LOS LABERINTOS DEL AMOR
Por Jacques-Alain Miller
El amor en psicoanálisis se llama transferencia.
El mismo concepto de amor, lo que lo hace problemático en el psicoanálisis, está dominado por el concepto y lo problemático de la transferencia, y lo hace de tal manera que el amor parece ser nada más que un desplazamiento, un error. Yo amo a alguien porque amo a alguien más. Es por eso que el amor en el análisis carga con la marca de una cierta falta de autenticidad. Incluso puede parecer que el psicoanálisis devalúa al amor, que afecta a una degradación de la vida amorosa. Estar enamorado es perderse en un laberinto. El amor es laberíntico. En los caminos del amor uno no encuentra su camino, no se encuentra ni a uno mismo.
Sin embargo, el psicoanálisis toma el camino, sigue el sendero del amor. No hay análisis sin transferencia. Basta tomar el consejo técnico ofrecido por los analistas post-freudianos sobre que el analista retenga la interpretación hasta el establecimiento de la transferencia.
La práctica misma del analista legitima y explota el carácter automático de amor. El amor de transferencia regularmente surge en la situación psicoanalítica. El nuevo elemento que el psicoanálisis aporta a la problemática del amor es precisamente esta noción del carácter automático de amor. Para ser amado es suficiente ser un analista.
En el amor existe un elemento de contingencia. El amor depende de los encuentros fortuitos. Hay untyche en el amor, para usar el término de Aristóteles, un "encuentro azaroso". Pero el psicoanálisis legitima un elemento necesario en el amor que es lo opuesto a la suerte, a la fortuna: el automaton del amor[1]. Los grandes descubrimientos del psicoanálisis en lo que respecta al amor son de este orden. El análisis permite a un sujeto circunscribir lo que le hizo enamorarse o lo que lo hizo desear. Freud lo llamó la "condición del amor". (Liebes Bedingung)[2].
Los estudios de Freud sobre “la psicología de la vida amorosa” se centran en la determinación particular, similar a una fórmula matemática, de la condición del amor en ciertos sujetos. Por ejemplo, un hombre, sólo podría ser capaz de desear la mujer de otro. Este requisito puede adoptar diferentes formas: como solo ser capaz de desear a una fiel mujer casada o, también, sólo una mujer infiel con una tendencia a tener relaciones con 'todo x' que sea hombre. De ahí los efectos de los celos de los que el sujeto sufre pero que el análisis revela como siendo parte del encanto de la mujer, según lo determinado por el valor inconsciente de su encanto.
Liebe es un término que abarca tanto el amor y el deseo, aunque se ve en ocasiones como separadas las condiciones del amor y del deseo. Así, Freud aísla un tipo de hombre que no puede amar donde desea y que no puede desear donde él ama. En la misma rúbrica de las condiciones para el amor hay espacio para el análisis del amor a primera vista en un instante en que un sujeto se encuentra con su condición para el amor como si de repente a la contingencia se unió la necesidad. Si Werther[3] se enamoró perdidamente de Charlotte, fue porque la vio en el momento en que ella estaba dando de comer una gran cantidad de niños pequeños y cumpliendo así el papel de la madre nutricia. Aquí, un encuentro contingente realiza las condiciones necesarias para el enamoramiento del sujeto.
El Silogismo del Amor
Les propongo una fórmula general para el autómaton del amor en la forma de un silogismo. Será el silogismo del amor en psicoanálisis.
Partamos de la hipótesis freudiana de que para un sujeto existe un objeto amoroso (amable) fundamental, ese amor es la transferencia, y que cada objeto ulterior de amor es un desplazamiento de ese objeto fundamental. Escribimos a para el objeto fundamental del amor. Su cualidad de ser amable es designado por el predicado A. aA significa que el objeto a tiene la propiedad de ser amable. Si el sujeto se encuentra con un objeto x que se asemeja a a, es decir (x = a), entonces este objeto x es considerado como amable, xA.
