jueves, marzo 05, 2009

El aparato psíquico, hogareño y amigable
Parte uno de dos

“Permítanme ofrecerles una comparación; es verdad que las comparaciones no demuestran nada, pero pueden hacer que uno se sienta más en casa” [1]

“Una tercera y más sensible afrenta, empero, está destinada a experimentar hoy la manía humana de grandeza por obra de la investigación psicológica (siendo la primera de Copérnico al decir que la Tierra no era el centro del universo, la segunda de Darwin al demostrar que el hombre provenía del reino animal); esta pretende demostrarle al yo que ni siquiera es el amo en su propia casa, sino que depende de unas mezquinas noticias sobre lo que ocurre inconscientemente en su alma”.
[2]

Sigmund Freud


Como parte del curso de “Apreciación a las artes” que imparto en la FaPsi de la U.A.N.L. con estudiantes de primer semestre, vemos el documental “La guía para el cine del pervertido”[3]. En dicho documental, el presentador, Slavoj Žižek, brinda elementos desde el psicoanálisis y la filosofía para abordar el saber presente en las creaciones artísticas, principalmente películas populares desde “Los pájaros” de Hitchcock hasta “The Matrix”, permitiendo apreciarlo desde una perspectiva subversiva. En los apartados del dvd “PSICOSIS divisiones de la psique en la casa de madre” y “LOS HERMANDOS MARX superyó, yo y ello” me encontré con un dilema pedagógico al advertir que casi nadie del grupo había siquiera hablar de “Psicosis” de Alfred Hitchcock y menos aún de los Hermanos Marx, casos utilizados por Žižek debido a su supuesta condición de populares. Sin embargo en la imposibilidad de la utilización de los ejemplos, aparecieron más posibilidades cual lapsus freudiano, o como diría el Chavo del 8, “sin querer queriendo”[4].

El primer apartado dice lo siguiente:



“Nos encontramos en el sótano de la casa de Madre en “Psycho”[5]. Lo más interesante es la misma distribución de la casa de madre. Los eventos se llevan a cabo en tres diferentes niveles. Primer piso, planta baja, sótano. Es como si reprodujera los tres niveles de la subjetividad humana. La planta baja es el Yo. Norman se comporta ahí como un hijo normal, lo que permanezca normal en su Yo. Arriba, es el Superyó. Superyó materno, ya que la madre muerta es básicamente la figura del superyó. Y abajo en el sótano, es el Ello. El almacén de estas pulsiones ilícitas… Desde luego, la lección aquí es la vieja lección elaborada por Freud, que el superyó y el ello están profundamente conectados. La madre primero se queja, como una figura de autoridad, “¿Cómo me haces esto? ¿No te da pena? ¡Este es un almacén de vegetales!”. Para después, Madre inmediatamente cambia a la obscenidad, “¿Crees que soy un vegetal?”. El superyó no es una agencia ética, el superyó es una agencia obscena, nos bombardea con mandatos imposibles, se ríe de nosotros, cuando, desde luego, no podemos satisfacer su demanda. Cuanto más la obedecemos, más nos hace sentir culpables. Siempre hay un aspecto de un loco obsceno en la agencia del superyó”.[6]

Para alguien que haya visto la película “Psycho” la interpretación es provocativa además de iluminar de otro modo varias secuencias de la cinta. Sin embargo ¿cómo puede funcionar este ejemplo sin la referencia a la película? ¿Simplemente tendríamos que decir “si no han visto la película “lo siento””? Lo que me enseñaron mis alumnos fue otra vía. El autor hace el clásico experimento freudiano, al interpretar un mito con otro, una metáfora dentro de otra metáfora. Al estilo de Hamlet que tanto gustaba a Freud, la forma de develar la verdad es “with a play in a play”: una representación dentro de otra representación. En el ejemplo de Žižek, para abordar el tema del aparato psíquico lo ilustra con la casa de la madre de Norman. Lo que nos encontramos en clase es que podemos prescindir de la cinta y tomar el otro costado de la metáfora, irnos de lleno a lo familiar de la casa.

