miércoles, marzo 11, 2009

(imagen original en http://www.mondobizzarro.net/gallery/index.php)

Identidad en los tiempos de la soledad[1]
Paul Verhaeghe


Comúnmente, en mis presentaciones y artículos, muestro una revisión sobre algún tema en particular a través de Lacan combinado con Freud. Hoy, procederé diferente, ya que quiero presentar una visión en general, apoyado en Freud y Lacan, sobre lo que considero que va mal actualmente en términos de identidad y la vida amorosa. Los títulos alternativos para esta plática pudieron haber sido “el Otro no existe” o, si quieren un título más sexy, “El cuerpo desnudo”.


Contrario a la opinión popular, el amor es relativamente fácil de definir. Es un significante, es decir, está determinado por el Otro. Pertenece a la misma especie de la feminidad y la autoridad, y esto es el porqué Lacan pudo afirmar que todos estos no existen. Pudo haber incluido al sujeto también, como una clase de producto cambiante de estos significantes. Los cambios contemporáneos en el Otro y sus efectos en la subjetividad es el tema de mi charla, visto desde el punto de vista occidental europeo.


La historia ha conocido una serie de cambios importantes en nuestros estilos de vida. La transición de cazadores-recolectores a los cocechadores sedentarios fue uno de los más importantes, seguido por la revolución industrial. Lo que hemos visto en las últimas décadas con la tecnología digital es el creciente apogeo de lo que inicialmente fue solo una revolución mecánica. Sus efectos en el flujo de la información, en la educación, salud, la producción y la globalización no pueden ser sobrevalorados, junto con su aceleración acompañante. Podemos estar conectados casi en todos lados en todo momento, podemos hacer click en cualquier pieza de información, la educación de calidad es posible tanto para hombres como para mujeres, nunca hemos estado tan saludables por tanto tiempo, etc. A esta luz objetiva y agradable, el balance es positivo, aunque restringido para lo que se llama el “occidente” y con una limitada validez ecológica. Ante esto último, puedo tranquilizar la mente del lector. La idea de que la humanidad destruirá el planeta, es equivocada. Esa idea forma parte del problema – soberbia combinada con miopía. No destruiremos el mundo, solo a nosotros mismos.

Desde el inicio de la era industrial, los problemas psicológicos que la acompañaron recibieron atención. Las reflexiones de S. Marai sobre la influencia de la sociedad moderna en el hombre son tan contemporáneas que la mayoría de sus lectores difícilmente advierten el hecho que fueron escritas hace más de un siglo. Recientemente, estos problemas tomaron una forma paradójica: la primera generación que nunca sufrió hambre, no fue a la guerra y vivió un antes desconocido nivel de prosperidad, es al mismo tiempo la generación con el más nivel de depresión y el más alto nivel de suicidio. Las múltiples explicaciones rápidamente ilustraron nuestra falta de entendimiento. Al comienzo de la monografía de Freud sobre el duelo y la melancolía, parte de la explicación se debe encontrar en la identidad, o más específicamente, en su caída, en su declinación.

Hace no mucho tiempo, la identidad hablaba por sí misma, e incluso en la teoría psicoanalítica, difícilmente era un concepto, menos aún un problema (Vanheule y Verhaeghe, 2008). A medida de que fue estudiada, la atención estuvo puesta en su estructura, comúnmente en combinación con acentos psicológicos del desarrollo. Actualmente, este no es el caso, por el contrario. La identidad se ha vuelto un problema, y los llamados trastornos de la personalidad están en todos lados. Antes de profundizar en este cambio, tengo que corregir un cierto malentendido que paradójicamente es distinguido como una definición de la identidad y que al mismo tiempo ilustra el problema.

Actualmente, la identidad es comúnmente entendida como un signo de un supuestamente único Yo o ego narcisista, el “dios en lo más profundo de mis pensamientos”, independiente de todos esos otros yoes. Tal concepción testifica aún más la pérdida de la identidad, al enviar mi propio ser a mí mismo y traer consigo la pérdida de seguridad y confianza. En contraste a esta concepción, la identidad se refiere al sentimiento tranquilizador de formar parte de un grupo al que soy más o menos idéntico – la raíz latina Identitas significa similitud. Más aún, en la mayoría de los casos alguien forma parte de diversos grupos que se encuentran interconectados y que existen también por sí mismos, basados un cierto factor común: género, familia, profesión, villa, nación… Cada uno recibe un común denominador, comúnmente condensado en un nombre propio. Tu apellido te refiere a tu grupo familiar que puede estar asociado con el nombre de una villa o ciudad, o incluso a una nación de la que eres originario. Inmediatamente cuando seguimos esto, encontramos grupos que se basan en una cierta característica como el género y la profesión.
Todo sujeto carga con estas identidades, y precisamente por estas cargas, sabemos quiénes somos dentro de una estabilidad y continuidad adquiridas. La permanencia se basa en la historia, desde las historias familiares a la historia del grupo de una profesión, un pueblo, una nación… Soy alguien debido a que pertenezco al grupo identificable de alguien que dejó rastros a través de la historia, el legado que puedo seguir. Con base a su historia, todo grupo produce un número de normas y valores que tienen que ser seguidas por el individuo si quiere tomar su identidad de este grupo particular.

