domingo, marzo 09, 2008


El Puño Del Amo Zen Que Asfixia

“¡Gracias por tu sabiduría Maestro Zen!”

“Fist of Zen” de la cadena de televisión Mtv es un programa de concurso para adolescentes. En el supuesto de que existe un Maestro Zen milenario que busca trasmitir su sabiduría a occidentales a través de pruebas de tortura y humillación; un grupo de jóvenes realizarán diversas tareas algunas dolorosas, y otras asquerosas, con la consigna de realizarlas en completo silencio sin posibilidad de quejarse o reírse del compañero que está sufriendo. A cada prueba superada el equipo ganará 100 libras esterlinas hasta una prueba final en la que todos participan y donde se juegan el “todo o nada” de lo acumulado. Este programa, como show de concurso, en su carácter de sin importancia nos permite abordar temas relacionados con la ideología actual y los síntomas que dan cuenta de la misma. Lo que brilla de este programa es que, como otros del tipo de “Fear Factor”, el sufrimiento garantizado. No se trata de correr más rápido, saltar más alto o cargar más peso, aquí es de soportar más dolor sin quejarse. Lejos de satanizar este programa y más lejos aún de simplemente dejarlo pasar, la hipótesis de este escrito es reconocer en “Fist of Zen” un intento de solución ante un fenómeno que toca a la clínica actual, el Otro no responde, la A-dicción, y los nuevos tipos de síntomas que están apareciendo.

Al más puro estilo de una madre de familia preocupada vayamos a la pregunta obvia ¿Por qué un programa donde se busca-apuesta el dolor? ¿Por qué los jóvenes buscan el dolor? Fácilmente podemos dar las dos respuestas clásicas de nuestra sociedad de riesgo: por la búsqueda de la adrenalina o por alienarse con el grupo, es decir, por buscar la aceptación del grupo de amigos. Estas serán las dos vertientes básicas. Por un lado tenemos el discurso del bio-poder que indica que el joven no es responsable sino que existe un desajuste en su organismo que genera la necesidad física de estas conductas de riesgo. Por el otro lado, las teorías humanistas dirán que el sujeto no es responsable ya que se ve influenciado por el grupo de amigos y los medios de comunicación que le han enseñado violencia buscando con esto controlarlo y mandarlo a la guerra, etc. La propuesta del psicoanálisis es diferente a estas dos.

Si “Fist Of Zen” fuera un sueño (la formación clásica del inconsciente), el método psicoanalítico no se concentraría en el sufrimiento o la humillación sino en los pequeños detalles del cómo se presenta esta prueba. En este caso, en el juego-parodia-chiste que se monta como pretexto para sostener el programa. Si los jóvenes sufren, es por el Maestro Zen. Así, la pregunta cambia a ¿porqué estos jóvenes buscan (sueñan) ser sometidos y humillados por un Maestro-Amo Zen?

El budismo que presenta “Fist Of Zen” no es la ideología oriental solo si admitimos que es exageradamente oriental, es decir, vista con ojos occidentales. La parodia nos lo dice. El título “Fist of Zen”, su apariencia, es una clara referencia a las películas tipo “b” orientales, las conocidas como “películas de karatazos”. El Puño (“Fist”) del título nos remite a la película de culto de Bruce Lee “Fist of fury”; tipo de película que tenían la características de ser, por lo chafas, dobladas de manera pésima. Vemos y escuchamos al Zen Master como salido de una película de los 70 tanto en la forma de la calidad de la imagen como en la música. La parodia muestra que lo que conocemos como budismo, nueva ideología capitalista de iluminación solo es la versión occidental de ese misticismo. Es la versión New Age que por igual mezcla creencias en los extraterrestres, los ángeles, física quántica, etc. A la Lacan podemos decir que “finalmente tendrán un Amo”. En el capitalismo neo liberal en el que vivimos no puede co-existir con la sabiduría oriental ya que esa búsqueda de paz interna sin necesidad de ir a una iglesia y someterse a la jerarquía monoteísta solo es posible en su régimen original el feudal o en su cambio actual comunista en la política y capitalista en el mercado.[1]

El maestro Zen, más que ser oriental es exageradamente occidental pero el de ese poderoso maestro del pasado, es como buscar ese padre poderoso totalitario del régimen occidental patriarcal, ese tan temido y rechazado de nuestro tiempos. ¿Por qué buscar ese padre primordial de otros tiempos?