Žižek comenta que “La planta baja es el Yo”. Su original en inglés “Ground floor is Ego”, tiene diversas traducciones en castellano. Recordamos en clase la clásica confusión que tenemos en castellano con los conceptos “primer piso” y “planta baja”. Ground Floor, es literalmente “el suelo a ras, a nivel de tierra”, de donde parto para contar, mi punto de referencia, lo que diríamos que pierde alguien que se “cree mucho”, que “perdió el piso”. Es de interés que sea ese nivel el identificado con el Yo. Entre las posibilidades de traducción que surgieron por parte de la clase apareció una esclarecedora: “recibidor”. Tal y como lo definía Freud, “el Yo es la parte del ello alterada por la influencia directa del mundo exterior, con mediación de P-Cc: por así decir, es una continuación de la diferenciación de superficies”[7].

Si seguimos la metáfora anterior pasamos del cine a otro arte, la arquitectura. Así, la planta baja es donde los artistas de la arquitectura ubican el área social. Podemos jugar con una fórmula para ser cuestionada, el nivel de intimidad con un visitante es directamente proporcional a la distancia recorrida en la casa, por lo que alguien con mucha confianza entra “como Pedro por su casa” o “se mete hasta la cocina”. Tradicionalmente en la distribución de la casa, el área social (¿deberíamos ya decir yoica?) es donde ubicamos una sala o un comedor, si ponemos algo íntimo como un baño, esperamos un medio baño, es decir, solo el escusado y no la regadera (justamente para que el invitado “no se la bañe”). La sala, habitación compartida o social, es un espacio de regulación de las visitas, una mediación con el mundo exterior que nos permite estar juntos pero no revueltos, solo que al mismo tiempo, lleno de molestas convenciones sociales, como en las salas mexicanas de la generación anterior donde encontrábamos una “última cena”, la foto de la Boda de los padres, las fotos de los hijos, y una virgen de Guadalupe y si no tienen fotos y son más impúdicos, un letrero que diga “Este hogar es católico, apostólico y romano (y guadalupano)”.

En la última revisión de Freud sobre el aparato psíquico define al Yo de esta manera:

“Apenas si necesita ser justificada la concepción según la cual el yo es aquella parte del ello que fue modificada por la proximidad y el influjo del mundo exterior, instituida para la recepción de estímulos y la protección frente a estos, comparable al estrato cortical con que se rodea una ampollita de sustancia viva”.[8]

Cambiando la metáfora médica de Freud con la nuestra más casera entendemos al área social del hogar como esa “recepción y protección”, permitiendo el acceso de “los otros”, que constituye el mundo exterior, ese cuarto elemento del aparato psíquico tan olvidado como menos preciado. En el área social recibimos a las visitas y les mostramos aspectos de la casa para aceptarlos pero al mismo tiempos para no tener que sentarlos en nuestra recamara o ni si quiera abrirles la puerta. Esta área habla de la forma como somos “normales”:

“Para cumplir esta función, el yo tiene que observar el mundo exterior, precipitar una fiel copia de este en las huellas mnémicas de sus percepciones, apartar mediante la actividad del examen de realidad lo que las fuentes de excitación interior han añadido a ese cuadro del mundo exterior.”[9]