Esto demuestra una segunda importancia del Otro, además de la identidad: es vía el grupo que se adquiere la regulación de la pulsión, acompañada del significado, del sentido. Formar parte de un grupo implica aceptar estas regulaciones y compartir estos significados. Asumiendo que la religión es uno de muchos grupos que proveen identidad y regulan la pulsión, no existe ningún intrínseco sentido pre-suministrado o pre-discursivo y todo sujeto tiene que arreglárselas solo en este respecto. Es imposible hacerlo por uno mismo, con excepción del sujeto psicótico. Para el resto de nosotros, el Otro es estrictamente necesario.

Tanto Freud como Lacan demostraron que la regulación y el significado deben proveerse por y a partir de una serie de instancias que sean envestidas por una autoridad simbólica que recibe una posición especial en el grupo. Su carácter de necesario es causado por el hecho de que tanto el significado como las normas son siempre arbitrarias y consecuentemente tienen que estar basadas en una convención compartida por los miembros del grupo, con el líder o líderes como garantías. El histórico pater patrias o padre fundador encuentra su contraparte en el pater o mater familias, que se supone sigue la ley al pie de la letra. Además de la ley escrita siempre existen un número de regulaciones no escritas, pero no por eso menos importantes. Más allá de sus diversas formas y elaboraciones, existe un punto central en común: estas determinan la relación con el cuerpo, ya sea el propio cuerpo o el cuerpo de alguien más, desde la etiqueta al comer, las reglas de vestimenta, reglas de cortesía del compromiso al erotismo y las relaciones de género – ver los trabajos de Lévi-Strauss.

Ciertamente, el cuerpo toma una posición central, tanto en términos de regulación como de identidad. Al final del día, toda regulación se enfoca en la jouissance[2] (ver la noción de Superyó de Freud) y la identidad no es otra cosa más que el sentido y significados en los que se enfunda la superficie del cuerpo (ver la noción del Yo como superficie corporal de Freud) a través de la ropa y símbolos de categorización. Estos últimos son importantes ya que se refieren a la identidad narrativa simbólicamente determinada que nos dice y al otro quiénes somos y cómo nos relacionamos con los otros. Sin ellos, literalmente no sabríamos quienes somos. Esto es lo que Lacan explica en su teoría del estadio del espejo y la formación del sujeto.

Basándonos en la descripción dada hasta el momento, se hace claro que el pertenecer a un grupo estable es muy importante y si esta afiliación se altera, significa que tanto la formación del sujeto, la regulación y el sentido de la pulsión también estarán alterados. Esto es lo que sucede hoy en día, desde los llamados trastornos de identidad en los pacientes borderline a la pérdida de la identidad en los casos de depresión, en ambos casos vemos que están acompañados por una siempre presente sensación de pérdida del sentido y una constante angustia. Debido a este deterioro, el cuerpo previamente subyacente se encuentra nuestros días en el primer plano, en el mejor de los casos como un marco de referencia para una identidad que todavía necesita ser construida, en el peor de los casos como la última parte de una subjetividad que desaparece que nunca fue elaborada efectivamente. Esto es la vía suicida por la que alguien que ya no se encuentra más ahí, desaparece completamente de la escena.

Individuos Anónimos

La formación de grupos estables trae consigo un número de sentimientos que hablan por sí mismos: lealtad y confianza, creencia en la autoridad y la solidaridad. Originalmente, estos fueron instalados principalmente vía grupos de afiliación; hasta que recientemente, también se formaban en el lugar de trabajo. La revolución industrial hizo de la mayoría de nosotros dependiente de la economía, trayendo consigo que su fuerza determinante no puede ser sobrevalorada. El postulado básico es que la vía económica y sus efectos en los grupos determinan al individuo y su sentido de identidad.

Una descripción general de lo que ha sido llamado “el nuevo capitalismo” puede encontrarse en Sennett (2007). La combinación de la digitalización y el Internet, neoliberalismo y la seducción del mercado de valores, tanto para las compañías como para “Juan Pérez”, el hombre común, que quiere su rebanada del pastel, han instalado en poco tiempo una completamente nueva cultura de compañía –el Otro del discurso del capitalista, como fue descrito por Lacan en 1972. Debido al poder dominante de la industria, este discurso fue rápidamente tomado por la administración del estado, especialmente en temas relacionados con la salud y la educación. Sus efectos combinados en la sociedad, la vida familiar y finalmente en el individuo son enormes e ilustran perfectamente cómo la economía, la política y la subjetividad se encuentran entremezcladas. Esta mezcla es la que quiero ilustrar brevemente en materia de administración del tiempo, la importancia del conocimiento y la experiencia, la combinación entre la lealtad y la solidaridad, y finalmente, en la posición de la autoridad. Sus efectos finales emergerán especialmente en el proceso combinado de la adquisición de la identidad y la regulación de la pulsión, y consecuentemente en nuestra vida amorosa.

La administración contemporánea se enfila hacia las ganancias a corto plazo, como nuestros políticos que solo piensan en términos de un período legislativo. Esto significa que las fluctuaciones a corto plazo en el mercado de valores tiene el mismo efecto en la economía que las encuestas de aceptación en los políticos: intervenciones rápidas y drásticas en función del “mercado”. No tomará mucho tiempo para que continuidad y estabilidad se vuelvan palabras impúdicas, indicando lo que no debes buscar. A nivel individual, esto crea inseguridad y agotamiento. Todo mundo tiene que seguir creciendo, cada entrevista de evaluación debe llevar a objetivos más altos y está específicamente prohibido mantenerse en el nivel previo. ADHD[3] se ha vuelto la norma y la flexibilidad es su dogma. Un lema como “El mundo, mi villa” debería ser reemplazado por “El mundo, una estación ferroviaria”, donde la gente anda corriendo de un lado para el otro y no puede encontrar la línea correcta debido que la pizarra ha cambiado de nuevo.