¿En qué se sostiene la elaboración psicoanalítica? En la semejanza entre el objeto a y cualquier objetox, o en los rasgos significativos de la semejanza. Lo anterior no se limita en la idea de que un caballero puede enamorarse de una mujer cuyo rostro se parecía al de su madre. Sin embargo, un primer nivel de elaboración destaca los rasgos imaginarios de la semejanza. Estos rasgos sensibles pueden ir de un parecido general a uno extremadamente localizado, de rasgos objetivos a aquellos que son sólo visibles para el sujeto mismo.
Hay otros tipos de rasgos que pertenecen al orden simbólico de las semejanzas basado directamente en el lenguaje. Por ejemplo, existe un registro completo de lo psicoanalítico onomástico donde se valida para la elección del objeto el valor del nombre. Hay un orden más complejo de referencia que Freud plantea en su artículo "El fetichismo" en donde un error en la traducción entre el alemán y el inglés, entre glanz (brillo) y glance (mirada), activa en el sujeto un juego de significaciones a partir de un rasgo esencial que está tratando de reencontrar en sus objetos de amor, el “brillo en la nariz". Sin duda, hace del amor algo un tanto ridículo.
Voy a plantear un tercer orden de semejanza que es, si se quiere, más abstracto: se refiere a la relación del objeto de amor con algo más. Puede suceder que el sujeto se enamore de un objeto x con la condición de que tiene la misma relación que él tiene con el objeto fundamental, o bien, otra posibilidad, si el objeto x tiene la misma relación con él.
Freud descubrió que a es o bien el propio yo o que pertenece al conjunto que podemos llamar la familia: padre, madre, hermanos, hermanas, extendiéndose a los antepasados, colaterales, y a todos aquellos que entren en el ámbito de la familia. Una gran parte de la interpretación analítica con respecto al amor consiste en revelar diferentes identidades de a. Revela, por ejemplo, un sujeto enamorado de un objeto x a condición de que se parezca a él: elección narcisista de objeto. O bien, el sujeto se enamora de una x que tiene con él la misma relación que su madre o su padre o que tenía algún miembro de la familia para con él. En la teoría de la elección de objeto masculino homosexual, por ejemplo, se valida en el objeto una semejanza con la imagen propia del sujeto, además que el hecho de que el objeto tiene con el sujeto la misma relación que el sujeto tenía con su madre.
Fórmulas diferentes están en juego en la literatura psicoanalítica. Se informará que en la práctica diaria se descifra imágenes subyacentes, articulaciones simbólicas, relaciones lógicas, que dominan el amor del sujeto. Esto tiene una serie de consecuencias que afectan a la misma definición del amor.
En primer lugar, el amor es metonímico. Existe una conexión entre el objeto fundamental y el objeto x, el objeto x toma prestado ciertos rasgos del objeto fundamental.
En segundo lugar, el amor es una repetición, de ahí el lugar esencial del período de latencia, un corte que separa el amor primordial del amor de repetición.
En tercer lugar, el amor se traduce una inercia psíquica: En nuevas formas, en la “sorpresa del amor ", como Marivaux dijo, el amor atestigua el hecho de que el sujeto se ha quedado atascado en una elección que es siempre la misma, traduciendo una constante en la forma en que el sujeto constituye al sujeto que ha investido.
Hasta este punto, nada nos impide remitir a las dimensiones del amor la fórmula imaginaria a-a’ que es una abreviatura del estadio del espejo lacaniano. Existe la simetría, equivalencia y la metonimia de los dos términos.
Disimetría
Otro capítulo en la teoría del amor valida la disimetría en los asuntos del amor.
Para abordar la cuestión por medio de un atajo, vamos a distinguir entre amar y ser amado. Estudiemos que decir “te amo” significa, a saber, la relación xRy, una relación disimétrica que es la traducción de x ama a y. El primer valor que podemos dar a “te amo” es “me falta(s)”. Marcamos a la persona amada con el signo (+), y al amante con el signo (-). De esta forma, se introduce la castración en la teoría del amor.