Del punto de referencia que es esa planta baja-primer piso del área social, se puede contar hacia arriba o hacia abajo, llevando al punto más claro la función mediadora del yo. Sigamos con Žižek recorriendo la casa[10]. Menciona “Arriba, es el Superyó” (“Up there, it’s the superego”) resaltando el carácter más obvio del Superyó, su lugar especial y espacial. El problema del concepto superyó es que en castellano lo súper no remite inmediatamente al adverbio de lugar sino al de cualidad. En mi imaginación vulgar, la primera vez que escuché Superyó, me imaginé a Superman, entonces era un Yo que podía volar con capa y los calzoncillos encima de sus pantalones. Sin embargo, sin adentrarnos a la pregunta importante de ¿qué es la S de Superman? y su relación con el Superyó, nuestra metáfora de la casa nos lleva a mirar hacia arriba. Originalmente Freud utiliza la palabra compuesta Über-ich, correspondiendo al Ich la primera persona, el Yo y el prefijo Über designa frecuentemente un lugar: por encima de, sobre, acerca de. Así encontramos palabras como Überanstrengen (sobrecargarse), Überempfinlich (hipersensible) o Überfordern (exigir demasiado). En la planta alta está un lugar de mayor intimidad como el propio Superyó intimida al Yo. Es ahí arriba (o más al fondo), donde su ubica lo que algunos arquitectos llaman el área privada, el “área V.I.P.”, donde ubican las recamaras, baños completos (sanitarios y regadera), estancia exclusivamente familiar (heimlich diría Freud), vestidores y terrazas. Más claramente, es el lugar del Master room, la habitación del dueño, amo o patrón (patronímico) de esa casa. La imagen es como si, cuando se le acusa a una hija que “manchó el honor, el buen nombre de la familia”, en realidad “la hubiera cagado” en la cama de los padres. Ese lugar desde arriba donde me veo, desde donde se siente evaluado mi Yo es el Superyó, “el que estresa (resalta, remarca, sojuzga, realza) al Yo”.

Sería ridículo creer que siempre se trata de alguien que estresa, que siempre es papá o mamá (¡¡Me estresas!!). La metáfora nos indica que el solo hecho de considerar por la disposición espacial un arriba de mi tiene sus efectos. Lo anterior me recuerda un panorámico que veo todos los días de camino a mi consultorio. En el anuncio de las librerías Gandhi se ve este “extraño” texto.

Esta sola disposición espacial nos remite al lugar más que a la persona. Como lo saben los fotogénicos, hay que considerar a la cámara y así la cámara te amará. Es de esta manera que tendríamos que leer las imágenes de pueblos antiguos (y modernos) que construyeron pirámides o mausoleos que solo pueden verse desde un helicóptero. Ridículamente alguien podría imaginar que están hechos para marcianos en naves espaciales sin considerar que se puede construir algo sin que lo vea yo directamente sino solo en la suposición del punto de vista de alguien más, Los Dioses, La Historia, el Otro lacaniano; alguien más arriba que me vea amorosamente por lo que le amo y temo. Desde arriba el Yo se siente humillado, avergonzado y le permite ser humilde, obediente, fiel.

En clase mencionamos estos dos ejemplos. Un tipo se prepara para un domingo de flojera. Alista un tazón de palomitas con otra rica botana para disponerse a ver el maratón de su serie favorita. Y cual lecherita del cuento, cuando se saboreaba los placeres por venir, se le cae el tazón con la comida rompiéndose dándole una nueva textura a la alfombra donde calló para anidarse. Se dice a sí mismo “¡Pendejo!, ¡imbécil!, ¡Puñetas!” y demás insultos confianzudos. Otra escena, días antes el mismo tipo decide (¡por fin!) poner un cuadro en la sala. Trae su herramienta y cual Pepe el Toro comienza la varonil labor. Después de haber taladrado, entaquetado, clavado y colgado el cuadro, lo ve desde cierta distancia y se dice “¡Ándale, ahora si se ve muy bien!”. ¿Por qué hablarse (no solo en tercera persona) si está solo? En esta autovaloración está la sensación de ser observado desde el mal-visto (“¡Mira la pendejada que hiciste!”) hasta el visto-bueno “¡Te quedó muy bien!”. De ahí esta que consideremos al superyó como una agencia con demandas imposibles, más culpabilizadora que ética. Como la acepción más importante de la palabra anglosajona “stress”, acentuar, hacer hincapié, hacer énfasis, como cuando se lee algo y se subraya lo más importante.