Esto explica el porqué dicha economía no puede apreciar la experiencia y el saber; tales recursos causan mucho estancamiento y resistencia al cambio. En lugar de eso, el acento recae en las llamadas competencias, innovación y glamur (“atractivo”) en función de reconocimiento por el mercado de valores. Los trabajadores con antigüedad se consideran una carga: su saber estorba el rápido progreso, sus salarios son muy altos, son muy tradicionales y su flexibilidad es nula – deshacerse de ellos es el mensaje. Lo mismo sucede en la escena política que agradece a sus fieles miembros del partido por sus esfuerzos en el pasado y llenan sus asegurados asientos electorales con un grupo de actores “machos”, “actricillas” eróticas y deportistas. La analogía a nivel individual es fácil de encontrar. Todo mundo tiene que lucir eternamente joven y entusiasta además de comprar cosas solo porque son nuevas y no porque las necesitemos. Las cosas se tiran porque son viejas, no porque ya no las podamos usar.

La combinación de una tendencia a las ganancias a corto plazo y el decremento de apreciación del saber y la experiencia conllevan a la disolución del pegamento que une y mantiene a los grupos unidos, la lealtad y la solidaridad. A la luz de lo que sucede actualmente, las generaciones previas (contemporánea y posterior a la Segunda Guerra Mundial) conocieron una mayor lealtad entre “los de arriba” y “los de abajo”. Un trabajador estaba más o menos seguro de un trabajo de por vida con el mismo jefe, y consecuentemente estaba listo para comprometerse con ese trabajo por “su” jefe – de hecho era parte del él. Este jefe se comprometería por “su” gente, ya que era los mejor para sus intereses. Lo anterior casi ha desaparecido hoy en día, tanto en la compañía como en el jefe. Una compañía multinacional es invisible, no tiene contacto con sus trabajadores y despedirá, recortará, o incrementará los trabajos en función del mercado de valores. Consecuentemente los trabajadores no tienen ningún sentimiento de lealtad, y la relación entre “los de arriba” y “los de abajo” es de total desconfianza. De nuevo, la transición en términos de política es muy sencilla. El número de miembros leales al partido está reduciendo en todos lados, y con cada elección el número de votantes indecisos va creciendo. Los que votan tienen que ser convencidos a corto plazo, un compromiso largo es algo excepcional. Así, para la toma de decisión, nos lleva al uso de argumentos baratos o populistas. Es sintomático de esta pérdida de lealtad el estilo cínico utilizado por los políticos cuando se refieren a sus votantes en lo privado, y claramente es replicado por el cinismo del ciudadano común cuando públicamente habla de sus políticos.

Cuando la lealtad vertical entre los de arriba y los de abajo se pierda, la solidaridad horizontal también desaparecerá rápidamente. Una casi exclusiva tendencia hacia la rapidez o simplemente hacia mayor ganancia implica la oposición de todo lo que se interponga en nuestro camino. Consecuentemente, todo mundo se confronta con la amenazante imagen de la redundancia potencial – siempre hay alguien que es mejor, más rápido y más barato. En tal discurso, es inevitable que los colegas se vuelvan rivales y que la solidaridad sea un lujo que uno no puede darse. En la escena política también, construir una plataforma común del partido es cosa del pasado, y los principales enemigos se deben buscar en nuestras propias filas. El siguiente paso es que esta desaparición combinada de la lealtad y la solidaridad se siente a nivel del grupo más pequeño, la familia. Nuestra vida amorosa contemporánea es muy extraña. Las parejas desconfían uno del otro desde el inicio; tratando de protegerse de posibles fraudes vía complejos contratos matrimoniales, manteniendo cuentas de ahorro separadas desde el primer día, etc. En caso de conflicto, las negociaciones no son una opción válida, toma tus cosas y vete, porque la flexibilidad es mejor, y más es mejor que nada, un nuevo y supuestamente mejor producto, eso es, una nueva pareja ya está esperando. De hecho, siempre hay alguien mejor, más rápido y barato que tu.

El balance resultante es bastante pesimista. La durabilidad es mala (“¿Todavía trabajas para X?” “¿Todavía sigues con Y?”), elaborar un proyecto común a largo plazo es imposible. La desconfianza es obligatoria (“¡Nadie se va a aprovechar de mí, yo me aprovecharé de ellos!”) y la solidaridad no es más que un artículo para deducir impuestos (“¿Porqué me voy a hacer cargo de ti?”). Todo esto confluye en una esfera de fatiga generalizada, falta crónica de tiempo y, lo más importante, sentimiento de vacío. En lugar de la identidad otorgada aunque alienante del discurso previo, el sujeto contemporáneo es perseguido por las preguntas básicas: ¿quién soy, en relación a quién?

Una característica final del nuevo capitalismo es menos visible pero tiene grandes consecuencias como el resto. El centro del poder que antes era muy claro - el jefe, la oficina – no solo ha abandonado la compañía, también se ha vuelto anónima. La nueva compañía opera en el mercado de valores y se maneja por innombrables juntas directivas. Esto conlleva inevitablemente al reemplazo de la autoridad por el poder puro. El siempre temporal encargado tiene que hacer lo que el mercado y la mesa directiva le dicen hacer, y un gobierno nacional no puede contradecir estas decisiones, incluso aunque se refieran al cierre de una fábrica lucrativa. En nuestro siglo, un gobierno nacional es la perfecta encarnación del “Señor Waldemar” de E. A. Poe: está muerto sin darse cuenta de ello.