Oedipus Reloaded

La gran pregunta teórica de muchos analistas comprometidos con la clínica actualmente es como la pregunta que se hace Žižek en su libro “El espinoso sujeto”, ¿A dónde va el Edipo? Antes de gritar “¡Ya no hay Edipo!”, proponemos la experiencia de un Oedipus Reloaded, siendo Fist Of Zen una expresión de él.

Otro lugar donde localizamos otro ejemplo de síntoma por el estilo es en las novelas de Chuck Palahniuk. Su obra más famosa es sin lugar a dudas “El club de la pelea”. La propuesta artística de Palahniuk es más desarrollada en su más reciente novela que nos brinda más posibilidades de análisis del fenómeno que comentamos ya que lleva por nombre “Choke” traducida en castellano como “Asfixia”. En la novela, escrita a manera de autobiografía de confesiones, se desarrolla el siguiente dialogo entre el protagonista y una chica mientras lo hacen en un avión:

“-Mis amigas me apuestan dinero a que estás casado…
Le digo a Nico que a lo mejor sus amigas tienen razón. La verdad es que todos los niños criados por una madre soltera en gran medida ya nacen casados… En la historia edípica moderna, es la madre la que mata al padre y se lleva al hijo.
Y uno no se puede divorciar de su madre.
Ni matarla.”
[2]

La confesión-reflexión del protagonista de “Asfixia” no remite a un antiedipo, a menos que reconozcamos el carácter de promoción de “closet” en lo anti. Así como el ateo que grita un reto a Dios esperando secretamente que le caiga un rayo. Reload resalta la forma de volver a tener algo encima. No es la figura de recuperar, ni de volver aun punto anterior, no es la reversa, sino pasar a otra fase, asumir la figura de la post modernidad. El puño del Zen es una especie de Edipo Retraumado donde el agobio ante el Edipo, la sumisión con el amo y la ley patriarcal se reinserta y pasamos del “todo-nada” al “ahogo y desahogo”, como la identificación con el abuelo (padre primordial) rechazado por el propio padre.

Hemos abordado dos temas desde el arte y el entretenimiento, a hasta cierto punto un síntoma sin tanto sufrimiento si recordamos la calidad de “formación de compromiso”, de “intento de solución”, pero sobre todo de algo que se presenta a alguien que pueda escucharlo. Dirijamos nuestra mirada ahora hacia lugares donde fracasa eso donde triunfa “El puño del Zen” y “Asfixia”, El video-bullying y El Chocking game.

La tesis del presente escrito es la siguiente: la verdadera actualidad de las Neurosis Actuales de las que Freud habló desde 1898. Sostenemos, al igual que otros, que lejos de lo que se cree el psicoanálisis es más actual que nunca. Siguiendo la senda de la popularidad encontramos a los adolescentes, ya que ellos siempre están a la moda, y nuevos fenómenos a los que el psicoanálisis puede atender. Actos que otros llaman ingenuamente “conductas desadaptadas”, otros llamarán despectivamente “moda” y otros más “riesgos de nuestra juventud” son los siguientes: El video-bullying y el chocking game.

Descritos brevemente, El video-bullying es el video grabar (comúnmente con cámaras de teléfonos celulares) peleas o ataques entre jóvenes para después subirlos a la red (en páginas estilo “you tube”). Por su parte, el chocking game, o juego de la asfixia, como su nombre lo indica es inducir o auto inducir un estado de asfixia presionando ciertas partes del cuello con el objetivo de buscar la sensación tanto de desvanecimiento o la intensa que se produce en el cuerpo al recuperar el oxigeno.