Usualmente he escuchado el ejemplo de que el Superyó sería una especie de Pepe Grillo o angelito cachetón que nos pide, demanda, hacer el bien sin mirar a quién. En ese ejemplo también hay otro personaje, el diablito, el enemigo que lleva a la tentación. Muchos lo relacionan con el malo de la película, el Ello, sin embargo, su condición de déspota solo es articulada por los mandatos del Superyó.

“El riguroso superyó observa cada uno de sus pasos (del yo), le presenta determinadas normas de conducta sin atender a las dificultades que pueda encontrar de parte del ello y del mundo exterior, y en caso de inobservancia lo castiga con los sentimientos de tensión de la inferioridad y de la conciencia de culpa… Aquí ven ustedes que el superyó se sumerge en el ello; en efecto, como heredero del complejo de Edipo mantiene íntimos nexos con él; está más alejado que el yo del sistema percepción”.[11]

Imaginemos al tipo en una situación estilo “Gavilán o Paloma” de José José. Un hombre ve a una hermosa mujer en un bar y se siente atraído hacia a ella “como una ola”. En ese momento una vocecita de lado derecho (the right one?) le dice “¡Vamos, lígatela, háblale!”. Él comienza a acercarse con cara de “perdona vidas”. Después otra vocecita del lado izquierdo (¿perversa?) le dice “¡¿Te crees muy macho?! ¡No la molestes! ¡Eso no hace un caballero!” El tipo se detiene y comienza a regresar a su lugar de origen. De repente la otra vocecita dice “¡Cobarde! ¡Por eso estás solo! ¡Aviéntate!” Malo si lo haces, malo si no lo haces. La única función del Superyó es la de supervisar y criticar, hallar fallas, al Yo, solo por el hecho de verlo desde arriba, de verlo apocado. El aspecto amable del Superyó es el vinculado al Yo y el aspecto sádico es su relación con el ello, sin embargo solo lo hace por el efecto de tener que fiscalizar al Yo, de parte del Ello.

“El pobre yo lo pasa todavía peor: sirve a tres severos amos, se empeña en armonizar sus exigencias y reclamos. Estas exigencias son siempre divergentes, y a menudo parecen incompatibles; no es raro entonces que el yo fracase tan a menudo en su tarea. Esos tres déspotas son el mundo exterior, el superyó y el ello… Así, empujado[12] por el ello, oprimido por el superyó, repelido por la realidad, el yo pugna por dominar su tarea económica, por establecer la armonía entre las fuerzas e influjos que actúan dentro de él y sobre él, y comprendemos por qué tantas veces resulta imposible sofocar la exclamación: «¡La vida no es fácil!».”[13]

Llegamos al lugar tabú, recordando su carácter de sagrado y prohibido, cuando Freud nos recuerda que el empuje viene del Ello. En nuestra comparación con la casa Žižek dice “Y abajo en el sótano, es el Ello. El almacén de estas pulsiones ilícitas” (“And down in the cellar, it’s the Id. The reservoir of these illicit drives”). La figura del sótano es difícil de encontrar en nuestro contexto mexicano. De nuevo, la arquitectura nos lo explica de otra forma. Cuando el autor menciona “El almacén”, ubicamos otra área en la casa de la que hablan los herederos de los masones. Nos referimos al área de servicios donde se sitúan la cocina, baños, lavandería, armarios, basura. A lo mexicano sería el cuarto de despensas, herramientas y triques. La relación con el ELLO freudiano se deriva con aquello que son los cimientos, los insumos básicos de la casa.