La teoría psicoanalítica del amor es, por un lado, sobre el automatón del amor, y en segundo lugar, implica la castración en el amor. La castración está del lado del amante y correlativamente el falo está del lado del amado.
Vamos a escribir al amante con una A y la significación del falo como -j. Aquel que ama, es castrado. Motivo por el que la sabiduría nativa reserva el amor por las mujeres.
Una relación en la que ninguno de la pareja haría falta no es en absoluto impensable. Esto acontece en la homosexualidad masculina. La homosexualidad se constituye en una manera muy diferente en el caso de las mujeres que en el caso de los hombres. En el caso de la mujer, se constituye en el registro del amor, en el caso del hombre en el registro del deseo, y está completamente separado del amor.
¿Por qué hacer distinción entre el amor y el deseo aquí ya que se confunden en la palabra Liebe? Debido a que existe la siguiente paradoja: amar al otro lo constituye como falo, pero querer ser amado por el otro, es decir, querer que el amado sea el amante, castra al otro.
Lacan analiza la vida amorosa de la mujer de la siguiente manera: ella constituye un hombre como falo, mientras que en secreto desea castrarlo. Creía que podía ubicar que en el caso del hombre estas dos funciones están separadas o tienen una tendencia a separarlas: por un lado, la mujer que se ama, por el otro, la mujer que se desea en quien crea un efecto de significación fálica.
Freud aporta un elemento adicional, cuando, en su libro “Psicología de las masas y el análisis del yo”[4], describió el estado puro del amor colocando el acento en la sumisión del sujeto que ama con respecto a la persona amada. El plus no es el falo, sino lo que él llama el Ideal del yo que se encuentra de nuevo en las formas del S1, el significante amo de Lacan.
En la relación del amante hacia el amado la cuestión esencial es conseguir que la falta de la persona amada emerja. Esta es la fórmula de la histeria. ¿Qué es lo que sostiene esta operación? En pocas palabras, la demanda de amor. La demanda de amor en tanto que demanda de ser amado es la exigencia de que el Otro revele su falta.
Implicar a la castración en la teoría del amor lleva a diversas construcciones de disimetría como la distinción freudiana entre el amor narcisista y al amor anaclítico. El amor narcisista es sobre el amor de lo semejante, mientras que el anaclítico trata sobre el amor de lo Otro. Si el amor narcisista se coloca en el eje imaginario, el amor anaclítico se coloca en el eje simbólico donde se juega completamente el asunto de la castración.
De esta forma, la diferencia entre el amor y la pulsión se aclara. ¿Por qué Freud inventa el término pulsión? Debido a que existe en el sujeto un tipo de demanda que nada tiene en relación con la demanda de amor. Se trata de una demanda que no habla, la cual no es menos persistente, una demanda que no se dirige al Otro, que no la orienta la falta en el Otro, que por el contrario, tiene la exigencia de una presencia como una condición absoluta.
Tenemos un ejemplo en la perversión del fetichismo. No es una cuestión de saber ya sea si la mujer le falte algo, o consienta en la falta, con un zapato de tacón alto. No hay razón para pensar que se crea una falta en ella. La presencia del objeto es un requisito para que el sujeto para que pueda jouir (gozar). A este sujeto no le podría importar menos la reticencia de su objeto.
Lo que hace al laberinto es la implicación de tres niveles. El objeto debe tener la significación del falo en la medida en que amar sea desear. También debe tener el valor de A en la medida en que amar es una demanda de ser amado. También debe tener el valor a en la medida en que amar es querer jouir (gozar). El objeto tiene que estar situado al mismo tiempo en el deseo, en la demanda y en la pulsión. Los laberintos de la vida amorosa son asuntos acerca de la articulación de estos tres niveles, a veces unidos, a veces separados, aquí de forma permanente, haya transitoria, a veces de forma pura, a veces mezclados. Así es como obtenemos la infinita variedad que se encuentran en la vida amorosa.