Lo interesante de estas prácticas entre los adolescentes es el rasgo de lo común. Lo más inquietante a simple vista es el nombre del tercer de estos actos, el chocking game. ¿Cómo alguien puede jugar a asfixiarse? De ahí que muchas asociaciones de padres de familia en los EE.UU., preocupados por esta situación, hacen campaña de concientización para detener este juego que ha costado la vida de muchos jóvenes que se les pasó la mano. Desde el punto de vista del psicoanálisis esas campañas carecen de algo, el reconocimiento de acto sintomático. El presente escrito es parte de hacernos cargo de esos que se nos presenta en la clínica en la actualidad. De lo contrario, no atender lo que está en estas prácticas, es garantizarnos lo que Paul Verhaeghe nos advierte en su artículo “Crónica de una muerte anunciada: la extinción de las psicoterapias”[3].

En dicho articulo, el profesor Verhaeghe comenta lo siguiente:

“En las últimas décadas, ha ocurrido un notorio cambio en los problemas que se nos presentan en la práctica clínica. Los síntomas clásicos parecen haber desaparecido, y enfrentamos nuevas formas de patologías… En lugar de fobias, tenemos los ataques de pánico. En lugar de las nauseas histéricas, están los trastornos en la alimentación.”[4]

En el análisis de esos nuevos síntomas Verhaeghe encuentra tres diferencias entre esos síntomas clásicos y los actuales.

“Primero que nada, estos nuevos síntomas casi siempre se relacionan con el cuerpo de manera directa, sin mediaciones. Solo piensen en las somatizaciones y los trastornos de la alimentación, pero también en la adicción, la auto-mutilación y las actuaciones.”

Relacionándolo con nuestros objetos de estudio podemos ver el cuerpo convulsionante tanto en el chocking game como automutilación y adicción como el video-bullying como una actuación agresiva. Sigamos con la segunda característica de Verhaeghe.

“Muchos de los nuevos síntomas son preformativos, pero no en el sentido teatral de la palabra, sino en el sentido de ser simples acciones”.

Esto comentado por Verhaeghe nos lleva diversas reflexiones. ¿Qué hace la diferencia entre un acto teatral y un simple acto? Si algo nos enseñan los artistas que realizan performances no es que no exista escenario (al no realizarlo en un teatro per se, sino en la calle) sino que el escenario es cambiante, es decir, el juego principal es el escenario mismo. Cuando Verhaeghe dice “No teatral sino simples acciones” es justamente el acto sin teatro, sin escena ya que lo que cambia de una simple acción a una actuación teatral es saber a donde dirigir la mirada, responder a la pregunta ¿Dónde está el escenario? Aún más, ¿qué función tiene el escenario? Lo interesante es que el acento no lo hacemos en la acción en si, sino en algo más, en la forma de ser mediado. Casi podemos escuchar a Sara García gritándoles a sus sobrinos en la película Los Tres García que al intentar agarrarse a balazos les grita “¡Paléense con los puños, como cuando eran chiquillos!”. Así llegamos a la tercera diferencia que encuentra Verhaeghe.

“Una tercera diferencia es menos visible… algo no está ahí. En contraste con los síntomas tradicionales, los nuevos parecen carecer de sentido, de significado, son solo lo que son. El ejemplo más obvio es el ataque de pánico – para el paciente, solo es pánico, no hay significados ocultos, como lo sería en el caso de una construcción fóbica.”

Ahora bien, ¿qué es esto que ha cambiado para que los síntomas sean más en el cuerpo, más violentos y más vacíos de sentido? Verhaeghe lo ubica en esta forma.

“Lo crucial en las neurosis actuales es la combinación entre una posición ambivalente con respecto al Otro y la ausencia de un manejo en representaciones de la pulsión. Como consecuencia, la atención permanece de forma prolongada en lo real del cuerpo y en la actuación. Es importante entender que estas actuaciones no tienen ningún significado oculto que pueda ser interpretado. El único objetivo de esta actuación es liberar la tensión interna. La angustia y la depresión no son raras, pero de nuevo, son diferentes comparadas con las versiones psiconeuróticas. Son mucho más elementales, no hay capas subyacentes. Esto nos lleva a la típica transferencia. La relación del neurótico actual con respecto al otro es contradictoria. Por un lado, este otro se necesita, debido a que el sujeto demanda una respuesta. Por el otro lado, este paciente no espera mucho del otro, debido a que el Otro primordial no le brindo mucha ayuda.”