Esa parte “parte oscura, inaccesible, de nuestra personalidad” como la llamaba Freud es el “corazón de la casa”, de alguna forma todo el edificio psíquico es Ello, mientras que el Yo es una parte del mismo. Habiendo dicho lo anterior reservamos el nombre Ello como algo que no haya su lugar, como eso que “tiene carácter negativo, sólo se puede describir por oposición respecto del yo”[14]. El Ello sería lo constituye como hogar (hoguera) a la casa. Freud lo definía así:

“Nos aproximamos al Ello con comparaciones, lo llamamos un caos, una caldera llena de excitaciones borboteantes. Imaginamos que en su extremo está abierto hacia lo somático, ahí acoge dentro de sí las necesidades pulsionales que en él hallan su expresión psíquica, pero no podemos decir en qué sustrato… En el ello no hay nada que pueda equipararse a la negación, y aun se percibe con sorpresa la excepción al enunciado del filósofo según el cual espacio y tiempo son formas necesarias de nuestros actos anímicos”.

Lo anterior nos lleva primero a lo oral, hasta la cocina. Lo interesante de la cocina es que remite a la pulsión más que a la necesidad de comer. Ahí no hay nada natural de lo contrario no tendría sentido una cocina. Lo que pasa ahí es desde el humano (demasiado humano) cocimiento de la comida hasta la condimentación. La verdad, no hayamos mejor ejemplo para hablar de esa frontera entre lo psíquico y lo somático que es la pulsión. Un filete es un trozo de carne preparado para comer tal y como una pulsión es una necesidad erotizada. Ahora vamos a des-comer, la cagamos y pedimos disculpas en el “escusado”. La pulsión oral comienza en el momento que eso que antes no era nada, las heces fecales, se convierten en material de desecho que tenemos que desaparecer. Es el lugar de nuestros mayores “pedos” y esfuerzos.

Ahora vayamos al lugar donde se dividen los niños de los hombres y “clavémonos” más con aquello que tiene un carácter fálico, la frontera entre el desecho (anal) y lo nutricio (oral), los triques. Imaginemos la siguiente escena de la vida cotidiana. Un buen día de vacaciones el ama de una casa les pide amorosamente a su hijo que “no ande de vaquetón y se ponga a recoger el pinche mugrero” que tienen en el cuarto. El chico comienza a reconocer el montículo de triques y cual pepenador, comienza a seleccionar aquello que se va y lo que se queda. Abre una caja llena de juguetes que parece colección de especímenes de un laboratorio de secundaria pública o espectáculo de lo grotesco de una feria popular. Muñecos que asemejan la última aventura cinematográfica de Chucky, tenis y ropa que darían pena a “María la del barrio”, libros enmohecidos, fotos dignas de documental de arte, entre otros objetos que se encuentran en la zona gris de lo inservible-inseparable. De ahí su aspecto fálico, eso que solo representa lo pulsional, que insiste en no irse y volver. Así, el ello es todo lugar en la casa donde se guarda las cochinadas, eso tan “de la casa” (Freud diría “heimlich”) que se vuelve “ominoso” (“unheimlich”), el cadáver en el ático, lo que sale del closet, lo sepultado en el jardín, eso que no se atreve a decir su nombre, porque esta reprimido o porque nunca lo tuvo. Así lo menciona Freud:

“Parece, es verdad, que la energía de esas mociones pulsionales se encuentra en otro estado que en los demás distritos anímicos, es movible y susceptible de descarga con ligereza mucho mayor, pues de lo contrario no se producirían esos desplazamientos y condensaciones que son característicos del ello y prescinden tan completamente de la cualidad de lo investido -en el yo lo llamaríamos una representación”.[15]

Otra comparación que recordamos es la siguiente de Lacan:

“Un depósito sí, si se quiere, eso es el Ello, e incluso una reserva, pero lo que allí se produce, de rogatoria o de denunciación misivas, viene de fuera, y si se amontona allí, es para dormir. Y aquí se disipa la opacidad del texto que enuncia del Ello que el silencio reina en él: en que no se trata de una metáfora, sino de una antítesis que ha de proseguirse en la relación del sujeto con el significante, que nos es expresamente designada como la pulsión de muerte.”” [16]

Para concluir por lo pronto, proponemos el siguiente plano arquitectónico del aparato psíquico casero. A continuación, dos imágenes que siguen la encomienda freudiana de “rectificar” el gráfico por él propuesto y una promesa: compartir cómo suplimos el ejemplo de los hermanos Marx con la serie “Friends”.


