Suena la música y las mujeres no quieren bailar. Las latinas no quieren bailar. Son feministas. No necesitan bailar con ningún hombre. Son feministas, mujeres fuertes, y la música no tiene letras feministas. Comienza la música: 'Te veo, te tomo y te llevo al departamento y no tienes opción', y ella comienza a bailar. '¡No tengo opción!'" —Marcello comienza a perrear—. "Y al otro día vuelve a contribuir en su ONG. [18]
Lo húmedo, el deseo, lo erótico, lo
divertido, la fiesta: son el componente subversivo más potente frente a la
solemnidad paralizante. Una de las quejas de algunos críticos sobre Pecadores es
que termine siendo una película de vampiros, mero entretenimiento banal,
perdiendo la oportunidad de ser una película de denuncia en tiempos difíciles.
De esta forma, el ser una película de acción y de entretenimiento sería su
mayor pecado, cuando consideramos que es su mayor virtud. La dimensión
fantástica le brinda la posibilidad de llegar a las grandes masas y recordarles
su historia; además, en lugar de convertirse en un panfleto intelectual, se
vuelve un relato épico, la chispa de los movimientos emancipatorios. En vez de
tener que recurrir a la solemnidad de las religiones, Pecadores apuesta
por el asombro del cine fantástico.
Aprovechando que en la comedia de
Hernández aborda la diferencia entre los latinos y los blancos, no tanto como
“etnia” o fenotipo sino como posición subjetiva frente a la opresión (“Si tú
eres blanco pero tu mamá te pego de niño, eres de los nuestros, eres latino.
Pero si a veces al escuchar a otros haces -ademán de sentirse
Ofendido/Impactado/Afectado-, entonces si eres de los blancos que hablamos”),
resaltemos que Pecadores asume el pecado de resistirse a la asimilación y
cuestiona el Blanqueamiento. En la fantasía de Pecadores, esa resistencia a no
dejar entrar a esos vampiros blancos, refleja como esa decisión es de vida o
muerte. Como recuerda Ayouch:
“Blanquearse o desaparecer” Un efecto psíquico fundamental del racismo estructural es la ideología impuesta, pero también interiorizada, del blanqueamiento. Frantz Fanon la resumió con esta rotunda afirmación: “Por penosa que nos resulte esta constatación, estamos obligados a hacerla: para el negro no hay más que un destino. Y es blanco” … (el) blanqueamiento al que aspira el sujeto racizado no está reconocida del todo por el mundo blanco. El sujeto negro permanece reducido a su apariencia… y esta epidermización amenazada de ser despellejada, procede de la interiorización de la mirada blanca… El blanqueamiento es, pues, una paradójica búsqueda de decorporización, ya que el sujeto negro se reduce al cuerpo en el que está encerrado, y el sujeto blanco, adoptando una posición ilusoria no situada, universal y neutra, presume de no tener cuerpo. Deconstruir hoy la opresión psíquica producida por esta captura imaginaria del blanqueamiento significa acompañar una recorporalización de los sujetos, e inscribir la reducción del sujeto racizado a su cuerpo en la institución simbólica del racismo… Para salir de la marginalidad social a la que está condenado, el sujeto negro, para el que ascenso social significa redención, debe dejar de ser negro, desvincularse de su grupo de origen y convertirse en la excepción que confirma la regla: un éxito individual que en nada altera las condiciones socioeconómicas de la comunidad negra.[19]
Aunque en la
trama de la película, los que van poco a poco convertidos en vampiros (Mary, Cornbread,
Stack, Bo, ect.) fueron atacados por Remick y sus secuaces, podemos jugar con
la metáfora del blanqueamiento cuando quieren convencer al resto para que los
dejen entrar y así ser todos “una gran familia”.
Remmick: Yo soy su salida. Este mundo ya los dio por muertos. No los dejan construir. No los dejan convivir. Nosotros haremos justo eso. Juntos. Para siempre.
Bo: (a Grace) Es mejor así, nena. Así que, ¿por qué no nos invitas a entrar?
Remmick: Deberías escucharlo, Grace. O escucharme a mí. Porque ahora sé todo lo que él sabe. Y quiero que nos dejes entrar ahí. O iremos a la tienda. Vamos a visitar a la pequeña Lisa. Aquí no estás a salvo.