Con esto tenemos otro costado del problema, el cambio del Otro. El tema del Otro es de máxima importancia sobre todo en tiempos actuales donde se supone que somos libres y no tenemos que seguir ninguna ideología preestablecida, ni en el ámbito económico, religioso, sexual sino que debemos ser tolerantes y buscar la equidad. En tiempos donde ya la máxima no es “Dios ha muerto” sino “si tu quieres no ha muerto ¿qué dios elige libremente adorar?” Si los síntomas han cambiado es porque el destinatario de esos síntomas también ha cambiado. La pregunta no solo “¿Qué nos tratan de decir nuestros jóvenes?” Sino “¿desde donde suponen que serán –o no- escuchados?” En “How to read Lacan?” Žižek comenta lo siguiente:

“De acuerdo con Freud, cuando desarrollo un síntoma, produzco un mensaje codificado sobre mis más íntimos secretos, mis traumas y deseos inconscientes. El destinatario de los síntomas no es otro ser humano real: antes de que el analista descifre mis síntomas, no hay nadie que este leyendo su mensaje. ¿Quién es, entonces, el destinatario de mis síntomas? El único candidato que queda es el virtual gran Otro.” [5]

Ese Otro despiadado que se busca en el Maestro Zen como una esperada corporización de mi superyó, ese Otro querido lector al que confiesa sus crímenes el protagonista de Asfixia. Pero, ¿y si no hay ese Otro? O ¿si no atiende? Néstor Braunstein nos ilustra más sobre los efectos del Otro cuando responde y cuando no.

“Hay el Otro. ¡Ay, el Otro! Ese Otro que demanda que se desee su deseo, que el sujeto se inscriba en él bajo las insignias del trabajo, del amor, de la paternidad o de la maternidad, de la descendencia y de la condescendencia, de la decencia y de la docencia, de la producción de objeto como significantes y de significantes como objetos. Está el Otro que, aunque tachado y aunque no exista, impone su Ley y hace al sujeto responsable de su posición de sujeto. El Otro que pide que se dé cuenta del paso por el mundo, que impone que el sujeto explique y responda por la vida que se le dio en lo simbólico cuando se le atribuyó el nombre propio que lo representa ante el conjunto de significantes.
No siempre el Otro pide; a veces es más letal cuando no lo hace. La a-dicción no es tan sólo una renuncia a pronunciar las palabras que representarían al sujeto ante el Otro exigente. La vida en el mundo del capitalismo tardío muestra otra manera de disponer la capitulación del habl-ente, la derrota de la palabra. Sucede así cuando el Otro no dice ni pide ni espera, cuando el otro calla. Proponemos que en tal caso hablemos de A-dicción. “Haz lo que quieras. A mí no me importa. Ni te hablo ni te escucho”.
[6]

En lo dicho por Braunstein debemos imaginar diversas formas de la A-dicción, sobre todo la peor, la de las buenas intenciones. Ese “haz lo que quieras” no es de forma despectiva. En el capitalismo que nos recuerda el autor, la frase va acompañada de la protección excesiva de nuestros derechos y poder de decisión. Es un amable “hazlo solo si realmente quieres hacerlo”, “si usted está de acuerdo llame al 01-800…” Pero se amputa la posibilidad de la queja ya que “te di lo que pediste”. Ese “ni te hablo, ni te escucho” puede ser el “no me meto en tu vida ya que es tu mundo privado” o “para que no te molesten mejor pongo una ley que prohíba al otro molestarte antes de que te moleste”.

Una forma en como el Otro no atiende es en el exceso de preocupación. La no atención es al no reconocer un sujeto, un hablente, ya que “sin caballero no hay Dama” ¿habrá sujeto sin el Otro? Žižek aborda este tema en su libro con título más subversivo “En defensa de la intolerancia”:

“Cuando el gran Otro en cuanto sustancia de nuestro ser social se desintegra, la unidad de método y la reflexión que encarnaba se desintegra en una violencia brutal y su capacidad interpretativa se torna impotente, ineficaz.”[7]

“Somos gente sana, joven, despierta y viva”

Apliquemos lo comentado al fenómeno del “Juego de la Asfixia”. Para abordarlo nos remitimos a comunicados en línea de padres de familia y diversas instituciones preocupados por el fenómeno.