Este aspecto anónimo del poder es amenazante debido precisamente a su anonimato. Cualquiera que desee protestar hoy día está en un terrible problema debido a que es muy difícil hallar la dirección del lugar donde dirija su protesta, añadiendo al problema sentimientos de impotencia. Esto también lo encontramos a nivel de la familia, donde el asiento de la autoridad ha estado vacío por décadas. En los peores casos, los hijos literalmente no saben bajo qué común denominador deben ubicarse. Son los exponentes del anonimato creciente contemporáneo. El grupo de gente con un vínculo incierto está creciendo día con día. Vínculo incierto no realmente la expresión correcta, en muchos casos esto significa que estas personas no tienen ningún vínculo, son individuos anónimos en los tiempos de la soledad. En tales circunstancias, no es ninguna sorpresa que el cuerpo vaya por delante, al centro de la escena, como el lugar de anclaje para una identidad que todavía necesita ser construida.

Sei personaggi in cerca d’autore

Somos un cuerpo, pero no somos solo un cuerpo. Leí en el periódico el obituario de un hombre desconocido. Supe que había nacido en Ghent en 1942 el 11 de febrero, que fue la pareja de una profundamente afligida mujer, un amoroso padre de tres hijos, el abuelo de dos nietos, y que murió tranquilamente en su casa en presencia de su familia. Fue el hijo de una pareja cuyos nombres estaban marcados con una cruz. En una cuantas líneas, cuatro generaciones aparecieron. Supe que fue un arquitecto, miembro de distintas sociedades y que fue profundamente religioso. Esta descripción condensada me brinda una imagen de la identidad que revestía su cuerpo difunto. El obituario ilustra como tratamos de continuar nuestra identidad más allá de las fronteras de nuestra muerte. Sin esta identidad, el sujeto no existe; es solo un cuerpo, lo que significa que terminamos de la manera como empezamos.

Revestir, en el sentido literal y en el sentido figurativo, determina nuestra identidad y las convenciones determinan como esta forma como nos vestimos debe de lucir así como nuestra identidad. Tal determinación va más allá de solo nuestra imagen corporal o conciencia corporal – esto solo es el punto de apoyo para el Otro en la construcción del sujeto. Actualmente, parece como si no llegáramos lo suficientemente lejos en estos puntos básicos en las formas más elementarías. Si lee en el periódico que un programa político no suficientemente sexy, entonces sabrás que tiempo vives.

Un recientemente famoso documental para televisión (“In Europe”, de Geert Mak) nos muestra imágenes del siglo pasado, por ejemplo, de las protestas de estudiantes de finales de los sesentas. Incluso a color, el negro, el gris y el blanco son muy dominantes. Tenemos que asumir que los hombres que marchaban apenas son veinteañeros, pero lucen mucho mayores. Incluso, no se ven muy saludables y las formas de sus cuerpos no se ven tan atractivas. Esto no es ninguna sorpresa, ya que su actividad deportiva principal eran los debates nocturnos con muchos cigarrillos y alcohol. Su identidad se basaba en la posición brindada por sus estudios en combinación con el hecho de que ellos pertenecían a un número de otros grupos clásicos. Medio siglos después, esto ha cambiado por completo. La mayoría de los estudiantes son mujeres, los colores están en todas partes y casi todo mundo (profesores incluidos) sigue un programa de salud física. Lo siguiente va para todos en occidente: el cuerpo toma el lugar central de una forma que no hace mucho tiempo era impensable. Tiene que encontrase con un número de normas apremiantes (joven y hermoso, sexy y provocativo), y en el caso que la vida saludable, el trabajo corporal y la dieta ya no ayuden, siempre está la cirugía plástica.

La explicación racional para este cambio es que en nuestros tiempos se reconoce lo saludable como representado en una apariencia placentera. La explicación no tan racional es que es una forma desesperada para ser alguien y obtener reconocimiento. Si la determinación simbólica del sujeto está cada vez más desapareciendo debido a que los grupos que fundaron esta determinación están desapareciendo, entonces terminamos con dos posibilidades. Uno puede empezar a buscar por nuevos grupos que tal vez nos den una identidad. Y/o uno puede volver al cuerpo al desnudo, como una base para la interacción con los demás y por una posición en ese intercambio. En ambos casos, el sujeto-a-ser esta desesperadamente en busca del gran Otro que esté dispuesto a brindar una historia para su vida, como los seis personajes (Seis personajes en busca de autor) en la obra profética de Pirandello.

La búsqueda por grupos que brinden nuevas identidades sucede virtualmente en todos lados actualmente. La desaparición de naciones y su consecuente identidad en la Europa sin rostro ha traído consigo una creciente ola de regionalismo. En combinación con los hooligans del football, esta es la versión suave de un movimiento que se vuelve más severa para aquellos que caen entre las grietas de las naciones y la historia. Entre más vacía se vuelve la identidad de alguien mayor será la necesidad por un grupo riguroso, y como consecuencia de todo grupo fundamentalista – sea Cristiano, Judío o Musulmán – se volverá más atractivo. Una vez que alguien es aceptado en tales grupos, la duda desaparece. Al sujeto se le dice quién es, donde reside la autoridad, cómo se las tiene que arreglar cada quien con su propio cuerpo y con el cuerpo de los demás, cuál es el objetivo común y cómo cada quien contribuye para ese objetivo. Al fin, seguridad y certeza. Finalmente, el cuerpo ha llegado a ser un sujeto, incluso en esa manera conveniente que prepara el cuerpo para el sacrificio. En caso de que algún científico benévolo con las mejores de las intenciones llegue a explicar que Dios, Alá o Jehová no creó el mundo en siete días, entonces esta explicación será muy convincente a el posterior refuerzo y cohesión del grupo. La religión brinda identidad; la ciencia no.