2009-02-26



[1] Freud, S. (1932) Nuevas Conferencias de introducción al Psicoanálisis. 31ª conferencia. La descomposición de la personalidad psíquica. Sigmund Freud Obras Completas. Amorrortu Editores. Vol. 22. Pág. 67.
[2] Freud, S. (1932) Conferencias de introducción al psicoanálisis. 18ª conferencia: La fijación al trauma, lo inconsciente. Sigmund Freud Obras Completas. Amorrortu Editores. Pág. 261.
[3] Finnes, S. (2006) The pervert’s guide to cinema. P guide.
[4] Estimado lector, espere nuestra próxima entrada intitulada “Pegan al Chavo: sobre el deseo de castigo en los niños”, aquí, en su blog de confianza.
[5] Hitchcock, A. (1960) Psycho. Universal Pictures.
[6] Finnes, S. Op. cit.
[7] Freud, S. (1923) El Yo y el Ello. Sigmund Freud Obras Completas. Amorrortu Editores. Pág. 27.
[8] Freud, S. (1932) Op. cit Pág. 70.
[9] Ibid
[10] Como dato curioso, esta idea de seguir al autor a través de la casa más que a los personajes nos recuerda al maravilloso tráiler de la película donde Alfred Hitchcock da un tour al espectador a través de la casa solo que el viaje no es como Žižek –planta baja-planta alta-sótano, sino planta baja, planta alta y terminamos en el motel, específicamente, en la regadera del baño de la cabaña 1 del motel Bates.
[11] Freud, S. (1932) Op.cit Pág. 73.
[12] En el texto de Amorrortu dice “pulsionado” que preferimos cambiar por “empujado” para devolver a la conjugación original de “trieb” su calidad de palabra de uso común en lugar de las intelectualizaciones clásicas.
[13] Freud, S. Ibíd.
[14] Freud, S. Ibíd.
[15] Freud, S. Ibíd.
[16] Lacan, J. (1966) Observación sobre el informe de Daniel Lagache: "Psicoanálisis y estructura de la personalidad". Escritos, tomo 2. Siglo veintiuno editores. Vigésima edición en español, 1999. Pág. 639.

12 comentarios:

George dijo...

Hola Héctor
Tu artículo me hizo pensar en otro ejemplo cinematográfico: la casa del Dragón Rojo, en realidad la casa de su abuela. Me parece que en esta película se articulan elementos de los que hablas en tu artículo, especialmente los relacionados con el Superyo.
Saludos

Hector Mendoza dijo...

George, la idea que me dio esto de la relación con la casa fue más para mis amigos que se interesan en el rollo de lo forense ¿podríamos hacer un primer analisis de la personalidad por las áreas de la casa? ¿qué pasa con las casas actuales que no hay fronteras? Saludos y gracias por pasar por su blog de confianza.

Anónimo dijo...

hola hector
tu analisis que articula arquitectura e instancias psiquicas es aplicable tambien en forma interesante al film Gosford Park de Robert Altman, solos que en esa pelicula los personajes son los grupos...la has visto?
Seria apropiado pensar en la casa de psicosis como los tres registros...real, simbolico e imaginario.
Es muy apropiado el grafico triangular del final del articulo, donde supongo falta el mundo externo que seria el motel...
abrazo grande desde buenos aires
ricardo sidelnik

Hector Mendoza dijo...