“¿Qué es el “Juego” del Ahorcado (Chocking Game)?
El Juego del Ahorcado es una actividad que está circulando entre los adolescentes y pre-adolescentes que amenaza sus vidas. Ellos usan sus manos, cuerdas, correas, cadenas, corbatas o cintos para sofocarse y cortar la circulación de la sangre y oxígeno. Los niños obtienen una sensación de “high” cuando se quita la presión y regresa la circulación de la sangre al cerebro.
¿Quién juega este “Juego”?
Principalmente niños entre los 9 a 15 años. Estudiantes sobresalientes que no usan ni drogas ni alcohol. Estudiantes buscando una sensación de peligro o una actividad secreta. Niños hasta de 6 o 7 años de edad especialmente los que tienen hermanos que juegan este “juego”.
¿Por qué participan los niños en este “juego”?
Para obtener una sensación de “high” sin tener que usar alcohol o drogas. No intentan dañarse ellos mismos ni a otros. Es considerado “buena onda” y arriesgado. Falta de información sobre las consecuencias. Experimentando con su cuerpo y sensaciones”
[8]

Cuando comentaba estas características con una amigo con hijos adolescentes decía “¿Cómo que no intentan dañarse si buscan cortarse la circulación?” La pregunta apunta al centro del acto. Efectivamente, no estamos ante la postura masoquista del goce frente al dolor pero tampoco estamos frente al suicidio frustrado. Primero abordemos el carácter de “juego” y liguémoslo con “experimentar con su cuerpo y sensaciones”.

Antes de convertirnos en “el Otro que no responde” por el miedo sobre protector ante “las criaturas”, pensemos como adultos, esto es, desde la experiencia. En otra generación, recuerdo dos juegos en mi secundaria. Por un lado el “bonito” juego del “burro bala” que, a diferencia del burro 7 o 17 no se contaba jugando con las palabras “tres, el águila cae con sus pies”. Sino que solo se trataba de aventarse a la masa de cuerpos adolescentes que formaban una extraña edificación hasta que se colapsaba. Por lo regular se terminaba el juego con algún herido. Otro juego con tintes de la Iluminación era una exaltación a la electricidad, “los toques”. Una cajita con cables que daba descargas eléctricas controladas convocaba un círculo de jóvenes tomados de las manos mientras una corriente eléctrica doblaba sus jóvenes cuerpo por el dolor.

Incluso hasta las peleas entre jóvenes tenían otro matiz. Lo que lamento de estos jóvenes actuales es que no tuvieran los amigos y las reglas de cortesía de antaño. Buscando en el baúl de los recuerdos puedo pensar en la siguiente escena: Dos muchachos van saliendo de la secundaria les corta el paso otro grupo de chavos donde el líder le había “cantado un tiro” a uno de ellos con la amenaza clásica “a la salida”. Quedan como en las películas del viejo oeste, es la hora del duelo, los amigos “hacen bola” y comienza el ritual de amenazas donde parece que en cualquier momento empieza “la acción”. “¡¿Qué quieres puto?!” “¡Lo que quieras!”, “¡Véngase!”, “¡Sobres!”. Finalmente se abalanzan el uno sobre el otro pero ese momento es fugaz ya que intervienen los amigos para separarlos. Los amigos azuzan, amarran navajas pero separan en el “mero momento”. Ahora no solo no separan, sino tal vez ni azuzan, sino que están como “reporteros amateurs” solo para captar con su celular “el momento”, solo para tener una evidencia de lo que sucede, como el padre de familia que graba la caída de su hijo sin soltar la cámara.

En el fenómeno del “Juego de la Asfixia” aparece algo que busca reglas de acción. Instrucciones de uso. Los benditos límites que se suponen le faltan a nuestra juventud, solo que la pregunta de siempre es ¿cómo se ponen esos límites? Otro dato nos encontramos.