El cuerpo desnudo

Si esta opción (ser parte de un grupo fundamentalista) no es posible, el personaje que busca un autor/el sujeto que busca del Otro no tiene otra opción que replegarse a su cuerpo, como la base en bruto de la identidad. Incluso así, el caso es que alguien solo puede ser un sujeto en y a través de la relación con otro alguien; por si mismo nadie puede ser un sujeto. Ana Frank necesitó a su Kitty y Tom Hanks a su Wilson (Cast Away). Cuando el proceso de la formación del sujeto está limitado a su sustrato corporal, esto implica una recaída a las formas más elementales de interacción, el sexo y el atractivo sexual. De nuevo, esto es más prominente en aquellos que caen en las grietas de la historia y las naciones, siendo en este caso principalmente las mujeres. El número de mujeres de Europa occidental que tratan desesperadamente de adquirir una identidad y una posición en el occidente a través su cuerpo, es también un efecto de la nueva economía. Este fenómeno no es nada más que una forma exagerada de lo que sucede en todos lados, aunque en una aparente forma más banal.

De alguna manera, la identidad es reducida a la identidad sexual. El hecho de que una definición de género convincente basada en la cultura haya desaparecido implica una vuelta a la determinación biológica. En palabras más encillas, esto significa una vuelta a todas aquellas características que tienen que ver con la procreación: juventud y fuerza, combinada con proporciones corporales y cierto tipo de complexión, las cuales deben ser claramente exhibidas. “Yo Tarzan, tu Jane”, parece ser la nueva fórmula amorosa. Desafortunadamente, esto no es suficiente para una sensación de estabilidad con respecto a la identidad, justamente porque no está respaldada por una determinación simbólica. La sensación de no ser lo suficientemente masculino, no ser suficientemente femenina ha tomado proporciones dramáticas. Esto contradice de forma dolorosa la ilusión de que la certeza en estos temas la podemos encontrar en la realidad desnuda. Alguien, de hecho algún-cuerpo[4] es un hombre o una mujer, biológicamente hablando, lo que tampoco se puede dudar. Pero, ¿soy lo suficiente masculino o femenino? Para hallar suficiente certeza, tenemos que incluirnos en grupos estables de nuestra cultura, y sus definiciones de masculino y femenino. Ahora que estos grupos están desestabilizados y su definición ya no tiene autoridad, la incertidumbre es la norma. En lugar de grupos tradicionales, las “magazines” contemporáneas ofrecen respuestas en la forma de preguntas en la portada. “¿Cuál es tu peso ideal?”; “¿Cuál debe ser el tamaño de tus pechos?”, y cosas por el estilo. Mientras tanto la llamada disforia de género ha recibido nueva atención. La creciente incertidumbre en términos de determinación simbólica de género ha traído consigo una gran cantidad de jóvenes con una imposibilidad de tomar decisiones, condenándolos a la tierra-de-nadie de la bisexualidad. En su doctorado, P. Gherovici demostró de forma convincente que esta es la forma contemporánea de la pregunta histérica clásica con respecto al género: ¿Soy bisexual o no?” Desde mi lectura, esto es de nuevo un indicador de la pérdida de un discurso que otorga identidad. Si convertirse en hombre o mujer se vuelve difuso, entonces mantenerse entre los dos y no tomar una decisión es inevitable. Obviamente, la metáfora de Lacan concerniente a los dos niños en el tren llegando a los baños y preguntándose si deberían ir a “Dames” o “Messieurs”, ya no se aplica, y necesita a manera de suplemento una tercera opción, o de forma más correcta, la ausencia de elección.

El advenimiento de la bisexualidad como un efecto de una vuelta a la determinación biológica de la identidad sexual resulta sumamente paradójico, para decir lo menos. Resulta así aún más debido a que nuestra generación es la primera que tiene métodos anticonceptivos efectivos a su disposición; actualmente la sexualidad y la procreación pueden estar desconectadas. Justamente en el tiempo donde ya no tenemos que preocuparnos por embarazos no deseados, regresamos a una excesiva acentuación de todas las características que se relacionan con la procreación, debido a la falta de una identidad de género determinada simbólicamente.