Estimado Ricardo: vio mis malas intenciones en ese grafico del final, buscaré la película que me recomienda solo que después de su articulo que me tiene en una nota en sostenido. Saludos

visitor Q dijo...

hola, que tal, me gusta la forma como abordaron tu equipo de investigacion (tus estudiantes) y tu la analogia entre distintas disciplinas, hay un libro que hace unos años le di una hojeada sobre semiotica de la casa. Es de Alejandro Garcia Garcia que es un doctor que esta por ahi en arquitectura y si mal no recuerdo se llama analisis semiotico de la casa campesina o algo asi, esta editado por la uanl si mal no recuerdo, es interesante su propuesta, buscalo por ahi en la universitaria, seguro por ahi esta.
Saludos

Por cierto recibiste el mail que te mande???

Hector Mendoza dijo...

Mi estimado señor Banda, voy a buscar la referencia que me das, con respecto a tu correo claro que estoy puesto nomás deja veo qué se me ocurre para tomar acción. Saludos

RICARDO SIDELNIK dijo...

EN RELACION A LOS ESPACIOS REALES Y A LOS ESPACIOS PSIQUICOS, NO PUEDO DEJAR PASAR EL CASO DE ESTE SUJETO, QUE DICE HABER TENIDO UNA VIDA EN LA SUPERFICIE Y OTRA PARALELA EN EL SOTANO .
SIN INTENTAR HACER UN BLOG DENTRO DE OTRO ME CREO QUE AQUI SE ADVIERTE CLARAMENTE DOS ESPACIOS , Y DOS REGISTROS PARALELOS , EL DE MANIFIESTO EN PLANTA BAJA Y EL LATENTE EN EL SOTANO.
LA SUPERFICIE , REGIDA POR EL PRINCIPIO DE REALIDAD Y EL SOTANO BAJO LOS EFECTOS DEL PRINCIPIO DEL PLACER.
LA " ARQUITECTURA PSIQUICA" DEL SUJETO ARMO UN PERFECTO MECANISMO DONDE ARTICULAR LAS PULSIONES CON LO ESPACIAL.
INTERESANTE TEMA PARA SEGUIR ANALIZANDOLO
ABRAZO DESDE BUENOS AIRES
RICARDO SIDELNIK



Josef Fritzl, conocido como el chacal de Amstetten, se declaró hoy culpable de todos los cargos en su contra, incluyendo el de homicidio por omisión de uno de los niños nacidos como fruto de las relaciones incestuosas que mantuvo con su hija Elisabeth.

La declaración de culpa de Fritzl ante la Audiencia Provincial de Sankt Pölten, al oeste de Viena, se producía dos días después de que el acusado negara parte de los seis puntos de la acusación. Según la agencia local APA, el jubilado de 73 años admitió su culpa tras ver la declaración de su hija por video en la sala del juicio.

Hasta ahora, el acusado había admitido sólo "parcialmente" su responsabilidad por esclavitud y homicidio por omisión, mientras que sí había reconocido su culpa por violación, coacción grave, privación de libertad e incesto.

Para la tercera sesión de hoy está previsto que se presenten los informes periciales sobre el estado psíquico del acusado y otros estudios técnicos sobre el zulo en el que Fritzl encerró a su hija durante 24 años, donde la violó sistemáticamente.

El llamado "juicio del Siglo" en Autria, que atrajo a cientos de periodistas de una veintena de países, tiene previsto dictar la sentencia mañana, jueves. La sesión de hoy se abrió de nuevo a un número restringido de periodistas, después de que la jornada de ayer se desarrollara a puerta cerrada para proteger la intimidad de la víctima.

El testimonio de Elisabeth fue presentado ayer a los ocho miembros del jurado mediante un video en el que relató sus 8.461 días de cautiverio, las violaciones, los siete hijos que dio a luz en el sótano y su vida en un habitáculo de apenas 60 metros cuadrados, sin ventilación ni luz natural.

La sesión de hoy comenzó a las 5 de la Argentina tras acceder a la sala el acusado, esta vez con el rostro descubierto, según pudo presenciar EFE. Los miembros del tribunal, la fiscalía y la defensa escucharán hoy el testimonio de la psiquiatra Adelheid Kastner, autora del informe pericial sobre la personalidad del acusado.