“Un 'juego de estrangulamiento' se volvió mortal para 82 jóvenes. 2/15/2008
JUEVES 14 de febrero (HealthDay News/Dr. Tango) -- Al menos 82 jóvenes han muerto por participar en un "juego de estrangulación" desde 1995, según muestra un informe gubernamental reciente… “Es probable que durante generaciones se hayan jugado juegos similares”, según Toblin, cuyo informe aparece en la edición del 15 de febrero de la revista de los CDC, Morbidity and Mortality Weekly Report. "Lo novedoso es que los jóvenes lo están jugando solos y usando ligaduras que son factores de riesgo que hacen que sea más probable que mueran por causa de la actividad", señaló.”
[9]

El investigador citado resalta el rasgo de la postmodernidad, el aislamiento tolerante; “¡Hágalo desde la comodidad de su hogar!”. De nuevo estamos ante el “Otro que no atiende”. Las campañas de prevención de este tipo de fenómenos tendrán que enfocarse en otro sentido que el de la reproducción de esa no-atención. Si buscamos un sentido oculto detrás del juego de la asfixia no encontramos las clásicas relaciones simbólicas típicas de la conversión histérica. Existe una distancia entre el síntoma simbólico conversivo de “no poder hablar porque se siente como si alguien me estuviera ahorcando” a que “me ahorque para sentirlo”. En el como si le guiñamos el ojo al Otro para hablar, en la acción simple, al hacerlo solo, pretendemos no molestar al Otro porque se angustia. Aquí llegamos al constado de la reacción angustiante de los padres que no permiten que esa angustia circule en los hijos. El artista, al “dar voz alta a su inconsciente” nos dice lo siguiente:

“Y le pregunto:
-¿Por qué haces esto?
Y ella dice:
-¿El qué?
Esto
Y Tracy sonríe.
La gente a la que se conoce detrás de puertas sin pasar el pasador está cansada de hablar todo el tiempo. Está cansada de la seguridad…
-La razón de que haga el circuito es que, si lo piensas, no hay una buena razón para hacer nada.
No hay sentido.
Es gente que no quiere tanto un orgasmo como olvidar. Olvidarlo todo. Durante un par de minutos, diez minutos, media hora.
O tal vez la manera en que la gente reacciona cuando la tratas como a ganado. O tal vez todo esto son excusas. Tal vez simplemente están aburridos. Tal vez es que nadie está hecho para pasarse el día sentado en un cajón de embalaje diminuto rodeado de otra gente y sin mover un músculo.
-Somos gente sana, joven, despierta y viva –dice Tracy-. Si te paras a pensarlo, ¿qué es lo más antinatural?
Se está poniendo otra vez la blusa, subiéndose las medias.
-¿Por qué hago nada? –dice-. Tengo suficiente educación como para disuadirme a mí misma de hacer cualquier cosa. Para deconstruir cualquier fantasía. Para convencerme de abandonar cualquier meta. Soy tan lista que puedo negarme cualquier sueño.”

Aquí llegamos al punto más importante a resaltar del perfil de los jugadores de la Asfixia: “Estudiantes sobresalientes que no usan ni drogas ni alcohol”. La generación de la postmodernidad hace bien en ser definida como donde la información es la principal arma. Incluso, aparece la ilusión de que si algo sale mal es porque faltó información. Como bien lo muestra la extraordinaria película “Juno”, el ser inteligente no necesariamente es equivalente a madura, es justamente en la relación con los padres y la experiencia como una serie de actos significativo que fueron atendidos por el Otro que se puede vivir después de tropezar.[10]

Esta generación de niños sabelotodo permite, como lo mencionado en “Asfixia”, “deconstruir cualquier fantasía” y se es tan listo que se puede negar cualquier sueño. Como acto simple, sin carácter simbólico que remitiría a una fantasía como en los sueños, ¿qué buscan en al Asfixiarse? Eso simplemente, asfixiarse. Ya no asfixian los padres, las leyes, la iglesia, el estado nos dice que no nos obliga nada sino que nos protege que no nos asfixien.[11]
El Otro que no habla, que no responde, también es esta tendencia a reaccionar de forma “preventiva” ante estos fenómenos buscando hacer saber a los jóvenes sobre los riesgos de esas conductas (enseñar las consecuencias a nivel de cerebro que trae consigo esas prácticas) o buscar a la víctima detrás del acto (lo hace porque tiene problemas en casa, abusaron sexualmente de él, etc.). En lugar de proporcionar los elementos simbólicos de los que carece el simple acto. De nuevo “Asfixia” lo dice de esta manera al referirse a los grupos de apoyo de victimas, “No lo somos todos”[12], de la adicción al sexo:

“Además, aquí ser un pervertido no es culpa de uno. La conducta sexual compulsiva no siempre consiste en que te chupen la polla. Es una adicción física que está esperando a que el compendio de desordenes mentales le dé un código propio para que el seguro médico cubra el tratamiento.
Se cuenta que ni siquiera Bill Wilson, uno de los fundadores de Alcohólicos Anónimos, pudo librarse nunca del mono sexual y se pasó toda su vida de abstinencia engañando a su mujer y mortificándose por la culpa.
Se cuenta que los adictos al sexo se vuelven dependientes a la química sexual creada por practicar el sexo continuamente. Los orgasmos llenan el cuerpo de endorfinas que matan el dolor y te tranquilizan. Los adictos al sexo en realidad son adictos a las endorfinas, no al sexo. Los adictos al sexo tienen unos niveles naturales inferiores de monoamina oxidasa. En realidad, los adictos al sexo lo que ansían es la péptido feniletilamina que uno segrega en situaciones de peligro, capricho pasajero, riesgo y miedo.”
[13]

Si los jóvenes buscan esa experiencia de angustia, de “adrenalina”, recordemos que eso es lo que se vive en las situaciones comúnmente conocidas como traumáticas. Al más puro estilo de la madre de familia que al ver que su hijo se esta dando golpes en la cara le responde con un amoroso “¡No lo hagas hijo mío! ¡Para eso me tienes a mi!” y le suelta dos o tres cachetadas maternales. “No te traumes, para eso me tienes a mi”, “No te estreses, para eso me tienes a mi”, “No te humilles, para eso me tienes a mi”. A este respecto, no jugarán a la asfixia los hijos de la madre de la serie “Malcolm in the middle”.

¿Qué nos enseña para la clínica estas expresiones artísticas? Vayamos al formato de narración. Tanto en “Malcolm” como en “Asfixia” la narración es exageradamente directa. El formato es el de la “autobiografía no autorizada” al más puro estilo freudiano. Para que la artimaña de la autobiografía funcione debe ser leída y provocar algo en el amable lector, algo que ahogue y permita al sujeto, después, desahogarse.

[1] En nuestro contexto quien encarna esta función es el conocido Yoga-teacher Maldonado. Lo increíble es que para empezar a decir sus reflexiones y hacer sus flexiones debe quitarse la camisa. Su mensaje espiritual es acompañado por ropa deportiva especial, comer comida especial, usar aceite especial, además de comprar su video de ejercicios al estilo “yoga-pilates-salsa aerobics”.
[2] Palahniuk, C. Asfixia (Choke) 2001. Grijalbo Mondadori, S.A.. Barcelona, España.
[3] http://www.psychoanalysis.ugent.be/index.php?position=6x1x0&page=DownloadsVerhaeghe
[4] Verhaeghe, P. (2007) “Chronicle of a death foretold”: The end of psychotherapy Dublin City University. Health4Life Conference 2007. Thinking, Feeling, Being: Critical Perspectives and Creative Engagement in Psychosocial Health. 10-13 September 2007. http://www.dcu.ie/health4life/conferences/2007/
[5] Žižek, S. How to read Lacan. 2007. W.W. Norton & Company. Inc. New York. USA.
[6] Braunstein, Néstor A. El goce: un concepto lacaniano. 1ª ED. Buenos Aires: Siglo XXI. Editores Argentina, 2006. Pág. 282.
[7] Žižek, S. En defensa de la intolerancia. 2007. Ediciones Sequitur, Madrid. España.
[8] “Dangerous Game” Guidance and Counseling. Brownsville Independent School District.
[9] http://mx.yahoo.drtango.com/enciclopedia/newsdetail.asp?articleid=612721
[10] Próximamente en este blog: Juno: tropezar, correr, crecer.
[11] En la ley antitabaco ¿Quién es esa victima que hay que proteger?
[12] Citamos al personaje Eric Draven de la película “The Crow”.
[13] Palahniuk, C. Asfixia (Choke) 2001. Grijalbo Mondadori, S.A.. Barcelona, España.