La oferta de Remmick, el del blanqueamiento y convertirse
en la identidad universal es tentadora, es el ascenso social, es el evitar el
acoso, es acceder a mejores puestos. Remmick se dirige en especial a Smoke como
líder del grupo y ahora también lo quiere convencer su hermano Stack:
Remmick: No importa cuántas armas tengas, ni cuánto dinero… Ellos te lo quitarán cuando quieran. Esta noche construiste algo aquí, y fue hermoso. Pero se construyó… sobre una mentira. Hogwood es el Gran Dragón del Ku Klux Klan. Ese es su maldito sobrino. Y siempre iban a matarte. Yo solo aparecí en el lugar correcto, en el momento correcto.
Smoke: Está diciendo la verdad. Esto no era un juke joint. Ni un club. Esto es… un matadero … Soy yo. Elias Moore. Y ahora mismo estoy hablando con mi hermano mayor… Nunca íbamos a ser libres. Hemos estado corriendo por todas partes buscando libertad. Sabes muy bien que nunca la ibas a encontrar. Hasta esto. Este es el camino. Juntos. Para siempre. Y no voy a hacer esta mierda sin ti. No hay un “yo” sin ti. ¿Qué vamos a hacer?
Resulta ingenioso en el guion que,
aunque Smoke le habla a su hermano tal como es, con sus propias expresiones,
notamos que la oferta la hace con las mismas palabras de Remick. Es como esos
posteos en redes sociales de influencers contratados para funcionar como
propaganda, donde siempre hay dos o tres frases idénticas. En este caso, la
frase de Remick que pone en boca de Stack es: “Este es el camino.
Juntos. Para siempre”, lo que encapsula perfectamente la promesa del
blanqueamiento: un solo camino, alienación total, suspensión de la historia.
La resistencia del juke joint llega a
su clímax cuando Grace los invita a entrar en un arrebato de desesperación
gritando: “¡Vamos, hijos de puta, entren!”. Grace explota al no
soportar que, mientras ella se resguarda esperando que sea de día, su hija Lisa
está en peligro, ya que su esposo Bo ya es parte del clan vampiro. Grace se
quiebra al escuchar la canción de los vampiros con la que se habían presentado
cuando llegaron al lugar: la canción folk “Pick Poor Robin Clean”,
especialmente las frases: “Le arranqué la cabeza, le arranqué los pies,
le habría arrancado el cuerpo, pero no estaba apto para comer. Oh, dejé a Robin
limpio. Y estaré satisfecho teniendo una familia”; lo que reproduce la
amenaza de la violencia a aquellos que se resisten a la asimilación del
blanqueamiento, como dice Ayouch “Blanquearse o desaparecer”.
Algunos espectadores han criticado al
personaje de Grace: bien pudo haber esperado —aunque mataran a Lisa— para
sobrevivir, en lugar de emprender un enfrentamiento casi suicida. Sin embargo,
consideramos que esa es precisamente la moraleja de la historia. ¿Acaso no son
pecados, enfrentamientos casi suicidas, el elegir el blues en lugar de la
iglesia, vivir el amor interracial con la amada, apoyar a la comunidad con
remedios ancestrales cobrando con la moneda de la plantación, poner el cuerpo
por defender a la joven promesa del blues y al mismísimo juke joint?
Como decía el Che Guevara: "El
verdadero revolucionario está guiado por grandes sentimientos de amor".
No solo se trata del pasaje de la indignación a la digna acción en las
movilizaciones, marchas, activismo y demás formas de poner el cuerpo como
resistencia a la asimilación; sino también de recordar que ese cuerpo responde
a la defensa y protección del amor y el deseo, lo que conduce al epílogo de la
película.
“Creo que fue el mejor día de mi vida” Abrazar al asimilado, proteger al que resiste
Al final de la película volvemos a la
escena inicial: Sammie, herido en la iglesia de su padre, quien le pide que
renuncie a la música. Mientras tanto, en el juke joint, después de vencer a
Remick clavándole una estaca en el corazón y exponiéndolo al sol, Smoke
enfrenta a tiros a los miembros del Ku Klux Klan, terminando mortalmente herido
pero logrando reencontrarse con Annie, quien lo espera junto a su bebé
fallecido en el más allá. Por su parte, Sammie finalmente toma una decisión: lo
vemos alejarse a toda velocidad de la iglesia, apretando fuertemente lo que
queda de su guitarra, y luego lo vemos en Chicago, en 1992, entrado en años y
tocando blues. Aparecen los créditos finales, pero después viene un epílogo.