Traducido por Héctor Mendoza
Fuente: Journal of The Centre for Freudian Analysis and Research
http://www.jcfar.org/past_papers/The%20Labyrinths%20of%20Love%20-%20Jacques-Alain%20Miller.pdf
Referencias Bibliográficas
[1] Jaques Lacan. El Seminario de Jacques Lacan, Libro 11. Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Clase del 12 de Febrero de 1964. H.M.
[2] Sigmund Freud. Sobre un tipo particular de elección de objeto en el hombre. (Contribuciones a la psicología del amor I )(1910).En Vol. XI de Obras Completas de Sigmund Freud, Amorrortu Editores. H.M.
[3] Goethe , J. W; Las desventuras del joven Werther (Die Leiden des jungen Werthers. 1774). H.M.
[4] Sigmund Freud. Psicología de las masas y análisis del yo (1921).En Vol. XVIII de Obras Completas de Sigmund Freud, Amorrortu Editores. H.M.
Sobre la Reelaboración
Darian Leader
Cuatro preguntas nos pueden ayudar para abordar este concepto.
1) En el caso discutido en 'La dirección de la cura" (Escritos), cuando la amante relata su famoso sueño al paciente de Lacan y hace recupere milagrosamente su potencia y, entonces, ¿Qué es lo que nos impide hablar de una Reelaboración?
2) ¿Por qué es que una vez que Freud había elaborado este concepto en 1914, nadie escribió nada en serio por lo menos en treinta años? Un estudio de los manuales de la técnica analítica por parte de la primera y segunda generación de alumnos de Freud rinde pocos frutos en esto.
3) ¿Por qué hay tan pocas referencias a la literatura en los escritos de Freud sobre la técnica, cuando su trabajo es bien conocido por la abundancia de precisamente esas referencias?
4) ¿Por qué el término "reelaboración" en sí plantea tantos problemas, a tal grado que Lacan puede decir en los Escritos (p.249), que ha "désèsperé les traducteurs"?
Empecemos con esta última pregunta. En el momento cuando Strachey estaba traduciendo en 1914 el artículo “Recordar, repetir y reelaborar”, el término Durcharbeitung ha tenido una traducción precisa: ejercitarse, trabajar algo. El término de Freud evoca, en ese tiempo, una referencia a la teoría musical. En la forma de la Sonata, existen tradicionalmente tres tiempos: la introducción, el desarrollo y la conclusión. Durcharbeitung (o Durchführung) designa el segundo de éstos, el tiempo musical que implica el tratamiento del tema o asunto (subject) de la introducción que ahora se complica y elaborado por un tratamiento variado en diferentes notas. El tema es desintegrado en sus diversas partes y en estas se combinan y varían antes de regresar, en la cadencia final, a la clave original de la introducción. Existe entonces una tensión explícita entre el trabajo de la Durcharbeitung y la repetición, una tensión que los musicólogos sitúan en la dinámica fundamental de la forma sonata. Por lo tanto, tal vez no sea casualidad que los dos términos, la repetición y la reelaboración, se encuentran yuxtapuestos en el título de Freud.
Si Strachey estaba familiarizado con la connotación musical del término, al igual que otros estudiantes de Freud, ¿por qué evitar el término contemporáneo de ejercitar, “working out”? Tal vez porque ejercitar es algo que haces en un gimnasio, no lo que haces en un consultorio. El inconveniente es que el término que elige Strachey, “working-throug” –reelaborar”, implica algo que no está presente en la concepción de Freud, un progreso que es diferente de la labor analítica discutida en el artículo 1914. Esta diferencia se demuestra claramente en la elección de Strachey hacer caso omiso de los cambios introducidos por Freud en la segunda versión de este artículo. Freud escribió en un principio: "Es preciso dar tiempo al enfermo para enfrascarse en esta resistencia que ahora le es consabida (sich in den ihm monja bekannten zu Widerstand vertiefen)".[1] Luego modificó esta frase en la segunda versión de manera que monja bekannten se convirtió en unbekannten, " en la resistencia no consabida para él". Strachey decidió mantener la formulación anterior, como consecuencia de la idea de progreso que se refleja en la elección del término “working-through” “reelaboración”. Freud, como lo demuestra su revisión, era bastante más reservados en este punto: no incluir el concepto de 'tomar conciencia' dentro de la teoría de la Durcharbeitung.