Independientemente de lo anterior, la introducción de métodos anticonceptivos efectivos tiene una serie de implicaciones importantes. Primero que nada el hecho de que en nuestros días una mujer puede conscientemente escoger entre su educación y su carrera, llevando la emancipación a una escala masiva. El precio a pagar es que ellas también se ven sometidas a todos los efectos amorosos de la nueva economía, como los describimos antes. Segundo, la desconexión entre el sexo y la procreación ha influenciado grandemente la interacción sexual, es decir, las limitantes de la edad definitorias de la posibilidad de tener sexo han cambiado considerablemente, en ambas direcciones. Los jóvenes comienzan a tener sexo a cada vez a más temprana edad, y con el incremento de la salud y la expectativa de vida, el sexo es una actividad placentera y un negocio riesgoso con jóvenes. Hubo un tiempo donde los padres se preocupaban si sus hijos ya “lo hacían”, en nuestros días los hijos se preocupan si su ancianos padre que queda vivo ha comenzado a “hacerlo” de nuevo, por el caso de que su herencia pueda caer en malas manos.
El efecto más importante de esta desconexión técnica es que ésta es la primera generación de mujeres en la historia de la humanidad en la que el sexo puede equivaler a placer, liberadas de la angustia de algún embarazo o de algo peor, de la muerte en el parto. En este punto, sin embargo, una angustia atávica aparece en los hombres. En su última teoría sobre el complejo de Edipo (en su seminario XVII), Lacan apunta que el sujeto neurótico experimenta jouissance como algo amenazante, y que la clásica solución edípica conlleva a una distribución de roles defensiva, con la madre recibiendo la parte de la jouissance imposible y el padre el papel del gran represor. Actualmente, la jouissance se vuelto altamente posible y la prohibición casi ha desaparecido. Como resultado, la virgen que se niega o la mujer que pospone están cada vez más siendo reemplazada por las chicas adolescentes activamente solicitas y mujeres cazadoras entradas en los cuarentas o cincuentas. Yo Barbie, Tu Ken. Una cantidad de hombre encuentran lo anterior muy difícil, y su deseo por las chicas de rancho voluptuosas pero inaccesibles de antaño ha sido reemplazado por el temor a la vagina dentata. Lo anterior puede renovar la agresión en contra las mujeres, y especialmente contra su cuerpo.

Jouissance y regulación

Con lo anterior regresamos a la idea de regulación, siendo ésta la segunda función del Otro en combinación con la determinación de la identidad. Estos son los dos lados de la misma moneda debido a la forma cómo los grupos definen su identidad siempre tiene que ver con una imagen ideal, con consiguientes prohibiciones y prescripciones. Un X verdadero (por ejemplo, un verdadero analista lacaniano) se comporta de así y no debería de comportarse así o asá. Esta combinación fue predicha por Freud, más particularmente en su diferenciación entre el Yo Ideal (deberías ser así) y el Superyó (no hagas esto), ambos proporcionando las directrices para la construcción del Yo. Encuentra el origen para esta construcción en el grupo más pequeño, es decir, la familia edípica, pero luego en su carrera generalizó sus ideas al mismo grupo de la psicología.

Estas regulaciones pueden ser muy específicas, en función de la naturaleza específica de un grupo en particular, o general. Las reglas de un club de futbol son diferentes a las de un coro y las regulaciones de una escuela difieren de todos ellos. Sin embargo, cada uno de ellos encajan en una definición general socio-cultural de cómo un miembro de cierto grupo dentro de cierta sociedad debe de comportarse. Más allá de las diferentes regulaciones, un número de elementos en común pueden encontrarse. Casi siempre, se dice cómo es que un miembro de un grupo tiene que comportarse con los miembros de otro grupo y con la gente que no pertenece al grupo, ambos con la función de un objetivo en común. Queda entendido que uno ayuda a alcanzar el objetivo, y casi siempre, está prescrito los que el individuo tiene que sacrificar para ayudar a cumplir los objetivos del grupo. Como recompensa, el miembro recibe una posición dentro del grupo y protección por el mismo, además de compartir los beneficios de haber alcanzado el objetivo.

Cuando vemos hacia cuáles son los grupos más elementales –los grupos de niños, niñas, hombre, mujeres, familia – y en su determinado lugar y tiempo, entonces se hace inmediatamente obvio que estas regulaciones conciernen al cuerpo, tanto el propio como el de los demás. La regulación implica cosas como la higiene, comer, tomar, y el erotismo. En pocas palabras: jouissance.

Una lectura ingenua puede considerar a las anteriores como restricciones superfluas en las que se consideran necesidades “naturales”. Una lectura más informada por la antropología descubrirá rápidamente que tales regulaciones están presentes en toda cultura – no importa lo diferentes que sean; aún más, que ellas constituyen el elemento conector de la estructura social. Ellas regulan la identidad en una serie de temas cruciales y por lo mismo, brindan seguridad. El hecho de que un número de grupos o incluso culturas hayan instalado regulaciones que causan más problemas que seguridad no es, por si mismo, un argumento para rechazar la necesidad por la regulación. Vivir juntos requiere una convención, es decir simbolización; de otra manera este vivir juntos no funciona.

Desde un punto de vista psicoanalítico, existe probablemente otra razón para esta necesidad. A mitad de su carrera, Freud tuvo que concluir que la humanidad no funciona solamente siguiendo el principio de placer; justo después de que los conductistas se enfrentaran al mismo hecho. En la experiencia de Freud, existe algo que está más allá del principio del placer, algo por lo que nos esforzamos al mismo tiempo de que lo evadimos. Conglomera niveles de tensión que van en crecimiento, si la necesidad va más allá de las restricciones de lo traumático. El pensamiento racional en combinación con el discurso científico contemporáneo descartarán estas ideas, sobre todo debido a que esta idea de tensión es difícilmente algo que encaje con la ciencia médica. Sin embargo, es suficiente si se abre un journal para encontrar más ilustraciones “basadas en evidencia” de las que te puedas interesar… Obviamente, algo se encuentra en el sujeto que nos lleva a trasgresiones más allá del principio del placer en una región de la “jouissance”, entre corchetes, ya que no es siempre obvio que tan gozable sea esta jouissance. Esta es la conclusión de Lacan cuando estudió esta jouissance: el intento fallido del sujeto para simbolizar es literalmente la elaboración normal, es decir, siguiendo las normas del Otro (Verhaeghe, 2009). Y en su lectura, los efectos de esta jouissance del nuevo capitalismo y su obligación generalizada a gozar distan de ser inocentes.