Un anciano Sammie descansa después de la tocada de la noche en su bar "Pearline", en honor a su gran amor del juke joint. El jefe de seguridad le indica que hay unas personas que quieren hablar con él. Sammie pregunta si pueden pasar y el jefe dice que sí. Para su sorpresa, quienes entran son Smoke y Marie, tan jóvenes como cuando fueron convertidos en vampiros en la tragedia del juke joint. Sammie pregunta a Stack “¿Cómo? (sobrevivieron)”:
Stack: Supongo que fui la única persona que (Smoke) simplemente no pudo matar. Me hizo prometer que me mantuviera alejado de ti. Que te dejara vivir tu vida. [olfateando] No te queda mucho tiempo, ¿eh? Podría hacer que te quedaras.
Sammie rechaza su ultima oferta de
asimilación a la no-muerte vampírica colonial. Stack le pide que toque para
ellos, que extrañan la música verdadera. Sammie los complace con una nueva
versión de “Viajando”, la misma que tocó para Stack en el coche al inicio de
aquella noche. Al finalizar y despedirse, Sammie le dice a Stack:
Sammie: ¿Sabes una cosa? Tal vez una vez por semana me despierto paralizado, reviviendo aquella noche. Pero antes de que se pusiera el sol, creo que fue el mejor día de mi vida. ¿Fue así para ti?
Stack: Sin duda. Fue la última vez que vi a mi hermano. La última vez que vi el sol. Y por unas pocas horas… fuimos libres.
Este diálogo resume el tema de la
película: nuestros héroes se enfrentaron a la asimilación colonial de forma
épica, planteando que más vale apostar el todo por el todo por un día de
auténtica libertad que sucumbir a una "vida eterna" que implica ceder
el cuerpo, el placer y el deseo a las lógicas del consumo o a la
internalización del colonialismo vía el blanqueamiento.
Este epílogo también da una pista
sobre aquellos hermanos que han (o hemos) sucumbido totalmente al
blanqueamiento como medio de supervivencia. Tal vez el blanqueamiento vampírico
de Stack fue la única forma de que su relación con Marie tuviera un futuro.
Pero la estrategia final es el regalo de su hermano Smoke. Al igual que el acto
de Grace, que los dejó entrar antes de permitir que mataran a su hija, Smoke
simplemente no puede matar a su hermano, a quien protegía como un hijo. Ese era
un pecado que no podía permitirse, ya que iría contra el amor.
El epílogo nos permite ubicar a Pecadores como
parte de otra trilogía, toda ella de Ryan Coogler. Nos referimos a sus
películas más comerciales: Creed: Corazón de campeón (Creed, 2015) y Pantera
Negra (Black Panther, 2018). Además de poder conjugar la denuncia y la
reivindicación de la cultura e historia afrodescendiente, los personajes
interpretados también por Michael B. Jordan exponen el problema de qué hacer
después de la asimilación, del blanqueamiento.
En Creed, el joven Adonis ha perdido parte de su historia por haber sido asimilado. Su padre, Apolo Creed, no alcanzó a reconocerlo antes de morir. La esposa de este lo adopta y le brinda la vida acomodada que le hubiera dado su padre. Pero Adonis, aunque es exitoso, siente que tiene que ser boxeador como su padre y busca a Rocky para que lo entrene: "Se lo debe". Coogler rinde homenaje a la historia de Rocky y completa el relato al mostrar la historia de Filadelfia que quedó eclipsada en las películas de Sylvester Stallone, la cultura negra. En el clímax de la película —que obviamente será en el ring como rito de pasaje para el joven boxeador— le pide a Rocky que no detenga la pelea, ya que tiene que probar que "no soy un error", recuperando de alguna forma el linaje de su padre para ser un Creed y así poder creer en él. Después de la asimilación, Adonis requiere poder recuperar su lugar en la historia de sus antepasados.