La referencia musical de Durcharbeitung no quiere decir que Freud era un melómano, sino simplemente que términos contemporáneos conocidos forman parte del marco conceptual en el que estaba trabajando y por lo tanto requieren de una lectura cuidadosa. Lacan no era melómano tampoco, pero no sería prudente intentar una interpretación de un término como la razón (“La raison”) en la p.693[2] de los Escritos, y optar por ignorar la teoría musical. Un ejemplo adicional puede ser evocado aquí. Hay una corriente en la literatura analítica que está ocupado con la cuestión de tacto. Loewenstein y otros analistas en Francia, escribieron sobre el tema, entendiendo al tacto en el sentido de una especie de cortesía o buenas costumbres. Sin embargo, por qué no argumentar que esta corriente se deriva de una interpretación errónea de ciertas observaciones formuladas por Freud en el sentido de que, en una interpretación, "es bleibt dem Takt überlassen", donde el término "Takt" tiene el sentido de un barra musical o escansión. Esto sugeriría que las referencias de Freud, nos invitan a no formular tanto una teoría de la cortesía sino una teoría del tiempo.
Esto nos lleva a nuestra tercera pregunta, para explicar la escasez de referencias literarias en los escritos técnicos de Freud, sobre todo sobre un texto como "Análisis terminable e interminable". Podemos observar que este último texto se inicia con la frase "Tempo das der Analytische Therapie"[3]. En lugar de simplemente hacer una referencia al "tiempo" de análisis, dice "tempo", que evoca al tiempo musical. Y, después de todo, la estructura del tiempo literario, en el estricto sentido de la novela del siglo XVIII y XIX, que es más o menos lineal, exactamente lo que uno no encuentra en el análisis que implica viajar en el tiempo, en el sentido estricto del término. Uno podría oponerse al tiempo lineal de la novela clásica con el tiempo cíclico de la música o la poesía Lo que distingue el viajar en el tiempo del análisis del viaje en el tiempo de muchos filósofos es algo muy sencillo: como Slavoj Zizek ha señalado, en el campo analítico, se cambia el pasado, pero es sólo al cambiar el pasado que este último puede llegar a ser lo que siempre fue. Por la razón lógica de que en la 'primera' escena o momento, el sujeto no incluyó o contó su propia participación. Así es que el sujeto tiene que volver para contarse a sí mismo (tomarse en cuenta) en el proceso.
Ahora volvamos a nuestra primera pregunta. ¿Por qué es que cuando el paciente de Lacan recupera su potencia tan milagrosamente, no estaría justificado hablar de una reelaboración working-through? Esta pregunta evoca la idea clásica de Durcharbeitung como el tiempo entre una interpretación y la desaparición de un síntoma. Esto es evidentemente falso. La refutación está dada por el bien conocido dato clínico de que una gran cantidad de personas perderán sus síntomas manifiestos después de una o dos entrevistas preliminares, por la sencilla razón de que están dispuestos a hacer cualquier cosa con tal de no hacer un análisis. De ahí que la desaparición de los síntomas no puede servir como criterio para la existencia de una reelaboración. Y, en efecto, si tomamos la referencia de la estructura de la sonata en serio, lo que implica, por el contrario, es que después de un Durcharbeitung, ¡precisamente habrá un resurgimiento de los síntomas! Después de todo, el último momento del segundo tiempo musical va a terminar con la re-evocación de la nota principal del movimiento con el fin de introducir la conclusión. Esto es clínicamente observable.