El informe del asesino
El contenido de ese peritaje fue filtrado hace días a la prensa e indica que bajo la apariencia banal del acusado se esconde, en palabras del propio Fritzl, "una vena maligna". Según la autora del peritaje, existe riesgo de que en el futuro Fritzl "cometa actos con graves consecuencias".

Aún así el informe descarta que el llamado "Carcelero de Amstetten" sufra algún tipo de enfermedad mental y estima que en el pasado fue perfectamente consciente de sus actos.

El examen psiquiátrico revela una "alteración de las preferencias sexuales", un enorme narcisismo y una "incapacidad emocional" de sentir empatía con el sufrimiento de sus víctimas.

Por ello, la fiscalía ha solicitado que, independientemente de la pena que se le imponga, el acusado sea internado en una institución para delincuentes con problemas mentales una vez que cumpla la condena.

La fiscalía argumenta, basándose en el testimonio de Elisabeth, que Fritzl ignoró las peticiones de su hija para que dispusiera ayuda médica para el recién nacido por los problemas respiratorios que sufría. Esta imputación puede costarle a Fritzl una pena de cadena perpetua.

Está previsto que el jurado se retire a deliberar ya esta tarde y que mañana se haga público el veredicto de culpabilidad o inocencia sobre los delitos de asesinato, esclavitud, violación, privación de libertad, coacción e incesto, que se imputan a Fritzl.

Tras el dictado del veredicto, el jurado, junto con los tres jueces profesionales que dirigen el proceso, decidirá la sentencia que se impone a Fritzl y que puede ir desde un año de prisión hasta cadena perpetua.

Carlos Fernández del Ganso dijo...

Estimado señor,es innegable que se ha tomado un trabajo en su desarrollo literario.
Me atrevo (y pido disculpas anticipadas) sugerir (debido a la gran diferencia en la transmisión) utilizar la traducción que realizó López Ballesteros, de Freud.
Por ejemplo el mismo texto que usted rescata, hablando del Yo, es tan diferente una traducción de otra, que merece la pena.
Un saludo cordial, estimado Héctor.

Carlos Fernández del Ganso dijo...

Hola de nuevo Héctor.
En la Escuela de Psicoanálisis donde me formo, desde hace años, se realiza una experiencia en cine, con guiones, actores y donde también muchos técnicos son psicoanalistas y alumnos de la escuela.
Si le interesa esta manera de tratar temas de: Infidelidad, Familia, Sexo y Dinero, puede visitar: www.grupocero.org y dentro de ella "Cinenormal"
En You Tube también encontrará cortos. Dar Menassa y cine, y ahí le aparecen.
Y si la información que le alcanzó no es de su interés, me conformo con haberle informado.
un saludo

Hector Mendoza dijo...

Estimado Carlos: le agradezco la referencia a la traducción de Lopez Ballesteros que inmediatamente iré a revisar, así como lo desarrollado por ustedes, gracias por la visita y comentario.

enoturismo ribera del duero dijo...

Una anlogia interesante con la arqitectura de uncasa, la psiquis se parece mucho a eso, hay cuartos vacios, cuartos que estan llaveados y ni siquiera conocemos, y cosas almacenada en esos cuartos que si se nos caen encima nos puenden lastimara, me gusto mucho el post me hizo pensar.

Laura Castillo dijo...

Maestro, es inevitable leer sin recordar su tono de voz cuando tomé clase con usted en primer semestre de la facultad, sus ejemplos, las películas, libros a los que hace relación hacen comprensible el mundo y el psicoanálisis.

Me quedo reflexionando en la analogía de la casa, en donde cada casa tiene un cuarto en el que se guardan cosas que " se pueden utilizar algún día"... que al final sabemos que la mayoría de esas cosas terminaran en la basura, tarde o temprano. Es bueno hacer una limpieza de vez en cuando, sacar de nuestra mente lo que ya no sirve pero que se carga.

Gracias por compartir su conocimiento.
Que tenga buen día.