De forma parecida, pero en el polo
opuesto, en Pantera Negra, Jordan interpreta al antagonista
Killmonger, que busca tener los recursos de Wakanda para empezar una guerra
racial contra el imperialismo blanco. El protagonista, el héroe Pantera Negra,
primero solo quiere detenerlo y después entiende que el padre de Killmonger,
hermano de su padre, fue asesinado por este último por sus ideas insurrectas, y
su hijo fue dejado en el desamparo en el racismo de Estados Unidos, quien
eventualmente se asimila totalmente como soldado y sicario del gobierno del
imperio. Killmonger es el pecado del padre de Pantera Negra y del aislamiento
de Wakanda: el dejar solos a los otros hermanos racializados por haber sido
asimilados para sobrevivir (como si la resistencia del juke joint se hubiera
mantenido en silencio hasta la salida del sol, dejando morir a la hija de
Grace). Así, el epílogo es un abrazo entre los que arriesgaron la resistencia a
la asimilación y los que se blanquearon para sobrevivir, pero que permitieron al
otro vivir y mostrar un camino diferente. Haber matado al hermano solo para
sobrevivir: ese sería el gran pecado.
Terminemos con otra lectura sobre la
condición de pecado que se aplica a la película, a partir de cómo lo analiza
Massimo Recalcati:
Algunos biblistas… me han explicado que el término “pecado” o “acto impuro” no tiene el significado que nuestra lengua le atribuye. Para nosotros, pecado es el acto impuro, el acto que transgrede la ley… Pero en hebreo, pecado (jattáʼth o khatá) se asemeja a la flecha que, lanzada, no alcanza el blanco. Pecado sería evadir el propio cometido. ¿Cuál es el cometido de la flecha? Alcanzar el blanco. Si no lo alcanza, la flecha ha pecado. Es como cuando decimos: “fue un pecado no haber ido a aquella fiesta”, “fue un pecado perder esa ocasión” … No se juzga por su esencia, sino por su existencia: ¿qué has hecho de tu vida?, ¿qué has hecho posible en tu vida?, ¿qué has generado en tu vida?... Jesús nos dice: tu verdadero deber es multiplicar el talento, y pecas en la medida en que lo entierras. Realizas tu vida en la medida en que tienes fe en la multiplicación… La verdadera antítesis no es entre vicio y virtud, sino entre pecado/vicio y fe. Quien no tiene fe está perdido. Ahora bien, yo lo digo laicamente: fe ¿en qué? No fe en Dios, sino fe en la palabra de Jesús. ¿Y qué dice esa palabra? Que si estás en el deber de tu deseo, tu vida se expande y se convierte en vida eterna, vida viva, vida indestructible. Quien no tiene fe en esto cae en el pecado, es decir, entierra el talento.[20]
Pecadores expone la
disyuntiva de aquellos considerados pecadores por el solo hecho de portar un
otro cuerpo ante la mirada colonial asumir aquello en ellos mismos que está
contra el pecado que constituye la asimilación, el blanqueamiento, el seguir
operando desde la lógica de la exclusión. El don de la música es la de la
corporalidad de un deseo, algo que no se puede mentir por mucho tiempo y que
conecta con la historia y la esperanza. No soltar el instrumento o cuidar a
quienes lo arriesgan es la forma de vencer a los demonios que consumen almas.
[2] Usaremos el término Racizado desde la perspectiva propuesta por el psicoanalista Thamy Ayouch: “Utilizaré aquí la diferencia que existe en francés entre racizado/a (racisé/e) y racializado/a (racialisé/e) … La racización es sólo un aspecto de los procesos de racialización: se refiere a la producción de una asignación de dominación. La racización es una racialización negativa e inferior. Mientras que la racialización afecta a todo el mundo, la racización sólo concierne a las personas no blancas. Las personas consideradas blancas son racializadas, pero no racizadas. Cabe preguntarse, pues, qué significa crecer como racizado/a en un país autoproclamado blanco, y qué efectos tiene la racialidad en los procesos de identificación de los sujetos.”
Ayouch, Thamy. La raza en el diván: Lo
psíquico es político (Psicoanálisis, Sociedad y Cultura nº 64) (pp. 21-22).
Editorial Topía. Edición de
Kindle.