Muchos estudiosos han tratado de explicar por qué es que después de largos años de arduo trabajo analítico y la desaparición de los síntomas más graves, estos últimos suelen aparecer en las últimas etapas del análisis, incluso si han estado ausentes desde hace bastante tiempo. Sin recorrer a través de todas las diversas explicaciones que se han ofrecido para este hecho curioso, podemos examinar la más interesante de ellas, el de una cierto Ekstein publicado en la Revista de la Asociación Psicoanalítica Americana en 1965. Ekstein piensa que los síntomas son como los actores del teatro y después del espectáculo que siempre es un análisis, vuelven al escenario al final para despedirse. Esta idea es tan curiosa que uno se siente tentado a tratar de conservarla. Tomemos la analogía del teatro en serio por un momento. ¿Qué sucede cuando el reparto sale a dar las buenas noches? Su presencia es acompañada por un efecto material, el telón. Y, en la historia del teatro, ¿qué hay antes de la introducción del telón en el teatro latino? La ubicuidad del falo, algo que ya no vemos en el nuevo teatro tratándose, sobre todo, con preguntas de anagnórisis. Hay, pues, un pasaje del falo imaginario con el falo en su forma más simbólica, cifrada en el motivo del velo, que nos invita a releer el artículo Ekstein con la noción lacaniana de la "mise à plat du falo".
Esta reestructuración implica un cierto trabajo simbólico sobre lo imaginario y representa la posición de Lacan en 1958 sobre la Durcharbeitung. Encontramos el término en los Escritos (p.630) definido de "I'épuisement" en "el trabajo de transferencia", y Lacan elabora el término con el motif del laberinto. “Il n'y faut pas seulement Ie plan d'un labyrinthe reconstruit ni même un lot de plans déjà relevés. II faut avant tout posséder la combinatoire générale qui préside à leur variété sans doute, mais qui, plus utilement encore, nous rend compte des trompe-l’œil, mieux, des changements de vue du labyrinthe."[4] Esta última frase nos recuerda Jacques -Alain Miller observaciones sobre la anamorfosis analítica e indica cómo el trabajo de análisis, al mostrar las diferentes facetas de un objeto, puede producir efectos de anamorfosis.
Para desarrollar este punto, podemos tomar el término épuisement en su estricto sentido matemático, como el término "agotamiento", que también encontramos en los Escritos (p.520).[5] Esto le ayudará a formular una respuesta a la segunda de nuestras preguntas, sobre la falta de aportes teóricos a la teoría de la reelaboración en la literatura psicoanalítica. Glover explica esta pobreza con la idea de que un estudio a fondo del concepto pondría en tela de juicio la eficacia del trabajo de los analistas. De hecho, la mayoría de los pensadores que han abordado el problema de la Durcharbeitung no dicen lo que es sino lo que no es: la explican a través de analogías clínicas. La más conocida, por supuesto, es la analogía con el duelo. Este punto de vista fue celebrado por Rado, Fenichel y Alexander, entre otros. Pero sin duda, uno puede hacer algo un poco mejor que esto. Lo que el duelo y la reelaboración tienen en común reside en el uso de detalles, sin embargo, si realmente buscamos encontrar alguna analogía en el campo clínico para la reelaboración, es más interesante no pensar en el duelo, sino en la fobia. ¿Por qué?
Por varias razones. Aquí está uno de ellas. Lacan se refiere a menudo a "el cristal de la fobia" y qué es lo que caracteriza la historia de la ciencia de los cristales, si no es un trabajo simbólico de la formalización. Con la introducción de las matemáticas de la teoría de los conjuntos, un cristal dejó de ser una piedra brillante y cristalina, para identificarse con una serie de clases definidas matemáticamente en base a consideraciones de simetría. Esta formalización tuvo como consecuencia el hecho de que ciertos objetos como los líquidos 'se convirtieran en' cristales: el objeto imaginario, la piedra brillante, se anula por la acción de lo simbólico. El nuevo cristal es ahora, para utilizar los términos suministrados por el pequeño Hans, uno arrugado. La operación simbólica por tanto, tiene dos resultados: el anular la imagen y la producción de efectos de anamorfosis (ciertos líquidos convertidos ahora en cristales), resultados que sin duda caracterizan el proceso de la reelaboración.