A este respecto, apreciamos un extraño giro. Con algo de exageración, se puede decir que todo lo que antes estaba prohibido ahora es obligatorio. En el pasado no tan distante, la satisfacción solo podía ser alcanzada después de una inversión considerable de tiempo y esfuerzo personal, y la idea general era que la satisfacción final no era en este mundo. Actualmente, la convicción contemporánea es que nuestros deseos deben satisfacerse completamente, siendo el único impedimento el dinero en combinación con algún consejo para la salud. Sin embargo, el sujeto postmoderno también tiene que experimentar la imposibilidad de la jouissance. Pero mientras la convicción se mantiene sobre el poder alcanzarla y como la castración simbólica esta negada, el sujeto está obligado a continuar intentándolo, y por consiguiente instalando más altos niveles de trasgresión.

El efecto no es lo que es esperado o temido. No nos desaparecemos en libertinajes ilimitados, como muchos cruzados moralistas nos previenen. El resultado es perderse en una zona de aburrimiento y frustración agresiva con latos niveles de inseguridad y angustia innombrable. Esto es lo más extraño, debido a que la mayoría de nosotros vivimos en las áreas más seguras del mundo. Así como el cuerpo del macho o la hembra no brinda suficiente certeza en materia de identidad de género, la seguridad en la realidad no es un estándar convincente para la estimación subjetiva.

Lo que sigue, es fácil de predecir: al igual que el bebé que está alterado por su cuerpo, el sujeto postmoderno apelará al Otro. La tragedia es que este Otro ha perdido su estatus, debido a que ya no es sostenido por el grupo y su respuesta ya no tiene suficiente peso. Comúnmente, este descubrimiento desata una solicitud, una súplica, por la restauración de un padre autoritario que traiga ley y orden. Para esto, es muy importante estudiar la corrección que Lacan hace de la teoría edípica de Freud. De forma resumida se refiere a lo siguiente: El Otro del Otro no existe, lo que significa que la autoridad simbólica siempre es arbitraria, basada en una ilusión y una convención. Esto no significa que la función paterna sea superflua, sino todo lo contrario. Garantiza dos asuntos importantes. Ya he desarrollado el primero, la identidad. El segundo es menos obvio, aunque está estructuralmente conectado con el primero: la autoridad simbólica garantiza la existencia de una falta (Lacan, 2006 (1969-70) : 121-129).

Esto puede sonar algo filosófico, y claro que lo es. Pero al mismo tiempo, tiene efectos muy concretos. Significa que toda figura de autoridad experimenta tarde que temprano que él o ella no puede vivir a la altura de su función. Esto es experimentado por todo padre, y es el porqué Lacan considera a la vergüenza como un afecto fundamental en el padre. También significa que el aprender cómo manejar la inevitabilidad de la falta debería ser la meta más importante del proceso conjunto de la formación del sujeto y la regulación de la pulsión (comúnmente conocida como educación) Para Lacan, el discurso del capitalista trae consigo un mensaje totalmente distinto: la falta es una coincidencia pura, una respuesta total es posible y existe un gran Otro que garantiza esta respuesta. De ahí su conclusión, de que existen convivencia entre el capitalismo y la ciencia moderna, con el negocio de la publicidad como marca de conexión.

Visto desde esta perspectiva, no es de extrañarse que muchas personas experimenten la falta de una respuesta total como injusticia realizada por otro malvado. El tono apagado pero agresivo de sus exigencias pronto se transforma en una agresión abierta, siendo enviada esta agresión hacia cualquier dirección posible, es decir, hacia adentro o hacia afuera, hacia el propio cuerpo o el cuerpo de los otros decepcionantes. A manera de ilustración, podemos referirnos a ejemplos banales de un sector donde se esperaría que las reglas fueran muy claras: el tráfico, el flujo vehicular en las calles. Investigaciones han demostrado que la ira de camino se ha convertido en un fenómeno común en Europa. Cerca de uno de tres conductores, en el caso de los hombres y una de cada cuatro mujeres admiten que han cometido agresiones de tráfico durante el último año (Smart et al., 2005; Willemsen et al., la prensa). En la mayoría de los casos, esto se limita a maldecir, insultar y hacer señales obscenas; utilizar el propio auto como obstáculo también es muy popular, pero la frecuencia de los que llama “asalto de maltrato” se incrementa.[5]

Este flujo vehicular puede servir como metáfora para otra clase de tráfico, llamémosle amor. Para concluir: Vivimos en una época donde tanto la formación del sujeto como la regulación de la pulsión ya no son tan obvias. La pérdida de las identidades definidas simbólicamente aísla al sujeto contemporáneo y lo obliga a replegarse a intercambios elementales con los otros, donde los cuerpos toman la posición central. Contrario a lo que se podría creer, esto no es un efecto de la desaparición del gran Otro, debido a que este Otro nunca estuvo ahí desde un inicio. Se debe a la ilusión de que existe un gran Otro sin falta. Los efectos del discurso capitalista con relación al amor se dan vía su rechazo a una castración simbólica. No existe falta y en caso de existir una, es responsabilidad de los demás, a quienes se debe de culpar. Para Lacan, las implicaciones de la vida amorosa contemporánea son fáciles de predecir: « Tout ordre, tout discours qui s’apparente du capitalisme laisse de côté ce que nous appellerons simplement les choses de l’amours, mes bons amis. Vous voyez ça, hein, c’est un rien. » (Lacan, 1971-72, 6 de Enero de 1972). “Todo orden, todo discurso que se relaciona con el capitalismo, deja de lado lo que llamaremos simplemente las cosas del amor, amigos míos. Ven eso, ¿eh? No es poca cosa.”