[3] Scorsese, M. (Director).
(2023). Los asesinos de la luna [Killers of the Flower Moon].
Apple Studios; Imperative Entertainment; Sikelia Productions; Appian Way
Productions.
[4]
NON-HON-ZHIN-GA: Mañana lo sepultaremos. Este Hombre de la
Pipa. Este nos dio valor. Este ha sido nuestro mensajero hacia Wah-kon-tah. Es
hora de enterrar esta Pipa con dignidad y de guardar sus enseñanzas. Esos niños
que están afuera escuchando aprenderán otro idioma. Serán enseñados por los
blancos. Aprenderán nuevas formas y no conocerán las nuestras.
(La esposa del guardián
de la pipa sostiene la Pipa, envuelta en una funda tejida. La acuna en sus
brazos, cerca de su pecho, y en su dolor la mece como se mece a un niño. La
mujer y otra doliente de la pipa entonan un canto de oración por alguien que ha
muerto).
NON-HON-ZHIN-GA:
Mañana, cuando el Abuelo Sol esté en lo alto, enterraremos esta Pipa Sagrada.
(Los hombres y mujeres
Osage salen de la choza seguidos por los niños).
NON-HON-ZHIN-GA:
Hemos acordado hacerlo. Y es difícil dejar de lado cosas tan sagradas. Aun así,
mañana enterraremos esta Pipa.
https://deadline.com/wp-content/uploads/2023/11/Killers-Of-The-Flower-Moon-Read-The-Screenplay.pdf
[5] Ayouch, T. Op Cit. (p. 186).
[6]
“Era la música del diablo porque, cuando llegaba el momento de la ofrenda,
la congregación no tenía tanto dinero, porque lo habían gastado en tragos la
noche anterior. Las mismas personas iban al juke joint antes de venir a la
iglesia. Y no era la música del diablo
porque estuvieran moviendo las caderas. Porque la gente, incluso en la iglesia,
sigue teniendo esos sentimientos, esas pulsiones. Son las mismas personas.”
Ryan Coogler en Canal: Hanna Flint. Ryan Coogler talks Sinners, vampires and capitalism.
[7] Fanon, F. (2009). Piel negra, máscaras blancas. Ediciones Akal. (Obra original publicada en 1952). (p. 162).
[8] Segato,
R. L. (2003). Las estructuras elementales de la violencia: Ensayos sobre género
entre la antropología, el psicoanálisis y los derechos humanos. Universidad
Nacional de Quilmes; Prometeo Libros. Pág. 145.
[9]
Cheng, A. A. (2000). The
melancholy of race: Psychoanalysis, assimilation, and hidden grief. Oxford University Press.
Pág. 11.
[10] “El
capital es trabajo muerto que no sabe alimentarse, como los vampiros, más que
chupando trabajo vivo, y que vive más cuanto más trabajo chupa” Marx, K. El
Capital. Tomo 1
[11] Hanna Flint. (2023, diciembre 6). Ryan Coogler talks Sinners, vampires and capitalism [Video]. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=0mU_2VWpsmQ&t=1s
[12] Canal: Nolan Archives. Sinners
FYC | Ryan Coogler in conversation with Christopher Nolan. https://www.youtube.com/watch?v=g7FxNEDDf50
[13]
[16] Cita
del posteo de Vivian Abenshushan tomada del editorial El Ojo Pirata de Ana
Emilia Felker: ¿Arte o anestesia? La guerra cultural tras el show de Bad
Bunny en https://www.youtube.com/watch?v=MGHJ_ya_vI4
[17] Burke, T. (2019, enero 4). Me
Too is a movement, not a moment [Video]. TED Conferences. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=zP3LaAYzA3Q
[18] Goossen, N. (Director). (2026). Marcello
Hernández: American Boy [Película]. Netflix. https://www.netflix.com/title/81775183
[19] Ayouch,
Thamy. (2025) La raza en el diván: Lo psíquico es político
(Psicoanálisis, Sociedad y Cultura nº 64) (p. 195). Editorial Topía.
[20] Ubi
fides, ibi libertas. (2025, febrero 17). Gesù, maestro del desiderio: oltre
la paura e la sicurezza - Massimo Recalcati [Vídeo]. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=7lWXtOmTYi0&t=3792s
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