Vamos a concluir con un último punto. Hemos hablado, aunque sea brevemente, de lo Imaginario y lo Simbólico en la Durcharbeitung, pero no del Real. Una manera de hacer esto implicaría que se plantee la cuestión del papel del superyó en la reelaboración, la agencia que Lacan calificó en su respuesta a M. André Albert como "un aliado" del analista. Después de la última guerra, sabemos que el término "aliado" no es simple, así que ¿cómo debemos entenderlo?
La mayoría de los analistas que han escrito sobre el papel del superyó, al final del análisis han tendido a describirlo como algo más indulgente: después del trabajo de la transferencia el superyó se hace mucho más agradable. Pero Bergler tuvo otra idea. Sostuvo que el superyó era tan severo como antes, pero se trataba de un superyó que había cambiado sus métodos. Más allá de la comparación habitual del superyó y un policía, introduce la diferencia entre la policía suiza y la zarista. La policía suiza es cálida e absolutamente incorruptible, mientras que los policías zaristas son crueles, pero corruptibles. Lo que esto significa en última instancia es que es la policía zarista la que es más accesible, ya que es posible de sobornar. Y para el neurótico, ¿cuál es el soborno? Respuesta: el sufrimiento neurótico. Así, el trabajo de análisis tiene que hacer al superyó Suizo: tan severo como antes, pero que ya no acepte el sufrimiento como pago ilícito. Este argumento lleva a Bergler a su definición de reelaboración como "un intercambio de métodos de tortura".
Con el trabajo de la anamorfosis involucrado en la reelaboración, ciertas formas de sufrimiento dejan de ser válidas para el superyó. La paradoja es obvia. Si calificamos el superyó después de que el trabajo de la Durcharbeitung como más suave, entonces seguramente tenemos que modificar la definición aceptada del superyó como un imperativo de goce (jouissance). Pero esta circularidad puede ser evitada. Si seguimos y modificamos el peculiar argumento de Bergler, podemos formular ciertas concepciones del superyó después de la Durcharbeitung que parecen menos contradictorias. Una de ellas evoca la forma freudiana de la presencia del superyó, que es el humor.
Este es el tipo de versión del fin del análisis que Jacques-Alain Miller ha subrayado, menos como tragedia que como comedia.
Traducido por Héctor Mendoza
Fuente: Journal of The Centre for Freudian Analysis and Research
[1] Freud, S. (1914). Recordar, repetir, reelaborar (Nuevos consejos sobre la técnica del psicoanálisis, II). En S. Freud, Obras Completas Sigmund Freud Volumen 12 (pág. 149). Buenos Aires: Amorrortu Editores.
[2] Lacan, J. (1958). La significación del falo. En Escritos 2. México: Editorial Siglo XXI . “El falo como significante da la razón del deseo (en la acepción en que el término es empleado como "media y extrema razón" de la división armónica)”.
[3] Freud, S. (1937). Análisis terminable e interminable. En S. Freud, Obras Completas Sigmund Freud Volumen 23 (pág. 249). Buenos Aires: Amorrortu Editores.
[4] Lacan, J. (1958 ). La dirección de la cura y los principios de su poder. En Los Escritos 2. México : Editorial Siglo XXI. “No se necesita solamente el plano de un laberinto reconstruido, ni siquiera un lote de planos ya levantados. Se necesita ante todo poseer la combinatoria general que preside su variedad sin duda, pero que, más útilmente aún, nos da cuenta de los trampantojos, mejor aún, de los cambios a ojos vista del laberinto.”
[5] “El resto fue asunto de los dioses y corrió tal suerte que el análisis toma hoy sus puntos de referencia en esas formas imaginarias que acabo de mostrar cómo dibujadas en reserva sobre el texto que mutilan, y que sobre ellas es sobre las que el punto de mira del analista se conforma: mezclándolas en la interpretación del sueño con la liberación visionaria de la pajarera jeroglífica, y buscando más generalmente el control del agotamiento del análisis en una especie de scanning de esas formas allí donde aparezcan, con la idea de que estas son testimonio del agotamiento de las regresiones tanto cómo del remodelado de la "relación de objeto" en que se supone que el sujeto se tipifica.”