[1] APW – Eight Annual Conferences – Philadelphia. March 28-30, 2008, University of Pennsylvania. Artículo original en http://www.psychoanalysis.ugent.be/pages/nl/artikels/artikels%20Paul%20Verhaeghe/Identity%20in%20a%20time.pdf traducción por Héctor Mendoza
[2] Mantenemos como en el texto original la palabra en francés “jouissance” concepto lacaniano que tradicionalmente se ha traducido en castellano como “goce”. Héctor Mendoza
[3] Siglas para “Attention Deficit and Hyperactivity Disorder”, en nuestra lengua es el TDAH, Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad. Héctor Mendoza.
[4] La frase original juega con la forma en inglés para referirse a alguien (somebody) que incluye la palabra cuerpo (body) y que literalmente se forma algún-cuerpo.
[5] Una explicación obvia es que el alza en la agresión puede ser explicada por el alza en la densidad del tráfico. Aunque lo anterior pueda ser parte de la explicación, seguramente no es suficiente: el tráfico en las ciudades de la India es tres veces más denso y frenético que en el mundo occidental, y no tienen agresiones de tráfico.

5 comentarios:

RICARDO SIDELNIK dijo...

HECTOR
CREO QUE PARA ILUSTRAR CINEMATOGRAFICAMENTE ESTE ARTICULO , HABRIA QUE CRUZAR SU CONTENIDO CON TAXI DRIVER.
EL PERSONAJE DE DE NIRO , PERTENECE A UN GRUPO IDENTIFICADO, LOS TAXISTAS, SIN EMBARGO LA FRAGILIDAD DE SUS VINCULOS,Y SU TENDENCIA AL AISLAMIENTO Y SOLEDAD, LO VAN HACIENDO ENTRAR EN UN ESTADO PSICOTICO, DONDE SU IDENTIDAD VA DILUYENDOSE PASO A PASO.
QUEDA A MERVED DEL OTRO QUE LE HABLA Y LO GOZA.
BUENO SOLO UNA PEQUEÑITA IDEA PARA AMUEBLAR CON ALGUN FILM EL ARTICULO.
ABRAZO GRANDE DESDE BUENOS AIRES

Hector Mendoza dijo...

Estimado Ricardo, la ilustración es perfecta, sobre todo si tomamos en cuenta el verdadero personaje de Scorssese, New York, así como la frase de Lacan "todos somos proletarios" en el tráfico de las ciudades postmodernas, todos somos taxistas trasnochados. Gracias por tus ocurrencias. Un abrazo.

Lino dijo...

Saludos Mtro Hector.

a leer este articulo de Verhaeghe, me recordo al libro de Sartori, Homo-Videns, en donde se maneja la misma problematica, pues el Otro de la tele-vision es tambien factor, sino determinante, si influyente en la moda del cuerpo, auque en ciertas partes Sartori suena un tanto fatalista, considero que su hipotesis tiene algo de cierto, muchos niños pasan horas delante de la tele incluso antes de empezar hablar, y como menciona el esto puede estar afectando la capacidad de racionalización,lo cual tmb afecta la simbolizacion, claro que esto suena una vez mas a una victimizacion (en donde la tele corrompe el alma de los pequeños), pero en algo puede infliuir este suceso, y ya q mencione lo de la falla en la simbolizacion, puede esto ser un facotor para lo que vimo el lunes en su seminario, sobre las neurosis actuales,¿podria ser por esto que no logran dar un significado a su sintoma?, ¿por eso quedarse en angustia y no hacer el cambio de la fobia?

Hector Mendoza dijo...

Estimado Lino le agradezco sus atinado comentarios y estoy de acuerdo con su relación con el Homo Videns de Sartori, sin embargo es necesario la relación con la clínica. Su comentario anticipa algo que estoy escribiendo llamado "El ataque de los TRI-pods" donde abordaré el costado del Discurso del Capitalista y el Discurso de los Mercados como parte de nuevo tipo de lazo social que repercute en la clinica actual. Gracias por su comentario y nos vemos en el seminario.

CARLOS LLANES dijo...

SALUDOS MAESTRO..
MUY INTERESANTE SUS ESCRITOS, SOBRE TODO EL DE "LOS TAPADOS",
ME LLAMO CARLOS Y ESTOY EN NOVENO SEMESTRE EN EL AREA CLINICA,
DISCULPE LE QUIERO PEDIR APOYO ACERCA DE MATERIAL YA SEA BIBLIOGRAFICO O DE CINE ACERCA DEL "BULLYING", CON MOTIVOS DE LA SEMANA DE EQUIDAD QUIZAS VAYA A DAR UNA PLATICA SOBRE ESO EN LA FACULTAD, Y TRAIGO IDEAS PERO NO MUY ATERRIZADAS, ASI QUE SI ME PUEDIERA DAR EL DATO SE LO AGRADECERIA,
MI CORREO carlosllanes1@gmail.com
bueno que ande bien adios y gracias...